jueves, 2 de septiembre de 2021

DÓNDE, CÓMO Y CUÁNDO SURGIÓ LA PALABRA "SCIENTIST"

Coleridge. Fuente: NPG.
Nada más comenzar la lectura de El club de los desayunos filosóficos me encuentro con la curiosísima anécdota del nacimiento de la palabra inglesa que designa a quien se dedica a la ciencia. 

24 de junio de 1833. Tercer encuentro de la British Association for the Advancement of Science. Senate House de la Universidad de Cambridge. William Whewell (1794-1866), profesor de mineralogía y auténtico referente de la asociación, dirige al público congregado el discurso de apertura. Después del brillante discurso inaugural y el aplauso correspondiente, se hace el silencio y se levanta un hombre dispuesto a replicar, era el famoso poeta S. T. Coleridge (1772-1834), creador del primer romanticismo inglés junto con su amigo Wordsworth y autor de la famosa Oda del viejo marinero.

Recordemos que en aquella época a quienes se dedicaban a las tareas científicas se les conocía como filósofos naturales. La filosofía natural era el estudio de cuanto tenía que ver con la naturaleza, es decir, las ciencias naturales y la física. 

Coleridge, que ya para entonces raramente abandonaba su casa de Highgate (Londres), y que años antes había escrito un tratado sobre el método científico, se levantó y recriminó al auditorio que se llamaran filósofos naturales. Quienes se dedicaban a buscar fósiles, realizaban experimentos con corriente eléctrica o diseccionaban animales, no eran filósofos, sino gente práctica que hacía cosas, pero nunca gente que se dedicara a cavilar sobre los misterios del universo.

El auditorio estalló en tumultuosa protesta. 

Whewell tomó nuevamente la palabra, tranquilizó el ambiente y coincidió con el poeta en que efectivamente faltaba un término que recogiera bien la idea de la actividad a la que se dedicaban quienes allí se habían reunido. Brillante como era, allí mismo propuso por analogía con artist el término scientist. En castellano, es evidente, se pierde la consonancia. 

El término tardó unas décadas en aceptarse y extenderse, pero es el que hoy utilizamos. Quién iba a decirnos que un poeta fuera el culpable indirecto de la aparición del término y, como consecuencia, de este desafortunado vivir dándose las espaldas en muchas, demasiadas ocasiones. El exceso de pasión puede aplastar lo razonable.

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