Iósif Brodski (Leningrado, 1940-Nueva York, 1996), uno de los grandes poetas en lengua rusa del pasado siglo, fue reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1987. Que yo sepa, este Poemas escogidos que Siruela ha sacado hace ya casi un año es la recopilación y traducción más importante en cuanto a cantidad y variedad de la poesía escrita por el poeta rusonorteamericano.
Marta Rebón escribió en El Mundo cuando comentó esta publicación estas certeras y hermosas palabras que comparto totalmente: Obligado al exilio y a crear en una lengua ajena, el Nobel ruso logró que de su conciencia insomne de la dimensión sagrada de la poesía, la lengua y la existencia humana, brotara un canto que suena a lamento metronómico, a invocación hipnótica, a plegaria oracular embriagada de un hedonismo vital.Esta antología recoge poemas fundamentales de Brodsky con esclarecedoras notas al final del volumen y una excelente introducción de Ernesto Fernández Busto.
Cerca de nuestro fuego, aquella noche…
«El cielo oscuro aligeró sus pasos
y no pudo fundirse con la sombra».
fue cuando vimos al caballo negro.
No puedo recordar nada tan negro.
Sus patas eran como unos carbones.
Del color de la noche, del vacío.
De la crin a la cola, todo negro.
Pero en su lomo sin montura había
un color negro un poco diferente.
Se quedó inmóvil. Como si durmiese.
Sus oscuras pezuñas asustaban.
Era tan negro que no daba sombra.
Nada había que fuese más oscuro.
Tan negro como espectro a medianoche.
O como el interior de alguna aguja.
Tan negro como el bosque ante nosotros,
o un lugar en el pecho, entre costillas;
hueco en la tierra para la simiente.
Lo negro habita dentro de nosotros.
Sin embargo, ¡sus ojos eran negros!
Los relojes marcaban medianoche.
No dio siquiera un paso hacia nosotros.
En sus ancas, la oscuridad sin fondo.
No se podía distinguir su lomo,
ni un destello de luz por ningún sitio,
solo el brillo azabache de sus ojos
y esas pupilas fijas, tan extrañas.
Era como lo negativo de alguien.
¿Por qué entonces detuvo su carrera
y estuvo con nosotros hasta el alba?
¿Por qué no se apartó de nuestro fuego?
¿Por qué el aire sombrío, enrarecido?
¿Por qué crujieron las oscuras ramas
y una luz negra brotó de sus ojos?
Un jinete buscaba entre nosotros.
En el centenario de Anna Ajmátova
La página y el fuego, el filo y los cabellos,
los granos y la piedra redonda del molino,
los susurros y el ruido: Dios lo conserva todo*
en especial las frases de amor y de perdón,
que es como si brotasen de su propia garganta.
Entrecortado el pulso, la sangre late en ellas,
y el crujir de los huesos dando contra la pala.
La vida es una sola, de sus labios mortales
brotan llanas, pausadas, las palabras. Más claras
que si nos alcanzaran desde lo ultraterreno.
Alma grande y excelsa: por ser tú quien las dijo,
te hago una reverencia a través de los mares;
me inclino ante tu parte corruptible que yace
en la tierra natal a la que devolviste
el don de la palabra entre los sordomudos.
*Deus conservat omnia es el lema que Ajmátova antepuso a su Poema sin héroe.
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| Fuente: Wikipedia |













