
La Biblioteca Carlos Blanco Aguinaga también participa de esta celebración y lo hace en la sala polivalente, a las 19:00 horas.
Los textos que se van a leer este año son de estas autoras: ELENA FORTÚN (ENCARNACIÓN ARAGONESES), PILAR DE VALDERRAMA, ERNESTINA DE CHAMPOURCIN, CARMEN MONNÉ, MARÍA LEJÁRRAGA, ISABEL OYARZÁBAL, VICTORINA DURÁN, CARMEN CONDE, ROSARIO DE LACY, CLARA CAMPOAMOR, CONCHA MÉNDEZ, MARÍA DE MAEZTU, CONCHA ESPINA, HALMA ANGÉLICO (MARÍA FRANCISCA CLAR MARGARIT), IRENE POLO, MARÍA CAMPO ALANGE (MARÍA LAFFITTE), MAGDA DONATO (CARMEN EVA LENKEN), ZENOBIA CAMPRUBÍ, ALICIA ORTIZ ALONSO, MARÍA MARTOS, MATILDE RAS, CARMEN BAROJA, CONSUELO BASTOS, VICTORIA KENT y MARÍA TERESA LEÓN.
Podéis leerlos todos en el pdf que ha colocado la Biblioteca Nacional en su página web.
me llamaban rara,
porque con las otras niñas, mis amigas,
apenas jugaba:
y en las primaveras y días de estío,
todas las mañanas
salía a los campos, y las flores frescas
que a mi paso había,
cortaba;
y luego con ellas formando un manojo
huía, callada,
y en un rinconcito, junto a un claro arroyo
de corriente mansa,
tendida a la sombra
las horas felices
para mí pasaban;
y las otras niñas, que no comprendían
tan puro deleite, llamábanme rara.
Cuando algunas veces jugando con ellas,
pasaba a mi lado, tras ella se me iban
los ojos y el alma,
y al verla alejarse
sentíame llena de tristeza vaga,
mientras mis amigas reían... reían…
viendo en mis pupilas temblar una lágrima;
y formando un corro cantábanme coplas
llamándome rara.
Cuando por las tardes
al sentir la tierra la caricia blanda
del sol, que al ponerse
se acerca a besarla,
iban mis pupilas por el horizonte
siguiéndole, ávidas,
a ignotas regiones
etéreas, lejanas...
y mirando, mirando al ocaso,
despierta, soñaba…
Cuando en las iglesias
con ellas entraba
y en vez de rezar “Padrenuestros” y “Salves”
como quien recita lección rutinaria,
decía a la Virgen términos que nunca
aprendí en escuelas ni en libros; plegarias
que sólo salían del corazón mío,
espontáneas
y eran mis amores,
mis duelos, ¡mis ansias!
ellas por lo bajo juzgándome impía,
llamábanme rara.
No eran solamente las niñas aquellas
las que de tal modo me calificaban;
personas mayores,
personas sensatas
también repetían
la misma palabra;
porque pocas veces mis labios reían
sus gracias, sin gracia;
porque no entendía de afeites y modas,
ni pasaba el tiempo cambiándome galas;
porque huía, ansiosa, del mundo que grita
y a los ruidos bruscos de calles y plazas
prefería siempre los ruidos del campo,
que armoniosos hablaban...
Porque un día vieron en mi mano un lápiz
y una hojita blanca
de papel, y en ella,
nerviosa, trazaba
unos versos breves, que luego leía
temblando, en voz baja...
Y niños y grandes
llamábanme rara.
Ellos no veían,
ellos no pensaban
que en las vidas nuestras donde nada queda,
donde todo pasa,
no hay más rayo puro de sol que no muere
que aquel que llevamos oculto en el alma;
llamita muy tenue
que al más leve soplo de viento se apaga,
y yo desde niña,
quería en el pliegue más hondo y más blanco
guardarla…
Si en aquellos tiempos, cuando yo era niña,
así me llamaban,
ahora que aquel rayo de sol es tan grande,
tan grande... tan grande... que es toda mi alma
¡qué dirían de mí los que entonces
llamábanme rara!
Entrada libre hasta completar aforo.
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Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.
Moshe Dayan