Si en las primeras obras de este creador de existencia insegura y apasionada es fácil encontrar rasgos de las tendencias simbolistas que habían de marcar su juventud —parte de los poemas de Alcools (1913) así lo prueban, sin necesidad de remontarse a su Enchanteur pourrissant («El mago putrescente», 1909)—, también es cierto que desde los poemas de 1903 se manifiesta su interés por las expresividades originales y las nuevas escrituras, que le conducirán al repertorio de técnicas de Calligrammes, en 1918, donde su variedad dista todavía de haber sida asimilada por la poética contemporánea.
Quizás la más conocida resulte ser su práctica del caligrama —"sustitución de una lógica discursiva por un vehículo sintético-ideográfico", en términos de G. Arbouin; objeto simultáneamente lingüístico e icónico, según Goldenstein, "compuesto por signos y signo él mismo"—, que no debe ser considerado ni como poema figurado ni como dibujo lingüístico sino en la interacción de ambos códigos. La "caligramatología" ha esbozado los principios de esta nueva expresividad: alianzas del dibujo y la poesía en grados y formas diversos, con intervención de la tipografía o no. Con un doble sistema, visual y plástico por un lado, poético, basado en la palabra y el ritmo, por otro, que permite una variedad notable en función de los valores semánticos: desde los tautológicos hasta los contradictorios, con relaciones internas icónicas, simbólicas o emblemáticas —pero ocasionalmente, también, arbitrarias—, de morfología amplia: lateralizados, verticales, de escritura enmarcada o "informada" y, dentro de ésta, los compactos, los dibujados con la palabra —abiertos y cerrados—, de formas vacías o estalladas, geométricas, concretas y orgánicas, estalladas y cerradas, antirrepresentativos y autorrepresentativos, puros e insertos, además de las categorías propias de su temática. Como puede observarse, se trata de un complejo sistema expresivo-con antecedentes en todas las escrituras que han integrado el dibujo- que implica, por otra parte, la participación del lector en su trayecto de desciframiento y lectura, ya que hace desaparecer la linealidad del poema convencional.
Pero no se trata del procedimiento más innovador del poeta: desde su abolición, en Alcools, de los signos de puntuación en provecho de los valores sonoros y fónicos del verso, constituido en unidades de respiración y sentido, hasta su uso de los "collages" —incorporando elementos de la realidad en estado bruto y al margen de cualquier utilización estética, tal y como se practican en la misma época en las artes plásticas— de tipo visual —en forma de las estructuras del tipo il y a (hay), en redondo— o auditivo, como en el caso de los «poemas-conversación» como el poema Lundi rue Christine (El lunes en la calle Cristina).
Su atención al espacio onírico —Onirocritique (Onirocrítica) concluye, precisamente L'Enchanteur pourrissant— había de hacerle inventar el término surrealista —que los surrealistas adoptarán precisamente en homenaje a él, para definir su movimiento—, en un sentido ciertamente distinto al que posteriormente adoptará, en el Prefacio a Les mamelles de Tirésias (1917), definiéndolo del siguiente modo: "Cuando el hombre quiso imitar el caminar, inventó la rueda que no se parece a una pierna. Hizo así surrealismo sin saberlo", obra en la que expondrá sus propuestas innovadoras en cuanto al arte escénico: un doble escenario —uno en el centro, otro en forma de anillo— con acciones simultáneas en registros diversos, con el "uso razonable de las inverosimilitudes" y "uniendo a menudo sin vínculos aparentes como en la vida / Los sonidos los gestos los colores los gritos los ruidos / La música la danza la acrobacia la poesía la pintura / Los coros las acciones y los decorados múltiples...".
Si es preciso insistir en sus capacidades de innovación, no por ello cabe olvidar sus cualidades poéticas, con una extraordinaria variedad de registros y de efectos —evidente, por ejemplo, en su "Chanson du mal-aimé" («Canción del malquerido»), en Alcools—, y la importancia de sus relatos en prosa, de entre los cuales L'Hérésiarque et Cie. (El Heresiarca y Cía., 1910) o Le poète assassiné (El poeta asesinado, 1916) constituyen buenos ejemplos que incluyen desde el tono fantaisiste hasta el gótico, pasando por los registros irónicos y los más sensibles de los recuerdos infantiles, pero dominados por la imaginación. Cabe recordar, no obstante, que Apollinaire no establecía diferencias nítidas entre los distintos tipos de escritura, y valga recordar, como ejemplo, que el poema "La maison des morts" ("La casa de los muertos"), en Alcools, también había de ser publicado en prosa, con escasas variantes y el título de L'obituaire (El obituario). Es, en suma, un creador de amplios recursos, cuya obra constituye el mejor referente para el conjunto de dinamismos creativos y de recursos expresivos de las vanguardias de comienzos del siglo XX.
Termino con un par de notas:
- Quiero cambiar la dinámica con la que venimos funcionando y me gustaría que a partir de ahora cada persona trajera un poema (puede ser más de uno) y que comente por qué lo ha seleccionado, qué es lo que le ha llamado la atención, lo que le ha gustado, sorprendido, emocionado, recordado, disgustado o sea lo que sea lo que el poema ha originado en su interior al leerlo. Se pueden comentar aspectos técnicos, estilísticos, anecdóticos o lo que se desee, siempre y cuando no se superen los tres minutos. Espero vuestra colaboración. Muchas gracias.
- Los dos libros de Cátedra están muy bien documentados y anotados por su editor y traductor José Ignacio Veláquez, ambos están en multitud de bibliotecas, incluida la CBA, y son el lugar más recomendable para leer la poesía del autor francés por la cantidad de información que ofrece en cada poema. Y si buscáis en internet, por favor, que la página sea seria y que el poema esté completo.
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| Fuente: Wikipedia |












