Me han regalado hace poco y casi de manera simultánea un par de libros de poesía. Este miércoles doy noticia de Mareas de mar; la próxima semana, de Al 2040 —To 20240—, de Jorie Graham.
Este Mareas del mar es de 2018 y como nos indica la cubierta es una conmemoración de los treinta años que llevaban realizándose los Premios Loewe. Para celebrar semejante aniversario, Luis Antonio de Villena se encargó de la confección de la antología, en la que que están recogidos unos poquitos poemas de cada uno de los títulos premiados durante esos años.
La nómina de premiados hasta aquel año es esta:
Juan Luis Panero, Jaime Siles, Juan Pablo Zapater, Bernardo Schiavetta, Aurelio Asiain, Vicente Gallego, Álvaro Valverde, Felipe Benítez Reyes, Vicente Valero, Luis García Montero, Alejandro Duque Amusco, Rafael Courtoisie, Josefa Parra, César Simón, Jenaro Talens, José Eugenio Sánchez, José María Álvarez, Silvina López Medín, Antonio Cabrera, Bruno Mesa, Lorenzo Oliván, Vicente Gallego, Miguel Ángel Velasco, Carlos Marzal, Javier Cano, Guillermo Carnero, Joaquín Pérez Azaustre, J. A. González Iglesias, Carlos Fonseca Grigsby, Cristina Peri Rossi, Javier Vela, José Luis Rey, Sergio de Copete, Joaquín Pérez Azaústre, Álvaro García, Juan Vicente Piqueras, Antonio Lucas, Elena Medel, Óscar Hahn, María Gómez Lara, Víctor Rodríguez Núñez, Carla Badillo Coronado, José Ramón Ripoll, Sergio García Zamora, Ben Clark y Luciana Reif.
Aunque no estéis muy al tanto de lo que se hace en poesía, seguro que algunos nombres os resultan muy conocidos.
Como es una antología y la relación de poetas es larga, opto como en otras ocasiones por entresacar algunos poemas de la persona más joven, que suele ser la menos conocida de momento, Luciana Reif, ganadora del certamen en 2017 con el título Un hogar fuera de mí.
Hombres como mi padre,
mi abuelo, mis novios,
mis hermanos,
vi sus cabezas llenas de grandes ideas
como un plato de comida que rebalsa,
lustré desde chica esos cráneos,
soy el placebo de tranquilidad
con el que después brillan fuera de casa.
¿Para eso caí en este mundo?
Como bolas de bowling enormes y pesadas,
podría encerar y pulir sus labios,
mi madre pasó la vida entera haciéndolo:
la cabeza de él en altas ceremonias,
la corona de flores tejida por ella
delante de sus jefes,
delante de su maestro,
delante de su propio padre.
Vi la inclinación que tienen estos hombres al afirmar,
el mentón hacia abajo, rozando el cuello, cuando
sí, señor.
¿Alguna vez agradecieron el pecho materno,
la comida siempre lista cuando llegan a sus casas?
Estoy cansada de ser la otra del éxito,
estoy cansada de esos hombres,
quiero brillar,
no ser la luna que resplandece
con luz ajena.
Podría arrojar con fuerza una por una sus cabezas,
mis dedos apretando su nariz y su boca,
deslizándose con gracia por el suelo encerado
y pulido de la pista de bowling,
podría verlos estrellarse contra los palos
derribándolos con dolor,
pero manteniendo la sonrisa imperial
de quienes creen -como en una guerra- que han vencido,
que ahora son mejores que antes,
pero después vuelven hacia mí y los lanzo de nuevo.
Otra vez un chico en mi cama,
es tan dulce su rostro contra la almohada,
parece que no respira o que respira apenas
como un silencio sutil.
Me gusta verlo ensimismado en sus secretos,
tan desnudo que abruma, mientras miro distraída
el techo de mi cuarto, la puerta entreabierta;
afuera el living, la cocina, el baño.
De repente me encuentro imaginando
una posible forma de escapar,
no tengo razón para pensar en eso, pero lo hago:
cientos de mujeres fueron asesinadas
este último año, no entiendo por qué este chico
no habría entonces de meterme un palo
entre las piernas. Pienso en ellas,
esposadas al respaldo de una cama
por sus novios, por sus padres, por sus amantes.
¿Cómo es que alguna vez encontraron consuelo
en sus anchos hombros?
Imagino sus rostros desencajados,
sus muñecas atadas, tensas hasta la sangre.
¿En qué momento su cuarto se convirtió en una prisión
y su novio en el carcelero que entra
sin pedirles permiso en mitad de la noche?
Vuelvo la cara contra mi chico,
él descansa y entredormido me abraza,
la bruma de mis miedos lo tapa.
Su ternura, como una gema,
resplandece en el cuarto.
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| Fuente: Wikipedia |
































