martes, 30 de abril de 2024

EL CIELO NOCTURNO, MAYO 2024


Nada más oportuno que este regalo del día que he recibido esta misma mañana de Paolo Arpón. Nada mejor para ilustrar la información correspondiente al cielo nocturno del mes de mayo que un microvídeo sobre el cielo circumpolar. 

Una nota para quienes vean por primera vez este tipo de vídeos: desde nuestro punto de vista, todas las estrellas que vemos en el cielo nocturno giran en torno a la estrella polar en el sentido contrario a las agujas del reloj. Las líneas rectas punteadas son trenes de satélites artificiales (starlinks). La línea vertical más corta es un estrella fugaz, concretamente una Eta-Acuárida.

Muchas gracias, Paolo.

Y ahora lo que vamos a poder observar en el cielo nocturno..., si nos es propicio... y si os gusta madrugar, porque va a ser necesario hacerlo para poder ver, y no todos, los planetas.

PLANETAS: Mercurio, con suerte y esfuerzo, con las primeras claridades del amanecer, podría verse sobre el horizonte. El mejor día para localizarlo será el 6, porque se sitúa por debajo del último día de la luna menguante —06:20, hora peninsular—.

Fuente:Stellarium Web
Venus transita este mes más próximo al sol incluso que Mercurio, lo que quiere decir que no va a ser posible verlo. Marte es el que va en segunda posición (después de Saturno) en el tránsito celeste, lo que significa que podremos verlo al amanecer; al comenzar el mes, empieza a levantarse sobre las 05:30 y va adelantado su salida, más o menos, un par de minutos. Esto quiere decir que a finales de mes empezará a asomar sobre el horizonte poco más de una hora antes. Júpiter, como Venus, camina por el cielo muy pegado al sol. Mejor esperamos a que termine de adelantarlo y distanciarse más para poder verlo. Saturno, como es el que lleva cierta delantera en su tránsito, es visible todos los días al amanecer levantado sobre el horizonte este sobre las 05:30 el día 1 y sobre las 03:20, el 31.

LUNA: 8 de mayo, luna nueva; 23, llena.

ESTRELLAS FUGACES: Las Eta-Acuáridas alcanzarán su apogeo entre el 6 y el 7 de mayo. 

SATÉLITES ARTIFICIALES: Para saber hacia dónde y cuándo mirar, consultad aquí.


Feliz observación y no olvidéis pedir a vuestros ayuntamientos que reduzcan la contaminación lumínica.
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NIETZSCHE DESCOMPLICADO, 9

#Nietzschedescomplicado (conversaciones con Jaime Aspiunza).



El segundo tratado de De la genealogía de la moral se ocupa de la procedencia –u origen múltiple– de la mala conciencia, de la culpa, que es también la de la responsabilidad.

Parte Nietzsche de la animalidad del ser humano, de los tiempos prehistóricos en que el animal humano poderoso, al igual que las rapaces fuertes se alimentan de corderitos, sometía a los débiles sin el menor asomo de remordimiento –estaba en su naturaleza–, y se pregunta cómo se ha podido pasar de esa animalidad brutal al humano actual, cargado de una mala conciencia –llamémosla– preventiva.

La moral nos ha inculcado la conciencia de que someter al otro, esclavizarlo, robarle lo suyo, violarlo, matarlo son cosas que no se deben hacer, por más que en las guerras sigan practicándose. La pregunta que Nietzsche se plantea es cómo ha logrado la naturaleza que ese animal violento deje –al menos en parte– de serlo y se atenga a esa serie de normas que sostienen nuestra civilización.

Más en concreto, se pregunta cómo ha llegado la naturaleza a criar un animal que pueda permitirse prometer.

El animal violento, esa banda de salteadores, de animales de rapiña –«la espléndida bestia rubia que merodea codiciosa de presas y de victoria»– viviría en el presente, dejándose llevar por los más primitivos instintos, con escasa memoria y, ciertamente, sin necesidad alguna de tener en cuenta al otro.

Para que llegue a ser responsable de sus actos y de las consecuencias de sus actos se ha tenido que dar una larga crianza, cuyo principal medio o instrumento –descubrirá Nietzsche– es la crueldad. Un cuerpo caracterizado fundamentalmente por la desmemoria –una desmemoria que es activa, no simple olvido– solo a través del dolor llega a recordar, a conservar grabadas en sí mismo las nuevas costumbres o normas que lo van civilizando: «se acaba por retener en la memoria cinco o seis “no quiero” que se prometen respetar a fin de disfrutar de las ventajas de vivir en sociedad, — ¡y efectivamente!, ¡gracias a una memoria de ese tipo se acaba llegando “a la razón”!».

Inciso: estas son las conclusiones a las que llega Nietzsche basándose en lecturas de antropología, historia del derecho, biología, psicología y demás. Para el mundo biempensante de su época (y de la nuestra) ese referir la razón a la sinrazón, la civilización a una historia de la crueldad es algo inasumible, insoportable, por lo que suele deshacerse del espanto que la idea le provoca tachando a Nietzsche de «irracionalista», que es una manera como más filosófica de llamarle –hoy en día– fascista. El exabrupto suele provenir esencialmente de gente que se considera de orden, como cristianos y marxistas, afortunados conocedores de la Verdad.

Nietzsche nos recuerda cómo hasta muy recientemente toda celebración que se precie de tal incluye elementos de crueldad: «Ver sufrir produce bienestar, hacer sufrir, más bienestar aún — es una tesis dura, pero es un axioma antiguo,  poderoso, humano, demasiado humano, que, dicho sea de paso, acaso suscribieran también ya los monos». 

Esta sería la primera tesis relativa a la procedencia de la culpa y la responsabilidad. Esta se logra grabando en el animal humano por medio del dolor la conciencia de culpa ante determinadas acciones posibles.

Hay una segunda tesis especialmente original. Y es que –aprovechando que en alemán el mismo término dice deuda y dice culpa, Schuld– la culpa y la responsabilidad en cuanto relación entre individuo y sociedad se modela según la anterior relación, de tipo económico, entre deudor y acreedor. Es en esta relación, naturalmente de las más antiguas, puesto que el intercambio ha existido siempre, donde se va fraguando la promesa de cumplimiento de las 
normas sociales:

«El deudor, para inspirar confianza ante la promesa de reembolso, para dar una garantía de que su promesa es seria y sagrada, para inculcarse a sí mismo, en su propia conciencia, que el reembolso es un deber y una obligación, a través de un contrato y para el caso de que no pagara su deuda, empeña a favor del acreedor algo que todavía “posee”, sobre lo que aún tiene poder, por ejemplo, su cuerpo o su mujer o su libertad o incluso su vida (o, según ciertos presupuestos religiosos, hasta la bienaventuranza, la salvación de su alma, y, en última instancia, aun la paz del sepulcro: esto sucedía en Egipto, donde ni siquiera en el sepulcro encontraba el cadáver del deudor reposo frente al acreedor)
».

Al acreedor se le concede una suerte de sentimiento de bienestar, el derivado de descargar su poder sin el menor escrúpulo sobre alguien impotente, «el regodeo de hacer violencia», participando así de un derecho de señores. Recordemos: «Ver sufrir produce bienestar, hacer sufrir, más bienestar aún».

Con la sociedad existe un contrato, implícito pero férreo, por el cual el individuo debe a la sociedad, a cambio de los bienes y comodidades que la vida en común le procura –hoy solemos olvidarnos de esto: la protección, el cuidado, la confianza frente a ciertos daños y hostilidades– una manera de ser y de actuar que no contravenga sus normas, sus costumbres. El castigo al transgresor es una manera de recordárselo, así como de recobrar la deuda en que este ha incurrido.

Nietzsche reconoce –«la forma es fluida, el “sentido” lo es aún más…»– la multiplicidad de sentidos que hoy en día posee el castigo, y la imposibilidad de 
decidir entre ellos. Lo que sí le resulta asaz discutible es que el castigo sea una
manera de despertar en el culpable el sentimiento de culpa: los remordimientos de verdad rara vez se dan entre delincuentes y presidiarios, confirma.

Con estos elementos –el axioma de la crueldad constituyente del ser humano, el inicio de la relación individuo-sociedad en la relación deudor-acreedor– lanza Nietzsche su hipótesis particular acerca del origen de la mala conciencia. Esta sería la grave enfermedad a que se ve conducido el ser humano por causa de la presión terrible que para él supone el verse «encerrado de manera definitiva en la esfera de poder de la sociedad y de la paz». De ser un semianimal felizmente adaptado a la selva, la guerra y la aventura, de golpe ve sus instintos devaluados, y deja de poder contar con sus pulsiones reguladoras, guías inconscientes pero infalibles, y se ve reducido «a pensar, deducir, calcular, combinar causas y efectos, ¡a su “conciencia”, de sus órganos el más pobre y el más dado al error!».

Así, «los instintos que no se descargan hacia fuera se vuelven hacia dentro», comienza de esa manera a crecer lo que se llamará «alma». Los instintos salvajes se vuelven contra el propio hombre. «La enemistad, la crueldad, el goce en la persecución, el asalto, el cambio, la destrucción — todo eso se vuelve contra el poseedor de tales instintos: tal es el origen de la “mala conciencia”.»

Se reprimen aquellos instintos que serían destructores de la vida social, y dicha represión conlleva la mala conciencia respecto de la parte del ser humano que está constituida por dichos instintos. A través de la creación de la mala conciencia es como aprende aquel animal humano a mantener interiorizados tales instintos destructivos, permitiéndose conservar la paz y la vida social. Eso sí, a cambio, la mala conciencia supone una enfermedad del instinto de libertad, coartación que el propio individuo, en cuanto ser social, se inflige a sí mismo.

Al final del tratado se plantea Nietzsche si será posible deshacerse de la mala conciencia, recuperar una nueva inocencia: «Durante demasiado tiempo ha contemplado el hombre con “malos ojos” sus inclinaciones naturales, de modo que éstas han acabado por hermanarse en él con la “mala conciencia”. En sí sería posible hacer un intento en sentido contrario — pero ¿quién es lo bastante fuerte para ello? — a saber, el intento de hermanar con la mala conciencia las inclinaciones no naturales, todo ese aspirar al más allá, y a todo lo que es contrario a los sentidos, los instintos, la naturaleza, lo animal, en una palabra, los ideales habidos hasta ahora, todos ellos hostiles a la vida, denigratorios del mundo.»

«Para lograr [este] fin harían falta espíritus distintos».

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lunes, 29 de abril de 2024

BRUEGHEL EL VIEJO (Ícaro desaparece en el agua y nadie le hace caso)

Paisaje con la caída de Ícaro. Pieter Brueghel el Viejo. Fuente: Wikipedia.

—Pero, dime,
¿dónde está el atrevido,
el hijo de Dédalo,
el del orgullo alto?

Tan solo veo al campesino con su arado, 
al pastor y sus ovejas,
al pescador que lanza el anzuelo,
el hermoso mar,
la serena luz de poniente
y las dulces montañas,
las naves que surcan
la lentitud del agua
y las apacibles ciudades.

—Es todo cuanto importa.
Lo singular,
lo extraordinario,
lo verdaderamente reseñable:
la vida que acontece
y da lugar a nueva vida.



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domingo, 28 de abril de 2024

ABANDONO LAS REDES SOCIALES

La casa es todo sitio donde se siente la calidez de la mano del otro

No puedo decir que en las redes me haya sentido como en casa. Tampoco diré eso que pregona el Eclesiastés, vanidad de vanidades, todo es vanidad, pero si tuviera que cuantificar lo que he visto durante el tiempo que he sido usuario de ellas, diría que está infinitamente más cerca de la proclama bíblica que de la dulzura del hogar. Y también está mucho más de cerca de la sentencia de Deleuzea falta de saber, gastamos palabras (Spinoza: filosofía práctica, p 28)—. 

En fin, que salgo de las redes sociales porque cuanto hago público ya queda recogido en este espacio, que es una mezcla de revista cultural, diario de lecturas y hallazgos, y divulgador de la divulgación. No tengo más pretensión que la de poder colaborar desde este humilde blog en la propagación del conocimiento y, en la medida de mis posibilidades, ayudar a extender la lectura de la poesía, que es lo que conozco un poquito. 

Si alguien desea ponerse en contacto conmigo, lo puede hacer desde este mismo espacio. En la columna que hay a la derecha del cuerpo principal de las entradas figura mi dirección electrónica. 

Muchas gracias por vuestra atención y vuestra compañía.

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LES BARRICADES MYSTÉRIEUSES, F. Couperin

 

Traigo hoy dos interpretaciones muy distintas, ambas muy atractivas, de una de las composiciones más llamativas y misteriosas de François Couperin (1668- 1733). 

Lo de misteriosa lo digo porque no se sabe con seguridad qué es lo que quiso decir. Se han hecho varias hipótesis, pero como el compositor no dio nunca ninguna aclaración sobre el tema, se quedan en meras hipótesis.

Hay quien dice que el título alude a las características de la música misma, siendo las continuas suspensiones en estilo laúd una barricada a la armonía básica, generando un enigmático impasse. Otros consideran que el título evoca un objeto; por ejemplo, Scott Ross compara la pieza ¡con un tren! L
as misteriosas barricadas serían, según él, las que frenan el tren e intentan detenerlo. 

Otras propuestas que se han hecho para explicar lo de las barricadas: una obstrucción a la comunicación humana, una barrera entre pasado y presente o entre presente y futuro, un límite entre la vida y la muerte, un impedimento entre lo inmanente y lo trascendente... y, así, otras muchas más. Lo cierto es que no sabemos por qué Couperin tituló así esta pieza.

Sea lo que sea lo que el francés quisiera comunicar en su momento con el título, la música es suficientemente atractiva como para que hoy la podamos seguir degustando, ya sea al piano de Éva Szalai o en la marimba de Anne-Julie Caron.

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sábado, 27 de abril de 2024

FRANCISCO RICO (1942-2024)

 

Francisco Rico28 de abril de 1942-27 de abril de 2024

Ha fallecido Francisco Rico. Nos deja una obra llena de conocimiento para que sigamos aprendiendo y disfrutando:

Ediciones a su cuidado:

La novela picaresca española.
Agustín Moreto, El desdén, con el desdén.
Francesco Petrarca, Obras 1
Historia y crítica de la literatura española.
Mateo Alemán, Guzmán de Alfarache.
Lope de Vega, El caballero de Olmedo.
Lazarillo de Tormes.
Mil años de poesía española.
Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha.
Francesco Petrarca.
Mil años de poesía europea.
Carmina burana.

Y una conversación con José-Carlos Mainer en la Fundación March de hace diez años: 

Y una conferencia bajo el título de La realidad de la fantasía que recomiendo vivamente.

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GRANDEZA DE CAMUS

Editorial
Traducción: Goedele De Sterck
No conocía esta anécdota de Camus que encuentro en el libro de Riemen, Nobleza de espíritu, que es, por cierto, el libro que me ha llevado a sumergirme en la lectura de la Ética de Spinoza, además de ser una delicia para cualquier persona con nobleza de espíritu.

El libro recoge tres ensayos breves: El tiempo mesurado de Thomas Mann, El filósofo-rey y ¡Sé valiente! En el segundo de ellos es donde aparece la anécdota que voy a transcribir. Se trata de una conversación entre Malraux, Koestler, Sartre y Camus. 

El 29 de octubre de 1946, de noche ya, cuatro hombres se dirigen a una casa en las afueras de París, junto a Bois Boulogne. Se trata de una verdadera mansión, decorada con una imponente colección de cuadros y esculturas. André Malraux, el anfitrión, da la bienvenida a los cuatro invitados, a los que conoce muy bien. Además de adinerado y famoso, el escritor, político e intelectual de reconocido prestigio goza de mucho poder en la Francia de la posguerra, al tener en el general De Gaulle a un seguidor interesado y atento. Entre los invitados está relectual húngaro Arthur Koestler, que durante el conflicto bélico adquirió renombre con su novela El cero y el infinito (1940), una amarga denuncia de la falacia y la violencia del estalinismo. Ha venido acompañado de su amigo Manès Sperber, escritor y psicólogo judío-alemán. También asiste a la velada Jean-Paul Sartre, simpatizante de la URSS, antiamericano convencido y, por tanto, polo opuesto de Koestler. El cuarto invitado, el más joven de todos, es el escritor y periodista Albert Camus. 

El intercambio de ideas parte de una preocupación común: la situación política y sus consecuencias para la arruinada civilización europea. La guerra ha terminado. Estados Unidos ha resultado vencedor y se ha eri el potencia nuclear. La Rusia estalinista también ha salido victoriosa y le falta poco para hacerse con la bomba atómica. Los cuatro hombres están persuadidos de que los intelectuales han de tomar la iniciativa frente a ambas superpotencias. En adelante hay que proteger los derechos humanos en todas partes. En la propia Francia, la Ligue des Droits de |'Homme está demasiado vinculada al Partido Comunista Francés que, a su vez, se deja llevar por Moscú. Se plantea la pregunta de si no sería preferibles fundar una nueva organización para la defensa de los derechos humanos, más independiente y de trascendencia internacional. 

[... Intervienen Koestler, Malraux y Sartre exponiendo sus opiniones]

—¿No creen que todos somos responsables de la falta de valores? —pregunta Camus—. ¿Y que si todos nosotros, que procedemos del nietzscheísmo, del nihilismo o del materialismo histórico, confesáramos públicamente que nos hemos equivocado, que existen valores y que en lo sucesivo haremos lo que sea necesario para fundarlos e ilustrarlos, eso podría ser el comienzo de una esperanza?

Koestler mueve la cabeza en señal de aprobación; Malraux contempla su cigarrillo y piensa que semejante razonamiento no sirve a sus fines políticos, y Sartre decide no volver a pisar jamás aquella casa, al tiempo que se propone explicárselo todo de nuevo a Camus en otro momento. La conversación ha sido breve: todo está dicho. Es hora de marcharse. De vuelta a casa, Camus recoge la discusión en su cuaderno de notas.


Luego continúa Riemen con su reflexión: 

No podemos olvidar este diálogo —a pesar de su brevedad y del ambiente de crispación— porque profundiza en la esencia de la civilización, en cómo esta puede irse a pique, en la tarea de los intelectuales y en lo que significa su traición. 


Civilización. No puede haber civilización sin la conciencia de que el ser humano tiene una doble naturaleza. Posee una dimensión física y terrenal, pero se distingue de los animales por atesorar a la vez una vertiente espiritual: conoce el mundo de las ideas. Es una criatura que sabe de la verdad, la bondad y la belleza, que sabe de la esencia de la libertad y la justicia, del amor y la misericordia. El fundamento de cualquier civilización hay que buscarlo en la idea de que el ser humano no debe su dignidad y su verdadera identidad a lo que es —carne y hueso— sino a lo que debe ser: el portador de dichas cualidades vitales eternas. Estos valores encarnan lo mejor de nuestra existencia: la imagen de la dignidad humana. "La gravedad material hace precioso al otro, y la moral a la persona", sentencia Baltasar Gracián en su magistral Oráculo manual y arte de prudencia (1646). 

Estos valores son universales porque se aplican a todos los hombres, y son atemporales porque son de todos los tiempos. La cultura se define como el conocimiento y la organización de todas estas cualidades espirituales inmateriales, reunidas en el patrimonio cultural. Solo reviste calidad las obras atemporales, aquellas que nos siguen fascinando generación tras generación, puesto que son la únicas en expresar una realidad atemporal, una idea. Este requisito de atemporalidad hace que toda cultura, todos los valores espirituales, se tornen vulnerables. La cultura ha de ser desinteresada y no utilitaria. Ahí está el secreto de su significado atemporal. Trátese de una catedral, un poema, una imagen, un relato, un cuarteto para cuerda o una canción, ninguno de ellos puede tener función ni utilidad por naturaleza. Todas estas obras nos cuentan algo a nosotros, no viceversa.

[...]

Y más adelante cita a Goethe (que era spinozista en su concepción de la divinidad y la naturaleza, Deus sive Natura): "La civilización es un permanente ejercicio en el respeto. El respeto a lo divino, a la Tierra, al prójimo y, por ende, a nuestra propia dignidad"(pp 85-91).

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viernes, 26 de abril de 2024

EL FECUNDO RUMOR DE LAS MIRADAS


Vídeo realizado con casi todas las obras que protagonizan los poemas del libro El fecundo rumor de las miradas, recorrido poético por la historia mundial del arte. Sin ser absolutamente estricto, están colocadas en orden cronológico, que es el mismo orden que he utilizado en el poemario, excepto en el caso del poema dedicado a Chillida y que, una vez leído, se entenderá bien el porqué. 

El poemario nace del impulso espontáneo de mirar y del deseo de ver más allá de formas y apariencias. Es un tributo de admiración y una tentativa de comprensión. Surge de la mirada propia, pero es deudor de la mirada de otros muchos ojos.

Para quien tenga dificultades con las pantallas, aquí dejo algunos audios por riguroso orden de aparición en este enlace o en el apartado audios podéis encontrar muchos más—.







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jueves, 25 de abril de 2024

REGALOS DEL DÍA (Diario de un epicúreo agradecido), 13


Entre TACs, resonancias magnéticas, análisis de diversas emanaciones corporales, idas y vueltas por los senderos de la ciencia médica y de la incompetencia administrativo-informática tengo, a pesar de todo, el ánimo suficiente como para prestar mi atención a la Ética demostrada según el orden geométrico, que no es un texto precisamente sencillo, pero que tenía ganas de haber leído hace mucho tiempo y es ahora cuando puedo hacerlo con cierta solvencia. Me ayudan en esto de la solvencia, por cierto, un par de magníficos cayados: El milagro Spinoza y Spinoza, filosofía práctica

Sumido en la lectura del primero de esos dos, el de F. Lenoir, me encuentro con esta cita de Bruno Giuliani, que trata de incidir en la noción de eternidad, el tercer género de conocimiento, según Spinoza. La cita: Decir que el espíritu se percibe como eterno es decir que se percibe en su esencia misma como existente fuera del tiempo y del espacio. Eso no quiere decir que vaya a durar de manera indefinida. Por el contrario, eso significa que no durará: el espíritu siente simplemente que es eterno en el sentido en que se percibe como existente de una manera intemporal (El milagro Spinoza, p 135). 

Efectivamente. No es necesario dedicarse a la meditación trascendental, ni tener experiencias místicas, ni tan siquiera leer a Spinoza o a sus exégetas. Lo mismo que en ocasiones tenemos la impresión de haber vivido un momento tal cual lo estamos viviendo, eso que nombramos como déjà vu, hay otros momentos puntuales en que recibimos la impresión de que nuestro estado anímico coincide con cuanto nos rodea, o tal vez sea que cuanto nos rodea tiende a crear un estado de ánimo en el que nos sentimos bien con todo cuanto está a nuestro alrededor y la manera en que lo percibimos. 

Esos raros y escasísimos momentos —al menos en mi caso— en que parece que todo se conecta, son para mí lo más parecido a lo que Giuliani dice sobre percibir el espíritu como fuera del tiempo y del espacio. Más aun, mientras leía esas palabras me vino el recuerdo del momento en que estaba realizando la fotografía (otoño, 2015) que he colocado sobre estos párrafos y de lo que en aquel momento sentí como un fogonazo de que todo estaba en orden, de que yo estaba en conexión con el medio, como si mi ser fluyera a través de la dorada luz que producían las primeras hojas caídas del otoño. 

Creo no haber tenido esa extraña sensación nada más que tres veces en mi vida. Sí tengo, en cambio, momentos mucho más corrientes, mucho menos intensos, bastante más humildes en sus pretensiones y, afortunadamente, más duraderos, como son todos eso momentos en que me encuentro ante un objeto, una escena, un párrafo, un paisaje, una conversación... o lo que quiera que sea, que me hace sentir profundamente a gusto. Son los regalos del día. Y, por suerte para mí, suelen ocurrir bastante a menudo. 

Que el día os sea favorable.

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miércoles, 24 de abril de 2024

UN LIBRO, UNPOEMA (Alfred Tennyson)

Traducción: Luis Alberto de Cuenca.



POR DONDE el río fluye, a ambas riberas, 

dilatados plantíos de cebada y centeno 

revisten hasta el cielo la campiña, 

y, a través de los campos, un camino conduce 

         a la muy torreada Camelot; 

las gentes van de un lado a otro, 

contemplando los lirios, cómo florecen 

sobre los bordes de una isla, allá abajo, 

         la isla de Shalott.


II 

PÁLIDOS SAUCES, temblorosos álamos, 

ligeras brisas que oscurecen y rizan 

el agua, cuyas ondas para siempre discurren 

abrazando a la isla que está en el río, y siguen 

         su fluir hacia Camelot. 

Cuatro grises paredes y cuatro grises torres 

se yerguen sobre el suelo verde de una floresta: 

en esa isla silente vive aislada 

         la Dama de Shalott.



III 

JUNTO A LA ORILLA, umbría por los sauces, 

navegan las pesadas barcazas a remolque 

de lentos percherones, y, sin pausa, 

el esquife ligero de sedoso velamen 

         se desliza hacia Camelot. 

¿Quién la ha visto agitar el aire con su mano? 

¿Quién la ha visto asomada a la ventana? 

¿Quién hay en el país que la conozca, 

         a la Dama de Shalott?

...

[He copiado solamente las tres primeras estrofas de la primera parte, que son las que Reino de Cordelia ha hecho públicas en la red]

Aprovecho que ayer fue el Día del Libro y que seguramente cualquiera que sea la ciudad donde viváis, librerías y ferias os van a realizar un descuento si os acercáis a comprar el libro durante cualquier día de la semana. Podría ser cualquier otro, pero este, del que hace unos días di noticia en las efímeras "Novedades" de la aplicación WhatsApp, es una joyita como objeto: excelentes son la presentación, la encuadernación, las ilustraciones, la traducción y hasta el breve estudio introductorio. Lo que quiere decir que como regalo (propio o ajeno) va a funcionar muy bien, siempre y cuando, por supuesto, la persona que lo reciba guste de la poesía, de las leyendas medievales y más concretamente de la fascinante saga del rey Arturo

Buena parte de lo que digo podéis comprobarlo en estas páginas liberadas por la editorial o en este microvídeo:


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martes, 23 de abril de 2024

NIETZSCHE DESCOMPLICADO, 8

#Nietzschedescomplicado (conversaciones con Jaime Aspiunza).

En esta entrega nos adentramos con cierto detalle en los conceptos fundamentales del que posiblemente sea su título más leído.

Vamos a revisar aquí, en sendos capítulos, los tres ensayos que componen De la genealogía de la moral. GM I es la manera como suele citarse en el mundo «Nietzsche» el primero de los ensayos, que trata de dos parejas de nociones semejantes mas en el fondo diferentes que usamos de continuo y constituyen la base o el fundamento de nuestra moral cristiana; me refiero a «bueno» y «malo», y a lo que consecuentemente sea el bien y el mal. 

Lo que Nietzsche, rastreando la historia, va a sacar a la luz es que ese «bueno» y «malo» pueden decirse de dos maneras distintas que, analizadas, resultan ser muy diferentes: serían el «bueno» y «malo (vulgar)» y el «bueno» y «malo malvado)». 

En principio se llamaban buenos (a sí mismos) los nobles, los aristócratas, el estamento superior: eran los poderosos, los que mandaban, los que estaban por encima de los demás, de los más. Esa supremacía política se entiende también como superioridad anímica, espiritual. (Hay aquí que dejar de lado el maniqueo prejuicio actual, según el cual los poderosos son –por definición– malos, los malos.) Por el otro lado, lo vulgar, lo plebeyo, lo bajo acaba recibiendo el calificativo de malo. Se trata del hombre simple, común, de los más, sin que haya en ello ningún desprecio, simplemente por contraposición al noble: lo malo que así se nombra es –repito– sencillamente lo vulgar, lo común. 

Esa distinción primera, que Nietzsche rastrea en los conceptos que las diferentes lenguas fueron dedicando a nombrar los estamentos, no es, como se intuirá, de orden moral. Por eso, porque nosotros hablamos, se quiera que no, un lenguaje hipermoralizado, sería conveniente pararse un momento a pensar esa distinción, digamos, de calidad. 

Lo mismo que hay un buen cuero, recio y flexible, bien curado, con un olor y un color propios, y cueros baratos, uniformes por el exceso de químicos en la curación, acartonados y quebradizos, de los que diríamos que son corrientes o malos — así mismo puede considerarse que hay personas «de calidad» y personas –digamos– vulgares.

Punto. No pase, querido lector, a calificar de inmediato a Nietzsche de nazi o de facha, porque así, si no atiende, no va a entender nada. 

En primer lugar, Nietzsche está hablando de lo que en origen significaba la distinción «bueno» / «malo»: era una distinción relativa, en principio, al poder, luego a la calidad anímica o espiritual de la persona. Nadie ha dicho todavía que esos buenos y malos fueran buenos y malos en el sentido en que hoy empleamos las palabras. 

En segundo lugar, aunque en la plaza pública se presuma mucho de igualdad o igualitarismo, todos seguimos teniendo un criterio de calidad para las personas, siquiera sea el propio de considerar buenos a quienes exhiben su igualitarismo; aunque en este caso el «bueno» moral se impone como «bueno» de calidad. El criterio más tradicional, no obstante, es el que llama «de calidad» a la persona autónoma, independiente, cultivada, que piensa por sí misma y que en general no ha dado muestras de desprecio a sus congéneres; más bien, por el contrario, en ocasiones, aunque sean contadas, se ha mostrado atento y generoso con ellos; una persona con una rica experiencia de la vida que ha ido encontrando su camino.

A los nobles poderosos acompañan y suceden en el poder los sacerdotes, la casta sacerdotal, cuya principal diferencia con aquellos es su falta de fortaleza física y de salud, condiciones ineludibles para toda la actividad que los primeros desplegaban y que constituía su vida y su fuente de poder: la guerra, la aventura, la caza, la danza, las peleas, etc.

Y van a ser los sacerdotes los que a partir de su impotencia desplegarán «un odio formidable, inquietante, de lo más espiritual y venenoso». «Frente al espíritu de venganza sacerdotal –añade Nietzsche– no hay espíritu que valga.»

Pueblo de sacerdotes por antonomasia es el judío, y los judíos serán los que inviertan la ecuación de valor aristocrática: bueno = noble = poderoso = bello = feliz = amado de los dioses. Con los judíos se inicia la rebelión de los esclavos en la moral, la rebelión del hombre común, rebelión en la que estamos inmersos, puesto que ha triunfado, sustituyendo el «bueno» y «malo» de calidad por el «bueno» y «malo» moral.

¿En qué consiste la inversión a que aludíamos? En esta respuesta de los sacerdotes judíos: «¡sólo los miserables son los buenos, sólo los pobres, los 
impotentes, los inferiores son los buenos, únicamente los que sufren, los desposeídos, los enfermos, los deformes son los piadosos, los benditos de Dios, sólo para ellos es la bienaventuranza, — mientras que vosotros, los nobles y violentos, vosotros seréis por toda la eternidad los malvados, los crueles, los lascivos, los insaciables, los impíos, y también por toda la eternidad los desventurados, los malditos y los condenados!»…

Ha vencido la moral del hombre común, los señores están acabados, ahora son ellos los malos, pero los malos en el sentido de los malvados. No solo ha cambiado la referencia de «bueno», sino, y sobre todo, ha cambiado el contenido, el afecto de «malo». Si antes los que estaban satisfechos con su vida se consideraban buenos, dejando para los demás el calificativo complementario de corriente y vulgar, ahora sucede que los más, los insatisfechos con su vida, los miserables tratan de malvados a los satisfechos y de rechazo a sí mismos se toman por buenos. En el calificativo de malos- malvados hay, sin embargo, rechazo, hay, sin embargo, odio, resentimiento.

«La rebelión de los esclavos en la moral comienza cuando el resentimiento mismo se vuelve creativo y engendra valores», nos dice Nietzsche. ¿Qué valores? Apuntaré un par de ellos.

La moral noble (llamémosla así) «surge de un triunfante decirse-sí a sí mismo»; «la moral de los esclavos dice de antemano “no” a un “otro”, y este “no” es un acto creativo»: su acción es de hecho una reacción a los estímulos del mundo exterior. Este mundo exterior pasa a tener una importancia muy superior a la que tenía en el mundo del noble, acostumbrado a actuar de primeras y a considerar lo otro solo de manera accidental, accesoria.

Por otro lado, «mientras el hombre noble vive con confianza y franqueza ante sí mismo», «el hombre del resentimiento no es ni franco ni ingenuo, ni sincero ni directo consigo mismo. Su alma bizquea; su espíritu ama los escondrijos, los caminos tortuosos y las puertas traseras, todo lo oculto le da la impresión de ser su mundo, su seguridad, su solaz; sabe de callar, de no olvidar, de esperar, de empequeñecerse y humillarse por el momento. Una raza de tales hombres del resentimiento acabará por fuerza siendo más inteligente que cualquier raza noble, y ensalzará la inteligencia en una medida por completo distinta: a saber, en cuanto condición de existencia de primer orden».

Está claro que nuestra civilización es el fruto de dos mil años de moral del resentimiento, de moral de los esclavos. Hoy vuelve a oírse bien alto: «¡nosotros, las víctimas, somos los buenos; vosotros, si no estáis con nosotros, sois unos malvados!» Podemos preferir esto al predominio de los bárbaros, de la «bestia rubia» o de los arios, pero ¿significa eso que debamos hundirnos en las arenas movedizas de la nivelación, del igualitarismo más ramplón, en la negación del individuo soberano, y de la inteligencia y la realidad, la imaginación y la creatividad, como parece exigir la nueva esclavatura del Ideal Purísimo de los Enterados?

Ante todo ello, Nietzsche propone reevaluar los valores morales heredados, por si hubiera que subvertirlos para poder vivir como seres humanos íntegros, más allá –o más acá– de las identidades de sexo, género, clase, raza, nación y demás, que no es –demás– ninguna identidad.

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lunes, 22 de abril de 2024

TATIANA BLANQUÉ

Este es el lugar

Y este

1, el recibimiento:




2, la inmersión:


3, el festín:
 







No hay mejor aproximación a la belleza de la naturaleza que sumergirse en ella, en la propia naturaleza. Sin embargo, en ocasiones, el arte tiene casi la misma capacidad de aproximarnos a ella, y Tatiana Blanqué es capaz de hacerlo con mucha ternura, una técnica excelente y grandes dosis de originalidad y buen gusto.


4, las palabras de la artista: 



HASTA EL 16 DE JUNIO
Lunes a viernes: 9:30-18:00
Sábados: 10:00-14:00 / 15:00-19:00
Domingos y festivos: 10:00-14:00

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