No se puede decir que la obra de Paolo Grassino (Turín, 1967) sea una obra que trasmita optimismo o confianza en el ser humano. Sus trabajos, en general, resultan inquietantes, como si estuviéramos viendo imágenes sueltas de una distopía fragmentada de la que se nos ofrecen algunos retazos. Nadie le puede negar el impacto visual que produce ver los seres humanos desposeídos de rostro y de cualquier otro elemento que permita diferenciarlos, individualizarlos. Aunque más inquietante, monstruosamente inquietante, resulta ver el envoltorio de alguien (¿hombre?) del que salen unas profundas ramificaciones del lugar donde debería estar la cabeza.
Seres aherrojados a la existencia sin otro porvenir que el mero estar.
Estas dos esculturas realizadas en acero forman parte de la Serie Zero. Son Zerotre y Zerodue. Pertenecen a la colección del Museo Würth de La Rioja. ***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.
Moshe Dayan