viernes, 19 de abril de 2019

MACBETH (EL UNIVERSO SHAKESPEARE, 2)

Macbeth es la ambición, la ambición absoluta y demiúrgica, la ambición sin límite, la ambición universal, si es que existe este concepto.

Macbeth es la gran máquina de matar, de una imaginación tan poderosa que parece situarse fuera de los límites de la moral. Quien piense que el teatro de Shakespeare tiene un efecto moral, y que la vista de Macbeth le repele a uno irresistiblemente del mal de la ambición, está en el error (Nietzsche, Aurora).

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¡Hasta el cuervo enronquece anunciando con sus graznidos la entrada fatal de Duncan bajo mis almenas!... ¡Corred a mí, espíritus propulsores de pensamientos asesinos!... ¡Cambiadme de sexo, y desde los pies a la cabeza llenadme, haced que me desborde de la más implacable crueldad!... ¡Espesad mi sangre, cerrad en mí todo acceso, todo paso a piedad, para que ningún escrúpulo compatible con la Naturaleza turbe mi propósito feroz, ni se interponga entre el deseo y el golpe! ¡Venid a mis senos maternales y convertid mi leche en hiel, vosotros, genios del crimen, de allí de donde presidáis bajo invisibles sustancias la hora de hacer mal! ¡Baja, horrenda noche, y envuélvete como con un palio en la más espesa humarada del infierno! ¡Que mi agudo puñal oculte la herida que va a abrir, y que el cielo, espiándome a través de la cobertura de las tinieblas, no puede gritarme: "¡Basta, basta!" (Célebre monólogo de Lady Macbeth, acto I, escena V. Traducción de Astrana Marín).

Macbeth es un puñetazo brutal en lo más sensible de nuestra conciencia, una estampida dolorosa de sangre y furia, la imponente impresión que deja en nosotros la resaca del sinsentido. Es la naturaleza desatada cuando creemos que se ha equivocado. El problema es que no hay error en la naturaleza y Shakespeare es su notario.

Os dejo el enlace al Macbeth de Estudio 1 (1966). Pero si tenéis ocasión, leed el original, el de Shakespeare. No hay nada que lo iguale.

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