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viernes, 5 de junio de 2026

EXPOSICIÓN ACADEMIA MUNICIPAL DE DIBUJO Y PINTURA DE IRÚN

Xabier Arribas,  Nuria Alzaga y Rakel Salinas. Fuente: cadenaser.com

Acudo el 31 de mayo, último día de la exposición, a ver los trabajos de la Academia de Dibujo y Pintura de Irún. Tengo la suerte de coincidir con Xabier Arribas, profesor de la escuela junto con Rakel Salinas. Todo un lujo porque me hace una visita guiada del mejor nivel. 

No tenía intención de dar noticia a través del blog de la exposición, pues nadie que llegue hasta aquí va a poder acudir a verla. La exposición ya ha sido retirada y hasta el próximo año no se producirá la siguiente. No obstante, decido seguir adelante porque me parece que es honrar el meritorio y creativo trabajo de los dos profesores que imparten sus enseñanzas en la escuela.

He visto otras exposiciones de otras escuelas y de otros cursillos municipales. Nada que ver con el trabajo previo de investigación, desarrollo didáctico, planteamiento colaborativo y utilización de técnicas variadas que llevan a cabo Arribas y Salinas. Hasta la propia exposición tiene un planteamiento que va más allá de la simple y llana muestra de trabajos.

Admirable es también la labor de mezcla de trabajos de distintas edades y capacidades expresivas. Allí estaban recogidos, y muy bien recogidos, los trabajos del alumnado de las edades más tempranas hasta los de las personas adultas con mayor grado de experiencia y conocimientos técnicos. Dejo un pequeño muestrario.

Este estupendo friso de bodegones es el resultado de la observación inicial de cómo actúa el contraluz en superficies acristaladas; luego, de la suma colectiva de trabajos individuales.

Este otro panel surge del análisis y la fragmentación de los bodegones previamente trabajados que aparecen debajo de él. Combinación de miradas distintas sobre el mismo objeto. Desconstrucción y creación inspirada en los trabajos cubistas de María Blanchard, lo que conlleva a su vez un plus de cultura artística. 


Y así con los demás trabajos expuestos. Se ofrece un tema, un material, un punto de vista, un color... y sobre eso, Xabier y Rakel van presentando posibilidades de actuación que enriquecen el punto de partida y abren nuevas posibilidades de exploración, aprendizaje y plasmación.



También hay, claro está, quienes acuden al centro para perfeccionar su trabajo y enriquecerse con el asesoramiento de los profesores.



Pero, sin duda, los trabajos más ricos, los que abren más el campo de la visión a quienes acuden a la academia son esas propuestas de trabajo en las que se experimenta con distintas técnicas y materiales.

Así, por ejemplo, esta suma de fragmentos trabajados con bolígrafo a partir de los bodegones de la pintora Clara Peeters que existen en el Museo del Prado. Nuevamente la creación unida al conocimiento de la historia del arte.

O estas figuras de hombres y mujeres con cabezas de pájaro que nos pueden recordar algunos dioses de la mitología egipcia, y donde se han trabajado distintas técnicas hasta conseguir el resultado final. 



Y qué decir de este entrañable trabajo realizado con los más pequeños.


 ¡Bravo por Rakel y por Xabier!


***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

sábado, 30 de mayo de 2026

TERTULIA LUNÁTICA, Herrera y Reissig

 La Tertulia lunática (ahí la tenéis completa), escrita en espinelas, es la composición poética de Herrera y Reissig que ha tenido mayor importancia y recorrido, y sobre la que Idea Vilariño nos dejó agudos comentarios en De la poesía y de los poetas  

La composición está dividida en cinco secciones y consta de 430 versos o, lo que es lo mismo, de 43 estrofas, puesto que toda espinela tiene diez versos. Casi todas las secciones llevan un subtítulo que, en general, aluden a los momentos del día y más específicamente a los rezos de esos momentos: Vesperas (I), Ad completorium (II), Avernus (III), Et noctem quietam concedet Dominus (IV), (V), Officium tenebrarum (VI) y Numen (VII).

De ella se pueden hacer muchas y variadas afirmaciones, tales como que representa la cumbre del decadentismo rioplatense; que supone la búsqueda de la belleza en lo feo, lo anormal y enfermizo; que es algo así como la transición entre el modernismo canónico y el vanguardismo delirante; que se trata de una pesadilla sicológica y verbal; que tiene una clara intención provocadora y escandalizadora; que poetas de la talla de Neruda, Huidobro y Vallejo la tuvieron como fuente de inspiración...

Lógicamente, una obra tan extensa y peculiar requiere de un espacio muchísimo mayor que el que una simple entrada de blog puede ofrecer, pero no me resisto a dejar un escueto comentario sobre la quinta sección, la más breve y, acaso, la más beligerante con respecto a ideas y estilos anteriores. 

V


¡Oh negra flor de Idealismo!
¡Oh hiena de diplomacia,
con bilis de aristocracia
y lepra azul de idealismo!...
Es un cáncer tu erotismo
de absurdidad taciturna,
y florece en mi saturna
fiebre de virus madrastros,
como un cultivo de astros
en la gangrena nocturna.

Te llevo en el corazón,
nimbada de mi sofisma,
como un siniestro aneurisma
que rompe mi corazón...
¡Oh Monstrua! ¡Mi ulceración
en tu lirismo retoña,
y tu idílica zampoña
no es más que parasitaria
bordona patibularia
de mi celeste carroña!

¡Oh musical y suicida
tarántula abracadabra
de mi fanfarria macabra
y de mi parche suicida!
–¡Infame! ¡En tu desabrida
rapacidad de perjura,
tu sugestión me sulfura
con el horrendo apetito
que aboca por el Delito
la tenebrosa locura!

Esta sección representa el clímax de la vertiente oscura, demoníaca, erótica y decadente de la composición. Mientras que el poema oscila entre descripciones cósmicas y ataques personales, esta sección es una violenta imprecación dirigida a una mujer-demonio (el Ideal transformado en monstruo), donde se vale de un vocabulario médico, grotesco y escatológico.

La idea central es la asociación entre el amor idealizado propio del primer romanticismo (Novalis, la flor azul...), la imaginería modernista (azul...), el erotismo y la descomposición física, un motivo fundamental del decadentismo de finales del siglo XIX y principios del XX (Nerval, Baudelaire...).

La degradación del Ideal se presenta en el primer verso "¡Oh negra flor de Idealismo!". El lirismo romántico tradicional se subvierte por completo transformándolo en una aberración de la naturaleza: "Es un cáncer tu erotismo / de absurdidad taciturna".

La imaginería médico-biológica de la que hace uso Herrera y Reissig utiliza términos sacados de la patología  ("lepra azul", "virus madrastros", "cultivo de astros / en la gangrena nocturna" y "siniestro aneurisma") para reforzar el rechazo, la podredumbre y el hastío que esa estética idealista le supone. 

En ese delirio, la sublime amada del idealismo se transforma en la horrísona figura femenina a la que se interpela con apelativos brutales como "¡Oh Monstrua!" y "¡Oh musical y suicida / tarántula abracadabra...!". Es la imagen de la belleza perversa, parasitaria e infame que carcome el pecho del poeta.

En cuanto a los recursos estilísticos, conviene destacar el ritmo machacón, frenético y musical, que refuerza el contraste con la repugnancia que provocan las imágenes evocadas. La rima, a su vez, genera una atmósfera asfixiante y circular que mimetiza la locura de la obsesión lunática. El continuo uso del oxímoron y la antítesis "negra flor de Idealismo" / "celeste carroña" crea una violenta tensión entre lo sublime y celestial al lado de lo putrefacto. La patológica metáfora "Te llevo en el corazón [...] como un siniestro aneurisma" transforma el amor romántico tradicional (alojado en el corazón) en una enfermedad mortal. El retórico apóstrofe "¡Oh Monstrua!" / "¡Infame!" da al poema un tono teatral de rabia, desesperación y reproche. La sinestesia "musical y suicida tarántula" enlaza la percepción auditiva de la música con el peligro biológico y psicológico.

Todo este apartado V es de una audacia léxica radical. Con ella Herrera y Reissig quiere destruir los límites del buen gusto de su época para demostrar que el arte moderno debe ir más allá de la belleza tradicional e instaurar una nueva belleza, una belleza distinta, extrema y oscura. 


***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

lunes, 20 de abril de 2026

DIARIO DE UN RACIONALISTA ACORRALADO, 5


Suelo pasar con frecuencia por el túnel de Egia. Con la misma frecuencia veo cómo algunas personas se cuelan en la estación desde que se ha abierto el acceso a la misma desde el túnel, haya o no haya personal en el despacho de la derecha. Curiosamente, sobre los paneles que anuncian salidas y llegadas existen dos cámaras con las que, quiero suponer, quedará registrado lo que ocurre en esta zona de la estación, ¿o están, acaso, de adorno?

La verdad es que resulta profundamente absurdo colocar artefactos, señales, carteles y redactar normas básicas de convivencia si nadie, absolutamente nadie va a molestarse —ese me parece el verbo más adecuado en este caso, molestarse— en intentar que se cumplan.


Las reglas que ordenan la vida en común —respetar el descanso ajeno, cuidar los espacios compartidos, moderar el ruido, recoger lo que se ensucia...— no son caprichos ni imposiciones arbitrarias, o no deberían serlo. Son acuerdos mínimos que permiten que la convivencia no se convierta en una jungla de intereses individuales donde gana el más fuerte, quien más molesta o a quien menos le importa el resto.

Carteles ignorados, avisos que se repiten sin consecuencias, quejas que se acumulan en un buzón que nadie atiende... Y mientras tanto, quienes sí cumplen terminan sintiéndose tontos, ingenuos, ninguneados y perjudicados por respetar unas reglas que otros vulneran sin la menor consideración.

Este fenómeno tiene un efecto corrosivo. No es solo el deterioro de las buenas costumbres y la convivencia; cuando las normas básicas no se respetan, se produce una erosión en la confianza colectiva. Cuando las normas no se aplican, dejan de ser normas y se convierten en sugerencias. Y cuando todo es sugerencia, la convivencia se transforma en una negociación constante donde siempre pierde la persona más respetuosa.

La responsabilidad no recae únicamente en quienes incumplen, aunque su conducta sea evidente. También hay una responsabilidad compartida en quienes deben velar por el cumplimiento de esas normas y optan por la inacción. Porque establecer reglas sin mecanismos reales para hacerlas cumplir no es neutral: es, en la práctica, una forma de renunciar a ellas.

No se trata de promover una vigilancia asfixiante ni de convertir la vida cotidiana en un campo de sanciones. Se trata de coherencia. Si una comunidad decide que ciertas conductas no son aceptables, debe respaldar esa decisión con medidas proporcionales, claras y, sobre todo, efectivas. De lo contrario, el mensaje que se envía es inequívoco: aquí cada cual hace lo que quiere. Una norma que no se va a cumplir es mejor no ponerla.

No es que me preocupe el hecho de que unas cuantas personas se cuelen en una estación y viajen gratis. Siempre ha habido aquí y en todas partes gente que se ha colado. La diferencia está en la cantidad, en la frecuencia. Y si quienes se cuelan lo hacen porque no tienen dinero para pagarse el transporte, lo que habría que hacer es dotarlas de un pase para que puedan hacerlo sin transgredir la norma. De hecho, la imagen que da ese nuevo acceso a la estación donostiarra es sencilla y llanamente de abandono, por muy nuevo que sea el mibiliario.

Este no es nada más que un ejemplo. Tendríamos que preguntarnos si queremos normas que tranquilicen la conciencia, que adornen la literatura de usos y costumbres o normas que realmente ordenen la vida compartida, que ayuden a que la comunidad se sienta cómoda y orgullosa de serlo. Porque entre ambas hay una diferencia crucial: las primeras se leen, las segundas se respetan .

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

lunes, 23 de marzo de 2026

DIARIO DE UN RACIONALISTA ACORRALADO, 4 (Destruir por destruir)




La semana pasada no fue una semana afortunada para mi coche. En ese breve plazo sufrió las consecuencias de dos acciones claramente estúpidas (una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio, La leyes fundamentales de la estupidez humana, Carlo M. Cipolla). El martes un abollamiento sin que nadie dejara la nota; el domingo, retrovisor, limpiaparabrisas trasero arrancado y otros pequeños daños en la chapa.


Hay actos humanos que, por su complejidad o por sus consecuencias, invitan a debates profundos. Y luego están aquellos que, cuanto más se analizan, más evidencian su absoluta falta de sentido. Entre estos últimos destaca uno especialmente absurdo: causar daños a una propiedad simplemente por el hecho de hacerlo, sin obtener ningún beneficio material, emocional o simbólico de ningún tipo.

Romper una farola, pintar un muro ajeno sin intención artística ni reivindicativa, destrozar mobiliario público o privado… son acciones que no construyen nada, no expresan nada y, en la mayoría de los casos, ni siquiera alivian nada. Se trata de una destrucción vacía, sin propósito, que deja tras de sí únicamente costes, molestias y un rastro de incomprensión.

Quien incurre en este tipo de conductas suele ampararse en impulsos momentáneos: aburrimiento, frustración, imitación... Ninguna razón justifica el acto. La diferencia entre un impulso y una decisión es precisamente la capacidad de detenerse a pensar en las consecuencias. Y aquí es donde este tipo de comportamiento revela su carácter profundamente estúpido: no solo no aporta nada, sino que además perjudica a otros y, en última instancia, a la propia comunidad de la que forma parte quien lo comete.

El daño a la propiedad, especialmente cuando es pública, tiene un efecto multiplicador. Lo que se rompe debe repararse, y lo que se ensucia debe limpiarse. Eso implica recursos económicos que podrían haberse destinado a mejorar servicios, infraestructuras o espacios comunes. Es decir, el acto aparentemente pequeño de una persona termina afectando al bienestar de muchos. En ese sentido, no es solo una acción inútil, sino también profundamente egoísta.

Pero incluso en el caso de la propiedad privada, el problema persiste. Detrás de cada objeto dañado hay tiempo, esfuerzo y dinero invertidos por alguien. Destruirlo sin motivo es, en esencia, despreciar ese esfuerzo. Es una forma de agresión indirecta que no necesita contacto personal para causar un perjuicio real.

Hay quienes intentan romantizar este tipo de conductas como una forma de rebeldía. Sin embargo, la verdadera rebeldía implica cuestionar, proponer, crear alternativas. Destruir sin objetivo no es rebeldía: es vacío. Es la manifestación más pobre de la inconformidad, aquella que no sabe transformarse en algo constructivo.

Frente a esto, la responsabilidad individual se vuelve clave. Vivir en sociedad implica aceptar ciertas normas básicas de convivencia, entre ellas el respeto por lo ajeno. No se trata de una imposición arbitraria, sino de una condición necesaria para que cualquier comunidad funcione. Sin ese mínimo respeto, todo se degrada: los espacios, la confianza y, finalmente, la calidad de vida.

Causar daños a una propiedad sin obtener ningún beneficio no es un acto de valentía ni de expresión, sino de simple estupidez. Es la renuncia a pensar, a crear y a convivir. Y, como toda estupidez, tiene un coste que, tarde o temprano, alguien acaba pagando.

 
***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
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viernes, 20 de marzo de 2026

DIARIO DE UN RACIONALISTA ACORRALADO, 3

Desembocadura del Urumea con el Auditorio Kursaal en la otra orilla.
 

#diariodeunracionalistaacorralado

Los hechos: 

Miércoles, 18 de marzo, acudo al Kursaal para oír el concierto que la OSE y el Coro Easo ofrecen. Un concierto estupendo, un público no tan estupendo. La mujer que tengo a mi lado está más pendiente de chatear vía guasap que del concierto. Literalmente: durante todo el concierto para violonchelo de Schumann (25 minutos), no abandona ni un solo momento la pantalla. Durante la segunda parte, la correspondiente a la obra de Respighi, está más moderada; solamente lo utiliza de forma ocasional. Pero no era la única pantalla iluminada. Hubo bastantes más.

La reflexión:

En una sala de conciertos, donde cada nota ha sido cuidadosamente ensayada y cada silencio tiene un propósito, el público forma parte esencial de la experiencia. Sin embargo, en los últimos años se ha vuelto cada vez más habitual observar un gesto que rompe esa armonía: personas que revisan y responden mensajes en sus teléfonos móviles durante la actuación.

A primera vista puede parecer un acto inofensivo. No hay sonido, no hay conversación en voz alta, no hay una interrupción evidente. Pero la realidad es bien distinta. La luz de una pantalla en medio de la oscuridad no solo destaca, sino que irrumpe y molesta. Es un punto brillante que capta la atención de quienes están alrededor, desviando la mirada del escenario hacia algo completamente ajeno al espectáculo.

El problema no es únicamente visual. Quienes han acudido al concierto para sumergirse en la música ven interrumpida su concentración. La experiencia, que debería ser colectiva e inmersiva, se fragmenta. Por su parte, los artistas, especialmente en espacios más íntimos, perciben esos destellos. No es difícil imaginar lo desconcertante que puede resultar interpretar una pieza emocionalmente intensa mientras, en la penumbra, aparecen pequeñas luces que son ajenas al momento.

Además, este hábito revela una preocupante dificultad creciente para desconectar. Asistir a un concierto implica, en cierto modo, un compromiso: estar presente, escuchar activamente, dejarse llevar. Responder un mensaje puede esperar; la música en directo, en cambio, ocurre una sola vez.

La tecnología no es el enemigo. Los teléfonos forman parte de nuestra vida cotidiana y pueden ser útiles incluso en contextos culturales, sin duda. El problema surge cuando su uso interfiere con la experiencia de los demás. Del mismo modo que se evita hablar en voz alta o levantarse constantemente, debería considerarse una norma básica no utilizar el móvil de ninguna manera durante la actuación.

Recuperar el respeto por el silencio y la atención compartida no es una cuestión de normas estrictas, sino de convivencia. Un concierto no es solo lo que sucede en el escenario, sino también lo que ocurre en la sala: un colectivo de oyentes que, durante un tiempo, decide escuchar en comunidad. Apagar la pantalla, en ese contexto, es también una forma de encender la experiencia.

Tal vez, lo mismo que se advierte sobre el silencio en que deben mantenerse los teléfonos, debería empezar a pedirse por megafonía que no se usen de ninguna de las maneras posibles porque las molestas luces de las pantallas perturban notablemente la atención y el disfrute de la música.

 
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Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



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viernes, 13 de febrero de 2026

DE POE A VALÉRY

Con estas palabras termina la segunda de las dos conferencias que dio Monique Allain-Castrillo en la Fundación Juan March el 8 de abril de 2008: He aquí uno de los secretos de Valéry que espero haber desvelado para ustedes en estas dos conferencias: la inteligencia de las mentes y de la lengua, el acero forjado en Toledo de los atletas del Descubrimiento, de la Reconquista y de la Conquista y, sobre todo, de la arquitectura, de la pintura, de la novela, de la poesía y del teatro del siglo de oro han hecho mella en el joven Valéry, que no olvidó nunca sus lecturas hispánicas, los 12000 volúmenes españoles de la biblioteca de Montpelier. Esta agilidad mental que es la del más grande siglo español y la del mayor movimiento poético francés, el simbolismo, ha conseguido la empresa extraordinaria de la mejor poesía y la más inteligente, lo que sirvió en los dos casos de modelo para el mundo entero (el subrayado es mío).

El halago, la hagiografía, no forma parte del ensayo crítico, de la investigación literaria. O no debería. Pero no es este el tema objeto de mi comentario, sino el sistema Valéry como método para explicar cuanto acontece en el universo, ya sea de orden físico o psicológico, y que me lo ha hecho recordar eso de la empresa más inteligente.

Sabido es que Paul Valéry era una persona con una gran curiosidad, un gran deseo de conocimiento y, fundamentalmente, constante en su empeño. Eso explica los miles y miles de páginas que abarcan los 260 cahiers (cuadernos), que fue escribiendo con absoluta constancia cada día de la semana durante medio siglo. 

En esos cuadernos, entre otros temas y reflexiones, se encuentra su delirio por conseguir un sistema que pudiera explicarlo todo, es decir, que alcanzara a explicar lo mismo el funcionamiento de los fenómenos del universo físico que el funcionamiento de lo que él llamaba el alma humana, algo así como una teoría capaz de unificar todas las áreas del saber. Todas.

Quiero suponer que esta delirante búsqueda venía propiciada en parte por su adscripción al movimiento simbolista y su más que discutible concepción de la realidad, que comenzaba con las consabidas correspondencias, y cuyo origen, acaso, podamos rastrear en el Eureka de Poe

Poe nos dejó unos cuentos estupendos con los que pasar miedo las noches de soledad y tormenta. Era, qué duda cabe, un escritor admirable al que admiraron parnasianos y simbolistas franceses. Como Valéry, tenía él también una gran curiosidad y un enorme deseo de conocimiento. Leyó a Newton y a Laplace, pero, tal vez, pudo más en su Eureka la inclinación romántico-idealista que la propiamente científica cuando dejó escrito en el prefacio lo siguiente:

Me propongo hablar del Universo físico, metafísico y matemático; material y espiritual; de su esencia, origen, creación; de su condición presente y de su destino. Seré, además, temerario al punto de contradecir las conclusiones y, en consecuencia, poner en duda la sagacidad de muchos de los hombres más grandes y más justamente reverenciados (p 16. Traducción: Julio Cortázar).

Vaya, qué casualidad, ambos escritores tienen la misma pasión por llegar a explicarlo absolutamente todo. Lo mismo el mundo físico que el metafísico. Esto, quizás no sorprenda demasiado en el estadounidense, hijo, como he dicho antes, de las corrientes idealistas del movimiento romántico, aunque si había leído a Newton y a Laplace, no parece que hubieran calado demasiado en él. Pero sí sorprende en el francés, del que sabemos que no solo había leído a científicos de todo tipo de la época, entre ellos a Einstein, sino que ya en las primeras décadas del siglo XX estaba bastante clarito cuáles eran los métodos de investigación de disciplinas tan dispares como la psicología, la física, la matemática, la filosofía o la cosmología. 

¡Tanta inteligencia y tanto estudio y no servir para distinguir entre la pitia de Delfos, el vuelo de las aves y la teoría de la relatividad!

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Moshe Dayan  



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lunes, 9 de febrero de 2026

ESTO NO ES ARTE URBANO

1 de febrero, 17:33

Cuando el día 1 iba de camino hacia el Peine del Viento para intentar fotografiar la luna llena elevándose sobre el monte Urgull, me encontré con esa joven bien vestida que se paró un momento frente a la barandilla de la Concha y, según la adelantaba, me pareció ver que sacaba del bolso un rotulador. 

Por un momento pensé, malpensé, que tal vez sacaba un rotulador para garabatear algo sobre la hace poco pintada barandilla. Inmediatamente me dije a mí mismo que no podía ser así. Era una joven elegante y el paseo estaba lleno de gente. No se iba a poner a ensuciar el mobiliario público una tarde delante de todo el mundo.

Llevaba ya adelantados unos cuantos metros y a mí mismo me dije: Date la vuelta y verás cómo no se trata de eso. Te habrá parecido un rotulador, pero seguro que era otra cosa; tal vez un móvil con el que hacer una foto de la siempre hermosa bahía. 

Me di la vuelta, más con la intención de acallar mis malos pensamientos que con la de comprobar lo que exactamente estaba ocurriendo. Me quedé mirando durante unos segundos para comprobar que lo que estaba viendo era lo que efectivamente estaba ocurriendo. Luego decidí utilizar la cámara que llevaba encima.

Tal vez alguien piense que ensuciar el mobiliario público es el comienzo de una acción libre, creativa y artística. O que escribir nuestros nombres por los muros, paredes, puertas y demás mobiliario de la ciudad es una práctica que deberíamos admitir como normal, pues se viene practicando desde que el ser humano aprendió a escribir

Yo soy de los que opinan que escribir en superficies públicas es contribuir a la degradación de la ciudad (cuanto más sucia y llena de grafiti —no confundir con arte urbano— está una zona, mayor sensación de inseguridad trasmite) y una práctica que conlleva un gasto público que recae sobre toda la población. 


Tres barandillas más dejó marcadas la simpática y cívica joven de la foto. Tal vez ella disfrutara (enjoy) manchando el mobiliario público. No creo que disfrute tanto quien tenga que limpiarlo.

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Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
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