lunes, 16 de febrero de 2026

MONASTERIO DE IRANZU

Monasterio de Iranzu

En el último tercio del siglo XII se instaló una pequeña comunidad de monjes en torno a la iglesia de san Adrián (los restos de la misma se ven en la fotografía a la derecha del edificio grande) para levantar un monasterio. Eran monjes cistercienses, aquellos benedictinos que en su momento hicieron una reforma para promover el ascetismo y el trabajo manual, ya que la relajación dentro de la orden que fundara san Benito había llegado a límites nada acordes con la regla del fundador.

La ubicación del monasterio responde bien al dicho Bernardus valles amabat (Bernardo amaba los valles). Bernardo de Claraval fue posiblemente el mayor impulsor de la orden por Europa occidental. El valle arbolado ofrecía, claro, todos los ingredientes que podía necesitar la vida monástica, al mismo tiempo que facilitaba el aislamiento. De hecho, en este caso, el acceso al valle no debía de ser ni cómodo ni sencillo hace 800 años.

El viernes pasado, que fue el día que yo estuve por allí, era un día ideal para eso del aislamiento: gris, frío y lluvioso, tal como se puede apreciar por las fotografías del exterior: 




Pero pasemos al interior y no nos mojemos más.

1: Cocina. 2: Lavatorio. 3: Claustro. 4: Iglesia. 5: Sala capitular.
Procedencia del plano: Navarra. Todo el románico.

Nada más cruzar el portal del acceso, nos encontramos en el claustro. Una puerta a la derecha nos lleva a la antigua cocina. Es un espacio amplio y despejado, con una majestuosa chimenea en el centro. Siglo XIII, arquería gótica.



Salimos de la cocina y nos encontramos en el estupendo claustro que, para mi desgracia, se encontraba parcialmente en obras. En cualquier caso, las obras no impedían disfrutar del trabajo arquitectónico medieval, pero sí de la sala capitular, a la que no pude acceder, ni a las celdas de castigo, donde los monjes pecadores podían estar recluidos durante uno o dos días a pan y agua, a modo de penitencia. 
 

En un lateral del claustro podemos ver el lavatorio, elemento relativamente frecuente en los monasterios cistercienses.
 



Después de recorrer tranquilamente el claustro, entré en la iglesia abacial. Es un espacio limpio y sobrio, de amplias dimensiones, unos 50 metros de longitud y 15 de altura. Tres naves, cada una con su cabecera; la central dispone de tres vanos apuntados en la parte inferior y un gran ventanal redondo (óculo) en la zona superior con tracería gótica.


La consabida austeridad constructiva cisterciense queda patente en la limpieza de líneas y en la ausencia total de ornamentación. 






En el exterior, lo más destacable es la fachada de la entrada de la iglesia, que tiene una sencilla portada abocinada de arcos ojivales. Sobre ella el óculo cerrado con alabastro (el primero de los que están fotografiados por dentro bajo la imagen de la iglesia, tomada desde la zona del altar).


Una vez fuera, me acerqué hasta los restos de la antigua iglesia dedicada a san Adrián, origen del asentamiento cisterciense.


Detrás del arco apuntado pueden verse tres estelas discoidales y una cruz.

Un lugar con mucho encanto, tal vez más en un día brumoso que animaba al silencio. Por cierto, el nombre también tiene su encanto: Santa María de Iranzu. Traducido, Santa María de los helechos o del helechal.

***

Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

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