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domingo, 18 de octubre de 2020

HORACIO Y OMAR JAYAM

 Menéndez Pelayo con su Horacio en España (1885) dejó un soberbio y grandioso estudio sobre la influencia de Horacio en la literatura española. Gilbert Highet, medio siglo después, realizó otra proeza cuando en 1949 dió a los estudios clásicos su no menos impresionante y provechoso La tradición clásica. Gracias a ellos, aunque no solo a ellos, sabemos de la larga y rica influencia de la obra horaciana en la literatura posterior. Pero estamos hablando de literatura occidental, es decir, literatura que se ha creado a partir de la literatura greco-latina. 

Lo que sí resulta verdaderamente sorprendente es el caso del poeta persa Omar Jayam (1048-1131). ¿Conocía la obra de Horacio? ¿La había leído? El latinista Vicente Cristóbal —haciéndose eco de un artículo de H. E. Mierow, que no acaba de aportar datos fehacientes sobre el tema— se pregunta si esa notoria coincidencia en el tratamiento del carpe diem y el locus amoenus se debió, acaso, a la influencia que la obra de Horacio pudo haber tenido sobre Jayam. 

No voy a recoger todos los ejemplos que Cristóbal cita —siempre a partir de la traducción de Christovam de Camargo, Losada, 1967—. Creo que estos dos son  suficiente muestra para dejar constancia, cuando menos, de la coincidencia del tratamiento y las imágenes:

La número 7:

Contempla
la caravana de la vejez,
ve cómo galopa,
¡observa
ese ritmo espantoso!
¡Compañero!
¡Aprovecha
esos instantes fugaces
para hundirte
en las delicias de la vida,
para desvanecerte
en las delicias del amor!
En cuanto a ti,
siervo,
¿por qué vives cavilando,
por qué te atemoriza
la problemática resurrección
anunciada
para un cierto día del mañana?
Trae la copa,
pues la noche
pronto
llegará a su fin...


La número 60:

¡Querida de mi alma
tienes la suavidad
de un resplandor de luna!

¡Toma el cántaro de vino,
empuña la copa
y ve al jardín verdeante
a esparcirte
junto al río murmurante!


El mundo burila diariamente,
con aterciopelados regazos
de mujeres fascinantes,

copas y cántaros,
¡cien y mil veces!

Dice el profesor, traductor y latinista que casi infiintas son las muestras del carpe diem, formuladas en cercanía de imágenes con las de Horacio. Sería interesante que algún trabajo futuro arrojara luz sobre esta coincidencia.

viernes, 13 de noviembre de 2020

CARPE DIEM. LECCIONES DE VIDA CON HORACIO

Editorial
Me enteré de la existencia de este libro cuando escuché por primera vez la conferencia de Vicente Cristóbal sobre Horacio en época de confinamiento total. Del libro se pueden decir muchas cosas, salvo que sea aburrido. Se podría decir, efectivamente, que es un libro sobre Horacio y su manera de entender la vida. Se podría decir que es una defensa del slow movement, de tomarse las cosas con tranquilidad y sosegar nuestras acciones y reacciones. Se podría decir que es un libro de viajes por la Italia en la que vivió el clásico latino. Se podría decir que es una rápida autobiografía del autor, Harry Eyres. Se podría decir que es una defensa de la actualización de las traducciones para que los textos clásicos no queden fosilizados y parezca que tienen más años de los que realmente tienen. Se podrían decir muchas cosas, pero el párrafo me está quedando demasiado largo.

En realidad, todo el libro es una buena demostración de que los clásicos pueden ser muy atractivos si les quitamos todo ese barniz que años y años de academicismo, de admiración vacía de contenido y de frío y sesudo trabajo gramatical los ha ido sepultando en una masa de estudios que, a veces, les impide respirar.

No podemos saber exactamente cómo era Horacio porque ya no podemos hablar con él, no podemos preguntarle ni entretenernos con sus charla y sus respuestas. No podemos ver cómo resuelve sus problemas cotidianos. No podemos observar cómo se relaciona con la gente. No podemos estar a su lado para comprobar cómo reacciona. 

No obstante, podemos leer con detenimiento su obra y disfrutar con sus propuestas, sentir la profunda viveza, la increíble proximidad de sus palabras. Eso es lo que realiza Eyres en este trabajo, que no tiene nada de académico, tal vez porque él también se aburría en la universidad traduciéndole, lo mismo que se aburrieron otros muchos, hasta que años después, leyendo por su cuenta, encontraron al ser humano Horacio y descubrieron toda su riqueza más allá de la sintaxis y de las figuras estilísticas, la rica y poderosa vida que corría por sus textos.

¿Ves como brilla la profunda nieve
en el Soracte erguido? Esta helada
carga las ramas con su blanco palio
y detiene los ríos en su marcha.

Cobijados, echa más troncos, Taliarco(1),
al fuego abrasador... y descorchemos
un vino de cuatro años, un reserva
corriente de Sabina, no de lujo.

Que aplaque el tiempo un dios, si le apetece,
en el mar las rugientes tempestades
y los viejos cipreses y los fresnos
detengan su agitado cabeceo.

(Fragmento de la Oda I, 9).

(1)Eyres, con la intención de aproximar más el texto a la época actual, cambia el nombre de Taliarco por el de Hugh, lo que tiene sentido en el ámbito anglosajón. Como no se me ha ocurrido un nombre equivalente para el ámbito hispanohablante, he vuelto al original, que quiere decir algo así como "simposiarca", "rey del vino"; es decir, experto en vinos, pero también dinamizador de la reunión y del diálogo.

domingo, 4 de octubre de 2020

HORACIO, POETA EPICÚREO

Comienzo del epodo 2 (traducción de Vicente Cristóbal):

Dichoso aquel [beatus ille] que, lejos de ocupaciones, como la primitiva raza de los mortales, labra los campos de su padre con sus propios bueyes, libre de toda usura, y no se despierta, como el soldado, al oír la sanguinaria trompeta de la guerra, ni se asusta ante las iras del mar, manteniéndose lejos del foro y de los umbrales soberbios de los ciudadanos poderosos (...).

Odas, I, 11 (traducción de Manuel Fernández-Galiano):

No investigues, pues no es lícito, Leucónoe, el fín que ni a mí
ni a ti los dioses destinen; a cálculos babilonios
no te entregues. ¡Vale más sufrir lo que haya de ser!
Te otorgue Júpiter varios inviernos o solo el de hoy,
que destroza al mar Tirreno contra las rocas, prudente
sé, filtra el vino y en nuestro breve vivir la esperanza 
contén. Mientras hablo, el tiempo celoso habrá ya escapado:
goza del día [carpe diem] y no jures que otro igual vendrá después.



Esos son los dos tópicos literarios más famosos y universalmente repetidos, citados, parafraseados y, por tanto, más conocidos de la obra poética de Horacio. Su influencia es tal que impregna todas las épocas. Desde luego, si la felicidad de cualquier creador se pudiera medir por la pervivencia de alguna de sus obras en la memoria de la gente, Horacio debería ser extraordinariamente feliz. Pero era epicúreo y eso debería darle igual.


Resulta un poco cansino oír una y otra vez cómo se reduce el pensamiento epicúreo a la búsqueda del placer; cómo se utiliza esa expresión latina, carpe diem, de una forma sesgada. 

Horacio y Virgilio eran epicúreos, lo mismo que Lucrecio, al que admiraban. Es decir, estaban convencidos de que la mejor manera de entender la vida y las relaciones que en ella trabamos con los demás era hacerlo desde el modo que había propuesto Epicuro, a quien, desde luego, no podríamos tachar de juerguista empedernido, ni de irresponsable, ni de egocéntrico.

El epicureísmo es una forma de entender el mundo, una filosofía. Como tal, tiene su propia teoría del conocimiento y defiende una ética. Es cierto que el tópico central de la ética epicúrea es el placer (hedoné, de ahí hedonismo), que entiende como la ausencia de dolor. Maximizar el placer y minimizar el dolor debía ser el objetivo prioritario. 

El placer quedaba definido por estos tres parámetros: ausencia de dolor en el cuerpo, ausencia de preocupaciones psicológicas o espirituales (miedo, angustia, preocupaciones, remordimientos, tristeza, estrés, ansiedad...), y la satisfacción de nuestros deseos, incluyendo deseos referidos al cuerpo y deseos más espirituales como la amistad, el conocimiento y el disfrute de la belleza...

Pero la cosa no queda ahí. El placer deberá ser lo más duradero posible. Tendremos que tener en cuenta que habrá muchos placeres a los que deberemos renunciar. Por ejemplo, los que traigan a la larga un dolor mayor que el placer aportado. Igualmente, habrá ciertos dolores y sufrimientos que serán buenos, como aquellos de los que se derive un placer que los compense y los supere. La persona sabia, por tanto, será aquella que sepa hacer el "cálculo" y aprenda a distinguir a qué placeres decir sí y hasta dónde, y qué sufrimientos rechazar o aceptar según convenga. 

Así, pues, Epicuro distinguía 3 tipos de deseos que deberíamos tener en cuenta para realizar bien nuestros cálculos:

- Naturales y necesarios: son necesidades primarias y biológicas (alimentarse, beber, dormir). Su satisfacción siempre hace feliz al hombre y sin ellos no podemos vivir.

- Naturales y no necesarios: satisfacer el apetito con una comida en una fantástica comida;la sed, con un vino gran reserva; dormir en la más cómoda de las camas. Estos deseos deberíamos moderarlos, no sea que de ellos obtengamos más sufrimiento que satisfacción.

- No naturales y no necesarios: el lujo, el poder, la riqueza, la fama, la gloria, el prestigio, los honores. A estos deseos deberíamos renunciar, pues no se sacian
nunca y lo único que provocan es un deseo incontenido de más y más. 

Para acabar entendiendo por qué el hedonismo no es una defensa superficial de la búsqueda de placer, quiero recordar las cuatro normas que proponía Epicuro para tener una auténtica vida buena, en realidad, cuatro elementos a eliminar:

- El miedo a los dioses. Para eso basta pensar que no se cuidan de los
asuntos humanos, y desde luego, brujos, sacerdotes y demás son solo, y como mucho, buenos psicólogos y hábiles manejadores de palabras.

- El temor a la muerte. Es absurdo temerla, mientras estamos vivos no nos afecta y cuando nos afecta, ya no estamos vivos. 

- El temor al destino. Epicuro negó el determinismo. Nada está escrito, sólo el azar y la libertad existen. Cada hombre es dueño de su propio destino.

- El temor al dolor y la infelicidad
Si seguimos las enseñanzas de Epicuro respecto a la moderación y la renuncia a falsos placeres, conseguiremos sentirnos bien con nosotros mismos y disfrutar serenamente de los placeres que la naturaleza nos ofrece.

Ese es el pensamiento que subyace en la obra de Horacio. Él, claro, no practicaba el discurso filosófico, sino el poético, lo que siempre es estéticamente más bello.

jueves, 8 de octubre de 2020

HORACIO (Odas y Epodos para una tertulia)

 




La obra de Horacio, como corresponde a un clásico, es de muy fácil adquisición. Hay publicadas multitud de traducciones y los distintos sellos editoriales se encargan de que estén siempre disponibles. Además, todas las bibliotecas cuentan con ejemplares de alguna cuando no de varias traducciones. Y por si esto fuera poco, también está accesible a través de internet: Epodos, OdasNo hay, pues, excusa para no leerlo.

Las tres que he colocado son ediciones todas ellas muy bien cuidadas. Ofrecen una traducción realizada por un latinista de prestigio —José Luis Moralejo, Manuel Fernández-Galiano y Vicente Cristóbal—, cuentan con un aparato crítico francamente bueno e introducciones más que solventes, lo que siempre ayuda para entender mejor el texto y el contexto.

En cualquier caso, la obra de Horacio no se reduce a Odas y Epodos. También están las Sátiras y las Epístolas. Si dejo solamente las ediciones de las primeras es porque hoy son las más apreciadas y hay material más que suficiente para realizar una tertulia.

Como aperitivo, dejo aquí un epodo y una oda. Ya ofrecí un adelanto en la entrada precedente, la de Horacio, poeta epicúreo. Son las dos composiciones más famosas y las que han generado sendos tópicos literarios, conocidos, precisamente, con las palabras latinas que los identifican: beatus ille y carpe diem.

Dichoso aquél [beatus ille] que, lejos de ocupaciones, como la pri­mitiva raza de los mortales, labra los campos heredados de su padre con sus propios bueyes, libre de toda usu­ra,y no se despierta, como el soldado, al oír la sanguinaria trompeta de guerra, ni se asusta ante las iras del mar, manteniéndose lejos del foro y de los umbrales so­berbios de los ciudadanos poderosos.

Así pues, ora enlaza los altos álamos con el crecido sarmiento de las vides, ora contempla en un valle apar­tado sus rebaños errantes de mugientes vacas, y ampu­tando con la podadera las ramas estériles, injerta otras más fructíferas, o guarda las mieles exprimidas en ánforas limpias, o esquila las ovejas de inestables patas.

O bien, cuando Otoño ha levantado por los campos su cabeza engalanada de frutos maduros, ¡cómo goza re­colectando las peras injertadas y vendimiando la uva que compite con la púrpura, para ofrendarte a ti, Príapo, y a ti, padre Sílvano, protector de los linderos!

Agrádale tumbarse unas veces bajo añosa encina, otras sobre el tupido césped; corren entretanto las aguas por los arroyos profundos, los pájaros dejan oír sus quejas en los bosques y murmuran las fuentes con el ruido de sus linfas al manar, invitando con ello al blando sueño.

Y cuando la estación invernal de Júpiter tonante apres­ta lluvias y nieves, ya acosa por un sitio y por otro con sus muchas perras a los fieros jabalíes hacia las trampas que les cierran el paso, ya tiende con una vara lisa sus redes poco espesas, engaño para los tordos glotones, y captura con lazo la tímida liebre y la grulla viajera, tro­feos que le llenan de alegría.

¿Quién, entre tales deleites, no se olvida de las cuitas desdichadas que el amor conlleva?

Y sí, por otra parte, una mujer casta, cumpliendo con su oficio, atiende la casa y a los hijos queridos —como la sabina o la esposa, abrasada por el sol, del ágil ápu­lo—, enciende el fuego sagrado del hogar con leños se­cos un poco antes de que llegue su fatigado esposo y, encerrando la bien nutrida grey en la empalizada del redil, deja enjutas sus ubres repletas; si, sacando vino del año de la dulce tinaja, prepara manjares no compra­dos, no serán más de mi gusto las ostras del lago Lu­crinο,o el rodaballo o los escaros —sí tronando la tempestad en las olas orientales desvió algunos hacia este mar , ni el ave africana ni el francolín jónico caerán en mi estómago más placenteramente que la aceituna re­cogida de las ramas más cargadas de los olivos, o la hoja de la acedera, amante de los prados, o las malvas salu­tíferas para el cuerpo enfermo; o que la cordera sacri­ficada en las fiestas Terminales,o que el cabrito arran­cando al lobo.

Entre estos manjares, ¡qué gusto da contemplar las ove­jas que vuelven rápidas al aprisco después del pasto, con­templar los bueyes cansados arrastrando con su cuello lánguido el arado vuelto del revés, y los esclavos, enjam­bre de la fecunda casa, colocados en torno a los Lares relucientes!

Cuando el usurero Alfio hubo así discurseado, dispues­to a convertirse de inmediato en labrador, recogió en las Idus todo su dinero, decidido a renovar sus préstamos en las Calendas.

(Traducción de Vicente Cristóbal).





No investigues, pues no es lícito, Leucónoe, el fín que ni a mí
ni a ti los dioses destinen; a cálculos babilonios
no te entregues. ¡Vale más sufrir lo que haya de ser!
Te otorgue Júpiter varios inviernos o solo el de hoy,
que destroza al mar Tirreno contra las rocas, prudente
sé, filtra el vino y en nuestro breve vivir la esperanza
contén. Mientras hablo, el tiempo celoso habrá ya escapado:
goza del día [carpe diem] y no jures que otro igual vendrá después.

(Traducción de Manuel Fernández-Galiano).

domingo, 1 de noviembre de 2020

ACTUALIDAD DEL "BEATUS ILLE"

Seguramente la idea más poderosa de Horacio, la que mayor resonancia ha tenido a lo largo del tiempo y la que hoy podemos considerar más atractiva, por necesaria, y la que tanta gente reclama como única manera sostenible y respetuosa con el medio ambiente, es la del beatus ille.

Esa forma de estar en el mundo sin dañarlo, sin explotarlo, practicando un trabajo que nos aproxime a la tierra, que nos permita una agricultura y una ganadería local, sin la tensión y la locura que impone el beneficio cada vez mayor, sin la competencia desenfrenada y sin lucha por la conquista de mercados que nada tienen que ver con nuestro medio ambiente, esa forma de vida es la que Horacio nos pone delante de los ojos como vida buena

Él no fue el primer defensor de la idea, pero él es quien de mejor y más bella manera lo expresa. Él comprendió que cuanto más modesta e inclusiva resultara, más fuerte sería. Y es curioso comprobar cómo la actual hiperexplotación mundial —no hay vida vegetal ni animal de la que no hayamos intentado obtener un beneficio económico— ha terminado estallando en una pandemia. Tanto enredar en todas partes, nos saltan los virus que no queremos.

Y delante de nuestros perplejos ojos de urbanitas empedernidos y dependientes de todo tipo de tecnologías se alza una vez más el letrero que indica que menos es más, que vivir con menos es vivir mejor, que vivir de la naturaleza no es agotar todos sus recursos.

Beatus ille y felices también nosotros si algún día logramos entenderlo.

***
Hace relativamente pocos años se iniciaron los trabajos arqueológicos para localizar la casa de campo de Horacio, la que Mecenas le dio para que pudiera dedicarse tranquilamente a escribir, sin dependencias económicas. No se puede afirmar con absoluta certeza que la que hoy se considera como tal sea aquella en la que vivió el poeta. Ninguna teja ni tubería de plomo ha aparecido con su sello. Sin embargo, el yacimiento encaja con todas las referencias que aparecen en su obra.
 

Y si entendéis inglés, el profesor Bernard Frischer os hace una visita guiada virtualmente aquí.

martes, 6 de octubre de 2020

VIRGILIO HACE, HORACIO EXPLICA

Ejemplar de la Biblioteca Central



In verbis etiam tenuis cautusque serendis 
dixeris egregie, notum si callida verbum
reddiderit iunctura novum 
(Ars poetica, vv 46-48)

Tal vez en estos tres versos se condense la tarea más prodigiosa que cualquier poeta pueda hacer: que las gastadas palabras digan cosas nuevas. 

José Luis Moralejo los traducía así: Te expresarás de manera excelente si una combinación ingeniosa convierte en nueva alguna palabra sabida (Arte poética. Gredos, 2008. La edición de la imagen). Aunque el significado es el mismo, a mí me parece más expresiva la traducción de José Carlos Fernández Corte para la introducción a la Eneida que tradujo Espinosa Pólit (Cátedra, 1989): lograrás un verso excepcional si una palabra usada se convierte en nueva por una ingeniosa combinación.

Horacio no se ceñía solamente a esa idea en su Arte poética, daba otros muchos consejos y reflexionaba de la mejor de las maneras para que quienes se aventuraran en el arte de la creación literaria pudieran realizarlo de la mejor manera posible. Sin embargo, quiero detenerme en estos versos porque bien parecen escritos para explicar uno de los mayores logros de su amigo Virgilio.

Cuentan que Agripa, el responsable de la victoria de Augusto sobre Marco Antonio en Accio, tenía cierta dificultad para entender en qué consistía uno de los rasgos distintivos del estilo de la Eneida. Digamos que se sentía perplejo ante los giros que realizaba el mantuano, porque sin utilizar otras palabras que las que la gente utilizaba en la calle, él conseguía nuevos significados.

En realidad, estaba sorprendido con una de las características más brillantes del estilo virgiliano para la que no encontraba palabras, la famosa aparente naturalidad con la que fundó el clasicismo de la poesía romana. El impresionante dominio de recursos expresivos que tenía hizo posible que dotara a la lengua latina de nuevos bríos y esplendores. 

Esa es, precisamente, la tarea más noble y más elevada que puede realizar la poesía. Tarea, claro, que solo está al alcance de unas pocas genialidades. Versos como este son un buen ejemplo:

Sunt lacrimae rerum et mentem mortalia tangunt (Eneida, I, 462).

Y Borges, secuaz ilustre, lo sabía.

jueves, 16 de abril de 2020

EL POEMA MÁS HERMOSO DE LA LITERATURA ANTIGUA

Horacio, Fuente: Wikipedia.
Cuenta Gilbert Highet en su magistral La tradición clásica (1954), que A. E. Housmann, gran latinista y rígido profesor, tuvo un rapto de espontaneidad y afecto con la clase y se le escapó esta confesión: Este —dijo apresuradamente, casi como un hombre que traiciona un secreto— es para mí el poema más hermoso de la literatura antigua. Era mayo y la primavera estaba en todo su esplendor. No sabemos por qué —Highet no lo sabe o no quiere contarlo— Housmann, después de la confidencia, tuvo que salir de clase, emocionado, sin poder contener las lágrimas. 

El poema al que se refería, y que los alumnos tenían delante, era esta famosísima oda de Horacio (IV, 7). Una llamada más al carpe diem de su creador. Acaso en aquel mismo momento Housmann fuese plenamente consciente de la advertencia del poeta latino y, lleno de melancólica pesadumbre, tuvo que abandonar la clase:


Se han ido las nieves, vuelve ya el césped a las llanuras y a los árboles sus cabelleras de hojas; cambia la tierra de aspecto y, decreciendo los ríos, dejan secas sus riberas; una de las Gracias, con las Ninfas y sus dos hermanas, se atreve a dirigir desnuda las danzas. No esperes la inmortalidad: tal es el aviso del año y de la hora que arrebata al nutricio día.

Los fríos se templan al soplo de los Zéfiros, a la primavera la arrolla el verano, que habrá de sucumbir, a su vez, tan pronto como el pomífero otoño haya derramado sus frutos, y viene corriendo más tarde de nuevo el invierno inactivo. Aunque las rápidas lunas reparan sus menguas en el cielo, nosotros, cuando descendemos allí donde moran el padre Eneas, donde el rico Tulo y Anco, somos polvo y sombra.

¿Quién sabe si los dioses de arriba añadirán el día de mañana a la suma de hoy? Todo lo que hayas concedido a tu propio capricho en calidad de amigo, escapará a las manos avarientas de tu heredero.

Tan pronto como hayas muerto y haya Minos pronunciado sobre ti su veredicto sonoro, no te devolverá a la vida, Torcuato, ni linaje ni elocuencia ni piedad; pues tampoco Diana puede librar al casto Hipólito de las tinieblas infernales, ni tiene fuerza Teseo para romper las cadenas del Leteo que sujetan a su amigo Pirítoo.

La traducción es de Vicente Cristóbal.

***
Y no te olvides de mandar mensajes de ánimo a los enfermos que se mantienen aislados en los hospitales.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

DEL HUMOR Y SUS VIRTUDES

Mari Cruz Morales, Javier Gil y Jose Mª Salbidegoitia ayer en Lagun,
durante la presentación del libro La irreductible comedia cruel.

Ridentem dicere verum quid vetat? 

¿Qué me impide decir la verdad con una sonrisa?

Seguramente alguna de estas tres carencias: la falta de imaginación, la falta de inteligencia o la falta de humor, si no son las tres al mismo tiempo. Pero la pregunta de Horacio era una pregunta retórica para señalar, precisamente, las muchas ventajas de utilizar el humor en el momento de expresar nuestras ideas, desacuerdos y reivindicaciones. La sonrisa siempre ha abierto más puertas que el mal humor.

Y sentido del humor no le falta a Javier Gil para tratar temas espeluznantemente serios, es decir, para envolver las tragedias con un velo de comedia que las haga más próximas al espectador, o más amables, o más creíbles, o simplemente más tragables. 

Y tampoco le falta sentido del humor al equipo Naukas; de hecho, forma parte de su lema: ciencia, escepticismo y humor. No puedo evitar una querencia especial por este grupo, porque a menudo me desbaratan los planes con sus artículos y porque tienen un entusiasmo a prueba de toda desgracia, recorte de presupuesto o ninguneo al becario. Si a la virtud de la pasión por el trabajo bien hecho añadimos el humor, miel sobre hojuelas. 

Entre la serie de chistes en torno a las matemáticas que llevan publicados esta temporada, hoy traían este que me gusta mucho y que os dejo aquí para que empecéis el día con buen humor.

Hay varios hombres de ciencia reunidos y a todos se les hace la misma pregunta: ¿Cuánto es 2 + 2?

El ingeniero saca su regla de cálculo, la mueve para aquí y para allá y dice: "3.999".

El estadístico consulta sus referencias, define el problema en un algoritmo en su computadora y anuncia: "la respuesta está en el intervalo entre 3.98 y 4.02".

El matemático se queda pensando un rato y al final dice: "No sé cuál es la respuesta, pero les puedo decir que, definitivamente, existe una respuesta".

El filósofo sonríe y pregunta: "¿Pero qué quieres decir cuando dices ‘2 + 2’?"

El lógico replica: "Por favor, define el enunciado ‘2 + 2’ de forma más precisa".

El sociólogo interviene: "Pues no lo sé, pero qué bueno ha sido hablar del tema".

El ecologista conductual dictamina: "Eso es un sistema de apareamiento polígamo".

Finalmente, el estudiante de medicina dice: "La respuesta correcta es 4".

Todos lo miran asombrados y le preguntan: “¿Cómo lo has sabido?” El estudiante de medicina dice: "Me lo aprendí de memoria".

domingo, 17 de enero de 2021

MIENTRAS TREPA, LA CHICA RECUERDA EL VERSO DE HORACIO


Reformulo esta entrada del 19 de noviembre de 2019 para colocar en ella el audio del poema. Por aquel entonces no sabía cuándo iba a ser publicado el libro. Ignoraba, igualmente, que el título de este poema iba a cambiar, pero dejo el antiguo porque sigue aportando una información que, me parece, no está de más. En cualquier caso, sirve para que os entretengáis un rato buscando el verso de Horacio. Tampoco sabía que la enfermedad lo iba a contagiar todo y poner nuestra vida en suspenso. En fin, que no sabía muchas cosas, pero eso tampoco importa mucho mientras la chica nos siga animando a la resiliencia.

A UNA ESCALADORA DE FACHADAS

Lleva tigres y lobos y osos en el pecho.
La gente mira 
y sólo ve un relámpago creciendo.
Atraviesa el río, 
cruza el bosque, 
corre por la falda hasta la cima.
El vino adquiere más sabor en su boca.
La sonrisa es más fresca
cuando ríe,
la luz más luminosa
cuando mira.

Agárrate a la vida cuanto puedas
ya sea beso, pregunta, fulgor,
caricia, música o silencio.
Los días son lo que nosotros hacemos.


Librerías en las que puedes encontrarlo.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

CARPE DIEM

Posiblemente de lo que hoy entendemos por poesía sea en buena parte Horacio el responsable. O dicho de otra manera: aquellos géneros que eran en otro tiempo la quintaesencia de lo poético (epopeya y didáctica), han desaparecido del panorama. Hoy entendemos como poesía, básicamente, lo que tiene que ver con la lírica, es decir, con esa forma de expresar que el maestro latino recogió en sus Odas.

Casi otro tanto podemos decir de los temas o motivos de los que la poesía se ocupa: el elogio de la vida retirada, lejos del mundanal ruido (beatus ille)el hedonismo epicúreo que busca el alejamiento de lo desproporcionado y grandielocuente (aurea mediocritas); el saber aprovechar el momento, por pequeño que sea (carpe diem); el elogio de la amistad (amicitias). 

De entre todos ellos, el más divulgado, el que mayor influencia ha tenido en escritores de todas las latitudes es el Carpe diem, que hoy, aunque no hayamos estudiado latín, todos entendemos y seguimos utilizando en su idioma original, porque ha pasado a ser una expresión no ya de un tema poético, sino coloquial. 

En la oda 11 del libro 1 de las odas aparece la formulación original:

Tu ne quaesieris, scire nefas, quem mihi, quem tibi
finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios
temptaris numeros. Ut melius, quidquid erit, pati!
seu pluris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrhenum: sapias, vina liques et spatio brevi
spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem quam minimum credula postero.

Que en la traducción de Vicente Cristóbal queda así:

Tú no preguntes —¡pecado saberlo!— qué fin a mí, cuál a ti dieron los dioses, Leucónoe, ni las babilonias cábalas consultes.
¡Cuánto mejor soportar lo que venga, ya si más inviernos nos ha concedido Júpiter o si es el último este que ahora deja sin fuerzas al mar Tirreno batiéndolo contra los escollos que se le enfrentan!
Sé sabia, filtra el vino y, siendo breve la vida, corta la esperanza larga. Mientras estamos hablando, habrá escapado envidiosa la edad: aprovecha el día, fiando lo menos posible en el que ha de venir.


PS: Después de publicar la entrada me he encontrado a una alumna del profesor Vicente Cristóbal que incluso se atreve a cantar la oda de Horacio. Tiene su punto. Y no dejéis de leer la dedicatoria.

sábado, 24 de mayo de 2014

DISTINTAS SON LAS NATURALEZAS DE LOS HOMBRES

Distintas son las naturalezas de los hombres,
distinto su carácter;
mas lo que es bueno y recto siempre es claro.
Las crianzas acompañadas de buena educación
conducen en gran medida a la virtud,
y el sentir respeto es sabiduría.
Y el observar lo debido a la luz de la razón
reporta agradecimiento como recompensa
por cuanto la buena fama
aporta una gloria inmarcesible a la existencia.

No son versos de Virgilio ni de Horacio, no lo son de una obra de Shakespeare; tampoco de algún ilustrado francés, ni de cualquier moralista decimonónico. Tienen casi 2500 años y pertenecen a la tragedia Ifigenia en Áulide, obra de Eurípides, uno de los tres grandes maestros de la dramaturgia clásica griega, junto con Esquilo y Sófocles

Venimos expresando las mismas ideas desde que somos capaces de reflexionar y vivimos en comunidad. Eso sí, las decimos ambientadas en circunstancias distintas y las ponemos en boca de personajes diferentes, pero tenemos la misma sed y nos corroen las mismas pasiones. Los clásicos tenían la ventaja de estrenarlas y la fuerza de lo primigenio recorre sus textos.

Aquí tenéis la adaptación que Gustavo Pérez Puig hizo para Estudio 1:


martes, 2 de diciembre de 2014

RECOPILACIÓN DE FRASES SOBRE EL SABER... O NO SABER

  • Jamás, pero jamás, la naturaleza dice una cosa y la sabiduría otraBurke, Letter on a Regicide Peace.
  • Más sabe el necio en su casa que el cuerdo en la ajena. Cervantes, Don Quijote.
  • No basta con adquirir la ciencia, es necesario también usarla. Cicerón, De finibus. 
  • Los más doctos no son los más sabios. Chaucer, Cuentos de Canterbury
  • No es posible saberlo todo. Horacio, Odas.
  • El saber tiene dos extremos que se tocan: la pura ignorancia natural en que se encuentran todos los hombres al nacer; y el otro extremo de las grandes almas, que habiendo sabido todo lo que era humanamente posible saber, confiesan que no saben nada. Pascal, Pensamientos.
  • Es más fácil ser sabio para los demás que para consigo mismo. La Rochefoucauld, Máximas.
  • Vivir quiere decir soñar; ser sabio quiere decir soñar placenteramente. Schiller, Fiesco.
  • Cuanto más se sabe, tanto más se necesita todavía aprender. Con el saber crece en igual grado el no saber, o, mejor, el saber del no saber. Schlegel, Fragmentos.
  • El saber es el ala con la cual volamos hacia el cielo. Shakespeare, Enrique IV.
  • Un sabio es superior al rey. Un sabio que muere no puede ser sustituido, mientras que si muere un rey, todos son capaces de sustituirlo. Talmud, Horaioth.
  • Estamos de acuerdo en dos o tres puntos que comprendemos, y discutimos sobre dos o tres mil puntos que no podemos comprender. Voltaire, Micromegas.

domingo, 14 de enero de 2024

TRÍO PARA DOS FLAUTAS Y PIANO, OP. 119, FRIEDRICH KUHLAU


Hasta ayer mismo desconocía la existencia de Friedrich Kuhlau, remito, pues, a la información de Wikipedia a quien desee saber algo sobre su vida. La cosa es que voy a asistir hoy al concierto que se ofrece esta tarde en el C. C. Amaia, donde intervienen Horacio Parravicini (flauta), Juan Jesús Silguero, (flauta) y Pedro José Rodríguez (piano), y como me gusta saber de antemano el programa que se va a interpretar, durante la tarde de ayer me puse a buscar obras de Kulhau para hacerme una idea de qué tipo de música es la que compuso.

Entre las variadas composiciones del músico alemán me encontré este trío para dos flautas y piano que es el que sonará esta tarde en el auditorio del Amaia. Me ha parecido suficientemente alegre y animosa como para dar comienzo a este segundo domingo de enero. Espero que también sea de vuestro agrado.

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miércoles, 21 de octubre de 2020

POETAS DE GRECIA Y ROMA

Editorial
Ocurre muchas veces que no nos atrevemos a leer a los clásicos porque están ya muy lejos de nosotros, porque creemos que nos vamos a aburrir o porque pensamos que no vamos a entenderlos. Poetas de Grecia y Roma es una magnífica oportunidad para una primera aproximación, es un auténtico regalo para quien todavía no conozca esos textos esenciales que han fertilizado toda la poesía occidental.

Esteban Torre, escritor, investigador y catedrático emérito de la Universidad de Sevilla, se ha encargado de seleccionar y traducir 40 poemas, solo 40 poemas, de siete poetas griegos y siete latinos: Homero, Hesíodo, Safo, Píndaro, Sófocles, Teócrito, el pseudo-Anacreonte, Catulo, Virgilio, Horacio, Tibulo, Propercio, Ovidio y el pseudo-Ausonio. Una especie de antología mínima y esencial de esos textos que ninguna persona medianamente culta debería desconocer. 

Además, todos y cada uno de los autores vienen introducidos por una presentación muy eficaz; breve, pero intensa. De esas que despiertan las ganas de saber más. Se cierra el volumen con un glosario onomástico y mitológico que puede servir de ayuda ante cualquier dificultad que surja durante de la lectura.

Pero si eres de esas personas que conoces bien la poesía clásica greco-latina, esta antología también es un hermoso regalo por la traducción actual y elegante, por la selección verdaderamente acertada y porque es una edición muy cuidada, como si se tratara de cualquier otro libro de poesía actual. Una forma de tener a mano esos textos que solemos consultar muy a menudo, sin el envoltorio de la edición erudita.

Os dejo el último poema de la selección:


COLLIGE, VIRGO, ROSAS

                       De rosis nascentibus


Era la primavera

y, en el amanecer azafranado,

el día respiraba con dulzura

tras un frío punzante.


Una atrevida brisa 
se adelantaba al carro de la Aurora, 
queriendo anticipar 
el caluroso día. 

Vagaba yo por las cruzadas sendas 
de los regados huertos, 
deseoso de vida, 
en las horas primeras. 

Vi la escarcha cuajada, 
colgando de las hierbas que se inclinan, 
o reposando encima 
de las erguidas plantas, 
y las redondas gotas 
jugueteando en una abierta col.

Y vi las rosaledas, 
que disfrutaban del primor de Pesto, 
cubiertas de rocío, 
al renacer la estrella mañanera. 

Alguna blanca perla, 
sobre los escarchados matorrales, 
se desvanecería 
con los primeros rayos de la Aurora. 

No podría saberse 
si es la Aurora quien roba su rubor 
o se lo da a las rosas,
el día con su luz tiñe las flores.

Hay un solo rocío, 
sólo un color, una mañana sólo.
Para estrellas y flores, 
hay una dueña solamente: Venus. 

Quizá también es una su fragancia: 
si aquélla por el aire 
se derrama en los cielos, 
la otra se respira más cercana. 

Diosa común de estrellas y de flores, 
tú, la Reina de Pafos, 
dispones que sus ropas 
estén teñidas con los mismos tonos. 

Era el momento justo. 
Los nacientes capullos de las flores 
se estaban dividiendo 
en segmentos iguales. 

Una está cobijada 
por la cubierta de sus verdes hojas, 
en otra se perfilan 
tenues contornos de la roja púrpura. 

Ésta entreabre las altivas cumbres 
del capitel primero, 
liberando la punta 
de su cabeza grana. 

Aquella desplegaba ya sus velos 
unidos en lo alto, 
pensando en numerarlos 
como sus propias hojas. 

Y entonces, de repente, 
se abrió la gloria del radiante cáliz, 
luciendo claramente 
sus densos granos de azafrán oculto. 

Otra, que rutilaba 
con todo el fuego de su cabellera, 
abandonada por sus mustios pétalos, 
palidece al instante. 

Yo me maravillaba 
de la rapiña del huidizo tiempo, 
viendo que, cuando nacen, 
ya envejecen las rosas. 

He aquí que, mientras hablo, 
se derrumba la roja cabellera 
de la flor rutilante, 
y es la tierra quien brilla con su púrpura. 

Tantas figuras, tantos nacimientos, 
tantos cambios de forma 
en un día comienzan, 
y en ese día acaban. 


Siento, Naturaleza, 
que hayan de ser tan breves tus favores: 
enseñas tu regalo, 
para quitarlo ante los mismos ojos. 

La duración de un día tiene apenas 
la vida de las rosas: 
la juventud y la vejez se unen, 
en instantes fugaces. 

A la que vio nacer una mañana 
la Aurora reluciente, 
al caer de la tarde 
la contempla marchita.

Pero no importa: si en tan corto plazo 
debe morir la rosa, 
prolongará su vida 
con los nuevos retoños. 

Muchacha, coge rosas, 
fresca tu juventud, fresca la flor; 
y piensa que tus años 
son también fugitivos.

***
PS: El libro lo publicaron en 1998 el CSIC y la Universidad de Huelva bajo el título de  La poesía de Grecia y Roma. Ejemplos y modelos de la cultura literariaLo podéis descargar, la propia universidad lo ha colocado en el Repositorio Arias montano. Así podréis ver la importancia que tiene la disposición del verso. Aunque parezca una cuestión baladí, no es lo mismo leer un poema donde las palabras respiran y el verso se hace natural, que un poema en el que las palabras se amontonan y el significado difícilmente establece relaciones con el significante.

jueves, 13 de diciembre de 2012

LUCIANO DE SAMÓSATA

Luciano de Samósata es uno de esos hallazgos reconfortantes. No aparece normalmente en los manuales de Literatura Universal y hay que irse a los de Literatura Griega para encontrar alguna referencia. Vamos, que no es un Homero, un Virgilio o un Horacio. Y, sin embargo, estoy seguro, un lector corriente actual, no culto ni académico, podrá disfrutarlo como disfruta de cualquier otro relato contemporáneo.

Este satírico, este humorista del siglo II d.C. tiene un estilo fácil, ligero, ameno, en ocasiones brillante, siempre divertido, que convierte la lectura de sus relatos en un pasatiempo de lo más agradable. De los títulos que recoge el libro que aparece en la foto (Relatos fantásticos, Ícaromenipo o Menipo en los cielos, Cuentistas o el descreído, El gallo y Lucio o el asno) el menos atractivo para el lector actual será, sin duda, el primero, porque aún representando un portentoso ejercicio de imaginación para la época, carece de historia, de argumento. El resto no sólo tienen un divertido guión, sino también una abundante descarga satírica que parece increíble por su actualidad y frescura. Luciano es algo así como el Voltaire o el Swift del siglo II. De hecho, Cuentistas o el descreído merecería ser el texto oficial de presentación de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.

Termino esta rápida presentación con las palabras del autor que sirven de cierre al referido relato:
Resistamos (a las supersticiones, al irracionalismo, a la superchería), amigo, usando como potente revulsivo contra estos males la verdad y el sentido común: con él no hay peligro de que nos asusten esas patrañas vanas y vacías.

Feliz lectura.

lunes, 22 de septiembre de 2014

BERTOLT BRECHT

Independientemente de la ideología y la adscripción comunista de Brecht, es indudable que forma parte del canon literario alemán, como prueba esta escultura del Paseo de las ideas instalado en Berlín que estáis viendo a la izquierda de estas palabras.

Sin duda, Brecht es mucho más importante como autor teatral que como poeta, pero hubo un tiempo en que sus poemas también se leyeron con asiduidad y, en España, Alianza vendió miles de ejemplares de la antología Poemas y canciones, aunque es la misma editorial la que en la actualidad ha colgado el libro en la red.

De su biografía me gusta mucho la anécdota relativa a su trabajo sobre Horacio. Era bachiller cuando estalló la Primera Guerra Mundial y aprovechó el trabajo que estaba realizando sobre el poeta latino para criticar la ingenuidad de los alistados y la mala intención de los alistadores. La ocasión se la dio el tercer libro de odas, en el que la segunda de ellas tiene una estrofa que comienza con esta frase: Dulce y honorable es morir por la patria. El trabajo casi le cuesta la expulsión.

Sea como sea, y aunque su poesía haya perdido interés, frescura o lo que quiera que haya perdido, todavía hay muchos poemas que se mantienen jóvenes... o que otros jóvenes siguen utilizando, incluso, para componer sus creaciones


MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA


Ya sé que sólo agrada
quien es feliz. Su voz
se escucha con gusto. Es hermoso su rostro.

El árbol deforme del patio
denuncia el terreno malo, pero
la gente que pasa le llama deforme
con razón.

Las barcas verdes y las velas alegres del Sund
no las veo. De todas las cosas,
sólo veo la gigantesca red del pescador.

¿Por qué sólo hablo
de que la campesina de cuarenta años anda encorvada?
Los pechos de las muchachas
son cálidos como antes.

En mi canción, una rima
me parecería casi una insolencia.
En mí combaten
el entusiasmo por el manzano en flor
y el horror por los discursos del pintor de brocha gorda.
Pero sólo esto último
me impulsa a escribir.

lunes, 17 de noviembre de 2025

INTUCIÓN, CASUALIDAD O PRECOGNICIÓN

¡Sé escriba! ¡Graba esto en el corazón
Para que también tu nombre sobreviva!
El papiro es mejor que la piedra tallada.
Un hombre ha muerto: su cuerpo se convierte en polvo,
Y sus familiares se extinguen.
Un libro es lo que hace que sea recordado
En la boca del hablante que lo lee.

Así recoge Alberto Manguel en su delicioso Una historia de la lectura (p. 259) uno de los múltiples textos editados en inglés por Miriam Lichtheim en Ancient Egyptian Literature.

Nadie ignora desde hace siglos la enorme capacidad que tiene el arte para hacer que permanezcan vivos a través del tiempo personas y acontecimientos. Shakespeare ya lo decía en el  soneto 55:

Ni el mármol ni los oros de regios monumentos
podrán vivir más tiempo que esta pujante rima,
pues tú aún más radiante refulges en mis versos
que en la gastada losa que el tiempo ensucia encima.

Cuando ruinosas guerras derrumben las estatuas
y arrase las murallas su embate destructivo,
ni el fuego de la guerra ni Marte con su espada
incendiarán la estela de tu recuerdo vivo.

Contra la muerte y contra cualquier hostil olvido
perdurarás por siempre, y tu loor fecundo
verán ante sus ojos los hombres de otros siglos
que hasta el fin del Tiempo fatiguen este mundo.

Hasta que llegue el Día del Juicio y te levantes,
tendrás vida aquí mismo y en los ojos amantes.


Y un buen puñado de siglos antes que él, Horacio en la Oda 30 del Libro III:


He dado cima a un monumento más perenne que el bronce y más alto que el regio sepulcro de las Pirámides; tal que ni la lluvia voraz ni el aquilón desatado podrán derribarlo; ni la incontable sucesión de los años, ni el veloz correr de los tiempos.

No moriré yo del todo y gran parte de mí escapará a Libitina. Sin cesar creceré renovado por la celebridad que me espera, mientras al Capitolio suba el pontífice con la callada virgen De mí se dirá —allá por donde violento el Áufido retumba
y Dauno, escaso de agua, reinó sobre pueblos montaraces— que, poderoso a pesar de mi origen humilde, fui el primero en llevar el canto eolio a las cadencias itálicas.

(Traducción: José Luis Moralejo

Es incontestable que gracias a la escritura hoy sabemos de la existencia de muchas personas que de otra manera serían nada más que materia de olvido. Lo que me sorprende es que en torno al 1300 a.n.e. un escriba del Antiguo Egipto fuera ya consciente de ese capacidad. Ciertamente, han llegado hasta hoy algunos nombres de escribas que, dicho sea de paso, son conocidos por especialistas como Miriam Lichtheim, que se ocupan de estudiar y traducir sus textos. Pero, salvo contados casos, no hacían nada parecido a lo que entendemos por literatura, y sus textos eran leídos por una ínfima parte de la población, y no creo que ninguno de ellos imaginara en algún momento que muchos siglos después de sus existencia iban a aparecer inventos que permitieran la reproducción continua por todo el mundo de sus textos. 

¿Simple intuición, casualidad o se estaba refiriendo a las dos o tres generaciones siguientes a la suya como forma de "perdurar"?



***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).