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| Tapa dura |
UNA APISONADORA ME SALE AL ENCUENTRO
Para Ana, David e Irene.
Era el tiempo de los sueños,
cuando
los días se gastaban entre juegos
y los placeres carecían de
medida.
Vosotros
erais el desorden de la risa,
el borde alegre del camino,
el
sinsentido feliz de los objetos
que pone en cuarentena la
veracidad
del orden cotidiano
y el volumen exacto de
los gestos.
Allí
estaban las ruedas
rodeadas de silencio y esperando
vuestras
órdenes.
Cualquier tornillo podía ser
una fábrica de
anhelos,
cualquier palanca
una excusa exacta para dejar
atrás
una frontera,
cualquier hueco
un rincón del
universo donde comenzar
a imaginar hechizos nuevos
para
dejar sin validez el rito de las horas.
Pero se fue.
Se
fue como un viejo alcohólico
que desaparece un día sin previo
aviso
y sin dejar rastro.
Se fue.
Hundió su jubiloso
desaliño
entre la niebla
y se fue.
Se fue
sin
decir adiós,
envuelta en el secreto de las
decisiones
adultas.
Se fue
cubierta por una profunda
capa
de silencio obligatorio,
acaso también de soledad.
Ahora,
después
de muchos años
y múltiples preguntas sin respuesta,
después
de abandonar la fantasía,
después del galope vencido por
calles abandonadas,
ahora, digo,
ha vuelto.
Ha vuelto
reluciente
y exacta,
dispuesta a traspasar nuevas
lindes,
dispuesta a la utopía,
dispuesta a recordarnos,
orgullosa,
la
precisa validez de los deseos.
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| Fuente: Wikipedia |



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