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viernes, 13 de febrero de 2026

DE POE A VALÉRY

Con estas palabras termina la segunda de las dos conferencias que dio Monique Allain-Castrillo en la Fundación Juan March el 8 de abril de 2008: He aquí uno de los secretos de Valéry que espero haber desvelado para ustedes en estas dos conferencias: la inteligencia de las mentes y de la lengua, el acero forjado en Toledo de los atletas del Descubrimiento, de la Reconquista y de la Conquista y, sobre todo, de la arquitectura, de la pintura, de la novela, de la poesía y del teatro del siglo de oro han hecho mella en el joven Valéry, que no olvidó nunca sus lecturas hispánicas, los 12000 volúmenes españoles de la biblioteca de Montpelier. Esta agilidad mental que es la del más grande siglo español y la del mayor movimiento poético francés, el simbolismo, ha conseguido la empresa extraordinaria de la mejor poesía y la más inteligente, lo que sirvió en los dos casos de modelo para el mundo entero (el subrayado es mío).

El halago, la hagiografía, no forma parte del ensayo crítico, de la investigación literaria. O no debería. Pero no es este el tema objeto de mi comentario, sino el sistema Valéry como método para explicar cuanto acontece en el universo, ya sea de orden físico o psicológico, y que me lo ha hecho recordar eso de la empresa más inteligente.

Sabido es que Paul Valéry era una persona con una gran curiosidad, un gran deseo de conocimiento y, fundamentalmente, constante en su empeño. Eso explica los miles y miles de páginas que abarcan los 260 cahiers (cuadernos), que fue escribiendo con absoluta constancia cada día de la semana durante medio siglo. 

En esos cuadernos, entre otros temas y reflexiones, se encuentra su delirio por conseguir un sistema que pudiera explicarlo todo, es decir, que alcanzara a explicar lo mismo el funcionamiento de los fenómenos del universo físico que el funcionamiento de lo que él llamaba el alma humana, algo así como una teoría capaz de unificar todas las áreas del saber. Todas.

Quiero suponer que esta delirante búsqueda venía propiciada en parte por su adscripción al movimiento simbolista y su más que discutible concepción de la realidad, que comenzaba con las consabidas correspondencias, y cuyo origen, acaso, podamos rastrear en el Eureka de Poe

Poe nos dejó unos cuentos estupendos con los que pasar miedo las noches de soledad y tormenta. Era, qué duda cabe, un escritor admirable al que admiraron parnasianos y simbolistas franceses. Como Valéry, tenía él también una gran curiosidad y un enorme deseo de conocimiento. Leyó a Newton y a Laplace, pero, tal vez, pudo más en su Eureka la inclinación romántico-idealista que la propiamente científica cuando dejó escrito en el prefacio lo siguiente:

Me propongo hablar del Universo físico, metafísico y matemático; material y espiritual; de su esencia, origen, creación; de su condición presente y de su destino. Seré, además, temerario al punto de contradecir las conclusiones y, en consecuencia, poner en duda la sagacidad de muchos de los hombres más grandes y más justamente reverenciados (p 16. Traducción: Julio Cortázar).

Vaya, qué casualidad, ambos escritores tienen la misma pasión por llegar a explicarlo absolutamente todo. Lo mismo el mundo físico que el metafísico. Esto, quizás no sorprenda demasiado en el estadounidense, hijo, como he dicho antes, de las corrientes idealistas del movimiento romántico, aunque si había leído a Newton y a Laplace, no parece que hubieran calado demasiado en él. Pero sí sorprende en el francés, del que sabemos que no solo había leído a científicos de todo tipo de la época, entre ellos a Einstein, sino que ya en las primeras décadas del siglo XX estaba bastante clarito cuáles eran los métodos de investigación de disciplinas tan dispares como la psicología, la física, la matemática, la filosofía o la cosmología. 

¡Tanta inteligencia y tanto estudio y no servir para distinguir entre la pitia de Delfos, el vuelo de las aves y la teoría de la relatividad!

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

jueves, 23 de enero de 2014

PAUL VALÉRY, 1

Paul Valéry no es un autor que nos lo ponga fácil. Nada más alejado de su intención. Ahí está para recordárnoslo su famosa afirmación: El hombre crea mediante la abstracción. Otra cita: Decimos que un autor es original cuando ignoramos las transformaciones ocultas que los otros han producido en él; queremos, pues, decir que lo que ese autor hace es demasiado complejo e irregular en relación con lo que ya fue hecho. Hay obras que son semejantes a otras obras; hay obras que son sus opuestas; y hay otras más que tienen con las anteriores una relación tan compleja que nos perdemos en sus orígenes y preferimos hacerlas provenir directamente de los dioses (4 maestros franceses, Librería Sudamericana, p 109).

Esas son las dos grandes señas de identidad del maestro francés: abstracción y originalidad, ambas en el sentido profundo de la palabra, es decir, etimológico. Esto, claro, tiene su contraprestación en la lectura: Valéry no se deja querer de buenas a primeras. Su frialdad aleja más que aproxima. Como ha dicho Carlos R. Dampierre, aunque el genio poético de Valéry sea indiscutible, las cualidades y calidades del mismo han sido diferentemente apreciadas por las distintas generaciones poéticas que le han sucedido (prólogo a Poesías, Visor, p 11). Quizás impulsado por ese don de la abstracción es por lo que el que fuera poeta se sumergió en el mundo de las matemáticas, raro caso en la historia, donde la dirección de los trasvases ha sido inmensamente mayoritaria en el sentido contrario.

En cualquier caso, para una primera aproximación a su poesía y su forma de entenderla bien puede valernos el libro de Cátedra, a cargo de Monique Allain-Castrillo y Renaud Richard, pues está disponible en el mercado, tiene una interesante introducción, todo tipo de notas, un magnífico apéndice sobre El cementerio marino, una excelente bibliografía y, lo más importante, contiene los que quizá sean los dos mejores poemas del poeta francés, aunque no sean demasiado legibles ni por su extensión ni por su exceso de cuidado técnico. 

Y para terminar, no estaría nada mal leer el extracto que Wikipedia ha realizado de la Teoría poética y estética, porque ofrece muchos elementos que ayudan a entender mejor la obra de Valéry. Los más atrevidos y entregados lectores pueden prescindir del extracto y pasar directamente al libro original

sábado, 14 de febrero de 2026

VALÉRY EN LA HISTORIA DE LA LITERATURA FRANCESA (de Cátedra)


El capítulo dedicado a la poesía del siglo XX (pp 1169-1257) ha sido redactado por José Ignacio Velázquez Ezquerra. A Paul Valéry le dedica estos párrafos: 

Sin duda el autor más notable desde el punto de vista de una expresión personal que se establece sobre formas líricas clásicas es Paul Valéry (1871-1945). De nuevo se trata de un creador que desarrolla géneros diversos, aunque, tanto en sus relatos en prosa como incluso en sus ensayos, los elementos líricos resultan evidentes, y que manifiesta una predilección especial por el clasicismo mediterráneo —su padre era corso, su madre italiana—, particularmente grecolatino. Su actividad poética deberá en cualquier caso ser impulsada en un primer momento por sus amigos —Mallarmé, Pierre Louys y, sobre todo, por Gaston Gallimard y por Gide— antes de que decida publicar La joven Parca (La Jeune Parque, 1917), poema de 512 versos que conocería un inmediato éxito. En 1920 había de aparecer su Album de versos antiguos, en donde reunía una veintena de poemas compuestos entre 1890 y 1893, con rasgos ocasional
mente parnasianos y simbolistas. Hechizos —y cánticos — (Charmes, 1922) incluye entre sus veinte poemas al que sin duda es más conocido, El cementerio marino (Le Cimetière marin), con un título que responde tanto al sentido latino de los carmina como al más esotérico de los encantos mágicos. 

No es, sin embargo, muy abundante la producción poética de un Valéry tan interesado por los trabajos de reflexión sobre la estética y la creación literaria como por los de una producción que sólo la ausencia de análisis sabría atribuir a los azares de una inspiración en la que no cree. Su poesía aspira a una pureza de lenguaje que sabe integrar una extraordinaria sensualidad; pero es preciso no confundir los términos: tal aspiración es el indicio de un deseo tanto como de una voluntad y ambos no sabrían quedar jamás satisfechos. Puro, en su caso, se hace sinónimo de absoluto. En su Carnet de un poeta, poesía pura (Calepin d'un Poéte, Poésie pure, 1920) señala: 

Digo pura en el sentido en que el físico habla de un agua pura. Quiero decir que se plantea la cuestión de saber si se puede llegar a elaborar una de esas obras que sea pura de elementos no poéticos. Siempre he pensado, y lo sigo pensando, que se trata de un objetivo imposible de alcanzar, y que la poesía resulta ser siempre un esfuerzo por acercarse a ese estado puramente ideal. En suma, lo que se denomina un poema se compone en la práctica de fragmentos de poesía pura engarzados en la materia de un discurso. Un hermosísimo verso es un elemento muy puro de poesía. [...] El incon- veniente de ese término de poesía pura es que hace pensar en una pureza moral que en nada interviene aquí, siendo para mí, por el contrario, la idea de poesía pura una idea esencialmente analítica. [...] Más valdría, en vez de poesía pura, más valdría quizá hablar de poesía absoluta, y en ese caso habría que entenderla en el sentido de una búsqueda de los efectos que resultan de las relaciones entre palabras, o más bien de las relaciones de resonancias de las palabras entre ellas, lo cual sugiere, en suma, una exploración de todo ese dominio de la sensibilidad que el lenguaje gobierna... 

Sensualidad en su lenguaje, equilibrio en la expresión, placer estético a menudo manifestado bajo el símbolo de Narciso, dominio de las formas que le hace alternar el verso libre con el soneto o con la oda, desarrollando su creación en alejandrinos o en los decasílabos del Cementerio, depuración extrema en la sintaxis o en el léxico, en busca siempre de la precisión, son otras tantas características de una obra que a veces ha sido entendida como la del último poeta neoclásico. Es importante no olvidar, sin embargo, que había de intentar una síntesis en ese debate, tan importante en su tiempo, entre lo que entonces se contraponía con los términos fondo y forma, negando la primacía de cualquiera de los dos en el trabajo poético. Es la obra, en cualquier caso, de un creador reflexivo que se convierte no sólo en el primer lector de su escritura, sino en el primer crítico de su crítica. Sus Cuadernos, Eupalinos o el arquitecto (1923), los cinco volúmenes de ensayos de Variedad (Variété, 1924-1944), los escritos reunidos en Monsieur Teste —comenzando por su Velada con el Sr. Teste (Soirée avec Monsieur Teste)— que, con su curiosa denominación, figura alternativamente un testigo y el intelecto, dan cuenta de un esfuerzo cotidiano de reflexión que abarca estética, filosofía pura y lingüística, en fórmulas cuya a menudo profunda simplicidad enmascara un pensamiento complejo: 

Si supiéramos, no hablaríamos —no pensaríamos, no nos hablaríamos. El conocimiento es como extraño al propio ser. —El se ignora, se interroga, obliga a que contesten... 

Escribe en sus Extractos del Log-Book del Sr. Teste, y en Algunos pensamientos del Sr. Teste:

Tú estás lleno de secretos que llamas Yo. 
Eres voz de tu desconocido. 

Poeta riguroso, ambicioso en su deseo de creación, trabajador permanente e inte- lectual modesto en su valoración pero exigente e inquieto en sus desarrollos, la escritura de Valéry debe ser considerada entre las más sensibles de nuestro siglo.



***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

sábado, 15 de febrero de 2014

PAUL VALÉRY, 2

Amigos pertrechados con todo tipo de materiales para afrontar la poesía de J. Martí en la tertulia de ayer
De entre la multitud de ediciones y traducciones de la poesía valeryana destaca la de El cementerio marino. La que realizó Jorge Guillén, además de ser la primera, está considerada en algunos ambientes como la mejor traducción. 

Yo aconsejo esta edición especialmente por los dos trabajos que la acompañan: las veinte páginas de presentación que hizo el propio autor y el estudio, ya clásico y referente, de Gustave Cohen. Ya sé que hay quien prefiere leer "sin muletas". Es una opción y el estudio sobre el poema está ahí para quien lo quiera utilizar, no es obligatorio leerlo. La edición de Cátedra que presenté en la anterior entrada sobre Valéry también se acompaña de una excelente guía de lectura sobre el cementerio.

Y ya metidos en traducciones, os aconsejo que os leáis el artículo de Caterine Figueredo y Alessandra Ramos sobre el tema en cuestión. Lo tenéis disponible aquí. Yo, para por si acaso, he recogido dos traducciones diferentes en la colección que he preparado para la tertulia de marzo. 

El vídeo que os dejo a continuación está en francés; sin embargo, me ha parecido que tenía calidad suficiente como para ofrecerlo aquí, además del valor añadido de ser el lugar que inspiró el poema.


viernes, 7 de marzo de 2014

PAUL VALÉRY, y 3

Quiero terminar esta presentación de Valéry con su propia voz, que tiene el encanto de ser la suya, aunque el estilo de la época no esté precisamente de moda.


Y aquí tenéis el poema en castellano:

POESÍA

Con sorpresa y emoción,
una boca que bebía
del seno de la Poesía
dijo, apartando el plumón:

¡Oh mi madre Inteligencia
de quien el dulzor fluyó!
¿Cuál extraña negligencia
ahora tu seno secó?

Sobre tu pecho divino
apenas ponía mi sien,
sentía el mecer marino
de tu corazón de bien;

recién, en la obscura niebla
que bajó hasta tu beldad,
sentía, al beber tiniebla
llenarme de claridad.

Dios diluido en tu esencia,
Lleno de felicidad
y dócil a la conciencia
De la gran tranquilidad,

Alcancé la noche pura
y olvideme del no ser,
pues, un río de ventura
por mí parecía correr. .

¿Qué escrúpulo temeroso,
qué despecho te asaltó,
que tu fluir milagroso
en mis labios se cortó?

¡Oh rigor! Yo bien recelo
que tu alma se ofendió
el silencio, cisne en vuelo,
ya no reina entre tú y yo.

¡Oh Inmortal! Ya no me informa
de tesoros tu mirar
y se hizo piedra la forma
que yo sentí palpitar

Me han privado tus agravios
hasta del cielo el claror.
¿Qué serás tú sin mis labios?
¿Qué seré yo sin tu amor?

Pero la fuente ya inerte
Le respondió sin pasión:
-¡Ay, me has mordido muy fuerte!
No late mi corazón.

                      Traducción de Edmundo Bianchi

jueves, 30 de octubre de 2014

UN POEMA DE JOSÉ-MIGUEL ULLÁN

El día de hoy es generoso en aniversarios con respecto a la literatura. Tal día como hoy nacieron nada menos que esta cuadrilla de tipos ilustres: Dostoyevski, Paul Valéry, Ezra Pound, Claudio de la Torre, Kostas Karyotakis, Miguel Hernández y José-Miguel Ullán. Pío Baroja, en cambio, barruntaría la proximidad del día de difuntos, y haciendo uso del humor que le caracterizaba, tal vez decidió morirse.

Varios de los nombres que aparecen en la lista han ocupado alguna entrada de este blog. Miguel Hernández, incluso, tiene toda una serie con motivo del centenario; a Paul Valéry, a causa de la tertulia sobre su obra, también le he dedicado más de una. Así que ofreceré este espacio al más joven de todos ellos y, acaso, el más polifacético de todos, José-Miguel Ullán, periodista, animador cultural, pintor, ensayista, presentador y poeta.

Prae Manibus

VII

Refunfuñando, el camarada acepta
la diferencia sustancial que humea
entre naturaleza, naturaleza y naturaleza:
Feuerbach, Hegel y Kant.
Que la verdad siempre es concreta.
La ley de negaciones o la astucia
de la razón. En fin, ciertas consignas
del padre del cordero: Heráclito o Zenón.
Pero cuando le digo que sensación e ideas
son reflejo del pulso, su brazo tensa, el dogma
severo escupe: —Tal vez...
Y me acuerdo de un título algo obsceno:
"Qué hacer / Qué hacer / Qué hacer".

                     De Maniluvios, 1972


sábado, 1 de septiembre de 2018

EL CEMENTERIO MARINO

Cementerio marino de Sète. Tumba de Paul Valéry


Estando en Montpellier, no podía dejar de acercarme a Sète, lugar de nacimiento de Paul Valéry —también de Brassens—, y donde fue enterrado, precisamente, en el conocido como cementerio marino. Y ese es el título de su más famoso poema, que tiene como centro temático el lugar que tan bien conocía y que le sirvió de inspiración. 

Hay muchas traducciones del poema. Tanto la de Sologuren como la de Guillén me gustan mucho. Las tomo de la selección que preparé en su día para las tertulias irunesas. Cada estrofa va dentro de un recuadro de la tabla. Ofrecer las vos versiones en paralelo me obliga a utilizar un tipo de letra más pequeño. 

EL CEMENTERIO MARINO
Versiones de Javier Sologuren y Jorgen Guillén

¡Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal, 
pero agota toda la extensión de lo posible.

PÍNDARO, PÍTICAS III.
Calmo techo surcado de palomas,
palpita entre los pinos y las tumbas;
mediodía puntual arma sus fuegos
¡El mar, el mar siempre recomenzado!
¡Qué regalo después de un pensamiento
ver moroso la calma de los dioses!
Ese techo, tranquilo de palomas,
Palpita entre los pinos y las tumbas.
El Mediodía justo en él se enciende
El mar, el mar, sin cesar empezando…
Recompensa después de un pensamiento:
Mirar por fin la calma de los dioses.
¡Qué obra pura consume de relámpagos
vario diamante de invisible espuma,
y cuánta paz parece concebirse!
Cuando sobre el abismo un sol reposa,
trabajos puros de una eterna causa,
el Tiempo riela y es Sueño la ciencia.
¡Qué labor de relámpagos consume
Tantos diamantes de invisible espuma,
Y qué paz, ah, parece concebirse!
Cuando sobre el abismo un sol reposa,
Trabajos puros de una eterna causa,
Refulge el tiempo y soñar es saber.
Tesoro estable, templo de Minerva,
quietud masiva y visible reserva;
agua parpadeante, Ojo que en ti guardas
tanto sueño bajo un velo de llamas,
¡silencio mío!... ¡Edificio en el alma,
mas lleno de mil tejas de oro. ¡Techo!
Tesoro estable y a Minerva templo,
Masa de calma y visible reserva,
Agua parpadeante, Ojo que guardas
Bajo un velo de llama tanto sueño,
¡Oh, mi silencio! En el alma edificio,
Mas cima de oro con mil tejas, Techo.
Templo del Tiempo, que un suspiro cifra,
subo a ese punto puro y me acostumbro
de mi mirar marino todo envuelto;
tal a los dioses mi suprema ofrenda,
el destellar sereno va sembrando
soberano desdén sobre la altura.
¡Templo del Tiempo, que un suspiro cifra!
A esta pureza subo y me acostumbro,
De mi marina mirada ceñido.
Como mi ofrenda suprema a los dioses,
El centelleo tan sereno siembra
En la multitud soberano desdén.
Como en deleite el fruto se deslíe,
como en delicia truécase su ausencia
en una boca en que su forma muere,
mi futura humareda aquí yo sorbo,
y al alma consumida el cielo canta
la mudanza en rumor de las orillas.
Como en fruición la fruta se deshace
Y su ausencia en delicia se convierte
Mientras muere su forma en una boca,
Aspiro aquí mi futura humareda,
Y el cielo canta al alma consumida
El cambio de la orilla en sus rumores.
¡Bello cielo real, mírame que cambio!
Después de tanto orgullo, y de tanto
extraño ocio, mas pleno de poderes,
a ese brillante espacio me abandono,
sobre casas de muertos va mi sombra
que a su frágil moverse me acostumbra. 
Mírame a mí, que cambio, bello cielo.
Después de tanto orgullo y tan extraña
Ociosidad, mas llena de potencia,
A este brillante espacio me abandono:
Sobre casas de muertos va mi sombra,
Que me somete a su blando vaivén.
A teas del solsticio expuesta el alma,
sosteniéndote estoy, ¡oh admirable
justicia de la luz de crudas armas!
Pura te tomo a tu lugar primero:
¡mírate!... Devolver la luz supone
taciturna mitad sumida en sombra.
A teas de solsticio el alma expuesta,
Yo te sostengo, admirable justicia
De la luz: luz en armas sin piedad.
A tu lugar, y pura, te devuelvo,
Mírate. Pero… Devolver las luces
Una adusta mitad supone en sombra.
Para mí solo, a mí solo, en mí mismo,
un corazón, en fuentes del poema,
entre el vacío y el suceso puro,
de mi íntima grandeza el eco aguardo,
cisterna amarga, oscura y resonante,
¡hueco en el alma, son siempre futuro!
Para mí solo, en mí solo, en mí mismo
Y junto a un corazón, del verso fuente,
Entre el vacío y el suceso puro,
De mi grandeza interna espero el eco:
Es la amarga cisterna que en el alma
Hace sonar, futuro siempre, un hueco.
Sabes, falso cautivo de follajes,
golfo devorador de enjutas rejas,
en mis cerrados ojos, deslumbrantes
secretos, ¿qué cuerpo hálame a su término
y qué frente lo gana a esta tierra ósea?
Una chispa allí pienso en mis ausentes.
¿Sabes, falso cautivo de las frondas,
Golfo glotón de flojos enrejados,
Sobre mis ojos, fúlgidos secretos
Qué cuerpo al fin me arrastra a su pereza,
Qué frente aquí le inclina a tierra ósea?
Una centella piensa en mis ausentes.
Sacro, pleno de un fuego sin materia;
ofrecido a la luz terrestre trozo,
me place este lugar alto de teas,
hecho de oro, piedra, árboles oscuros,
mármol temblando sobre tantas sombras;
¡allí la mar leal duerme en mis tumbas!
Cerrado, sacro —fuego sin materia—
Trozo terrestre a la luz ofrecido,
Me place este lugar: ah, bajo antorchas,
Oros y piedras, árboles umbríos,
Trémulo mármol bajo tantas sombras.
El mar fiel duerme aquí, sobre mis tumbas.
¡Al idólatra aparta, perra espléndida!
Cuando con sonrisa de pastor, solo,
apaciento carneros misteriosos,
rebaño blanco de mis quietas tumbas,
¡las discretas palomas de allí aléjalas,
los vanos sueños y ángeles curiosos!
¡Al idólatra aparta, perra espléndida!
Cuando, sonrisa de pastor, yo solo
Apaciento, carneros misteriosos,
Blanco rebaño de tranquilas tumbas,
Aléjame las prudentes palomas,
Los sueños vanos, los curiosos ángeles.
Llegado aquí pereza es el futuro,
rasca la sequedad nítido insecto;
todo ardido, deshecho, recibido
en quién sabe qué esencia rigurosa...
La vida es vasta estando ebrio de ausencia,
y dulce el amargor, claro el espíritu.
El porvenir, aquí, sólo es pereza.
Nítido insecto rasca sequedades.
Quemado asciende por los aires todo:
¿en qué severa esencia recibido?
Ebria de esencia al fin, la vida es vasta,
Y la amargura es dulce, y claro el ánimo.
Los muertos se hallan bien en esta tierra
cuyo misterio seca y los abriga.
Encima el Mediodía reposando
se piensa y a sí mismo se concilia...
Testa cabal, diadema irreprochable,
yo soy en tu interior secreto cambio.
¡Muertos ocultos! Están bien: la tierra
Los recalienta y seca su misterio.
Sin movimiento, arriba, el Mediodía
En sí piensa y conviene consigo…
Testa completa y perfecta diadema,
Y la amargura es dulce, y claro el ánimo.
¡A tus temores, sólo yo domino!
Mis arrepentimientos y mis dudas,
son el efecto de tu gran diamante...
Pero en su noche grávida de mármoles,
en la raíz del árbol, vago pueblo
ha asumido tu causa lentamente.
Yo, sólo yo, contengo tus temores.
Mi contrición, mis dudas, mis aprietos
Son el defecto de tu gran diamante.
Pero en su noche, grávida de mármol,
Un vago pueblo, entre raíces árboles,
Por ti se ha decidido lentamente.
En una densa ausencia se han disuelto,
roja arcilla absorbió la blanca especie,
¡la gracia de vivir pasó a las flores!
¿Dónde del muerto frases familiares,
el arte personal, el alma propia?
En la fuente del llanto larvas hilan.
Ya se han disuelto en una espesa ausencia,
Roja arcilla ha bebido blanca especie,
El don de vida ha pasado a las flores.
¿Dónde estarán las frases familiares,
El arte personal, las almas únicas?
En las fuentes del llanto larvas hilan.
Agudo gritos de exaltadas jóvenes,
ojos, dientes, humedecidos párpados,
el hechicero seno que se arriesga,
la sangre viva en labios que se rinden,
los dedos que defienden dones últimos,
¡va todo bajo tierra y entra al juego!
Gritos, entre cosquillas, de muchachas
Ojos y dientes, párpados mojados,
Seno amable que juega con el fuego,
Sangre que brilla en labios que se rinden,
Últimos dones, dedos defensores:
Bajo tierra va todo y entra en juego.
Y tú, gran alma, ¿un sueño acaso esperas
libre ya de colores del engaño
que al ojo camal fingen onda y oro?
¿Cuando seas vapor tendrás el canto?
¡Ve! ¡Todo huye! Mi presencia es porosa,
¡la sagrada impaciencia también muere!
¿Y aún esperas un sueño, tú, gran alma,
Que ya no tenga este calor d embuste
Que a nuestros ojos muestran ondas y oro?
¿Cantarás cuando seas vaporosa?
Todo huye, bah. Porosa es mi presencia,
Y también la impaciencia santa muere.
¡Magra inmortalidad negra y dorada,
consoladora de horroroso lauro
que maternal seno haces de la muerte,
el bello engaño y la piadosa argucia!
¡Quién no conoce, quién no los rechaza,
al hueco cráneo y a la risa eterna!
Flaca inmortalidad dorada y negra,
Consoladora de laurel horrible,
Que en seno maternal cambias la muerte:
Bello el embuste y el ardid piadoso.
¡Quién no sabe y no huye de ese cráneo
Vacío, de esa risa sempiterna!
Deshabitadas testas, hondos padres,
que bajo el peso de tantas paladas,
sois la tierra y mezcláis nuestras pisadas,
el roedor gusano irrebatible
para vosotros no es que bajo tablas
dormís, ¡de vida vive y no me deja!
Hondos padres, deshabitadas testas,
Que sois la tierra y confundís los pasos
Bajo el peso de tantas paletadas:
No es para los durmientes bajo losas
El roedor gusano irrefutable,
Que no me deja a mí. De vida vive.
¿Amor quizás u odio de mí mismo?
¡Tan cerca tengo su secreto diente
que cualquier nombre puede convenirle!
¡Qué importa! ¡Mira, quiere, piensa, toca!
¡Agrádale mi carne, aun en mi lecho,
de este viviente vivo de ser suyo!
¿Acaso amor, o el odio de mí mismo?
Tan cerca siento su secreto diente
Que puede convenirle todo nombre.
No importa. Siempre sueña, quiere, toca,
Ve: le gusta mi carne. ¡Yo, yo vivo,
Ay, de pertenecer a este viviente!
¡Zenón! ¡Cruel Zenón! ¡Zenón de Elea!
¡Me has traspasado con tu flecha alada
que vibra, vuela y no obstante no vuela!
¡Su son me engendra y mátame la flecha!
¡Ah! el sol... ¡Y qué sombra de tortuga
para el alma, veloz y quieto Aquiles!
¡Zenón, cruel Zenón, Zenón de Elea!
Me has traspasado con la flecha alada
Que vibra y vuela, pero nunca vuela.
Me crea el son y la flecha me mata.
¡Oh sol, oh sol! ¡Qué sombra de tortuga
Para el alma: si en marcha Aquiles, quieto!
¡No! ¡No!... ¡De pie! ¡En la era sucesiva!
¡Cuerpo mío, esta forma absorta quiebra!
¡Pecho mío, el naciente viento bebe!
Una frescura que la mar exhala,
ríndeme el alma... ¡Oh vigor salado!
¡Ganemos la onda en rebotar viviente!
No, no, no de pie. La era, sucesiva.
Rompa el cuerpo esta forma pensativa.
Beba mi seno este nacer del viento.
Una frescura, del mar exhalada,
Me trae mi alma. ¡Salada potencia!
¡A revivir en la onda, corramos!
¡Sí! Inmenso mar dotado de delirios,
piel de pantera, clámide horadada
por los mil y mil ídolos solares,
hidra absoluta, ebria de carne azul,
que te muerdes la cola destellante
en un tumulto símil al silencio.
Sí, mar, gran mar de delirios dotado,
Piel de pantera y clámide calada
Por tantos, tantos ídolos del sol,
Ebria carne azul, hidra absoluta,
Que te muerdes la cola refulgente
En un tumulto análogo al silencio.
¡Se alza el viento!... ¡Tratemos de vivir!
¡Cierra y abre mi libro el aire inmenso,
brota audaz la ola en polvo de las rocas!
¡Volad páginas todas deslumbradas!
¡Olas, romped con vuestra agua gozosa
calmo techo que foques merodean!
El viento vuelve, intentamos vivir
Abre y cierra mi libro al aire inmenso,
Con las rocas se atreve la ola en polvo.
Volad, volad, páginas deslumbradas.
Olas, romped gozosas el tranquilo
Techo donde los foques picotean.