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lunes, 3 de julio de 2023

PARA UNA TUMBA DE ANATOLE, S. Mallarmé

Traducción, Mario Campaña.
Stéphane Mallarmé (1842-1898) es un caso raro en la historia de la literatura francesa y, por extensión, en la europea. Formado en el parnasianismo y el simbolismo, trasciende ambos movimientos y con su escasa obra produce un cúmulo de influencias capaces de abrir nuevos caminos en la literatura: Valéry, Darío, J. R. Jiménez, Huidobro, Rilke, Apollinaire, T. Tzara, Lezama Lima o Gamoneda son algunos de sus deudos literarios.

Este boceto de poemario es una de esas extrañas obras que en su incompletitud arrojan una solidez expresiva y una capacidad comunicativa muy superior a muchas obras acabadas, quizás por el acontecimiento del que surge: en 1879, cuando apenas tenía 8 años de edad, muere su hijo Anatole. El poeta, 37 años, se sumerge en el silencio. Poco después empieza a dar vueltas a una obra para rescatarlo de la muerte. 

Según Jean-Pierre Richard, editor y estudioso de Pour un tombeua d´Anatole, el poeta francés intentó con este trabajo probar que el hecho absoluto de la desaparición de un ser puede ser reabsorbido, y, en el límite, abolido por el pensamiento, él también absoluto, que recupera y eterniza en sí la esencia del ser desaparecido (traducción y cita de Mario Campaña en la edición de Bassarai; p 8).

Sea como fuere, el proyecto quedó inacabado y las notas redactadas permanecieron inéditas hasta 1961. 

Puede que asuste un poco leer un texto fragmentario. Tal vez quienes acostumbran a leer poesía a pequeños sorbos —un poema hoy, otro mañana— se desanimen ante el poema sin cerrar. Que nadie se asuste por eso. El fragmento, la raya, el hueco en blanco y hasta la abreviatura dotan a este proyecto de una enorme capacidad sugestiva y absorvente que se lee mejor de corrido, porque la atmósfera que es capaz de crear es absolutamente correspondiente con el tema. Aún diría más: una vez comenzada su lectura es difícil abandonarla.

                 (4
antes hacer
       +    )
<así pues>
  entonces, ¡ soy yo
manos malditas  —
quien te lo ha legado !
      —  silencio
(él perdona)




                        (4
arriba hacia
el fin de II  —
muerto  —

muebles inmortalidad
de esta manera


y un fondo de naturaleza
I  —  ¿ no jugará
más  —  confundiéndose
en el campo
    en que ahora reposa ?




                       (2

          te siento
muy fuertemente  — la
certidumbre
de que te encuentras
siempre con
nosotros, padre, madre,
<cerca>  —  aunque
libre, y en todas partes
a la vez  —

_____

 y las cosas secretas
         —  puedo


Y aquí debajo, en audio, otros tres fragmentos:



***


lunes, 30 de enero de 2023

SUBIR AL ORIGEN. Antología comentada de poesía occidental no hispánica (1800-1941)

Editorial
El profesor de la universidad de Oviedo, José María Castrillón, ha publicado hasta ahora los siguientes títulos de creación:
-La sonrisa de un delfín (Heracles y Nosotros, 1991), 
-Animal de compañía (Nómadas, 1998), 
-Aún por recorrer (Magua, 2004), 
-La vieja munición (Idea, 2005), 
-el círculo y la piedra (Trea, 2006), 
-gramos (Trea, 2010).

Todos ellos son poemarios. Este último, en cambio, es una antología que tiene un fuerte carácter didáctico (o si lo preferís, divulgativo), pues al mismo tiempo que ofrece una selección de textos de la época de la que se ocupa, realiza una introducción de carácter general sobre las características más sobresalientes de ese período histórico, así como otra individual para que ayudar a colocar los textos personales dentro del paorama de la época o de la tendencia en la que se inscriben y a la que aportan nuevos elementos estilísticos y poéticos. Sabido es que toda expresión creativa de alguna relevancia tiene su origen en una tradición sobre la que se construye y a la que, a su vez, modifica. 

Además del recorrido que hace —Wordsworth, Novalis, Leopardi, Keats, Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Whitman, Dickinson, Mallarmé, Rilke, Yeats, Cavafis, Apollinaire, Pessoa, Eliot, Saint-John Perse, Stevens, Eluard, Montale, Benn, Ajmátova— y que no tiene ninguna intención de convertirlo en canónico, ofrece otro itinerario posible para recorrer lo que fue la poesía occidental no hispánica durante ese crucial siglo y medio. En este caso sin selección de textos, pero sí con comentarios precisos y relevantes que ayudan a quien se quiera iniciar en la otra lectura de esa misma tradición occidental y tener así una panorámica más completa —Hölderlin, Heine, Coleridge, Byron, Shelley, Blake, Nerval, Hopkins, Laforgue, Poe, Pound, W. C. Williams, Moore, Frost, Crane, Valéry, Ungaretti, Trakl, Mayakovski, Breton, Tzara, Tsvetáieva—.

Y por si todo esto resultara poco, cada poeta antologado se cierra con un apartado que Castrillón titula como Homenaje en la poesía hispánica. Aquí se recoge un brevísimo comentario sobre la incidencia que ha tenido en la poesía escrita en castellano más un poema que algún poeta ha escrito a manera de homenaje o que ha surgido por la influencia que el poeta antologado ha ejercido en el autor de escritura hispana.

Una antología especialmente recomendable para quienes deseen tener una visión panorámica inicial acerca de la poesía que se practicaba durante ese período.

PS: No transcribo ningún texto porque en este mismo blog podéis encontrar muchos poemas de la casi totalidad de los autores recogidos o citados en la antología.

***


domingo, 26 de septiembre de 2021

DIRAIT-ON, LAURIDSEN (Rilke)

 




Situémonos: Durante los años 1924, 25 y 26 Rilke (1875-1926) se deja llevar por el idioma de Valéry y escribe cuatro colecciones de poemas en francés. Son poemas de arte menor y una extraordinaria musicalidad. Como él mismo diría son leves, claros y jugosos. Uno de los poemarios lleva por título Les roses —podéis leerlo completo aquí—. Años más tarde (1993), el compositor estadounidense Lauridsen, conmovido por los versos del poeta, escribe el ciclo Les Chansons des Roses. Continúa y amplía esa tradición que viene de lejos y que consiste en fundir música y poesía.

Lauridsen realiza un tratamiento intimista y sugestivo, lleno de encanto que agranda, en mi opinión, la belleza de los textos.

El poema que interpretan los coros es el número cinco, Dirait-on. Lo colococo aquí por si no vaís a pasar por el enlace que los contiene todos:


Abandono rodeado de abandono,
ternura contra ternuras…
Es tu interior el que, sin cesar,
parece que se acaricia;

se acaricia en sí mismo,
por su propio reflejo iluminado.
Así inventas el tema
del Narciso que alcanza su deseo.

            (Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán).

La interpretación de los coros es muy distinta, pero a mí me gustan mucho las dos. La primera corresponde al National Taiwan University Chorus, la segunda al Chamber Choir Ivan Filipovic Zagreb.

La rosa, que era la flor que más le gustaba a Rilke, la pongo yo:

viernes, 25 de septiembre de 2020

UN SIMPLE ESBOZO

El edificio antes de la restauración
(18 de junio de 2014)

Esta fue la imagen que desencadenó el poema. Si a Valéry el primer verso se lo daban los dioses —entendámonos, es una forma de expresar ese golpe de inspiración repentino—, a mí, en este caso, me lo ofreció la contemplación de este ábside y sus recién restauradas pinturas. Y sí, fue literalmente el primer verso.



Pocas veces nos es dado desvelar el misterio.



La curiosidad no satisfecha se aloja en el pecho

como una caracola marina que desde el fondo del mar

empuja su canto hasta la superficie de las olas.


El deseo de saber es nuestro motor más noble:

aun en el cansancio nos impulsa hacia adelante

y en la desorientación nos pone en el camino.


Pero no siempre acertamos y la niebla se extiende,

y surge otra vez la desazón como barco a la deriva

que al borde de la zozobra ignora si será capaz

de dar con un puerto que ponga a salvo a los marinos.


Y vamos dando tumbos, intuyendo

que quizá más allá tampoco haya nada que no sea

otra cosa que un simple esbozo,

un pálido boceto mal trazado, tal vez

un espejo que nos devuelva la imagen que buscamos.


Incluso así, seguimos avanzando porque no hay mayor placer

que acariciar las olas y sentir de tanto en tanto,

al borde de la piel, la armonía esencial del conocimiento.




Del poemario Descender hacia la luz.


sábado, 1 de septiembre de 2018

EL CEMENTERIO MARINO

Cementerio marino de Sète. Tumba de Paul Valéry
Estando en Montpellier, no podía dejar de acercarme a Sète, lugar de nacimiento de Paul Valéry —también de Brassens—, y donde fue enterrado, precisamente, en el conocido como cementerio marino. Y ese es el título de su más famoso poema, que tiene como centro temático el lugar que tan bien conocía y que le sirvió de inspiración. 

Hay muchas traducciones del poema. Tanto la de Sologuren como la de Guillén me gustan mucho. Las tomo de la selección que preparé en su día para las tertulias irunesas. Cada estrofa va dentro de un recuadro de la tabla. Ofrecer las vos versiones en paralelo me obliga a utilizar un tipo de letra más pequeño. 

EL CEMENTERIO MARINO
Versiones de Javier Sologuren y Jorgen Guillén

¡Oh alma mía, no aspires a la vida inmortal, 
pero agota toda la extensión de lo posible.

PÍNDARO, PÍTICAS III.
Calmo techo surcado de palomas,
palpita entre los pinos y las tumbas;
mediodía puntual arma sus fuegos
¡El mar, el mar siempre recomenzado!
¡Qué regalo después de un pensamiento
ver moroso la calma de los dioses!
Ese techo, tranquilo de palomas,
Palpita entre los pinos y las tumbas.
El Mediodía justo en él se enciende
El mar, el mar, sin cesar empezando…
Recompensa después de un pensamiento:
Mirar por fin la calma de los dioses.
¡Qué obra pura consume de relámpagos
vario diamante de invisible espuma,
y cuánta paz parece concebirse!
Cuando sobre el abismo un sol reposa,
trabajos puros de una eterna causa,
el Tiempo riela y es Sueño la ciencia.
¡Qué labor de relámpagos consume
Tantos diamantes de invisible espuma,
Y qué paz, ah, parece concebirse!
Cuando sobre el abismo un sol reposa,
Trabajos puros de una eterna causa,
Refulge el tiempo y soñar es saber.
Tesoro estable, templo de Minerva,
quietud masiva y visible reserva;
agua parpadeante, Ojo que en ti guardas
tanto sueño bajo un velo de llamas,
¡silencio mío!... ¡Edificio en el alma,
mas lleno de mil tejas de oro. ¡Techo!
Tesoro estable y a Minerva templo,
Masa de calma y visible reserva,
Agua parpadeante, Ojo que guardas
Bajo un velo de llama tanto sueño,
¡Oh, mi silencio! En el alma edificio,
Mas cima de oro con mil tejas, Techo.
Templo del Tiempo, que un suspiro cifra,
subo a ese punto puro y me acostumbro
de mi mirar marino todo envuelto;
tal a los dioses mi suprema ofrenda,
el destellar sereno va sembrando
soberano desdén sobre la altura.
¡Templo del Tiempo, que un suspiro cifra!
A esta pureza subo y me acostumbro,
De mi marina mirada ceñido.
Como mi ofrenda suprema a los dioses,
El centelleo tan sereno siembra
En la multitud soberano desdén.
Como en deleite el fruto se deslíe,
como en delicia truécase su ausencia
en una boca en que su forma muere,
mi futura humareda aquí yo sorbo,
y al alma consumida el cielo canta
la mudanza en rumor de las orillas.
Como en fruición la fruta se deshace
Y su ausencia en delicia se convierte
Mientras muere su forma en una boca,
Aspiro aquí mi futura humareda,
Y el cielo canta al alma consumida
El cambio de la orilla en sus rumores.
¡Bello cielo real, mírame que cambio!
Después de tanto orgullo, y de tanto
extraño ocio, mas pleno de poderes,
a ese brillante espacio me abandono,
sobre casas de muertos va mi sombra
que a su frágil moverse me acostumbra. 
Mírame a mí, que cambio, bello cielo.
Después de tanto orgullo y tan extraña
Ociosidad, mas llena de potencia,
A este brillante espacio me abandono:
Sobre casas de muertos va mi sombra,
Que me somete a su blando vaivén.
A teas del solsticio expuesta el alma,
sosteniéndote estoy, ¡oh admirable
justicia de la luz de crudas armas!
Pura te tomo a tu lugar primero:
¡mírate!... Devolver la luz supone
taciturna mitad sumida en sombra.
A teas de solsticio el alma expuesta,
Yo te sostengo, admirable justicia
De la luz: luz en armas sin piedad.
A tu lugar, y pura, te devuelvo,
Mírate. Pero… Devolver las luces
Una adusta mitad supone en sombra.
Para mí solo, a mí solo, en mí mismo,
un corazón, en fuentes del poema,
entre el vacío y el suceso puro,
de mi íntima grandeza el eco aguardo,
cisterna amarga, oscura y resonante,
¡hueco en el alma, son siempre futuro!
Para mí solo, en mí solo, en mí mismo
Y junto a un corazón, del verso fuente,
Entre el vacío y el suceso puro,
De mi grandeza interna espero el eco:
Es la amarga cisterna que en el alma
Hace sonar, futuro siempre, un hueco.
Sabes, falso cautivo de follajes,
golfo devorador de enjutas rejas,
en mis cerrados ojos, deslumbrantes
secretos, ¿qué cuerpo hálame a su término
y qué frente lo gana a esta tierra ósea?
Una chispa allí pienso en mis ausentes.
¿Sabes, falso cautivo de las frondas,
Golfo glotón de flojos enrejados,
Sobre mis ojos, fúlgidos secretos
Qué cuerpo al fin me arrastra a su pereza,
Qué frente aquí le inclina a tierra ósea?
Una centella piensa en mis ausentes.
Sacro, pleno de un fuego sin materia;
ofrecido a la luz terrestre trozo,
me place este lugar alto de teas,
hecho de oro, piedra, árboles oscuros,
mármol temblando sobre tantas sombras;
¡allí la mar leal duerme en mis tumbas!
Cerrado, sacro —fuego sin materia—
Trozo terrestre a la luz ofrecido,
Me place este lugar: ah, bajo antorchas,
Oros y piedras, árboles umbríos,
Trémulo mármol bajo tantas sombras.
El mar fiel duerme aquí, sobre mis tumbas.
¡Al idólatra aparta, perra espléndida!
Cuando con sonrisa de pastor, solo,
apaciento carneros misteriosos,
rebaño blanco de mis quietas tumbas,
¡las discretas palomas de allí aléjalas,
los vanos sueños y ángeles curiosos!
¡Al idólatra aparta, perra espléndida!
Cuando, sonrisa de pastor, yo solo
Apaciento, carneros misteriosos,
Blanco rebaño de tranquilas tumbas,
Aléjame las prudentes palomas,
Los sueños vanos, los curiosos ángeles.
Llegado aquí pereza es el futuro,
rasca la sequedad nítido insecto;
todo ardido, deshecho, recibido
en quién sabe qué esencia rigurosa...
La vida es vasta estando ebrio de ausencia,
y dulce el amargor, claro el espíritu.
El porvenir, aquí, sólo es pereza.
Nítido insecto rasca sequedades.
Quemado asciende por los aires todo:
¿en qué severa esencia recibido?
Ebria de esencia al fin, la vida es vasta,
Y la amargura es dulce, y claro el ánimo.
Los muertos se hallan bien en esta tierra
cuyo misterio seca y los abriga.
Encima el Mediodía reposando
se piensa y a sí mismo se concilia...
Testa cabal, diadema irreprochable,
yo soy en tu interior secreto cambio.
¡Muertos ocultos! Están bien: la tierra
Los recalienta y seca su misterio.
Sin movimiento, arriba, el Mediodía
En sí piensa y conviene consigo…
Testa completa y perfecta diadema,
Y la amargura es dulce, y claro el ánimo.
¡A tus temores, sólo yo domino!
Mis arrepentimientos y mis dudas,
son el efecto de tu gran diamante...
Pero en su noche grávida de mármoles,
en la raíz del árbol, vago pueblo
ha asumido tu causa lentamente.
Yo, sólo yo, contengo tus temores.
Mi contrición, mis dudas, mis aprietos
Son el defecto de tu gran diamante.
Pero en su noche, grávida de mármol,
Un vago pueblo, entre raíces árboles,
Por ti se ha decidido lentamente.
En una densa ausencia se han disuelto,
roja arcilla absorbió la blanca especie,
¡la gracia de vivir pasó a las flores!
¿Dónde del muerto frases familiares,
el arte personal, el alma propia?
En la fuente del llanto larvas hilan.
Ya se han disuelto en una espesa ausencia,
Roja arcilla ha bebido blanca especie,
El don de vida ha pasado a las flores.
¿Dónde estarán las frases familiares,
El arte personal, las almas únicas?
En las fuentes del llanto larvas hilan.
Agudo gritos de exaltadas jóvenes,
ojos, dientes, humedecidos párpados,
el hechicero seno que se arriesga,
la sangre viva en labios que se rinden,
los dedos que defienden dones últimos,
¡va todo bajo tierra y entra al juego!
Gritos, entre cosquillas, de muchachas
Ojos y dientes, párpados mojados,
Seno amable que juega con el fuego,
Sangre que brilla en labios que se rinden,
Últimos dones, dedos defensores:
Bajo tierra va todo y entra en juego.
Y tú, gran alma, ¿un sueño acaso esperas
libre ya de colores del engaño
que al ojo camal fingen onda y oro?
¿Cuando seas vapor tendrás el canto?
¡Ve! ¡Todo huye! Mi presencia es porosa,
¡la sagrada impaciencia también muere!
¿Y aún esperas un sueño, tú, gran alma,
Que ya no tenga este calor d embuste
Que a nuestros ojos muestran ondas y oro?
¿Cantarás cuando seas vaporosa?
Todo huye, bah. Porosa es mi presencia,
Y también la impaciencia santa muere.
¡Magra inmortalidad negra y dorada,
consoladora de horroroso lauro
que maternal seno haces de la muerte,
el bello engaño y la piadosa argucia!
¡Quién no conoce, quién no los rechaza,
al hueco cráneo y a la risa eterna!
Flaca inmortalidad dorada y negra,
Consoladora de laurel horrible,
Que en seno maternal cambias la muerte:
Bello el embuste y el ardid piadoso.
¡Quién no sabe y no huye de ese cráneo
Vacío, de esa risa sempiterna!
Deshabitadas testas, hondos padres,
que bajo el peso de tantas paladas,
sois la tierra y mezcláis nuestras pisadas,
el roedor gusano irrebatible
para vosotros no es que bajo tablas
dormís, ¡de vida vive y no me deja!
Hondos padres, deshabitadas testas,
Que sois la tierra y confundís los pasos
Bajo el peso de tantas paletadas:
No es para los durmientes bajo losas
El roedor gusano irrefutable,
Que no me deja a mí. De vida vive.
¿Amor quizás u odio de mí mismo?
¡Tan cerca tengo su secreto diente
que cualquier nombre puede convenirle!
¡Qué importa! ¡Mira, quiere, piensa, toca!
¡Agrádale mi carne, aun en mi lecho,
de este viviente vivo de ser suyo!
¿Acaso amor, o el odio de mí mismo?
Tan cerca siento su secreto diente
Que puede convenirle todo nombre.
No importa. Siempre sueña, quiere, toca,
Ve: le gusta mi carne. ¡Yo, yo vivo,
Ay, de pertenecer a este viviente!
¡Zenón! ¡Cruel Zenón! ¡Zenón de Elea!
¡Me has traspasado con tu flecha alada
que vibra, vuela y no obstante no vuela!
¡Su son me engendra y mátame la flecha!
¡Ah! el sol... ¡Y qué sombra de tortuga
para el alma, veloz y quieto Aquiles!
¡Zenón, cruel Zenón, Zenón de Elea!
Me has traspasado con la flecha alada
Que vibra y vuela, pero nunca vuela.
Me crea el son y la flecha me mata.
¡Oh sol, oh sol! ¡Qué sombra de tortuga
Para el alma: si en marcha Aquiles, quieto!
¡No! ¡No!... ¡De pie! ¡En la era sucesiva!
¡Cuerpo mío, esta forma absorta quiebra!
¡Pecho mío, el naciente viento bebe!
Una frescura que la mar exhala,
ríndeme el alma... ¡Oh vigor salado!
¡Ganemos la onda en rebotar viviente!
No, no, no de pie. La era, sucesiva.
Rompa el cuerpo esta forma pensativa.
Beba mi seno este nacer del viento.
Una frescura, del mar exhalada,
Me trae mi alma. ¡Salada potencia!
¡A revivir en la onda, corramos!
¡Sí! Inmenso mar dotado de delirios,
piel de pantera, clámide horadada
por los mil y mil ídolos solares,
hidra absoluta, ebria de carne azul,
que te muerdes la cola destellante
en un tumulto símil al silencio.
Sí, mar, gran mar de delirios dotado,
Piel de pantera y clámide calada
Por tantos, tantos ídolos del sol,
Ebria carne azul, hidra absoluta,
Que te muerdes la cola refulgente
En un tumulto análogo al silencio.
¡Se alza el viento!... ¡Tratemos de vivir!
¡Cierra y abre mi libro el aire inmenso,
brota audaz la ola en polvo de las rocas!
¡Volad páginas todas deslumbradas!
¡Olas, romped con vuestra agua gozosa
calmo techo que foques merodean!
El viento vuelve, intentamos vivir
Abre y cierra mi libro al aire inmenso,
Con las rocas se atreve la ola en polvo.
Volad, volad, páginas deslumbradas.
Olas, romped gozosas el tranquilo
Techo donde los foques picotean.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

STÉPHANE MALLARMÉ

9 de septiembre de 1898: muere en París Stéphane Mallarmé, el más alto representante del simbolismo francés y precursor de la poesía pura, que más tarde llevaría a su límite su compatriota Paul Valéry. En 1876 publica La siesta de un fauno, una de sus composiciones más conocidas y menos complicadas. Debussy se inspiró en este trabajo para componer Prélude à l'après-midi d'un faune que poco después adaptaría para ballet y sería coreografiado por Nijinsky.


No es santo de mi devoción, pero nobleza obliga.


LA SIESTA DE UN FAUNO

El Fauno:

Estas ninfas quisiera perpetuar.
                                                   Que palpite
su granate ligero, y en el aire dormite
en sopor apretado.
                              ¿Quizás un sueño amaba?
Mi duda, en oprimida noche remota, acaba
en más de una sutil rama que bien sería
los bosques mismos, al probar que me ofrecía
como triunfo la falta ideal de las rosas.
Reflexionemos...
                                 ¡Si las mujeres que glosas
un deseo figuran de tus locos sentidos!
Se escapa la ilusión de los ojos dormidos
y azules, cual llorosa fuente, de la más casta;
¡mas, la otra, en suspiros, dices tú que contrasta
como brisa del día cálido en tu toisón!
¡Que no! que por la inmóvil y lasa desazón
-el sol con la frescura matinal en reyerta-
no murmura agua que mi flauta no revierta
al otero de acordes rociado; sólo el viento
fuera de los dos tubos pronto a exhalar su aliento
en árida llovizna derrame su conjuro;
es, en la línea tersa del horizonte puro,
el hálito visible y artificial, el vuelo
con que la inspiración ha conquistado el cielo.

Sicilianas orillas de charca soporosa
que al rencor de los soles mi vanidad acosa,
tácita bajo flores de centellas, DECID:
                    
                      "Que yo cortaba juncos vencidos en la lid
                      "por el Talento; al oro glauco de las lejanas
                      "verduras consagrando su viña a las fontanas,
                      "ondea una blancura animal en la siesta;
                      "y que al preludio lento de que nace la fiesta,
                      "vuelo de cisnes, ¡No! de náyades, se esquive"
                      "o se Sumerja...

                                             Fosca, la hora inerte avive
sin decir de qué modo sutil recogerá
húmenes anhelados por el que busca el LA:
me erguiré firme entonces al inicial fervor,
recto, bajo oleadas antiguas de fulgor,
¡Lis! uno de vosotros para la ingenuidad.

Sólo esta nada dócil, oh labios, propalad,
beso que suavemente perfidias asegura.
Mi pecho, virgen antes, muestra una mordedura
misteriosa, legado de algún augusto diente;
¡Y basta! arcano tal buscó por confidente
junco gemelo y vasto que al sol da su tonada
que, desviando de sí mejilla conturbada,
sueña, en un solo lento, tramar en ocasiones
la belleza en redor, quizá por confusiones
falsas entre ella misma y nuestra nota pura;
y de lograr, tan alto como el amor fulgura,
desvanecer del sueño sólito de costado
o dorso puro, por mi vista ciega espiado,
una línea vana, monótona y sonora.

¡Quiere, pues, instrumento de fugas, turbadora
siringa, florecer en el lago en que aguardas!
Yo, en mi canto engreído, diré fábulas tardas
de las diosas; y por idólatras pinturas,
a su sombra hurtaré todavía cinturas:
así cuando a las vides la claridad exprimo,
por desechar la pena que me conturba, mimo
risas, alzo el racimo ya exhausto, al sol, y siento
cuando a las luminosas pieles filtro mi aliento,
mirando a su trasluz un ávida embriaguez.

Oh ninfas, los RECUERDOS unamos otra vez.

                    "Mis ojos, tras los juncos, hendían cada cuello
                    "inmortal, que en las ondas hundía su destello
                    "y un airado clamor al cielo desataba;
                    "y el espléndido baño de cabellos volaba
                    "entre temblor y claridad, ¡oh pedrería!
                    "corro; cuando a mis pies alternan (se diría
                    "por ser dos, degustando, langorosas, el mal)
                    "dormidas sólo en medio de un abrazo fatal:
                    "las sorprendo, sin desenlazarlas, y listo
                    "vuelo al macizo, de fútil sombra malquisto,
                    "de rosas que desecan al sol todo perfume,
                    "en que, como la tarde, nuestra lid se resume".

¡Yo te adoro, coraje de vírgenes, oh gala
feroz del sacro fardo desnudo que resbala
por huír de mi labio fogoso, y como un rayo
zozobra! De la carne misterioso desmayo;
de los pies de la cruel al alma de la buena
que abandona a la vez una inocencia, llena
de loco llanto y menos atristados vapores.

                       "Mi crimen es haber, tras de humillar temores
                       "traidores, desatado el intrincado nido
                       "de besos que los dioses guardaban escondido;
                       "pues, yendo apenas a ocultar ardiente risa
                       "tras los pliegues felices de una sola (sumisa
                       "guardando para que su candidez liviana
                       "se tiñera a la fiel emoción de su hermana
                       "la pequeñuela, ingenua, sin saber de rubor);
                       "ya de mis brazos muertos por incierto temblor,
                       "esta presa, por siempre ingrata, se redime
                       "sin piedad del sollozo de que embriagado vime".

¡Peor! me arrastrarán otras hacia la vida
por la trenza a los cuernos de mi frente ceñida;
tú sabes, mi pasión, que, púrpura y madura,
toda granada brota y de abejas murmura;
y nuestra sangre loca por quien asirla quiere,
fluye por el enjambre del amor que no muere.
Cuando el bosque de oro y cenizas se tiña,
una fiesta se exalta en la muriente viña:
¡Etna! En medio de ti, de Venus alegrado,
en tu lava imprimiendo su coturno sagrado,
si un sueño triste se oye, si su fulgor se calma,
¡tengo la reina!

                            Oh cierto castigo...

                                                          Pero el alma
de palabras vacante, y este cuerpo sombrío
tarde sucumben al silencio del estío:
sin más, fuerza es dormir, lejano del rencor,
sobre la arena sitibunda, a mi sabor,
¡la boca abierta al astro de vinos eficaces!

¡Oh par, abur! La sombra miro en que te deshaces.


                               Versión de Otto de Greiff