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lunes, 5 de octubre de 2026

TRECE MANERAS DE MIRAR UN MIRLO, Wallace Stevens

TRECE MANERAS DE MIRAR UN MIRLO



            I
Entre veinte montañas nevadas
lo único en moverse
era el ojo del mirlo.

            II
Era yo de tres opiniones,
como un árbol
en el que hay tres mirlos.

            III
El mirlo daba vueltas con los vientos de otoño.
Era solo una parte de aquella pantomima.

            IV
Un hombre y una mujer
son uno.
Un hombre y una mujer y un mirlo
son uno.

            V
No sé lo que prefiero,
si la belleza de los acentos
o la belleza de las insinuaciones;
si el pájaro silbando
o lo que viene luego.

            VI
los cerriones llenaban el largo ventanal
con un bárbaro vidrio.
Lo cruzaba la sombra
del mirlo, adelante y atrás.
El movimiento
dibujaba en la sombra
un motivo insondable.

            VII
Hombres flacos de Haddam,
¿por qué pensáis en pájaros dorados?
¿No veis cómo anda el mirlo
entre los pies de las mujeres
que van a vuestro lado?

            VIII
Yo sé de acentos nobles
y de lúcidos, irresistibles ritmos;
sé también, sin embargo,
que el mirlo forma parte
de lo que sé.

            IX
Cuando el mirlo volaba más allá de mi vista,
señalaba los límites
de uno de los múltiples círculos.

            X
Contemplando a los mirlos
volar en la luz verde,
hasta los proxeneta de eufonía
gritarían muy alto.

            XI
Viajaba por Connecticut
en carroza de vidrio.
Una vez, le entró miedo
al confundir
la sombra del carruaje
con mirlos.

            XII
El río se mueve.
El mirlo debe de estar volando.

            XIII
Toda la tarde era crepúsculo.
Nevaba
y también nevaría.
El mirlo se posó
en las ramas de un cedro.


Nota previa: Prácticamente, aquí lo único que he hecho ha sido poner en castellano el comentario de Emma Baldwin.

El poema, por supuesto, no trata de los mirlos ni del contraste que hace un mirlo (negro) en un paisaje nevado, sino sobre las diferentes maneras de percibir el mundo. El propio Stevens lo describió como un conjunto de sensaciones, esto es, experiencias fugaces, efímeras, que no necesariamente tienen un significado obvio. 

El poema está dividido en trece secciones muy breves. En ellas nos presenta al mirlo desde múltiples puntos de vista. Algunos de ellos son, incluso, contradictorios, lo que sugiere que no existe una única forma correcta de ver el mundo. El poema está sugiriendo que la realidad es subjetiva y puede ser definida por quien la observa.

La primera sección nos ofrece una escena natural en la que lo único que se mueve "entre veinte montañas nevadas" es el ojo de un mirlo. Un punto de vista enorme y diminuto al mismo tiempo: las montañas representan la naturaleza en su máxima expresión, mientras que el ojo del mirlo ofrece algo muy específico. El poema, por tanto, plantea diferentes maneras de ver el mundo, con detalle y con perspectiva general. 

El ojo del mirlo podría aludir al yo, a la persona con la que cada cual se identifica. Es a través de este yo, nuestro yo, como percibimos la realidad. Se hace así referencia a las múltiples miradas, no solo a los mirlos, sino a cualquier cosa. Estamos instalados en la subjetividad: cuando yo leo el poema, mi experiencia es/será/puede ser diferente a la de otra persona.

Esta subjetividad se desarrolla a lo largo de las demás secciones. En la tercera, por ejemplo, el mirlo es solo una parte interconectada de la pantomima de la naturaleza (recordemos que las pantomimas son representaciones en las que el significado se crea a través del movimiento). Una pantomima, al igual que la visión de un mirlo en el aire, puede significar cosas diferentes para distintas personas.

En la séptima sección, los mirlos se presentan como parte de la realidad tangible (en contraposición a algo inventado por la mente), mientras que en la undécima sección representan la paranoia y el miedo: «Una vez, le entró miedo, / al confundir / la sombra del carruaje / con mirlos». En la séptima, los mirlos demuestran la realidad, mientras que en la undécima crean una amenaza ficticia.

Ninguna de las dos perspectivas es la definitiva o, si lo preferís, la correcta. Su diferencia indica que no existe una única forma de ver las cosas. El mirlo puede significar prácticamente cualquier cosa para cada persona, dependiendo de la situación. El poema nos presenta la realidad no como una entidad singular, única, sino como un abanico de posibilidades, todas ellas inmersas en una especie de tensión irresoluble.

El poema a veces se mueve en el terreno de las afirmaciones que, desde el punto de vista de la lógica no pueden ser ciertas, lo que parece respaldar la creencia inherente del poema en que no existe una realidad única y verdadera. Este uso del sinsentido intencional se ve bien en la cuarta sección —«Un hombre, una mujer y un mirlo / son uno»— y en el primer verso de la sección XIII: «Toda la tarde era crepúsculo». La imposibilidad de que estos versos tengan un sentido literal nos obliga a aportar nuestra propia interpretación subjetiva, lo que pone de relieve cómo la subjetividad misma es clave en el proceso de construcción de significado.

El poema termina volviendo esencialmente al punto de partida, colocando al mirlo en una imagen puramente natural. El mirlo en el árbol descansa tras el viaje, en cierto modo accidentado, que ha recorrido el poema, a través de diferentes perspectivas y sentimientos. La sencillez de esta imagen parece dar al lector espacio para reflexionar sobre todo lo anterior; es decir, la imagen final no incluye un sujeto propiamente dicho. Pero, considerando lo anterior, esto parece un final intencionadamente travieso por parte de Stevens, que nos pregunta si realmente creemos que algo puede percibirse sin un sujeto que lo perciba.

«Trece maneras de mirar a un mirlo» es un poema firmemente arraigado en el mundo natural. A lo largo de sus trece secciones, el poema muestra la profundidad y la amplitud de la naturaleza: aquí, la naturaleza es imponente, temible, hermosa, vasta y diminuta a la vez. El mundo natural que describe el poema también está profundamente interconectado y es una presencia constante en la vida humana, lo percibamos o no.

La naturaleza ocupa un lugar central en «Trece maneras de mirar a un mirlo». La primera sección, por ejemplo, describe una cordillera nevada, una imagen de la naturaleza en su máxima expresión. Más adelante, el poema describe al mirlo arrastrado por los poderosos vientos otoñales.

Esto, una vez más, pone de manifiesto el poderío de la naturaleza, pero también alude a las conexiones entre sus diferentes elementos; el mirlo depende de las corrientes de aire para volar. Este mirlo es «solo una parte de aquella la pantomima», reflejando que el mundo natural se compone de elementos grandes y pequeños; abarca desde enormes montañas y vientos arremolinados hasta un pequeño mirlo.

El poema retoma una y otra vez la idea de la interconexión de la naturaleza. Por ejemplo, el narrador afirma que el hecho de que el río se mueva indica que el mirlo tiene que estar volando. Esto podría significar que el mirlo vuela cuando el río se mueve, pero, al mismo tiempo, que el río se mueve porque el mirlo vuela. En general, transmite la armonía y la interdependencia de la naturaleza.

Quizás esta unidad entre los distintos elementos de la naturaleza sea la raíz de la enigmática afirmación de la tercera sección, en la que el narrador, con una mirada distante, dice: «Un hombre, una mujer y un mirlo / son uno». El poema sugiere que la humanidad forma parte de la naturaleza tanto como el propio mirlo.

La séptima sección del poema profundiza en esta idea. En esta escena, el narrador pregunta por qué los "hombres flacos de Haddam" se molestan en soñar con "pájaros dorados" cuando el mirlo de la vida real ya "camina entre los pies / de las mujeres que van a nuestro lado". El poema nos dice una y otra vez que la naturaleza existe a nuestro alrededor, presentando una belleza que la creatividad humana no puede igualar.



En definitiva, «Trece maneras de mirar a un mirlo» presenta la naturaleza en sus formas más extrañas, maravillosas y, a veces, intimidantes. El poema es una sutil invitación a observar el mundo natural que nos rodea y del que formamos parte.


***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

sábado, 18 de julio de 2026

LA POESÍA ABSTRACTA DE WALLACE STEVENS

La poesía abstracta de Wallace Stevens consiste en "el poema de la mente". En lugar de relatar historias o describir el mundo físico directamente, el autor utiliza la imaginación para explorar conceptos filosóficos (la realidad, la percepción, el sentido de la vida) y crear una "ficción suprema".

Él mismo nos indicó cuáles eran sus características principales: prescindir de las anécdotas concretas para indagar sobre ideas universales y el funcionamiento del pensamiento humano; rechazar las verdades estáticas, permitiendo de esta manera que el poema evolucione a la par que la percepción del lector; y conservar un fuerte rigor plástico y musical, para que las imágenes sonoras y el lenguaje brillante sustituyan a la narrativa tradicional y sea fuente de placer.

Este podría ser un buen ejemplo (no está incluido en el volumen que aquí aparece):


METÁFORAS DE UN MAGNÍFICO


Veinte hombres que cruzan un puente,
Y entran a un pueblo,
Son veinte hombres que cruzan veinte puentes,
Y entran en veinte pueblos,
O un hombre
que cruza un solo puente y entra a un pueblo.

Ésta es una vieja
canción que no se deja conocer...

Veinte hombres que cruzan un puente,
Y entran en un pueblo.
Son
Veinte hombres que cruzan un puente
Y entran en un pueblo

No se deja conocer,
Sin embargo tiene sentido...

Las botas de los hombres chocan
Con los bordes del puente.
El primer muro blanco del pueblo
Surge entre árboles frutales
¿En qué estaba pensando?
El significado se me escapa.

El primer muro blanco del pueblo...
Los árboles frutales...

Traducción: Miguel Ángel Flores

El poema se construye sobre variaciones repetitivas que van in crescendo y crean un ritmo meditativo.

La imagen central fragmenta un único acontecimiento en múltiples versiones —veinte hombres, veinte puentes, veinte aldeas—, lo que sugiere que la experiencia no es fija, sino que está sujeta a la interpretación, una preocupación constante en la obra del autor, sobre todo en lo que se refiere a la desestabilización de la realidad singular.

En lugar de resolver la multiplicidad, el poema la rodea, da vueltas en torno a ella. Es una manera de reconocer que el significado no se va declarar —
no se deja conocer—, y, sin embargo tiene sentido, lo que pone de manifiesto el interés recurrente del autor en la tensión entre el pensamiento abstracto y la experiencia sensorial.

Las botas que se amontonan y el muro blanco nos sitúan en los detalles físicos, cotidianos, si bien carecen del sentido tradicional. Sirven para interrumpir las reflexiones filosóficas, demostrando cómo la percepción perturba la intelectualización, irrumpe en la abstracción.

La pregunta del yo hablante —¿En qué estaba pensando?— nos señala la incapacidad de la mente para mantener un pensamiento abstracto en medio de la información sensorial, un motivo presente en toda la obra del autor, donde la conciencia a menudo queda atrapada entre la idea y la impresión.

Menos exuberante quizás que sus poemas más retóricos, estos versos ponen de manifiesto un modo más tranquilo y procedimental en el que desarrolla sus ideas sin llegar a grandes conclusiones. Nos queda la duda, la inseguridad de no tener una respuesta.

Mientras que otros modernistas recurrieron al mito o a la fragmentación histórica, este poema se centra en la inestabilidad de la perspectiva, del punto de vista, en un momento cotidiano, en consonancia con las preocupaciones fenomenológicas que surgieron en el pensamiento de principios del siglo XX.

A diferencia de la típica oscuridad modernista —por ejemplo, La tierra baldía—, el hecho de que el poema no se cierre y utilice la repetición, no para lograr un efecto dramático, sino para exponer cómo el significado se disipa bajo una observación atenta, lo hace más próximo.

El final inconcluso deriva en puntos suspensivos e imágenes repetidas, trata a los árboles frutales y la pared blanca no como símbolos, sino como puntos de apoyo perceptivos que no logran fundamentar el significado, rechazando la satisfacción narrativa en favor de una incertidumbre persistente.

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

viernes, 3 de julio de 2026

WALLACE STEVENS, UNA APROXIMACIÓN


Wallace Stevens (1879-1955) publicó su primer libro, Armonio, en 1923 y no llegó a vender ni cien ejemplares. Acaso en ese primer título estén sus mejores poemas, al menos, los más queridos por la mayor parte de sus lectores; así, por ejemplo, «Mañana de domingo», «Peter Quince al teclado», y los favoritos del propio autor, «Dominio del negro» y «El emperador de los helados».

El tema del conflicto entre la realidad y la imaginación ocupa muchos de sus poemas, tanto los que aparecen en Armonio como los posteriores. En «Esthetique du Mal» argumentó, con la brillantez característica de su verso, que la belleza está inextricablemente ligada al mal. En «Mañana de domingo», el más repetido y antologado de sus poemas, había declarado que «la muerte es la madre de la belleza». Ambas opiniones son correctas... en el sentido en que él emplea los términos.

En The Best Poems in the English Language (Los mejores poemas en lengua inglesa), Harold Bloom afirma que «Stevens es el principal poeta estadounidense desde Walt Whitman y Emily Dickinson». Ciertamente es uno de los cuatro o cinco mejores, pero no es fácil de leer. Hay que esforzarse. Y el esfuerzo siempre tiene su recompensa.

Espero que el audio y sobre todo el par de vídeos ayuden a facilitar la labor. Más adelante dedicaré una entrada a intentar esclarecer qué era eso de la poesía abstracta que practicó el poeta.





***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
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sábado, 13 de junio de 2026

WALLACE STEVENS, El emperador de los helados

A Wallace Stevens le dedicaré más adelante una entrada para ofrecer una visión general y contextualizarlo en su momento histórico-literario. Hoy ofrezco un ejemplo de cómo operaba a través de un poema, tal vez su preferido, según manifestó en alguna ocasión. El poema pertenece a su primera publicación en forma de libro de poesía, Armonio (1923). Por entonces tenía 44 años.




EL EMPERADOR DE LOS HELADOS


Llama al que lía los cigarros puros,

al forzudo, y ofrécele batir

en tarros de cocina las sensuales cuajadas.

Deja que las muchachas huelguen con los mismos vestidos

que acostumbran a usar, y deja que los chicos

lleven flores envueltas en periódicos viejos.

Deja que el parecer acabe en ser.

El único emperador es el emperador de los helados.


De la cómoda aquella que perdió

tres pomos de cristal, saca la sábana

en la que ella bordaba faisanes una vez

y extiéndela del todo hasta ocultar su cara.

Si sus callosos pies se quedan fuera, lo hacen

para mostrar qué fría está, y qué muda.

Que la lámpara añada su destello.

El único emperador es el emperador de los helados.





El poema tiene dos estrofas bien diferenciadas. En la primera intuimos que se nos está hablando, entre otras cosas, de la cocina de una casa y lo que en ella acontece. En la segunda se nos sitúa en otra dependencia de las casa —¿la sala, un dormitorio?—, donde se encuentra un cadáver al que hay que cubrir con una sábana. 

Como las imágenes y los símbolos se van sucediendo con profundas elipsis entre ellos, el poema resulta muy hermético en un primer momento, y tal vez lo continuaría siendo así si no hubiera sido por la agudeza de Helen Vendler quien expuso de forma breve el argumento del mismo: 
una persona va a casa de una vecina que ha fallecido; esta persona debe ayudar a preparar el cadáver en el dormitorio para un velatorio; otros vecinos llevan flores de su propio huerto y otros más preparan comida, incluyendo helado, para el velatorio. 

El poema, por tanto, adquiere forma a través de una voz que va indicando lo que se debe hacer para que el resultado sea el adecuado al momento que se vive. 

Conviene señalar que en algunas culturas caribeñas, incluidas las que Stevens conoció en sus viajes a Cayo Hueso y La Habana, los velatorios tienen o tenían un carácter festivo y se preparaban los mejores manjares. Aquí entra en juego el helado, que no es precisamente el que podemos adquirir en unos segundos en una heladería moderna, sino el que había que hacer trabajando intensamente la cuajada (estamos a comienzos del siglo XX). 

Eso también explica la elección de la palabra concupiscent y que tiene en castellano todos estos sinónimos: incontinente, sensual, lascivo, lujurioso, libidinoso, voluptuoso, impúdico, obsceno, deshonesto. El traductor ha elegido el segundo. 

Así, pues, en la cocina, encontramos coqueteo, desenfado, cierta actividad bulliciosa y la preparación de sabrosos bocados, tal y como hemos visto en algunas películas. Claro que en el otro habitáculo lo que vemos es, por el contrario, una mujer muerta y una cómoda ya vieja que ha perdido los tiradores.

En este contexto, tropezamos con un verso que parece una recomendación de profundo análisis filosófico, es el penúltimo de la primera estrofa: Que el ser sea el final del parecer. Cielos, ¿qué hace ahí?, ¿qué puede querer decirnos el poeta?, ¿qué relación tiene con lo que está ocurriendo en la casa donde se prepara el velatorio?

Stevens decía que la poesía debía resistir a la inteligencia. Esta parece una buena puesta en práctica de lo que afirmaba. Y difícil, variada, compleja son tres términos que la crítica ha utilizado con asiduidad para describir la poesía modernista anglosajona en general. Los poetas de nuestra civilización deben ser difíciles, escribía T.S. Eliot en Los poetas metafísicos, en 1921. Creía que esa dificultad reflejaba la época: la avanzada industrialización transformaba Occidente, Europa se tambaleaba tras la Primera Guerra Mundial y la Revolución Bolchevique incendiaba Rusia. Darwin, Nietzsche, Marx, Freud y Einstein cambiaron la visión que se tenía de la historia, la economía, la filosofía, la ciencia, la psicología, la física e incluso la religión.

Si en algo coincidían el modernismo hispanoamericano y el modernismo anglosajón, que fueron estilos y movimientos muy diferentes, era en su crítica al idealismo romántico y en su afán por superarlo. Así, podemos tomar el parecer como lo que no es, lo artificial, lo que aparenta ser pero no es; es decir, se trata de una manera de reivindicar que el realismo desplace al idealismo.

Más aun, Judith C. Brown, opina que el verso sugiere que solo en la muerte termina el parecer… En la vida, sin embargo, solo hay apariencia. Esta interpretación es coherente con el penúltimo verso de la segunda estrofa: Que la lámpara añada su destello, que a su vez evoca un ambiente de autopsia o interrogatorio, donde la luz de la realidad busca dar claridad a lo realmente significativo, no las suposiciones, ni cuanto podamos imaginar. 

En este sentido, la sábana bordada con colipavas —faisanes, traduce Sánchez Robayna—, que deja el cadáver parcialmente expuesto bajo el resplandor de la lámpara, parece indicar la misma intención: la insuficiencia del artificio.

Por otra parte tenemos el helado, ese postre capaz de aportarnos un placer sensual, pero que hay que consumir con cierta premura para que no se deshaga. Es un placer fugaz, como el sexo. Y es frío, como el cuerpo de la mujer muerta. La frialdad vincula el frío de la muerte con el helado. La muerte y los placeres sensuales de la vida tienen algo en común. La mujer muerta es insensible —"fría"—; se opone a la animada actividad de la cocina, y esas muchachas ociosas tampoco parecen muy preocupadas por ella. El helado es como la vida: dulce mientras dura. También es como los muertos: fríos y destinados a ser consumidos o a disiparse.

¿Pero por qué el emperador? ¿Una alusión a los cuentos infantiles, al de El traje nuevo del emperador? ¿Una abstracción filosófica sobre la apariencia? ¿Una alusión al Hamlet de Shakespeare cuando su personaje protagonista dice tu gusano es tu único emperador en cuanto a la dieta. Engordamos a todas las demás criaturas para engordarnos a nosotros mismos, y nos engordamos para los gusanos? (4º acto, escena VI).

De hecho, Stevens elige el mismo sintagma único emperador. Además, la idea expresada en Hamlet de que los seres humanos no son la cima de la cadena alimenticia, sino los gusanos, también está, aunque de forma indirecta en el poema. La vida es frágil, efímera; todas, en general, tienden hacia el impulso hedonista: disfrutar del festín mientras se puede.

Enunciado más brutalmente: el único dios, el único emperador en este mundo es el frío dios de la vida mientras esta persiste, la satisfacción del apetito, del deseo. Surge la metáfora: la vida animal en la cocina, el cadáver en el dormitorio trasero.

El único emperador o principio dominante del mundo es aquel que nos viene a la mente cuando vemos derretirse el helado —o, de otra manera, cuando asistimos a un funeral— haríamos bien en prestarle atención y aprovechar cada momento.

Dos estrofas, dos habitaciones:  la bulliciosa vida de festejos y apariencias, y la muerte solitaria, tal y como afirma la sentencia. El poema se convierte en un recordatorio de nuestro destino final. Un postre que antes se nos antojaba muy apetitoso se convierte en un símbolo de lo que la vida nos depara tras el último bocado. Comienza como un dulce caprichoso, pero deja un regusto sorprendentemente frío.


***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

miércoles, 5 de febrero de 2025

UN LIBRO, UN POEMA (Marianne Moore)

Traductora: Olivia de Miguel
#unlibrounpoema

Marianne Moore y su Poesía completa ya estuvieron en esta sección hace medio año, más o menos. Pero me ha parecido una buena oportunidad para traer hasta aquí otro poema suyo el que hoy sea el aniversario de su muerte, acontecida en 1972. ¿Habría llegado a conocer las tortas de san blas?



EL CAMPANERO

Durero habría encontrado una razón para vivir
  en una ciudad así, con ocho ballenas varadas 
que mirar, con la suave brisa entrando en casa 
un día claro desde el aguafuerte de un mar 
  con olas tan regulares como las escamas 
en un pez. 

Una a una, dos a dos, tres a tres, las gaviotas sostienen 
  su vuelo adelante y atrás sobre el reloj de la ciudad, 
o planean alrededor del faro sin mover las alas— 
alzándose firmes con un ligero 
  temblor en el cuerpo- o se reúnen 
graznando sobre 

un mar púrpura cuello de pavo 
  que empalidece en un azul verdoso como 
el azul pavo y gris topo que Durero prefirió 
al verde pino del Tirol. Se ve una langosta 
  de veinticinco libras; y las redes tendidas 
a secar. El 

torbellino pífano y tambor de la tormenta inclina 
  la hierba de la salina, agita estrellas en el cielo y la 
estrella del campanario; es un privilegio ver tanta 
confusión. Encubiertos por lo 
  aparentemente adverso, las flores
de la ribera y 

los árboles, favorecidos por la niebla, ponen 
  el trópico a nuestro alcance: el jazmín-trompeta, 
la digital, el dragón gigante, la salpiglosis con 
lunares y rayas; dondiegos, calabazas 
  o campanillas emparradas sobre sedal de pescador 
en la puerta trasera; 

espadañas, gladiolos, arándanos y tradescantía, 
  cintas, líquenes, girasoles, ásteres, margaritas 
—harapientos marinos de amarillo y pinzas de cangrejo con verdes brácteas— 
hongos, petunias, helechos; lirios rosados, azules, 
  trigidias, amapolas; negros guisantes de olor. 
El clima 

no es bueno para el baniano, el franchipán 
  o la nanjea, ni para la vida de una serpiente 
exótica. Lagarto y piel de culebra para zapatos, si te va; 
pero aquí tienen gatos, no cobras, para 
  oprimir a las ratas. El tímido 
tritoncito 

tildado con pinchos blancos en su lomo de rayas negras 
  vive aquí; no existe nada que la 
ambición pueda comprar o llevarse. El estudiante 
llamado Ambrose se sienta en la ladera 
  con sus libros y sombrero extranjeros
y ve los barcos 

blancos y rígidos avanzar por el mar como 
  en un surco. Amante de la distinción que 
no nace de la jactancia, conoce de memoria el antiguo 
cenador en forma de azucarero con 
  tablillas entrelazadas y la inexacta 
inclinación de la torre 

de la iglesia, desde la que un hombre de rojo deja 
  caer una cuerda como una araña teje su hilo; 
parece salido de una novela, pero en la acera 
un letrero blanco y negro dice 
  C.J. Poole, Campanero, y otro rojo 
y blanco advierte 

Peligro. El pórtico de la iglesia tiene cuatro columnas 
  acanaladas, cada una de un solo bloque de piedra, al que 
el encalado da un aire sencillo. Sería un refugio adecuado 
para golfillos, niños, animales, prisioneros 
  y presidentes que recompensaron a 
senadores 

corruptos no pensando en ellos. El 
  lugar tiene una escuela, una oficina de correos 
en un almacén, pescaderías, gallineros y una goleta 
con tres mástiles en 
los muelles. El héroe, el estudiante,
  el campanero, cada uno a su modo, 
tiene su sitio aquí. 

No pudo ser peligroso vivir 
  en una ciudad así, de gente sencilla, 
con su campanero que coloca señales de peligro junto a la iglesia 
mientras dora la sólida 
  estrella puntiaguda que sobre una torre 
simboliza la esperanza.


Recoge Olivia de Miguel con muy buen criterio en el prólogo que redactó para esta edición unas cuantas opiniones de poetas contemporáneos de Moore. De todas ellas, a mí me gusta mucho la de Wallace Stevens —(Moore) nos obliga a ser tan conscientes de la realidad que fuerza nuestra conciencia—. Y así es en este y en toda su poesía. Ni el adorable pueblo costero es tan adorable, ni la iglesia es un centro de acogida, ni el campanero está libre de sospecha. Más tarde o más temprano, las ballenas varadas comenzarán a descomponerse y envenenarán "la suave brisa", lo mismo que la iglesia puede envenenar a la sociedad.

***


martes, 25 de abril de 2023

CLUB DE POESÍA LA ESPIRAL

Este jueves, 27 de abril, a las 18:30 se producirá la tercera sesión del Club de Poesía la Espiral en la Sala Concejo del Convento Santa Teresa (nueva sede del Ateneo, situado en la C/ Andere E. Zipitria, 3, San Sebastián).

En esta sesión los poetas sobre los que se charlará serán Guillaume Apollinaire, Fernando Pessoa, T. S.Eliot, Saint-John Perse y Wallace Stevens. 

La sesión estará coordinada por Eli Tolaretxipi.

Adelanto uno de los poemas que forman parte de la colección y sobre el que, si da tiempo, hablaremos: 


TÉ EN EL PALACIO DE HOON

No porque yo, de púrpura, bajase
por el final del día a través del que llaman
el aire solitario, no por eso dejé de ser yo mismo.

¿Cuál fue el ungüento que roció mi barba?
¿Qué himnos resonaron cerca de mis oídos?
¿Qué mar en su corriente me anegó?

Los dorados ungüentos llovieron de mi mente,
mis oídos crearon los signos que escuchaban.
Yo mismo fui la brújula del mar:

yo fui el mundo en que anduve, y lo que vi
o sentí o escuché venía de mí mismo;
y me encontré a mí mismo más real, más extraño.


(Traducción: Andrés Sánchez Robayna).

​La actividad tiene un carácter abierto y gratuito; el único requisito para participar en ella es haber leído las páginas correspondientes a los autores que se tratarán en la tertulia. 

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martes, 17 de enero de 2023

CLUB DE POESÍA LA ESPIRAL

Diálogos de poesía en el Ateneo Guipuzcoano
Subir al origen. Antología comentada de poesía occidental no hispánica 1800-1941, José María Castrillón (Trea, 2018).

​
El Ateneo Guipuzcoano y Eli Tolaretxipi han organizado unas jornadas sobre poesía a partir de la lectura de la antología realizada por José María Castrillón. El contenido de las sesiones está distribuido así:

1ª sesión, 25 de enero:  
2ª sesión, 15 de marzo:

3ª sesión, 27 de abril: 

4ª sesión, 18 de mayo:
-De Paul Eluard a Anna Ajmátova.

​
El horario de las sesiones será de 18:30h a 20h.

​La actividad tiene un carácter abierto y gratuito; ahora bien, para participar en ella es indispensable la lectura previa del libro que se tratará en casa sesión.

​Lugar: Sala Concejo del Convento Santa Teresa (nueva sede del Ateneo, situado en la C/ Andere E. Zipitria, 3, San Sebastián).

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miércoles, 9 de mayo de 2018

ROBERT FROST, POESÍA COMPLETA

Editorial Linteo
El año pasado fue una excelente añada para las traducciones de la poesía norteamericana del siglo XX: la obra poética completa de Wallace Stevens, Robert Lowell, William Carlos William y Robert Frost apareció editada por distintas casas de manera casi simultánea. Y lo fue, además, por la calidad de las traducciones si hago caso a las diferentes reseñas y comentarios aparecidos en las revistas literarias.

Frost apareció por este espacio cuando aludí al libro Palabras que cambiaron el mundo. Ahora está aquí por derecho propio y no como complemento. 

Robert Frost (1874-1963) fue uno de los grandes poetas estadounidenses. Reconocido ampliamente en vida, su muerte fue una auténtica conmoción nacional. Nabokov dejó escrito en Pálido fuego: Es el autor de uno de los más grandes poemas cortos de la lengua inglesa, un poema que todos los niños norteamericanos saben de memoria.

Yo no soy Nabokov y tampoco voy a entrar en los gustos del personal. Hay quien prefiere la poesía mística, quien gusta más de la hermética o quien solamente lee poesía romántica. Frost representa la línea clara y limpia de la poesía norteamericana, utiliza el verso fácil y natural, sus poemas suelen hacer uso del pareado de cuatro o cinco pies métricos y están muy próximos al habla cotidiana. Hay quien a esa forma de hacer no le da mucho valor, pero conseguir poemas como Reparación del muro, La muerte del jornalero, El camino no elegido, Abedules, Fuego y hielo, Al pararme junto al bosque una noche de nieve o Una vez junto al Pacífico requieren un dominio de la composición y una intensidad emocional al alcance de muy pocos.

Y ahora veamos si el bueno de Nabokov coincide o no con vuestros gustos: 


AL PARARME JUNTO AL BOSQUE UNA NOCHE DE NIEVE 




Creo saber de quién es este bosque.

Su casa está en la aldea, sin embargo;

no podrá ver cómo aquí me detengo

a contemplar su bosque cubierto por la nieve.


Mi pequeño caballo debe pensar que es raro

pararse en este sitio sin granjas a la vista

entre el helado lago y este bosque

en la noche más lóbrega del año.


Sacude las campanillas del arnés

para preguntar si me habré equivocado.

El único otro sonido es el barrido

calmo del viento y de los copos suaves.


El bosque es hermoso, oscuro y denso,

pero tengo promesas que cumplir,

y mucho que andar antes de dormir,

y mucho que andar antes de dormir. 

                             Poesía completa. Linteo, 2017. Traducción, Andrés Catalán.


Y en la voz de Susan Sarandon:



Y esta divertida escena sacada de una famosa serie, que tiene como protagonista el poema de Frost: