Tal vez debería comenzar llorando, pues esa captura de pantalla del timelapse que estaba realizando con el pequeño telescopio es cuanto me queda de él. Todavía me pregunto cómo, el caso es que he perdido el vídeo.
Sin embargo, no voy a llorar porque el lugar al que acudí para grabarlo era el pueblo de mi madre. Un sitio donde pasé algunos veranos de mi infancia y un lugar donde los primos que en él me quedan me acogieron con los brazos abiertos y no tengo nada más que gratitud para ofrecer. Aunque el vídeo con todo el eclipse de principio a fin lo haya perdido, me traigo todos los besos, abrazos, cariños y atenciones, y eso vale más que cualquier timelapse.
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Subí a la ladera con la ingenua idea de recoger el perfil de la torre de la iglesia en la grabación.
Todavía no eran las 19:30 y me entretuve recogiendo imágenes de la vegetación que me rodeaba.
Luego puse en marcha el seestar, me senté en una piedra, sorbí pausadamente el apacible silencio en el que estaba sumido, miré de vez en cuando la pantalla del teléfono para ver cómo progresaba la luna sobre la superficie del sol, me volví a sentar, miré de vez en cuando con las gafas especiales, fui percibiendo la pequeña pérdida de luz ambiental (pérdida muy escasa) y la suavísima bajada de temperatura hasta que llegó el momento especial, el que todos cuantos acudimos a un lugar u otro para verlo esperábamos.
Surgieron exclamaciones de sorpresa y admiración desde diferentes puntos. Entonces cogí la cámara y empecé a disparar rápidamente, pues el eclipse total duraba algo menos de dos minutos y en ese breve tiempo quería hacer algunas fotos, así como quitar y poner el filtro al telescopio para que captara bien la corona solar.
Cuando ya decaía, me fui moviendo por la ladera en la que me encontraba para realizar alguna toma del pueblo al que estoy afectivamente unido por infancia y por familia.
Y continué dirigiendo la cámara hacia el final del eclipse.
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| Fuente: Wikipedia |


