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miércoles, 25 de diciembre de 2024

CANTO XXVI, INFIERNO, DIVINA COMEDIA

Editorial
#divinacomedia

#unlibrounpoema

En su viaje por el infierno, el purgatorio y el cielo, Dante es acompañado por Virgilio en los dos primeros y por Beatriz en el último. En el primero de esos espacios nos vamos a encontrar multitud de personajes contemporáneos del poeta (podríamos entender esto como una venganza poética) y otra multitud de personajes de la antigüedad. 

La primera vez que leí este clásico, hace ya muchos años, me sorprendió tanto como me entristeció encontrármelos allí, condenados por el florentino al sufrimiento eterno. Mi ser adolescente se rebelaba contra esa condena. Más adelante, cuando empecé a saber de la formación teológica y filosófica del poeta, también comencé a entender que la edad media y la Suma Teológica del de Aquino no podían salvarlos del sitio donde se encontraban. La época y las creencias eran las que eran. Esto ya ni me preocupa ni me ocupa el pensamiento. Pero sí hay un par de tercetos que me siguen pareciendo fundamentales. Son los que he destacado en rojita (permítaseme decirlo así).

El Canto XXVI es ese en el que aparece Ulises, quien interrogado por Virgilio nos ofrece su explicación y nos recuerda qué es lo que verdaderamente nos empuja a iniciar una nueva empresa: la pasión de conocer. Lo que movió a Ulises es lo mismo que sigue moviendo a cuantas personas en la historia de la humanidad se han aventurado a descubrir nuevos senderos por donde pueda transitar el conocimiento y, acaso, con ello, mejorar un poquito las condiciones vitales de la sociedad. 

[Me he permitido cambiar un par de palabras por eso de favorecer el más fácil entendimiento de lo expresado y he enlazado los nombres propios por la misma razón].

¡Goza, Florencia, ya que eres tan grande,
que por mar y por tierra bate alas,
y en el infierno se expande tu nombre! 

Cinco nobles hallé entre los ladrones
de tus vecinos, de donde me vino
vergüenza, y para ti no mucha honra. 

Mas si el soñar al alba es verdadero, 
conocerás, de aquí a no mucho tiempo,
lo que Prato, no ya otras, te aborrece. 

No fuera prematuro, si ya fuese:
¡Ojalá fuera ya, lo que ser debe!
que más me pesará, cuanto envejezco. 

Nos marchamos de allí, y por los peldaños
que en la bajada nos sirvieron antes,
subió mi guía y tiraba de mí. 

Y siguiendo el camino solitario,
por los picos y rocas del escollo,
sin las manos, el pie no se valía. 

Entonces me dolió, y me duele ahora,
cuando, el recuerdo a lo que vi dirijo,
y el ingenio refreno más que nunca, 

porque sin guía de virtud no corra;
tal que, si buena estrella, o mejor cosa,
me ha dado el bien, yo mismo no lo enturbie. 

Cuantas el campesino que descansa
en la colina, cuando aquel que alumbra
el mundo, oculto menos tiene el rostro,

cuando a las moscas siguen los mosquitos,
luciérnagas contempla allá en el valle,
en el lugar tal vez que ara y vendimia;

toda resplandecía en llamaradas
la bolsa octava, tal como advirtiera
desde el sitio en que el fondo se veía. 

Y como aquel que se vengó con osos, 
vio de Elías el carro al remontarse,
y erguidos los caballos a los cielos,

que con los ojos seguir no podía,
ni alguna cosa ver salvo la llama,
como una nubecilla que subiese; 

tal se mueven aquéllas por la boca
del foso, mas ninguna enseña el hurto,
y encierra un pecador cada centella. 

Yo estaba tan absorto sobre el puente,
que si una roca no hubiese agarrado,
sin empujarme hubiérame caído. 

Y viéndome mi guía tan atento
dijo: "Dentro del fuego están las almas,
todas se ocultan en donde se queman."

"Maestro —le repuse—, al escucharte
estoy más cierto, pero ya he notado
que así fuese, y decírtelo quería: 

¿quién viene en aquel fuego dividido,
que parece surgido de la pira
donde Eteocles fue puesto con su hermano?"

Me respondió: "Allí dentro se tortura
a Ulises y a Diomedes, y así juntos 
en la venganza van como en la ira;

y dentro de su llama se lamenta
del caballo el ardid, que abrió la puerta
que fue gentil semilla a los romanos.

Se llora la traición por la que, muerta,
aún Daidamia se duele por Aquiles,
y por el Paladión se halla el castigo".

"Si pueden dentro de aquellas antorchas
hablar —le dije— pídote, maestro,
y te suplico, y valga mil mi súplica, 

que no me impidas que aguardar yo pueda
a que la llama cornuda aquí llegue;
mira cómo a ellos lleva mi deseo". 

Y él me repuso: "Es digno lo que pides
de mucha loa, y yo te lo concedo;
pero procura reprimir tu lengua.

Déjame hablar a mí, pues que comprendo
lo que quieres; ya que serán esquivos
por ser griegos, tal vez, a tus palabras".

Cuando la llama hubo llegado a donde
lugar y tiempo pareció a mi guía,
yo le escuché decir de esta manera: 

"¡Oh vosotros que sois dos en un fuego,
si os merecí, mientras que estaba vivo,
si os merecí, bien fuera poco o mucho, 

cuando altos versos escribí en el mundo,
no os alejéis; mas que alguno me diga
dónde, por él perdido, halló la muerte".

El mayor cuerno de la antigua llama
empezó a retorcerse murmurando,
tal como aquella que el viento fatiga; 

luego la punta aquí y acá moviendo,
cual si fuese una lengua la que hablara,
fuera sacó la voz, y dijo: "Cuando 

me separé de Circe, que me sustrajo
más de un año allí junto a Gaeta,
antes de que así Eneas la llamase,

ni la filial dulzura, ni el cariño
del viejo padre, ni el amor debido,
que debiera alegrar a Penélope,

vencer pudieron el ardor interno
que tuve yo de conocer el mundo,
y el vicio y la virtud de los humanos
; 

mas me arrojé al profundo mar abierto, 
con un leño tan sólo, y la pequeña
tripulación que nunca me dejaba. 

Un litoral y el otro vi hasta España,
y Marruecos, y la isla de los sardos,
y las otras que aquel mar baña en torno.

Viejos y tardos ya nos encontrábamos,
al arribar a aquella boca estrecha
donde Hércules plantara sus columnas, 

para que el hombre más allá no fuera:
a mano diestra ya dejé Sevilla,
y la otra mano se quedaba Ceuta".

"Oh hermanos —dije—, que tras de cien mil
peligros a occidente habéis llegado,
ahora que ya es tan breve la vigilia 

de los pocos sentidos que aún nos quedan,
negaros no queráis a la experiencia,
siguiendo al sol, del mundo inhabitado. 

Considerad cuál es vuestra progenie:
hechos no estáis a vivir como brutos,
sino para conseguir virtud y ciencia
". 

A mis hombres les hice tan ansiosos
del camino con esta breve arenga,
que no hubiera podido detenerlos; 

y vuelta nuestra proa a la mañana,
alas locas hicimos de los remos,
inclinándose siempre hacia la izquierda. 

Del otro polo todas las estrellas
vio ya la noche, y el nuestro tan bajo
que del suelo marino no surgía. 

Cinco veces ardiendo y apagada
era la luz debajo de la luna,
desde que al alto paso penetramos, 

cuando vimos una montaña, oscura
por la distancia, y pareció tan alta
cual nunca hubiera visto monte alguno.

Nos alegramos, mas se volvió llanto:
pues de la nueva tierra un torbellino
nació, y le golpeó la proa al leño. 

Le hizo girar tres veces en las aguas;
a la cuarta la popa alzó a lo alto,
bajó la proa —como Aquél lo quiso— 
hasta que el mar cerró sobre nosotros.


***

lunes, 24 de julio de 2023

EL PODER DE LA LECTURA

Editorial
#divinacomedia

Existen muchas declaraciones de amor hacia la lectura, incluso libros completos dedicados a ensalzar las cualidades de la misma, pero posiblemente ningún pasaje, ninguna escena que yo haya leído atribuye tanta capacidad de sugestión al texto como la que Dante nos relata al final del Canto V del Infierno.

Pongo el contexto para quien no sepa de qué va la magna obra del italiano: La Divina comedia cuenta el recorrido que realiza el autor por el infierno, el purgatorio y el cielo. En los dos primeros espacios es guiado por Virgilio; en el último, por Beatriz, amor platónico del poeta y alma pura donde las haya. El infierno tiene nueve círculos, nueve sótanos —estamos por debajo de la superficie de la tierra—, cada uno de ellos dedicados a hospedar a quienes se han dejado arrastrar por alguna maligna debilidad, pasión o pecado según la escuela teológica o psicológica en la que nos situemos. En el segundo círculo, piso -2, se encuentran las víctimas de la lujuria.

Allí Dante encuentra una pareja conocida y quiere saber el motivo por el que ha sido castigada a tan lúgubre sitio. Ella, Francesca, le responde (utilizo la traducción de Luis Martínez Merlo):

..."Ningún dolor más grande
que el de acordarse del tiempo dichoso
en la desgracia; y tu guía lo sabe (se refiere a Virgilio).

Mas si saber la primera raíz 
de nuestro amor deseas de tal modo,
hablaré como aquel que llora y habla:

Leíamos un día por deleite,
cómo hería el amor a Lanzarote; (el caballero que se enamora de Ginebra)
solos los dos y sin recelo alguno.

Muchas veces los ojos suspendieron
la lectura, y el rostro emblanquecía,
pero tan sólo nos venció un pasaje.

Al leer que la risa deseada 
era besada por tan gran amante,
éste, que de mí nunca ha de apartarse,

la boca me besó, todo él temblando.
Galeotto fue el libro y quien lo hizo;
no seguimos leyendo ya ese día".

(La negrita es mía)

Contexto que falta: Francesca está casada con Gianciotto, quien tiene un hermano pequeño, Paolo. Paolo y Francesca, por tanto, son cuñados. Estos tres, atención, son personajes reales, coetáneos del autor, como otros muchos que aparecen en la Comedia condenadas a las zahúrdas de Plutón.

Una tarde Francesca y Paolo están leyendo una de esas novelas tan populares en aquella época sobre los amores de la reina Ginebra y del caballero Lancelot. En ella se cuenta que Galeotto ha sido el intermediario, el que ha puesto en contacto a reina y caballero; de ahí el penúltimo verso: en la historia que leen los amantes Galeotto cumplió la función que el libro que están leyendo cumple en la vida de los amantes Francesca y Paolo. 

Magnífica la máxima que guarda el primer terceto. Sublime el último verso: la lectura había despertado tal pasión que ya no hubo otro quehacer ese día sino amarse. ¡Luego habrá quien se atreva a decir que la lectura no sirve para nada!

***


miércoles, 18 de agosto de 2021

EL POETA QUE QUERÍA EXPLICAR EL MUNDO DESDE SU FE

Editorial
 #divinacomedia
Ejemplar del KM


En cierta ocasión José María Micó se refirió a la Comedia como el libro más extraordinario de la cultura europea. No dijo el mejor, ni el más culto, ni el más bonito, ni el mejor escrito, sino el más extraordinario. Puedo compartir esa opinión haciéndola extensible al propio autor como tal, aunque autores fuera de lo común hay ciertamente muchos en el viejo continente. Pero, en fin, como no he leído nada más que a unos cuantos, no puedo realizar afirmaciones absolutas. Sí puedo decir, en cambio, que verdaderamente extraordinario me parece el gigantesco empeño, la osadía intelectual de querer dar razón de todo cuanto existe a través de una obra poética. 

Dante no era el primer poeta en percibir la poesía como una herramienta de conocimiento. Es más, estoy convencido de que toda persona que se dedique a la tarea de escribir poesía sabe que, de una u otra manera, está ofreciendo una explicación... de alguna parte de la realidad. Otra cosa era la discusión que tuvo como protagonistas a Aleixandre y Bousoño por un lado y a la generación del 50 por otro, sobre cuál era o debía ser el elemento predominante en el género, si la comunicación o si el conocimiento. Pero no me refiero a eso. Dante, tampoco. 

Se ha dicho y escrito muchas veces que su obra magna, la Comedia, es el mayor compendio de los saberes de la época. Aunque convendría recordar que la época se ceñía a mucha teología y poco más. Ciertamente, Dante era un lector atento de Tomás de Aquino, pero ni tan siquiera pudo leer a Ockham, porque para cuando este empezó a publicar sus obras importantes, el poeta ya había fallecido. En cualquier caso, más interesante que la concepción del mundo —muy pegada al dogma cristiano— que aparece en la Comedia, me parece la que se deriva del resto de su obra poética. Por lo menos, es más humana.

Las Rimas, Libro de la canciones o Cancionero —que de las tres maneras aparecen, según se quiera enfatizar o no su coherencia como poemario—, leídas con cierto detenimiento, nos ofrecen el pensamiento del autor, sus miedos y su percepción un tanto pesimista de la época en la que vivió; pero, por encima de todo, nos están sugiriendo esa concepción del mundo en la que se persigue la unificación de la Verdad, la Bondad y la Belleza por medio del Amor. Esa concepción, más platónica que aristotélica, le conduce a una idea de la organización social, comunitaria, regida por los dictados de la amistad, ahora sí, de raíz aristotélica (Ética a Nicómaco).

Ese era el deseo. La realidad era otra: enfrentamientos entre güelfos y gibelinos, exilio, falta de fe, abierta misoginia en el ambiente y una percepción de la belleza física como origen de todos los males del amor:

Ved cómo ya concluyo mi argumento:
no debe creer aquella 
que la hermosura un bien
considera, por estos ser amada;
mas si belleza un mal
entendemos, entonces sí se puede,
llamando amor de fiera el apetito.
¡Perezca esa mujer
que su belleza aparta
de natural bondad por tal creencia,
o cree el amor ajeno a la razón.

[Canción 14, versos 135-147. Traducción Raffaele Pinto].

***
A mí el más extraordinario creador de la lengua italiana no acaba de gustarme, pero si tengo que elegir entre ese canto inconmensurable lleno de fe (y de ajustes de cuentas con sus contemporáneos) y de Beatriz/Virgen María toda espíritu y bondad, y los poemas que nos ofrecen a un hombre abatido y pesimista en los que se intenta argumentar por qué el mundo está como está, prefiero a este último. Me parece más humano, aunque no menos orgulloso.

El traductor, como podréis escuchar, opina de otra manera:

domingo, 3 de agosto de 2014

PARA LEER LA DIVINA COMEDIA


La verdad es que entrar en el juego de sentimientos e ideas que nos ofrece Dante resulta arduo y complejo. Estoy convencido de que La Divina Comedia es el clásico que peor ha envejecido de cuantos clásicos dispone el mundo occidental. No sé de ningún lector no experto que la haya cogido por gusto y haya seguido leyendo por gusto hasta el final. Y si no tiene lectores actuales, tal vez habría que pensar que ya no es un clásico, pues entiendo por clásico el libro escrito fuera de la época del lector que es capaz de producir placer cuando lo leemos.

Lo malo es que los estudiosos, los exégetas, los críticos no facilitan mucho la labor. Quiero decir que éstos en su trabajo de acercar la obra al lector —ocurre cuando quien explica lo sabe hacer— suelen caer en disquisiciones académicas, opiniones personales, demostraciones de dominio de la materia y otros lujos verbales que nada o muy poco tienen que ver con la obra y que más que incitar las ganas de lectura, la eliminan.

Caso paradigmático es el de Bloom, a quien se puede leer por la curiosidad de saber qué aspecto de su ego va a florecer a través de su comentario —desde ese punto de vista resulta divertido—, pero que en absoluto va a ayudarnos con la tarea de sumergirnos en la obra de Dante. Un ejemplo típico de su forma de exponer:

Dante, el más singular e indomable de todos los temperamentos supremamente refinados, se convirtió en un personaje universal no absorbiendo la tradición, sino sometiéndola hasta que encajó en su propia naturaleza. Por una ironía que trasciende cualquier cosa parecida, la fuerza de usurpación de Dante ha dado como resultado que, en un sentido o en otro, siempre se le malinterprete. Si la Comedia es una profecía, entonces sus estudiosos sienten la tentación de leerla mediante la iluminación de la tradición agustiniana (El canon occidental, pp 94-95).

Por fortuna hay una persona que aunque ha escrito muy poco sobre la obra, es capaz de entrar en ella e iluminarnos con sus palabras. Que guste o no guste la obra es otra cosa, pero no dice lo primero que se le ocurre, ni habla de las dificultades de la lectura, ni nos comenta que es la única persona capaz de interpretar correctamente a Dante. Estoy hablando de Borges y de sus dos brevísimos estudios sobre la obra en cuestión recogidos en Siete noches y Nueve ensayos dantescos. Si no los encontráis en una librería o en una biblioteca, los tenéis disponibles en internet aquí y aquí.


Otras entradas sobre el mismo tema.

sábado, 5 de julio de 2014

DIVINA COMEDIA


Como corresponde a un clásico, la Divina comedia dispone de numerosas traducciones en todo tipo de formatos, la mayor parte de ellos de bolsillo y edición barata, pero de tarde en tarde hay alguna editorial que propone una edición de lujo como la ilustrada por Miquel Barceló, último artista de la ilustre estirpe iniciada por Boticelli. Elegir la propia está en función de los gustos de cada cual. 
También están, cómo no, las bibliotecas. En cualquiera de ellas podéis encontrar más de una edición entre las que poder elegir. 

Además del libro clásico, es decir, en papel, tenéis el libro electrónico y muchos lugares en internet desde donde descargar el pdf. También en internet está ese espacio maravilloso, El Libro Total, que ya dejé enlazado en una entrada anterior sobre este clásico, donde están alojadas las traducciones de Bartolomé Mitre, Enrique Villena, J. E. Sanguinetti, Juan De la Pezuela y L. Martínez Merlo. Todo un lujo a disposición de cualquiera, con una presentación muy cuidada, posibilidad de consultarlas alternativamente, ilustraciones superpuestas, notas y hasta 121 composiciones musicales, todas ellas relacionadas con la Divina comedia. 

Si con todas estas tentaciones al alcance de un clic todavía os resistís a leerla, también tenéis una adaptación-resumen leída para vosotros, de tal forma que en una hora y media de pereza alguien os la habrá contado en voz alta —solamente tenéis que regular el volumen que os parezca más adecuado—:




PS para contertulios: Como es de suponer, no voy a realizar ninguna selección pues la obra necesita ser leída en su totalidad para poder hablar sobre ella. Feliz verano y feliz lectura.

miércoles, 29 de mayo de 2013

DIVINA COMEDIA


Para el lector actual la Divina comedia tiene dos dificultades importantes: es —entre otras muchas cosas— una especie de enciclopedia medieval y nos expone un tema que difícilmente puede interesarnos, como es el recorrido a través del infierno, del purgatorio y del cielo (mayúsculas y minúsculas establecen ya una diferencia de criterio).


La verdad es que sería muy difícil encontrar hoy una persona interesada en las cuestiones teológicas que se exponen en este clásico, cuando hasta la propia Iglesia Católica ha suprimido de sus creencias la existencia del Infierno. Y tan difícil como eso es encontrar otra persona que sienta curiosidad por el catálogo de reflexiones medievales sobre el bien y el mal o los personajes que sufren su residencia en el Infierno. Hablo de lectores normales, no de especialistas.

En este sentido, es decir, desde el punto de vista del significado, la obra de Alighieri es uno de los clásicos que más han sufrido el paso del tiempo o, dicho de otra forma, es una de las obras que más se alejan de los gustos, costumbres y creencias de la sociedad actual; lo que hace muy difícil que alguien se acerque a ella por propia iniciativa.

A pesar de todo, sigue siendo un clásico, lo que quiere decir que guarda en su interior —si somos capaces de superar los primeros momentos de desánimo— muchos elementos con los que disfrutar y aprender: lenguaje, ritmo, simbología, conocimiento del mundo medieval, punto de vista sobre lo que significa ser humano, deslumbrantes comparaciones, la expresión de emociones nunca antes puestas por escrito...

Hoy, afortunadamente, existen muchas y buenas ediciones, casi todas ellas con estudios introductorios y un corpus de notas que nos ayudan a caminar por entre los tercetos encadenados del poeta florentino. No es que sean del todo necesarios, pero a mí me gustan porque cuando los trabajos introductorios están bien hechos, no sólo sirven de apoyo, sino también de elemento motivador a la lectura.

En cualquier caso, recordad siempre que el primer derecho del lector es el dejar la lectura, pues si un libro se nos atraganta, no hay que andar sufriendo por ello. Si la primera lectura no es placer, de nada sirve el obligarnos.

Y como nunca se sabe cuál será el elemento que desencadene el interés por un libro, aquí os dejo, por si acaso, este vídeo que he encontrado en YouTube, realizado con los dibujos que Doré preparó en su momento para el Infierno.


PS: Si no habéis visitado la página que está enlazada con el título, no os la perdáis. Volved a la primera línea y haced clic.