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| Esta es mía. Atlas Farnesio. Museo Nacional de Nápoles. |
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| Fuente: Wikipedia. |
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| Fuente: Wikipedia |
"El espacio puede tener un horizonte y el tiempo un final, pero la aventura del aprendizaje es interminable". Timothy Ferris. La aventura del Universo.
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| Esta es mía. Atlas Farnesio. Museo Nacional de Nápoles. |
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| Fuente: Wikipedia. |
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| Fuente: Wikipedia |
Plinio el Viejo en su Historia Natural (XXXV, 15) escribía lo siguiente: La cuestión de los orígenes de la pintura es oscura, y no está en los propósitos de este libro. Aseguran los egipcios, que este arte fue inventado hace seis mil años, antes de trasladarse a Grecia, es obviamente un argumento inútil. Entre los griegos, algunos dicen que fue descubierta en Sicyon, en Corinto dicen otros, todos de acuerdo en que sus comienzos fueron en una estrecha línea de la sombra de un hombre, y que así fue su principio. Para los segundos casos, usamos un solo color, monocromo se le dijo a este trabajo, después se han descubierto procesos más complicados; hoy en día la pintura monocroma todavía está en uso. Unos cuantos siglos más tarde el célebre historiador del arte V. I. Stoichita dedicaba un magnífico libro a contarnos la poco Breve historia de la sombra.
La sombra, como elemento creativo y de distracción, ha tenido un largo recorrido. El teatro de sombras o sombras chinescas —así llamado porque fue Marco Polo quien lo trajo a Europa y se creyó que era un invento chino— tiene ya muchos siglos de antigüedad. Después, allá por el siglo XVI, en la zona suizo-alemana, surgió la costumbre de realizar siluetas a tijeras y dos siglos después era ya una costumbre muy extendida tanto en Francia como en Inglaterra. Pasa el tiempo, y aunque la costumbre afloja, una mujer, Lotte Reiniger (1899-1981), une la pasión por el recorte con la pasión por la imagen en movimiento.
Una charla sobre el cine de animación, la admiración del trabajo realizado por Méliès, su fuerte impulso creativo y su experiencia como rotulista y decoradora en películas de Wegener, dieron como resultado su primera película propia realizada con siluetas, Das Ornament des verliebten Herzens (El ornamento del corazón enamorado, 1919). Más tarde, en 1926, llegaría el éxito con Die Abenteuer des Prinzen Achmed (Las aventuras del príncipe Achmed), una maravilla de la época montada gracias a las hábiles manos con las tijeras de la artista, que tuvo que realizar miles de siluetas para conseguir realizar lo que podemos ver.
He optado por una copia no excesivamente buena, pero que tiene la ayuda de algunos pocos subtítulos en español, lo que puede facilitar la comprensión de algunos detalles. En cualquier caso, si queréis disfrutar de copias remasterizadas en 4K, en YouTube encontraréis un par, por lo menos.
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Y para celebrar esta segunda proeza, pero de un rango menor que la primera, cogí mi plinio y me puse a releer algunos pasajes y a contemplar las fantásticas ilustraciones que lo ambientan. Como un niño con un juguete nuevo. Es la ventaja que tenemos los adultos, cualquier librillo al que no hayamos prestado atención durante un tiempo, nos vuelve a encantar con sus reclamos.
Plinio el Viejo, por si no os acordáis, fue aquel romano enamorado del conocimiento, que sentía curiosidad por todo. Tanta era su sed de saber y su entrega a los demás que el 24 de agosto de 79, cuando la erupción del Vesubio, dirigió la flota que estaba a su cargo a las playas de Nápoles para socorrer a sus compatriotas y ¡poder observar la erupción de cerca! Allí murió. De todo cuanto escribió solo nos ha llegado la Historia Natural. Una especie de recopilación de los conocimientos de la época: botánica, zoología, mineralogía, medicina, geografía, cosmología, metalurgia...
El comienzo de su libro dedicado al cielo, que es lo que recoge esta edición de Siruela, no puede ser más bello, ingenuo y emotivo:
El mundo y todo aquello que con otra denominación se convino en llamar cielo, en cuyo seno transcurren todas las cosas, hay que creer que es igual a la divinidad, eterno, inconmensurable y que no ha sido engendrado ni jamás va a perecer. Indagar más allá de él no tiene interés para el hombre ni cabe en las conjeturas de la mente humana. Es sagrado, eterno, inconmensurable, un todo en el todo o, mejor dicho, él mismo el todo: infinito y similar a lo finito, concreto en todas sus partes y similar a lo inconcreto, compuesto esencialmente por la totalidad de elementos intrínsecos y extrínsecos; no solo es la propia obra de la naturaleza física, sino también la misma naturaleza física. Es un desvarío que algunos hayan tenido el propósito de medirlo y que se hayan atrevido a publicarlo, como, a su vez, que otros, aprovechando esta ocasión, o dando pie a ello, hayan referido que hay innumerables mundos (de modo que sería preciso creer en otras tantas naturalezas físicas o, incluso si una sola englobara al resto, en otros tantos soles y otras tantas lunas, amén de los demás astros aun en un solo mundo inmensos e incontables) como si dichos interrogantes, a la postre, no hubieran de plantearse siempre al pensamiento en su ansia de un punto final, o bien, en el caso de que esta infinitud pudiera ser atribuida a la naturaleza por ser artífice de la totalidad de las cosas, como si no fuera más sencillo que todo ello se entienda como unidad, máxime cuando la empresa es de tal envergadura.
Y si lo leéis, encontraréis muchas más sorpresas maravillosas, además de averiguar, si no lo sabéis, el porqué y el cómo de eso que conocemos como música de la estrellas, o armonía universal.
Y ahora tres imágenes:
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| Juan Baptista Lavanhal-Luis Teixeira. Theatrum orbis Terrarum. |
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| Bartolomé Anglico. Livre de la propieté des choses. |
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| Suwar al-Kavahib al Thabita. ¿Reconocéis la constelación, visible en esta época? |
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No es mi intención analizarlo, entre otras cosas porque Victor I. Stoichita lo hizo estupendamente en aquel magnífico Breve historia de la sombra, hoy agotado, y que encarecidamente recomiendo su lectura. ![]() |
| La invención de la pintura. Daege. Fuente: Wikipedia. |