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jueves, 11 de junio de 2026

EL ARTE DE REPRESENTAR EL CIELO, 5

Esta es mía. Atlas Farnesio. Museo Nacional de Nápoles.

#elartederepresentarelcielo


CIVILIZACIÓN GRECO-ROMANA

La filosofía natural griega es la primera manifestación del pensamiento científico de forma sistemática. La búsqueda de explicaciones racionales a los sucesos naturales marca la diferencia con respecto a las civilizaciones y culturas anteriores. Supone el tránsito, como se ha escrito tantas veces, del mythos al logos.  

Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes, Pitágoras, Filolao, Anaxágoras, Platón, Eudoxo, Aristóteles, Aristarco de Samos, Eratóstenes de Cirene, Hiparco de Nicea y Ptolomeo marcan cada uno de ellos un paso en el desciframiento de lo que vemos tanto en la Tierra como más allá de ella. Los romanos, tan pragmáticos ellos, dieron por bueno el magisterio griego, pero se ocuparon mucho más de la ingeniería que de la astronomía.

Aunque todos esos maestros pensadores y otros más realizaron grandes esfuerzos por explicar el universo, carecieron de dos herramientas imprescindibles para salir de lo que la simple vista nos ofrece: el microscopio y el telescopio. Mientras tanto, la inmensa mayoría de la población continuó pensando que los dioses eran los habitantes de los cielos y viendo en ellos historias y figuras que llegaron a componer una extraordinaria saga con la que explicar cuanto observaban. 

Las representaciones en escultura, pintura, mosaicos o en vasijas que nos han llegado no representan propiamente el cielo, sino los dioses que los habitaban o las escenas relativas a una u otra constelación. Sirva de ejemplo este fragmento de un fresco que representa a Urania, musa de la astronomía, procedente de la Casa de Julia Felix en Pompeya, 62-79 a. n e. Museo Saint-Raymond de Toulouse.

Fuente: Wikipedia.

Plinio el Viejo, un romano tan sediento de saber, escribía de forma ingenua en su Historia natural: El mundo y todo aquello que con otra denominación se convino en llamar cielo, en cuyo seno transcurren todas las cosas, hay que creer que es igual a la divinidad, eterno, inconmensurable y que no ha sido engendrado ni jamás va a perecer. Indagar más allá de él no tiene interés para el hombre ni cabe en las conjeturas de la mente humana. Es sagrado, eterno, inconmensurable, un todo en el todo o, mejor dicho, él mismo el todo: infinito y similar a lo finito, concreto en todas sus partes y similar a lo inconcreto, compuesto esencialmente por la totalidad de elementos intrínsecos y extrínsecos; no solo es la propia obra de la naturaleza física, sino también la misma naturaleza física. Es un desvarío que algunos hayan tenido el propósito de medirlo y que se hayan atrevido a publicarlo, como, a su vez, que otros, aprovechando esta ocasión, o dando pie a ello, hayan referido que hay innumerables mundos (de modo que sería preciso creer en otras tantas naturalezas físicas o, incluso si una sola englobara al resto, en otros tantos soles y otras tantas lunas, amén de los demás astros aun en un solo mundo inmensos e incontables) como si dichos interrogantes, a la postre, no hubieran de plantearse siempre al pensamiento en su ansia de un punto final, o bien, en el caso de que esta infinitud pudiera ser atribuida a la naturaleza por ser artífice de la totalidad de las cosas, como si no fuera más sencillo que todo ello se entienda como unidad, máxime cuando la empresa es de tal envergadura.

Hablando en propiedad, la mejor representación del cielo nocturno es la que aparece en la copia romana del Atlas de Farnesio que tenéis arriba, donde están recogidas de manera figurativa las constelaciones que se ven desde el hemisferio norte.

Próximo entrega: el medievo cristiano.

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Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

martes, 4 de junio de 2024

LAS AVENTURAS DEL PRÍNCIPE ACHMED, Lotte Reiniger


Plinio el Viejo en su Historia Natural (XXXV, 15) escribía lo siguiente: La cuestión de los orígenes de la pintura es oscura, y no está en los propósitos de este libro. Aseguran los egipcios, que este arte fue inventado hace seis mil años, antes de trasladarse a Grecia, es obviamente un argumento inútil. Entre los griegos, algunos dicen que fue descubierta en Sicyon, en Corinto dicen otros, todos de acuerdo en que sus comienzos fueron en una estrecha línea de la sombra de un hombre, y que así fue su principio. Para los segundos casos, usamos un solo color, monocromo se le dijo a este trabajo, después se han descubierto procesos más complicados; hoy en día la pintura monocroma todavía está en uso. Unos cuantos siglos más tarde el célebre historiador del arte V. I. Stoichita dedicaba un magnífico libro a contarnos la poco Breve historia de la sombra. 

La sombra, como elemento creativo y de distracción, ha tenido un largo recorrido. El teatro de sombras o sombras chinescas —así llamado porque fue Marco Polo quien lo trajo a Europa y se creyó que era un invento chino— tiene ya muchos siglos de antigüedad. Después, allá por el siglo XVI, en la zona suizo-alemana, surgió la costumbre de realizar siluetas a tijeras y dos siglos después era ya una costumbre muy extendida tanto en Francia como en Inglaterra. Pasa el tiempo, y aunque la costumbre afloja, una mujer, Lotte Reiniger (1899-1981), une la pasión por el recorte con la pasión por la imagen en movimiento.

Una charla sobre el cine de animación, la admiración del trabajo realizado por Méliès, su fuerte impulso creativo y su experiencia como rotulista y decoradora en películas de Wegener, dieron como resultado su primera película propia realizada con siluetas, Das Ornament des verliebten Herzens (El ornamento del corazón enamorado, 1919). Más tarde, en 1926, llegaría el éxito con Die Abenteuer des Prinzen Achmed (Las aventuras del príncipe Achmed), una maravilla de la época montada gracias a las hábiles manos con las tijeras de la artista, que tuvo que realizar miles de siluetas para conseguir realizar lo que podemos ver.

He optado por una copia no excesivamente buena, pero que tiene la ayuda de algunos pocos subtítulos en español, lo que puede facilitar la comprensión de algunos detalles. En cualquier caso, si queréis disfrutar de copias remasterizadas en 4K, en YouTube encontraréis un par, por lo menos. 

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viernes, 22 de enero de 2021

EL CIELO. PLINIO EL VIEJO

Cada cual celebra sus alegrías como más le gusta, que en esto también hay muchas maneras. 

Yo estaba ayer absolutamente desolado, pero conseguí expulsar del blog al intruso que se me había colado y me fui a celebrarlo al balcón. Saqué el telescopio y enfoqué hacia arriba. Allí estaban, casi en el cenit, la luna creciente y, un poco más arriba y a la derecha, Marte y Urano. Me costó trabajo descubrir al segundo, los 3.000.000.000 de km que nos separan de él no es una distancia precisamente pequeña, pero lo logré. Es la primera vez que consigo verlo desde el balcón de casa, es decir, envuelto en la contaminación lumínica de la ciudad. ¡Ahí es ná!

Y para celebrar esta segunda proeza, pero de un rango menor que la primera, cogí mi plinio y me puse a releer algunos pasajes y a contemplar las fantásticas ilustraciones que lo ambientan. Como un niño con un juguete nuevo. Es la ventaja que tenemos los adultos, cualquier librillo al que no hayamos prestado atención durante un tiempo, nos vuelve a encantar con sus reclamos.

Plinio el Viejo, por si no os acordáis, fue aquel romano enamorado del conocimiento, que sentía curiosidad por todo. Tanta era su sed de saber y su entrega a los demás que el 24 de agosto de 79, cuando la erupción del Vesubio, dirigió la flota que estaba a su cargo a las playas de Nápoles para socorrer a sus compatriotas y ¡poder observar la erupción de cerca! Allí murió. De todo cuanto escribió solo nos ha llegado la Historia Natural. Una especie de recopilación de los conocimientos de la época: botánica, zoología, mineralogía, medicina, geografía, cosmología, metalurgia...

El comienzo de su libro dedicado al cielo, que es lo que recoge esta edición de Siruela, no puede ser más bello, ingenuo y emotivo: 

El mundo y todo aquello que con otra denominación se convino en llamar cielo, en cuyo seno transcurren todas las cosas, hay que creer que es igual a la divinidad, eterno, inconmensurable y que no ha sido engendrado ni jamás va a perecer. Indagar más allá de él no tiene interés para el hombre ni cabe en las conjeturas de la mente humana. Es sagrado, eterno, inconmensurable, un todo en el todo o, mejor dicho, él mismo el todo: infinito y similar a lo finito, concreto en todas sus partes y similar a lo inconcreto, compuesto esencialmente por la totalidad de elementos intrínsecos y extrínsecos; no solo es la propia obra de la naturaleza física, sino también la misma naturaleza física. Es un desvarío que algunos hayan tenido el propósito de medirlo y que se hayan atrevido a publicarlo, como, a su vez, que otros, aprovechando esta ocasión, o dando pie a ello, hayan referido que hay innumerables mundos (de modo que sería preciso creer en otras tantas naturalezas físicas o, incluso si una sola englobara al resto, en otros tantos soles y otras tantas lunas, amén de los demás astros aun en un solo mundo inmensos e incontables) como si dichos interrogantes, a la postre, no hubieran de plantearse siempre al pensamiento en su ansia de un punto final, o bien, en el caso de que esta infinitud pudiera ser atribuida a la naturaleza por ser artífice de la totalidad de las cosas, como si no fuera más sencillo que todo ello se entienda como unidad, máxime cuando la empresa es de tal envergadura.

Y si lo leéis, encontraréis muchas más sorpresas maravillosas, además de averiguar, si no lo sabéis, el porqué y el cómo de eso que conocemos como música de la estrellas, o armonía universal. 

Y ahora tres imágenes:

Juan Baptista Lavanhal-Luis Teixeira. Theatrum orbis Terrarum.

 
Bartolomé Anglico. Livre de la propieté des choses.


Suwar al-Kavahib al Thabita. ¿Reconocéis la constelación, visible en esta época?

Si lo encontráis, no lo dudéis, haceos con él.

domingo, 26 de julio de 2020

LA LUNA DESDE EL BALCÓN DE CASA



En estos días en que el cometa C2020 F3 NEOWISE se ve ya con dificultad por el alejamiento y la pérdida de brillo (hay que utilizar prismáticos y saber hacia dónde buscar), el mayor atractivo del cielo nocturno es la luna creciente (hoy, quinto día) y los planetas gigantes Júpiter y Saturno.

Dejo tres de las fotos que hice ayer desde el balcón. Con ellas está la secuencia completa de sur a norte de la línea terminador (recordad que tengo un reflector y la imagen siempre está invertida con respecto a lo que vemos a simple vista) y he colocado algunos de los accidentes del relieve lunar más característicos.


Recordad que esas zonas de apariencia lisa y de color oscuro son lo que llamamos mares —los primeros astrónomos vieron en ellos una réplica de los mares terrestres y así quedaron bautizados—, constituidos principalmente por roca basáltica de una antigüedad entre 3100 y 3800 millones de años. Siguiendo con las semejanzas, encontramos también bahías (sinus), en este caso, Bahía de la Aspereza.

Además de mares y bahías, están también las rimas, que no tienen nada que ver con la poesía ni con el sonido. Son largas depresiones con aspecto de canales y que pueden llegar a tener varios kilómetros de ancho y cientos de longitud. El caso de la que aparece señalada en la fotografía de abajo, Rimae Burg, tiene 100km de largo y 3 km de ancho.


Por lo demás, los cráteres de impacto Hercules (70 x 70 km) y Plinius (43 x 43 km), no es que sean grandes cráteres, pero son una concesión a mis propios gustos y tendencias (Plinius por el gran autor latino, Plinio el Viejo, naturalista y autor de Historia Natural. Hércules por el héroe trágico de la mitología griega y porque era el favorito de la pequeña de la casa cuando tenía 7-8 años). 

También está representado el alunizaje de la nave soviética Luna 21, que no todo va a ser loa y remembranza de la serie Apolo.

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Para saber más: 

viernes, 5 de junio de 2020

EL ORIGEN DE LA PINTURA

El origen de la pintura. Jean-Baptiste Regnault. Fuente: Wikipedia.
De entre los mitos que cuentan el origen de algo hay uno que me gusta especialmente, es el que quiere explicar cómo surgió la pintura. Fue Plinio el Viejo quien recurrió a él por primera vez y nos lo cuenta así en su famosa Historia Natural:

La cuestión de los orígenes de la pintura es oscura, y no está en los propósitos de este libro. Aseguran los egipcios, que este arte fue inventado hace seis mil años, antes de trasladarse a Grecia, es obviamente un argumento inútil. Entre los griegos, algunos dicen que fue descubierta en Sicyon, en Corinto dicen otros, todos de acuerdo en que sus comienzos fueron en una estrecha línea de la sombra de un hombre, y que así fue su principio. Para los segundos casos, usamos un solo color, monocromo se le dijo a este trabajo, después se han descubierto procesos más complicados; hoy en día la pintura monocroma todavía está en uso (Historia Natural, XXXV, 15). 

No es mi intención analizarlo, entre otras cosas porque Victor I. Stoichita lo hizo estupendamente en aquel magnífico Breve historia de la sombra, hoy agotado, y que encarecidamente recomiendo su lectura. 

Del mito me atrae especialmente la idea de mantener el recuerdo, ese impulso por recoger de alguna manera la imagen del ser amado, de aliviar la ausencia con la silueta trazada sobre un muro. 

La misma idea nos la repite Plinio un poco más adelante (XXXV, 43) cuando quiere contarnos el origen de la escultura: La primera obra de este tipo la hizo en arcilla el alfarero Butades de Sición, en Corintio, sobre una idea de su hija, enamorada de un joven que iba a dejar la ciudad: la muchacha fijo con líneas los contornos del perfil de su amante sobre la pared a la luz de una vela. Su padre aplicó después arcilla sobre el dibujo , al que dotó de relieve, e hizo endurecer al fuego esta arcilla con otras piezas de alfarería.

El mito es suficientemente atractivo como para que lo hayan recogido en infinidad de ocasiones artista de todas las épocas. Una de las obras más reproducidas y, por tanto, más conocidas, es la interpretación que de él hizo Eduard W. Daege:

La invención de la pintura. Daege. Fuente: Wikipedia.
Pero la más singular de todas cuantas interpretaciones se han realizado en la historia de la pintura es la versión irónica que Vitaly Komar y Alexander Melamid realizaron en 1982. No os asustéis: