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miércoles, 21 de julio de 2010

PEGASO



Aunque esta constelación no tiene estrellas muy brillantes, es muy fácil de reconocer por el gran cuadrado que forman sus tres estrellas más luminosas, junto con la de Andrómeda.


Según la versión que aparece en la Teogonía de Hesíodo, el caballo alado nace de la sangre que cayó a tierra cuando Perseo cortó la cabeza de Medusa. Nada más nacer, Pegaso subió al cielo y se puso al servicio de Zeus. Más adelante, se convirtió en el caballo de Belerofonte, el héroe griego que acabó con la Quimera y derrotó  a las temibles Amazonas


Cuando murió Belerofonte, Pegaso regresó al Olimpo, donde Zeus le ordenó que volviera a la tierra para que golpeara al monte Helicón, que se había hinchado de satisfacción al oír el canto de las Musas, que vivían allí, y amenaza con llegar al cielo. Del lugar en el que Pegaso golpeó surgió la fuente de Hipocrene, manantial del que beben sus aguas los poetas para encontrar la inspiración. 

jueves, 25 de junio de 2026

EL ARTE DE REPRESENTAR EL CIELO, 7

Horóscopo del libro del nacimiento de Iskandar. Fuente: Wikipedia.
 

El Horóscopo de Iskandar es un famoso manuscrito astronómico y astrológico creado en 1411 para el príncipe timúrida Jalāl al-Dīn Iskandar. Esta exquisita obra de arte persa (actualmente en la Biblioteca Wellcome) representa la posición de los astros y los signos del zodíaco en el momento exacto de su nacimiento.

Es una carta natal en forma de planisferio que incluía un diagrama cósmico con planetas, ángeles y constelaciones tradicionales. Refleja el buen conocimiento astrológico y astronómico de la corte islámica en el siglo XV. 

#elartederepresentarelcielo


LA EDAD MEDIA (MUNDO MUSULMÁN)


A pesar del interés por la astronomía, de los observatorios de Damasco y Bagdad, del contacto continuo con la cultura de la India y de contar en su territorio con los manuscritos que aún se conservaban de la cultura griega, la falta de un instrumento esencial de observación del cielo, como es el telescopio, poco pudieron hacer por mejorar lo que Ptolomeo había descrito en su Almagesto.

No obstante, es necesario destacar los esfuerzos de Al-Battani (¿858?–929) y de Al-Fargani (805 – 880) por mejorar las tablas de las posiciones del Sol y la Luna, corregir algunos de los cálculos del sabio griego y por el más difícil cálculo de la distancia entre planetas y entre la Tierra y la esfera de las estrellas. El intento no estuvo nada mal.

Fuente: El desafío del Universo

Habrá que esperar al giro copernicano para dejar de ver el sistema planetario y estelar como un conjunto de esferas que giran en torno a la Tierra. 

Sin embargo, desde el punto de vista puramente artístico, lo verdaderamente destacable son las espléndidas representaciones de estrellas y constelaciones que realizó la ilustración musulmana. 

He aquí cinco bellísimos ejemplos sacados del libro El cielo. Plinio el Viejo. Por cierto, si ponéis atención en la colocación de las estrellas principales de cada constelación, veréis que están bien colocadas.

Perseo

Sagitario

Escorpio

Tauro

Pegaso

El manuscrito árabe del que proceden es Kitab Suwar al-Kawakib al-Thabita, guardado en la Biblioteca Nacional de Francia.

La importancia de la astronomía árabe medieval ha quedado reflejada en muchos de los nombres de estrellas que han llegado hasta nosotros; así, por ejemplo:

  • Aldebarán (الدبران): "el seguidor", porque parece seguir a las Pléyades en el cielo.
  • Betelgeuse (يد الجوزاء): "la mano de Orión".
  • Altair (النسر الطائر): "el águila en vuelo".
  • Vega (النسر الواقع): Deriva de "el águila (o buitre) en picado".
  • Deneb (الذنب): "la cola", marcando la cola del Cisne.
  • Rigel (رجل الجوزاء): "el pie", por el pie del gigante Orión.

Próxima entrega: Giotto y Pesello.

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

viernes, 30 de agosto de 2019

INVITACIÓN A LA NOCHE, 24

Fuente: http://misistemasolar.com

PEGASO



¿Y qué eres tú en esta historia?,

¿otro antojo más de los dioses?,

¿un símbolo de pureza aún no descubierto?,

¿una cifra en el alfabeto de Borges?

¿Qué significado oculto

nos quiere trasmitir tu nacimiento?



Tú hiciste surgir la fuente de las musas

y con ella, tal vez, tu soledad

que, como la del artista,

sólo halla en el significado su destino

y en su expresión

encuentra el silencio.



Imposible es tu camino

y, no obstante,

en él te reafirmas cada noche.

                                                   ¡Sigue volando!



jueves, 21 de mayo de 2026

EL ARTE DE REPRESENTAR EL CIELO, 2

Estela de Naram-Sin. Fuente: Wikipedia.

 #elartederepresentarelcielo


MESOPOTAMIA


Las antiguas civilizaciones en torno a los ríos Tigris y Eufrates observaron y representaron con afán el cielo. En Mesopotamia se conocían perfectamente los cinco planetas visibles a simple vista (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), y se estudiaba el movimiento de las estrellas, la Luna y el Sol. 

El calendario en Mesopotamia se dividía en meses y años, lo que respondía a una atenta observación del movimiento lunar. Conviene recordar que los cálculos en aquella época los realizaban en base a un sistema sexagesimal, no decimal.

En Mesopotamia se estableció el que tal vez sea el primer imperio de la historia: el Imperio acadio, a  finales del tercer milenio antes de nuestra era. Y como todo imperio, este ya supo que convenía aludir a los cielos (los dioses) para justificar su presencia y mantenerse en el poder. Esta piedra tallada cuenta cómo Naram-Sin venció a los lullubitas. El rey es el personaje más destacado, pero debe reconocer también a las divinidades. Está representado en la estela a mayor tamaño que el resto de las figuras que aparecen y con los cuernos que simbolizaban a los dioses, los únicos objetos situados a mayor nivel son las dos estrellas a las que se dirige.

En el antiguo reino de Babilonia se encuentra el origen del zodíaco, compuesto por las constelaciones situadas a lo largo de la eclíptica, esa zona del firmamento por donde transcurren la Luna y el Sol a lo largo del año. Los griegos tomaron gran parte del zodiaco de los babilonios, pero adaptaron algunas otras constelaciones a sus propias creencias y cosmovisión.

Fuente: Wikipedia.

Esto explica la decoración de este kudurru datado entre el 1125 y el 1100 a.n. e. Un kudurru es una estela de piedra decorada con grabados y empleada a modo de documento legal. En este caso, la decoración que presenta es puramente astronómica. Podemos reconocer la Luna (centro), Venus (izquierda) y el Sol (derecha), así como los signos zodiacales de Escorpio y Leo en el registro central.



En este otro kudurru está representado el rey Meli-Shipak I (1186-1172 a. n. e.). El rey presenta a su hija a la diosa Nannaya. La luna creciente representa al dios Sin, el sol a Shamash y la estrella a la diosa Ishtar

Entre el 911 y el 612 a.n. e. los asirios vivieron su última gran época de esplendor bajo el llamado Imperio neoasirio. Uno de los más importantes reyes de este imperio fue Asurbanipal II. Asurbanipal se encontraba especialmente interesado en la astronomía y la astrología (recordemos que en aquella época no había distinción entre una y otra y la astronomía era más astrología que otra cosa). 

Fuente: Wikipedia.


En las excavaciones realizadas en el palacio de Nínive se encontró una tablilla de arcilla con forma circular: un planisferio. Este sería empleado para realizar cálculos, pero también para estudiar el cielo. Según los expertos, en él se representa el cielo sobre Nínive el 3 o el 4 de enero del año 650 a.n. e., con lo que corresponde a las constelaciones actuales de Géminis, las Pléyades y Pegaso. Todos estos asterismos fueron posteriormente adaptados por los griegos a su visión del firmamento.



EGIPTO


En la antigua civilización egipcia también tuvo una importancia capital la observación del cielo. Conocer el movimiento de los astros se convirtió en una tarea clave para predecir las crecidas del Nilo y con ello preparar las cosechas. Pero también resultaba fundamental conocer las constelaciones y sus posiciones para la orientación de monumentos funerarios y para realizar predicciones astrológicas.


Fuente: elnocturnario.com

Los egipcios creían que la bóveda celeste nocturna era Nut, una mujer arqueada sobre el mundo, que engullía el Sol cada noche para darlo a luz cada mañana. Su amante es el dios Geb, la Tierra. Entre ellos se encuentra el padre de Nut, el dios Shu, que es el aire. Se coloca entre ellos para evitar que se toquen. Esta concepción mitológica da lugar a bellas representaciones como la que decora parte del techo de la cámara de enterramiento del faraón Ramsés IV. 

¿Y qué hacía el Sol durante el día? La divinidad asociada al Sol es Ra, que recorre el firmamento con su nave, llamada barca solar. Un pueblo tan influido por el Nilo asoció el movimiento del Sol en el cielo con el viaje en barca. Cada civilización adapta su mitología a aquellos elementos que conoce y la rodean. La creencia en la barca solar de Ra estaba tan extendida en el antiguo Egipto que se convirtió en todo un símbolo de muerte y resurrección. En la pirámide del faraón Keops se encontró una barca de esta tipología de enormes dimensiones, que debería haber transportado el alma del difunto monarca hasta la eternidad. Como puede apre iarse, la observación del cielo influye en la producción de elementos materiales.

Por cierto, Or Graur, astrofísico de la Universidad de Portsmouth, cree haber descubierto que los antiguos egipcios podrían haber representado visualmente la Vía Láctea en distintas obras de arte, una idea que va más allá de las teorías predominantes sobre cómo se representaba a la diosa del cielo egipcia, Nut.

Además del Sol, un objeto celeste que los antiguos egipcios observaban con atención era la estrella Sirio. Esta estrella era conocida como Sopdet. Su primera aparición en el firmamento al amanecer era crucial, pues anunciaba la crecida anual del Nilo, el gran punto de inflexión en el calendario agrícola.
 
Fuente: https://www.reddit.com/

Sopdet se asimiló así a una diosa, constantemente representada y fácilmente reconocible: una mujer portando una gran estrella sobre la cabeza. En otras ocasiones, la estrella puede aparecer entre los cuernos de un toro. Como deidad femenina es como se representa en el Templo de Hathor en Dendera.


Próximo jueves: el cielo precolombino.

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).


viernes, 15 de mayo de 2020

INVITACIÓN A LA NOCHE (TODOS LOS AUDIOS E ILUSTRACIONES)


Ya he terminado de grabar todos los poemas. Como no he podido realizar la grabación en un solo audio, y para que no andéis buscando por un sitio u otro, dejo aquí agrupadas las cinco secciones y el índice de lo que váis a encontrar cuando os pongáis a escuchar el contenido. 

Primera parte:

Dedicatoria, epígrafe de T. Tasso, "Cúpula primigenia" y primera sección, Donde la mirada aprende que comprende los poemas Osa Mayor, Osa Menor y Dragón. 



Segunda parte: 

Sección Invierno —Orión, Can Mayor, Can Menor, Géminis, Tauro y Auriga— y Primer escolio.


Tercera parte:

Sección Primavera —Boyero, Corona, Hércules, Cabellera de Berenice y Leo— y Segundo escolio.

 

Cuarta parte: 

Sección Verano —Águila, Ofiuco, Cisne, Lira y Escorpión— y Tercer escolio.

 

Quinta parte:

Sección Otoño —Andrómeda, Pegaso, Perseo, Cefeo y Casiopea— más Cuarto escolioEpílogo y ¿Dónde la realidad?


Y para que esté completo el contenido, los dibujos que acompañan a alguno de los poemas, realizados por Irene Rodríguez cuando tenía 14 años (la ilustración de la portada también es suya):

Página 14.

Página 22.

Página 34.

Página 44.

Página 50.

miércoles, 21 de mayo de 2025

UN LIBRO, UN POEMA (Leopoldo Lugones)

#unlibrounpoema
En librerías


Aclaración previa: Leopoldo Lugones dejó escritos una docena de poemarios, una copiosa cantidad de poemas sueltos y muchas traducciones de poesía, que van desde Homero a contemporáneos suyos. Eso es lo que recoge este libro de Obras poética completas en sus algo más de 1500 páginas. Como más adelante me ocuparé de él, aquí solamente recojo un poema de su célebre e influyente Lunario sentimental, sin duda alguna el más importante de sus libros de poesía y, como dijo Ricardo Barnatán, piedra angular del escándalo durante muchos años.

Lunario sentimental se publicó en 1909, pero el poema que aquí recojo apareció cinco años antes y en él se pueden apreciar muchas de las características que anunciaban lo que iba a venir: la disconformidad, tan típica del modernismo hispanoamericano, con la realidad ramplona y materialista y, por lo tanto, el deseo de ruptura con el pasado; el alejamiento del sentimentalismo posmodernista y cuanto este implicaba; el tono lúdico e irónico, en ocasiones sarcástico; el énfasis en la musicalidad; el punto de vista rompedor con respecto a las imágenes poéticas y mitológicas de la luna; el léxico raro; en fin, multitud de recursos que utiliza, que forman parte de los elementos modernistas unos, mientras que otros están anunciando las corrientes vanguardistas que no tardarán en aparecer.


HIMNO A LA LUNA

    Luna, quiero cantarte
¡Oh ilustre anciana de las mitologías!,
Con todas las fuerzas del arte.

    Deidad que en los antiguos días
Imprimiste en nuestro polvo tu sandalia,
No alabaré el litúrgico furor de tus orgías
Ni tu erótica didascalia,
Para que alumbres sin mayores ironías,
Al polígloto elogio de las Guías,
Noches sentimentales de mises en Italia.

    Aumenta el almizcle de los gatos de algalia:
Exaspera con letárgico veneno
A las rosas ebrias de etileno
Como cortesanas modernas;
Y que a tu influjo activo,
La sangre de las vírgenes tiernas
Corra en misterio significativo.

    Yo te hablaré con maneras corteses,
Aunque sé que sólo eres un esqueleto,
Y guardaré tu secreto
Propicio a las cabelleras y a las mieses.

    Te amo porque eres generosa y buena.
¡Cuánto, cuánto albayalde
Llevas gastado en balde
Para adornar a tu hermana morena!

    El mismo Polo recibe tu consuelo;
Y la Osa estelar desde su cielo,
Cuando huye entre glaciales moles
La luz que tu veste orla,
Gime de verse encadenada por la
Gravitación de sus siete soles.
Sobre el inquebrantable banco
Que en pliegues rígidos se deprime y se esponja,
Pasas como púdica monja
Que cuida un hospital todo de blanco.

    Eres bella y caritativa:
El lunático que por ti alimenta
Una pasión nada lasciva.
Entre sus quiméricas novias te cuenta.
¡Oh astronómica siempreviva!
Y al asomar tu frente
Tras de las chimeneas, poco a poco.
Haces reír a mi primo loco
Interminablemente.

    En las piscinas.
Los sauces, con poéticos desmayos,
Echan sus anzuelos de seda negra a tus rayos
Convertidos en relumbrantes sardinas.

    Sobre la diplomática blancura
De tu faz, interpreta
Sus sueños el poeta,
Sus cuitas la romántica criatura
Que suspira algún trágico evento;
El mago del Cabul o la Nigricia,
Su conjuro que brota en plegaria propicia:
«¡Oh tú, ombligo del firmamento!»
Mi ojo científico y atento
Su pesimismo lleno de pericia.

    Como la lenteja de un péndulo inmenso,
Regla su transcurso la dulce hora
Del amante indefenso
Que por fugaz la llora,
Implorando con flébiles querellas
Su impavidez monárquica de astro;
O bien semeja ampolla de alabastro
Que cuenta el tiempo en arena de estrellas.

    Mientras redondea su ampo
En monótono viaje.
El Sol, como un faisán crisolampo.
La empolla con ardor siempre nuevo.
¿Qué olímpico linaje
Brotará de ese luminoso huevo?

    Milagrosamente blanca.
Satina morbideces de cold cream y de histeria:
Carnes de espárrago que en linfática miseria,
La tenaza brutal de la tos arranca.

    ¡Con qué serenidad sobre los luengos
Siglos, nieva tu luz sus tibios copos.
Implacable ovillo en que la vieja Atropos
Trunca tantos ilustres abolengos!

    Ondina de las estelas.
Hada de las lentejuelas.

    Entre nubes al bromuro,
Encalla como un témpano prematuro,
Haciendo relumbrar, en fractura de estrella,
Sobre el solariego muro
Los cascos de botella.
Por el confín oscuro,
Con narcótico balanceo de cuna,
Las olas se aterciopelan de luna;
Y abren a la luz su tesoro
En una dehiscencia de valvas de oro.

    Flotan sobre lustres escurridizos
De alquitrán, prolongando oleosas listas,
Guillotinadas por el nivel entre rizos
Arabescos, cabezas de escuálidas bañistas.
Charco de mercurio es en la rada
Que con veneciano cariz alegra,
O acaso comulgada
Por el agua negra
De la esclusa del molino.
Sucumbe con trance aciago
En el trago
De algún sediento pollino.
O entra con rayo certero
Al pozo donde remeda
Una moneda
Escamoteada en un sombrero.

    Bajo su leve seda.
Duerme el paciente febrífugo sueño,
Cuando en grata penumbra,
Sobre la selva que el Otoño herrumbra
Surge su cara sin ceño;
Su azufrado rostro sin orejas
Que sugiere la faz lampiña
De un mandarín de afeitadas cejas;
O en congestiones bermejas
Como si saliera de una riña,
Sobre confusos arrabales
Finge la lóbrega linterna
De algún semáforo de Juicios Finales
Que los tremendos trenes de Sabaoth interna.

    Solemne como un globo sobre una
Multitud, llega al cénit la luna.

    Clarificando al acuarela el ambiente,
En aridez fulgorosa de talco
Transforma al feraz Continente,
Lámpara de alcanfor sobre un catafalco.

    Custodia que en Corpus sin campanas
Muestra su excelsitud al mundo sabio,
Reviviendo efemérides lejanas
Con un arcaísmo de astrolabio;
Inexpresable cero en el infinito,
Postigo de los eclipses.
Trompo que en el hilo de las elipses
Baila eternamente su baile de San Vito;
Hipnótica prisionera
Que concibe a los malignos hados
En su estéril insomnio de soltera;
Verónica de los desterrados;
Girasol que circundan con intrépidas alas
Los bólidos, cual vastos colibríes,
En conflagración de supremas bengalas;
Ofelia de los alelíes
Demacrada por improbables desprecios;
Candela de las fobias,
Suspiráculo de las novias,
Pan ázimo de los necios.

    Al resplandor turbio
De una luna con ojeras,
Los organillos del suburbio
Se carian las teclas moliendo habaneras.

    Como una dama de senos yertos
Clavada de sien a sien por la neuralgia,
Cruza sobre los desiertos
Llena de más allá y de nostalgia
Aquella luna de los muertos.
Aquella luna deslumbrante y seca:
Una luna de la Meca...

    Tu fauna dominadora de los climas.
Hace desbordar en cascadas
El gárrulo caudal de mis rimas.

    Desde sus islas moscadas,
Misántropos orangutanes
Guiñan a tu faz absorta;
Bajo sus anómalos afanes
Una frecuente humanidad aborta.
Y expresando en coreográfica demencia
Quién sabe qué liturgias serviles,
Con sautores y rombos de magros perniles
Te ofrecen, quijotes, su cortés penitencia.

    El vate que en una endecha A la Hermosura,
Sueña beldades de raso altanero,
Y adorna a su modista, en fraudes de joyero,
Con una pompa anárquica y futura,
¡Oh Blanca Dama!, es tu faldero;
Pues no hay tristura
Rimada, o metonimia en quejumbre,
Que no implore tu lumbre
Como el Opodeldoch de la Ventura.

    El hipocondríaco que moja
Su pan de amor en mundanas hieles,
Y, abstruso célibe, deshoja
Su corazón impar ante los carteles,
Donde aéreas coquetas
De piernas internacionales.
Pregonan entre cromos rivales
Lociones y bicicletas.

    El gendarme con su paso
De pendular mesura;
El transeúnte que taconea un caso
Quirúrgico, en la acera oscura,
Trabucando el nombre poco usual
De un hemostático puerperal.

    Los jamelgos endebles
Que arrastran como aparatos de Sinagoga
Carros de lúgubres muebles.
El ahorcado que templa en do, re, mi, su soga.

    El sastre a quien expulsan de la tienda
Lumbagos insomnes,
Con pesimismo de ab uno disce omnes
A tu virtud se encomienda;
Y alzando a ti sus manos gorilas,
Te bosteza con boca y axilas.

    Mientras te come un pedazo
Cierta nube que a barlovento navega,
Cándidas Bernarditas ciernen en tu cedazo
La harina flor de alguna parábola labriega.

    La rentista sola
Que vive en la esquina,
Redonda como una ola,
Al amor de los céfiros sobre el balcón se inclina;
Y del corpino harto estrecho.
Desborda sobre el antepecho
La esférica arroba de gelatina.

    Por su enorme techo,
La luna, Colombina
Cara de estearina.
Aparece no menos redonda;
Y en una represalia de serrallo,
Con la cara reída por la pata de gallo,
Como a una cebolla Pierrot la monda.

    Entre álamos que imitan con rectitud extraña,
Enjutos ujieres,
Como un ojo sin iris tras de anormal pestaña,
La luna evoca nuevos seres.

    Mayando una melopea insana
Con ayes de parto y de gresca,
Gatos a la valeriana
Deslizan por mi barbacana
El suspicaz silencio de sus patas de yesca.

    En una fonda tudesca,
Cierto doncel que llegó en un cisne manso,
Cisne o ganso,
Pero, al fin, un ave gigantesca;
A la caseosa Balduina,
La moza de la cocina,
Mientras estofaba una leguminosa vaina.
Le dejó en la jofaina
La luna de propina.

    Sobre la azul esfera,
Un murciélago sencillo,
Voltejea cual negro plumerillo
Que limpia una vidriera.

    El can lunófilo, en pauta de maitines,
Como una damisela ante su partitura,
Llora enterneciendo a los serafines
Con el primor de su infantil dentadura.

    El tiburón que anda
Veinte nudos por hora tras de los paquebotes,
Pez voraz como un lord en Irlanda,
Saborea aún los precarios jigotes
De aquel rumiante de barcarolas,
Que una noche de caviar y cerveza
Cayó lógicamente de cabeza
Al compás del vals Sobre las olas.
La luna, en el el mar pronto desierto,
Amortajó en su sábana inconsútil al muerto,
Que con pirueta coja
Hundió su excéntrico descalabro,
Como un ludión un poco macabro,
Sin dar a la hidrostática ninguna paradoja.

    En la gracia declinante de tu disco
Bajas acompañada por el lucero
Hacia no sé qué conjetural aprisco,
Cual una oveja con su cordero.

    Bajo tu rayo que osa
Hasta su tálamo de breña,
El león diseña
Con gesto merovingio su cara grandiosa.
Coros de leones
Saludan tu ecuatorial apogeo,
Coros que aun narran a los aquilones
Con quejas bárbaras la proeza de Orfeo.

    Desde el soto de abedules,
El ruiseñor en su estrofa,
Con lírico delirio filosofa
La infinitud de los cielos azules.
Todo el billón de plata
De la luna, enriquece su serenata;
Las selvas del Paraíso
Se desgajan en coronas,
Y surgen en la atmósfera de nacarado viso
Donde flota un Beethoven indeciso,
Terueles y Veronas...

    El tigre que en el ramaje atenúa
Su terciopelo negro y gualdo
Y su mirada hipócrita como una ganzúa;
El búho con sus ojos de caldo;
Los lobos de agudos rostros judiciales,
La democracia de los chacales,
Clientes son de tu luz serena,
Y no es justo olvidar a la oblicua hiena.

    Los viajeros,
Que en contrabando de balsámicas valijas
Llegan de los imperios extranjeros,
Certificando latitudes con sus sortijas
Y su tez de tabaco o de aceituna,
Qué bien cuentan en sus convincentes rodillas
Aquellas maravillas
De elefantes budistas que adoran a la luna.
Paseando su estirpe obesa
Entre brezos extraños,
Mensuran la dehesa
Con sonámbulo andar los rebaños.

    Crepitan con sonoro desasosiego
Las cigarras que tuesta el Amor en su fuego.

    Las crasas ocas,
Regocijo de la granja,
Al borde de su zanja
Gritan como colegialas locas
Que ven pasar un hombre malo...
Y su anárquico laberinto,
Anuncia al Senado extinto
El ancestral espanto galo.

Luna elegante en el nocturno balcón del Este;
Luna de azúcar en la taza de luz celeste;
Luna heráldica en campo de azur o de sinople:
Yo seré el novel paladín que acople
En tu «tabla de expectación».
Las lises y quimeras de su blasón.

    La joven que aguarda una cita, con mudo
Fervor, en que hay bizcos agüeros, te implora;
Y si no llora,
Es porque sus polvos no se le hagan engrudo.
Aunque el estricto canesú es buen escudo,
Desde que el novio no trepará la reja,
Su timidez de corza
Se complugo en poner bien pareja
La más íntima alforza.
Con sus ruedos apenas se atreve la brisa;
Ni el Ángel de la Guarda conoce su camisa,
Y su batón de ceremonia
Cae en pliegues tan dóricos, que amonesta
Con una austeridad lacedemonia.

Ella que tan zumbona y apuesta,
Con malicias que más bien son recatos,
Luce al sol popular de los días de fiesta
El charol de sus ojos y sus zapatos;
Bajo aquel ambiguo cielo
Se abisma casi extática,
En la diafanidad demasiado aromática
De su pañuelo.

    Pobre niña, víctima de la felona noche,
¡De qué le sirvió tanto pundonoroso broche!

    Mientras padece en su erótico crucifijo
Hasta las heces el amor humano,
Ahoga su ¡ay! soprano
Un gallo anacrónico del distante cortijo.

    En tanto, mi atención perseverante
Como un camino real, persigue, ¡oh luna!,
Tu teorema importante.
Y en metáfora oportuna
Eres el ebúrneo mingo,
Que busca por el cielo, mi billar del domingo,
No sé qué carambolas de esplín y de fortuna.

    Solloza el mudo de la aldea,
Y una rana burbujea
Cristalinamente en su laguna.

    Para llegar a tu gélida alcoba
En mi Pegaso de alas incompletas,
Me sirvieron de estafetas
Las brujas con sus palos de escoba.

    Á través de páramos sin ventura,
Paseas tu porosa estructura
De hueso fósil, y tus poros son mares
Que en la aridez de sus riberas.
Parecen maxilares
De calaveras.
Deleznada por siglos de intemperie, tu roca
Se desintegra en bloques de tapioca.
Bajo los fuegos ustorios
Del Sol que te martiriza,
Sofocados en desolada ceniza,
Playas de celuloide son tus territorios.

    Vigilan tu soledad
Montes cuyo vértigo es la eternidad.

    El color muere en tu absoluto albinismo,
Y a pesar de la interna carcoma
Que socava en tu seno un abismo,
Todo es en ti inmóvil como un axioma.

    El residuo alcalino
De tu aire, en que en un cometa
Entró como un fósforo en una probeta
De alcohol superfino;
Carámbanos de azogue en absurdo aplomo;
Vidrios sempiternos, llagas de bromo;
Silencio inexpugnable;
Y como paradójica dendrita,
La huella de un prehistórico selenita
En un puñado de yeso estable.

    Mas ya dejan de estregar los grillos
Sus agrios esmeriles,
Y suena en los pensiles
La cristalería de los pajarillos.

    Y la Luna que en su halo de ópalo se engarza,
Bajo una batería de telescopios,
Como una garza
Que escopetean cazadores impropios,
Cae al mar, de cabeza
Entre su plumazón de reflejos;
Pero tan lejos,
Que no cobrarán la pieza.

***