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| Fuente: Wikipedia |
"El espacio puede tener un horizonte y el tiempo un final, pero la aventura del aprendizaje es interminable". Timothy Ferris. La aventura del Universo.
lunes, 23 de marzo de 2026
LA LUNA Y LA NOCHE
domingo, 1 de marzo de 2026
LA LUNA DESDE EL BALCÓN Y EL CIELO NOCTURNO
Entre estas fotografías solamente hay algo menos de 10 horas de diferencia, pero existen dos notorias diferencias. La primera, la más evidente, es el cambio del eje N-S de la Luna. Durante las horas de la tarde vemos el polo sur balanceado hacia la derecha; cuando falta poco para que se ponga, balanceado hacia la izquierda.
La otra diferencia es menos evidente, pero si nos fijamos en el terminador, nos daremos cuenta de que en esas casi diez horas ha aumentado ligerísimamente la zona visible de nuestro satélite. El cráter Aristarchus, puede servir de referencia: en tanto que en la primera el que está a su lado, Herodotus, es prácticamente imperceptible, en la segunda lo podemos ver con claridad.
A esa hora, Júpiter se situaba ya a poca altura del horizonte, dispuesto a echar una cabezadita hasta el día siguiente.
Y ahora dos más, en Afganistán y en Irán😪😩
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| Fuente: Wikipedia |
viernes, 6 de febrero de 2026
LOS SATÉLITES GALILEANOS... desde el balcón de casa
No creía posible obtener una fotografía de Júpiter y los cuatro satélites descubiertos por Galileo y Marius en 1610 con una cámara no astronómica y, para colmo, sin ayuda de un trípode, pero ahí está el resultado (Dejo anotados momento, cámara y características técnicas de la imagen).
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| Fuente: Wikipedia |
martes, 2 de diciembre de 2025
REGALOS DEL DÍA (Diario de un epicúreo agradecido), 30
| 30 de noviembre, 16:48 |
Nada más empezar a clarear el día me asomé al balcón para ver cómo se presentaba y si había alguna nube a la que dirigir el objetivo. El cielo estaba enteramente despejado de este a oeste (al menos el trocito de cielo que yo veo desde mi balcón) y hacía frío. Más tarde, ya en la calle, a las 11:32, había alguna nubecilla medio deshilachada. Esto se veía mirando hacia el oeste y tirando mucho, pero mucho, de zum:
| 1 de diciembre, 11:32 |
A mediodía comenzó a cambiar y ya a primera hora de la tarde había más nubes que claros. Como tenía que salir a las 17:00, y a pesar de que ya se había nublado totalmente, cogí la cámara por si aparecían distintos matices de grises entre nubes altas y nubes bajas. No es que hubiera gran cosa, pero algo había:
| 17:03 |
En realidad, la mayor parte del cielo estaba cubierta por una capa de nubes muy uniforme y no demasiado gruesa que permitía entrever la luna.
| 17:04 |
Media hora escasa más tarde, por el oeste, el cielo comenzó a cambiar:
| 17:29 |
Continué mi camino, pero ahora iba con la esperanza de que empezaran a moverse las cosas en el cielo, y no lo digo por las gaviotas que aparecen en la fotografía anterior.
Y efectivamente, la puesta del sol prometía colorear un poco el ambiente y hasta hacer surgir formas antes insospechadas:
| 17:34 |
Me quedé parado a la espera de los posibles cambios. No tendría que esperar mucho porque la noche se echa encima enseguida y yo tenía que estar a las 18:00 donde había quedado.
| 17:37 |
El cambio se producía a la velocidad de la luz, nunca mejor dicho, y por todas partes:
| 17:40 |
Las nubes bajas tomaban el protagonismo y trasformaban el cielo en una orgía de rojos y violetas:
| 17:44 |
| 17:45 |
Todos esos cambios en tan solo unos breves instantes. Un espectáculo que ningún artista podrá nunca igualar. Cómo no voy a estar en la nubes.
NOTA PARA DESCREÍDOS O MALPENSANTES: Ninguna fotografía, por mucho que pueda parecer otra cosa, ha sido editada, ni retocada de ninguna manera. Aparecen tal cual las recogí con la cámara.
lunes, 11 de agosto de 2025
LUNA DESDE EL BALCÓN DE CASA
Cuando ayer por la noche llegué a casa, la luna empezaba a mandar su claridad por encima del tejado de la casa que tengo a poco más de 30m del balcón. Esperé a que asomara para recogerla con la silueta de una chimenea. No lo conseguí y a las 23:28 hice la toma que está sobre estas líneas. No es una luna llena, pero casi (algo más del 80% de la superficie). He colocado los nombres de los mares (zonas grises), que son identificables con unos prismáticos. Los que no están traducidos es porque no creo que nadie tenga ninguna dificultad para hacerlo, dado su enorme parecido con el castellano, idioma, recordémoslo una vez más, que procede del latín.
Además de los mares de mayor tamaño, y por lo tanto más fácilmente localizables, he colocado los nombres de algunos accidentes igualmente reconocibles con unos prismáticos. Predominan los cráteres situados a la derecha de la imagen, porque son los que se sitúan en el terminador, la línea que separa la zona iluminada de la zona en sombra, la que permite observar con cierto detalle desde la Tierra el relieve lunar. Como la luna se encuentra en fase decreciente, los cráteres señalados en esa zona, hoy ya no serán visibles.
Algunos detalles para que podamos hacernos una idea de la magnitud (o insignificancia) de lo que vemos:
- Tycho, 85 kilómetros de diámetro y 4,8 de profundidad. 108 millones de años de edad estimada.
- Grimaldi, algo más de 170 km de diámetro y casi 3 de profundidad. Edad estimada según el Atlas lunar, 3850 millones de años.
- Langrenus, 132 km de diámetro y 2,7 de profundidad. La edad estimada varía bastante según las fuentes, pero todo parece indicar que tiene más de 1000 millones de años.
Mare Crisium, 555 km de diámetro y 176 000 km cuadrados, es decir, colocada en un círculo las superficies de Castilla y León, Madrid y Castilla-La Mancha, cabrían dentro de él. Cualquiera de los país de América Central tiene una superficie sensiblemente menor; en cuanto a países europeos, todos los que son más pequeños que Bielorrusia, o sea, un montón.
Si hoy salís a observar las Perseidas y esperáis a la salida de Júpiter y de Venus, los podréis ver uno junto al otro (tan solo 50'' de arco los separarán, algo así como la punta del dedo meñique). Y si tenéis un telescopio de cierta solvencia, podréis observar Júpiter y sus satélites galileanos colocados así a eso de las 05:30 (meridiano de Madrid):
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| Fuente: Stellarium. |
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| Fuente: Wikipedia |
miércoles, 21 de mayo de 2025
UN LIBRO, UN POEMA (Leopoldo Lugones)
| En librerías |
HIMNO A LA LUNA
Luna, quiero cantarte
¡Oh ilustre anciana de las mitologías!,
Con todas las fuerzas del arte.
Deidad que en los antiguos días
Imprimiste en nuestro polvo tu sandalia,
No alabaré el litúrgico furor de tus orgías
Ni tu erótica didascalia,
Para que alumbres sin mayores ironías,
Al polígloto elogio de las Guías,
Noches sentimentales de mises en Italia.
Aumenta el almizcle de los gatos de algalia:
Exaspera con letárgico veneno
A las rosas ebrias de etileno
Como cortesanas modernas;
Y que a tu influjo activo,
La sangre de las vírgenes tiernas
Corra en misterio significativo.
Yo te hablaré con maneras corteses,
Aunque sé que sólo eres un esqueleto,
Y guardaré tu secreto
Propicio a las cabelleras y a las mieses.
Te amo porque eres generosa y buena.
¡Cuánto, cuánto albayalde
Llevas gastado en balde
Para adornar a tu hermana morena!
El mismo Polo recibe tu consuelo;
Y la Osa estelar desde su cielo,
Cuando huye entre glaciales moles
La luz que tu veste orla,
Gime de verse encadenada por la
Gravitación de sus siete soles.
Sobre el inquebrantable banco
Que en pliegues rígidos se deprime y se esponja,
Pasas como púdica monja
Que cuida un hospital todo de blanco.
Eres bella y caritativa:
El lunático que por ti alimenta
Una pasión nada lasciva.
Entre sus quiméricas novias te cuenta.
¡Oh astronómica siempreviva!
Y al asomar tu frente
Tras de las chimeneas, poco a poco.
Haces reír a mi primo loco
Interminablemente.
En las piscinas.
Los sauces, con poéticos desmayos,
Echan sus anzuelos de seda negra a tus rayos
Convertidos en relumbrantes sardinas.
Sobre la diplomática blancura
De tu faz, interpreta
Sus sueños el poeta,
Sus cuitas la romántica criatura
Que suspira algún trágico evento;
El mago del Cabul o la Nigricia,
Su conjuro que brota en plegaria propicia:
«¡Oh tú, ombligo del firmamento!»
Mi ojo científico y atento
Su pesimismo lleno de pericia.
Como la lenteja de un péndulo inmenso,
Regla su transcurso la dulce hora
Del amante indefenso
Que por fugaz la llora,
Implorando con flébiles querellas
Su impavidez monárquica de astro;
O bien semeja ampolla de alabastro
Que cuenta el tiempo en arena de estrellas.
Mientras redondea su ampo
En monótono viaje.
El Sol, como un faisán crisolampo.
La empolla con ardor siempre nuevo.
¿Qué olímpico linaje
Brotará de ese luminoso huevo?
Satina morbideces de cold cream y de histeria:
Carnes de espárrago que en linfática miseria,
La tenaza brutal de la tos arranca.
¡Con qué serenidad sobre los luengos
Siglos, nieva tu luz sus tibios copos.
Implacable ovillo en que la vieja Atropos
Trunca tantos ilustres abolengos!
Ondina de las estelas.
Hada de las lentejuelas.
Entre nubes al bromuro,
Encalla como un témpano prematuro,
Haciendo relumbrar, en fractura de estrella,
Sobre el solariego muro
Los cascos de botella.
Por el confín oscuro,
Con narcótico balanceo de cuna,
Las olas se aterciopelan de luna;
Y abren a la luz su tesoro
En una dehiscencia de valvas de oro.
Flotan sobre lustres escurridizos
De alquitrán, prolongando oleosas listas,
Guillotinadas por el nivel entre rizos
Arabescos, cabezas de escuálidas bañistas.
Charco de mercurio es en la rada
Que con veneciano cariz alegra,
O acaso comulgada
Por el agua negra
De la esclusa del molino.
Sucumbe con trance aciago
En el trago
De algún sediento pollino.
O entra con rayo certero
Al pozo donde remeda
Una moneda
Escamoteada en un sombrero.
Bajo su leve seda.
Duerme el paciente febrífugo sueño,
Cuando en grata penumbra,
Sobre la selva que el Otoño herrumbra
Surge su cara sin ceño;
Su azufrado rostro sin orejas
Que sugiere la faz lampiña
De un mandarín de afeitadas cejas;
O en congestiones bermejas
Como si saliera de una riña,
Sobre confusos arrabales
Finge la lóbrega linterna
De algún semáforo de Juicios Finales
Que los tremendos trenes de Sabaoth interna.
Solemne como un globo sobre una
Multitud, llega al cénit la luna.
Clarificando al acuarela el ambiente,
En aridez fulgorosa de talco
Transforma al feraz Continente,
Lámpara de alcanfor sobre un catafalco.
Custodia que en Corpus sin campanas
Muestra su excelsitud al mundo sabio,
Reviviendo efemérides lejanas
Con un arcaísmo de astrolabio;
Inexpresable cero en el infinito,
Postigo de los eclipses.
Trompo que en el hilo de las elipses
Baila eternamente su baile de San Vito;
Hipnótica prisionera
Que concibe a los malignos hados
En su estéril insomnio de soltera;
Verónica de los desterrados;
Girasol que circundan con intrépidas alas
Los bólidos, cual vastos colibríes,
En conflagración de supremas bengalas;
Ofelia de los alelíes
Demacrada por improbables desprecios;
Candela de las fobias,
Suspiráculo de las novias,
Pan ázimo de los necios.
Al resplandor turbio
De una luna con ojeras,
Los organillos del suburbio
Se carian las teclas moliendo habaneras.
Como una dama de senos yertos
Clavada de sien a sien por la neuralgia,
Cruza sobre los desiertos
Llena de más allá y de nostalgia
Aquella luna de los muertos.
Aquella luna deslumbrante y seca:
Una luna de la Meca...
Tu fauna dominadora de los climas.
Hace desbordar en cascadas
El gárrulo caudal de mis rimas.
Desde sus islas moscadas,
Misántropos orangutanes
Guiñan a tu faz absorta;
Bajo sus anómalos afanes
Una frecuente humanidad aborta.
Y expresando en coreográfica demencia
Quién sabe qué liturgias serviles,
Con sautores y rombos de magros perniles
Te ofrecen, quijotes, su cortés penitencia.
El vate que en una endecha A la Hermosura,
Sueña beldades de raso altanero,
Y adorna a su modista, en fraudes de joyero,
Con una pompa anárquica y futura,
¡Oh Blanca Dama!, es tu faldero;
Pues no hay tristura
Rimada, o metonimia en quejumbre,
Que no implore tu lumbre
Como el Opodeldoch de la Ventura.
El hipocondríaco que moja
Su pan de amor en mundanas hieles,
Y, abstruso célibe, deshoja
Su corazón impar ante los carteles,
Donde aéreas coquetas
De piernas internacionales.
Pregonan entre cromos rivales
Lociones y bicicletas.
El gendarme con su paso
De pendular mesura;
El transeúnte que taconea un caso
Quirúrgico, en la acera oscura,
Trabucando el nombre poco usual
De un hemostático puerperal.
Los jamelgos endebles
Que arrastran como aparatos de Sinagoga
Carros de lúgubres muebles.
El sastre a quien expulsan de la tienda
Lumbagos insomnes,
Con pesimismo de ab uno disce omnes
A tu virtud se encomienda;
Y alzando a ti sus manos gorilas,
Te bosteza con boca y axilas.
Mientras te come un pedazo
Cierta nube que a barlovento navega,
Cándidas Bernarditas ciernen en tu cedazo
La harina flor de alguna parábola labriega.
La rentista sola
Que vive en la esquina,
Redonda como una ola,
Al amor de los céfiros sobre el balcón se inclina;
Y del corpino harto estrecho.
Desborda sobre el antepecho
La esférica arroba de gelatina.
Por su enorme techo,
La luna, Colombina
Cara de estearina.
Aparece no menos redonda;
Y en una represalia de serrallo,
Con la cara reída por la pata de gallo,
Como a una cebolla Pierrot la monda.
Entre álamos que imitan con rectitud extraña,
Enjutos ujieres,
Como un ojo sin iris tras de anormal pestaña,
La luna evoca nuevos seres.
Mayando una melopea insana
Con ayes de parto y de gresca,
Gatos a la valeriana
Deslizan por mi barbacana
El suspicaz silencio de sus patas de yesca.
En una fonda tudesca,
Cierto doncel que llegó en un cisne manso,
Cisne o ganso,
Pero, al fin, un ave gigantesca;
A la caseosa Balduina,
La moza de la cocina,
Mientras estofaba una leguminosa vaina.
Le dejó en la jofaina
La luna de propina.
Sobre la azul esfera,
Un murciélago sencillo,
Voltejea cual negro plumerillo
Que limpia una vidriera.
El can lunófilo, en pauta de maitines,
Como una damisela ante su partitura,
Llora enterneciendo a los serafines
Con el primor de su infantil dentadura.
El tiburón que anda
Veinte nudos por hora tras de los paquebotes,
Pez voraz como un lord en Irlanda,
Saborea aún los precarios jigotes
De aquel rumiante de barcarolas,
Que una noche de caviar y cerveza
Cayó lógicamente de cabeza
Al compás del vals Sobre las olas.
La luna, en el el mar pronto desierto,
Amortajó en su sábana inconsútil al muerto,
Que con pirueta coja
Hundió su excéntrico descalabro,
Como un ludión un poco macabro,
Sin dar a la hidrostática ninguna paradoja.
En la gracia declinante de tu disco
Bajas acompañada por el lucero
Hacia no sé qué conjetural aprisco,
Cual una oveja con su cordero.
Bajo tu rayo que osa
Hasta su tálamo de breña,
El león diseña
Con gesto merovingio su cara grandiosa.
Coros de leones
Saludan tu ecuatorial apogeo,
Coros que aun narran a los aquilones
Con quejas bárbaras la proeza de Orfeo.
Desde el soto de abedules,
El ruiseñor en su estrofa,
Con lírico delirio filosofa
La infinitud de los cielos azules.
Todo el billón de plata
De la luna, enriquece su serenata;
Las selvas del Paraíso
Se desgajan en coronas,
Y surgen en la atmósfera de nacarado viso
Donde flota un Beethoven indeciso,
Terueles y Veronas...
El tigre que en el ramaje atenúa
Su terciopelo negro y gualdo
Y su mirada hipócrita como una ganzúa;
El búho con sus ojos de caldo;
Los lobos de agudos rostros judiciales,
La democracia de los chacales,
Clientes son de tu luz serena,
Y no es justo olvidar a la oblicua hiena.
Los viajeros,
Que en contrabando de balsámicas valijas
Llegan de los imperios extranjeros,
Certificando latitudes con sus sortijas
Y su tez de tabaco o de aceituna,
Qué bien cuentan en sus convincentes rodillas
Aquellas maravillas
De elefantes budistas que adoran a la luna.
Paseando su estirpe obesa
Entre brezos extraños,
Mensuran la dehesa
Con sonámbulo andar los rebaños.
Crepitan con sonoro desasosiego
Las cigarras que tuesta el Amor en su fuego.
Las crasas ocas,
Regocijo de la granja,
Al borde de su zanja
Gritan como colegialas locas
Que ven pasar un hombre malo...
Y su anárquico laberinto,
Anuncia al Senado extinto
El ancestral espanto galo.
Luna elegante en el nocturno balcón del Este;
Luna de azúcar en la taza de luz celeste;
Luna heráldica en campo de azur o de sinople:
Yo seré el novel paladín que acople
En tu «tabla de expectación».
Las lises y quimeras de su blasón.
La joven que aguarda una cita, con mudo
Fervor, en que hay bizcos agüeros, te implora;
Y si no llora,
Es porque sus polvos no se le hagan engrudo.
Aunque el estricto canesú es buen escudo,
Desde que el novio no trepará la reja,
Su timidez de corza
Se complugo en poner bien pareja
La más íntima alforza.
Con sus ruedos apenas se atreve la brisa;
Ni el Ángel de la Guarda conoce su camisa,
Y su batón de ceremonia
Cae en pliegues tan dóricos, que amonesta
Con una austeridad lacedemonia.
Ella que tan zumbona y apuesta,
Con malicias que más bien son recatos,
Luce al sol popular de los días de fiesta
El charol de sus ojos y sus zapatos;
Bajo aquel ambiguo cielo
Se abisma casi extática,
En la diafanidad demasiado aromática
De su pañuelo.
Pobre niña, víctima de la felona noche,
¡De qué le sirvió tanto pundonoroso broche!
Mientras padece en su erótico crucifijo
Hasta las heces el amor humano,
Ahoga su ¡ay! soprano
Un gallo anacrónico del distante cortijo.
En tanto, mi atención perseverante
Como un camino real, persigue, ¡oh luna!,
Tu teorema importante.
Y en metáfora oportuna
Eres el ebúrneo mingo,
Que busca por el cielo, mi billar del domingo,
No sé qué carambolas de esplín y de fortuna.
Solloza el mudo de la aldea,
Y una rana burbujea
Cristalinamente en su laguna.
Para llegar a tu gélida alcoba
En mi Pegaso de alas incompletas,
Me sirvieron de estafetas
Las brujas con sus palos de escoba.
Á través de páramos sin ventura,
Paseas tu porosa estructura
De hueso fósil, y tus poros son mares
Que en la aridez de sus riberas.
Parecen maxilares
De calaveras.
Deleznada por siglos de intemperie, tu roca
Se desintegra en bloques de tapioca.
Bajo los fuegos ustorios
Del Sol que te martiriza,
Sofocados en desolada ceniza,
Playas de celuloide son tus territorios.
Vigilan tu soledad
Montes cuyo vértigo es la eternidad.
El color muere en tu absoluto albinismo,
Y a pesar de la interna carcoma
Que socava en tu seno un abismo,
Todo es en ti inmóvil como un axioma.
El residuo alcalino
De tu aire, en que en un cometa
Entró como un fósforo en una probeta
De alcohol superfino;
Carámbanos de azogue en absurdo aplomo;
Vidrios sempiternos, llagas de bromo;
Silencio inexpugnable;
Y como paradójica dendrita,
La huella de un prehistórico selenita
En un puñado de yeso estable.
Mas ya dejan de estregar los grillos
Sus agrios esmeriles,
Y suena en los pensiles
La cristalería de los pajarillos.
Y la Luna que en su halo de ópalo se engarza,
Bajo una batería de telescopios,
Como una garza
Que escopetean cazadores impropios,
Cae al mar, de cabeza
Entre su plumazón de reflejos;
Pero tan lejos,
Que no cobrarán la pieza.
jueves, 28 de noviembre de 2024
REGALOS DEL DÍA (diario de un epicúreo agradecido), 16
jueves, 26 de octubre de 2023
LOS PLANETAS DESDE EL BALCÓN DE CASA
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| Saturno. Miércoles, 11 de octubre, 20:36. |
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| Venus ejerciendo de lucero del alba. Martes, 24 de octubre, 07:57. |
Entre estas dos fotografías realizadas desde el mismo lugar, el balcón de mi casa, hay muy pocas diferencias: el edificio que aparece, el trozo de cielo y hasta la antena de la derecha son los mismos. Es esa parte del hemisferio celeste y un poco más la única que puedo ver desde mi balcón, pero tengo la suerte de que coincide con el plano de la eclíptica por donde pasan desfilando en su camino diario la luna y los planetas.
Las dos imágenes están tomadas con la cámara del teléfono. Como están realizadas con ampliaciones distintas, podría parecer que el brillo de Venus y el de Saturno son similares. Nada de eso. De hecho, si fuera el planeta de los anillos el que estuviera a las 8 de la mañana en ese cielo de octubre, ni se vería.
Sin embargo, y a pesar de todo el ruido que tiene la primera a causa de la ampliación con que está tomada, ofrece una sorpresa digna de ser apreciada en todo su valor, y es que la estrella que puede verse a la derecha de 🪐 es Deneb Algedi, la estrella más brillante de la constelación de Capricornio, una estrella que está a casi 40 años luz de nosotros, lo que no es nada en distancias siderales, pero que traducido a kilómetros son 378.429.218.903.232. Es decir, casi 400 billones de kilómetros. Y ahí está ella, saludando tan simpática.
Las siguientes dos tomas ya las había publicado anteriormente, pero las traigo hasta aquí para que se pueda apreciar la diferencia que existe entre ver lo que el cielo ofrece a simple vista y lo que se puede ver a través de un pequeño telescopio.
El trocito de cielo es el mismo, pero con un aumento mayor. Más o menos, es el que corresponde a una pequeña parcelita sobre la antena de la derecha que aparece en la foto de Venus.
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| Saturno. 5 de agosto de 2020, 22:37. |
















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