#nietzschedescomplicado
Lecciones
de Aurora 3
Aurora,
publicado en junio de 1881,
es
el
fruto
del
primer
año
de
vida
errante de Nietzsche;
fruto
de
jardinero,
que
lo
cultiva,
o
mejor:
de
embarazada,
que
lo
gesta,
siendo
el
padre
–como
en
el
caso
de
nuestra
mítica
virgen–
«el
espíritu»,
esto
es,
los
más
grandes
espíritus
de
la
historia,
con
quien
Nietzsche
entretenía
su
soledad.
En
mayo
de
1879
la
Universidad
le
había
concedido
una
excedencia
por
razón
de
su
mala
salud,
y
una
pensión
que
a
Nietzsche
le
resulta
suficiente
para
la
vida
austera
que
lleva.
Pasa
el
verano
en
St.
Moritz,
y
a
principios
de
septiembre
envía
a
su
amigo
Köselitz
el
manuscrito
de
El
caminante
y
su
sombra
para que lo revise.
Se publicará
en diciembre de ese mismo año.
El
caminante
y
su
sombra,
aun
estando
adscrito
a
la
segunda
parte
de
Humano,
demasiado
humano,
supone
el
inicio
de
un
cambio
respecto
de
lo
anterior.
Como
nos
dice
en
uno
de
sus
primeros
parágrafos,
«tenemos
que
volver
a
ser
buenos
vecinos
de
las
cosas
más
cercanas»
y
olvidarnos
de
creer
o
de
saber
acerca
de
las
«grandes
cuestiones
de
la
vida» (CS 16).
Si
la
primera
parte
de
Humano,
demasiado
humano
había
tratado
de
dar
expresión
conceptual,
científica
al
pensamiento
trágico,
El
caminante
y
su
sombra implica
cierto
giro,
y
es
que
no
son
lo
mismo
el
árbol
de
la
ciencia
y
el
de
la
vida
(CS 1);
por
ello
hay
que
volver
a
las
cosas
cercanas –a lo cotidiano–
y
no
estar
esperando
a
que
la ciencia
nos
despeje
el
terreno
de
las
postrimerías
o
como,
jocosamente,
dice
Nietzsche,
«las
postrimerías
y
las anterioridades»
del
hombre
(CE 16).
Esos
últimos
meses
de
1879
son
de
los
peores
de
su
vida:
su
salud
empeora
hasta el
punto
de
que
en
la
primera
carta
que
escribe
en
enero
de
1880
le
confesará
al
Dr.
O.
Eiser:
«Mi
existencia
es
una
carga
terrible»;
carga
terrible
que,
así y todo,
encontrará consuelo
en
sus
«pensamientos
y
perspectivas».
Su
primer
año
de
vida
errante,
a
la
busca
siempre
del
clima
que
mejor
le
siente
a
su
cuerpo,
está
marcado
por
la
enfermedad
y
la
soledad. La enfermedad, ya lo
sabemos, será para Nietzsche acicate para perseguir la salud y
entregarse a su tarea. La soledad, en parte impuesta por sus
continuos desplazamientos, en parte elegida para poder dedicarse
honestamente a su labor, será presupuesto fundamental en Aurora:
quien quiera seguir su (propio) camino ha de aprender a estar solo.
Con
dicha soledad, la que nos permite atendernos y cuidarnos en
exclusiva, ajenos a esa necesidad que suele despertar en nosotros el
trato con los demás, la de buscar la simpatía y el amor del otro
(en el mejor de los casos), tiene que ver el egoísmo
que Nietzsche reivindicará.
Uno
de
los
parágrafos
más
significativos
y
hermosos
de
Aurora,
titulado
«el
egoísmo ideal», compara la
atención a uno mismo con el cuidado del embarazo: somos quienes
damos a luz lo que seremos, ¡cuidémoslo! Dice: «¿Hay
alguna condición que sea más sagrada que la de la gestación?
¡Hacer todo lo que se haga en la creencia tácita de que de alguna
manera favorecerá lo que se está gestando en nosotros! ¡Y hará
que aumente su misterioso valor, en el que pensamos
entusiasmados! ¡Se dejan así muchas cosas de lado sin tener que
obligarse uno demasiado! […]
¡Éste
es
el
verdadero
egoísmo
ideal:
atender
siempre
y
vigilar, con
el
alma
tranquila,
que
nuestro
estado
fecundo
llegue
a
buen
término!»
No
sabemos lo que va a salir, lo que vamos a ser; solo sabemos que esa
es nuestra tarea, nuestro cometido ahora: «Todo está velado, todo
son corazonadas, no se sabe nada de cómo van las cosas, uno espera,
procurando estar preparado. […] — crece, sale a la luz: no
disponemos de nada con lo que decidir ni su valor ni su momento. Todo
lo que nos corresponde es saber bendecirlo y defenderlo. Nuestra
esperanza secreta es que “lo que aquí se está gestando sea algo
más grande de lo que nosotros somos”: preparamos todo para él,
para que venga al mundo en hora buena: no sólo todo lo útil, sino
también las efusiones y los laureles de nuestra alma.»
Confíamos
en que lo que venga sea mejor de lo que somos, nos supere.
Atendiéndonos, cuidándonos, defendiéndonos, preparándonos
esperamos descubrir, realizar nuestro yo más propio: «¡Éste es el
verdadero egoísmo ideal: atender siempre y vigilar, con el
alma tranquila, que nuestro estado fecundo llegue a buen término!
Así, de manera indirecta, atendemos y vigilamos por el bien de
todos, y el ánimo con que vivimos, ese ánimo de suave orgullo
es un bálsamo que se extiende todo a nuestro alrededor aun sobre las
almas inquietas.» — Hay que tratarse bien uno mismo o, como se
suele decir, hay que quererse uno mismo, para poder tratar bien o
querer a los demás.
Eso
sí, al igual que las embarazadas tienen sus antojos,
«¡tengamos nosotros también nuestros antojos, y no se lo tomemos a
mal a los demás cuando les toque a ellos!» — ¡No se lo tomemos a
mal a los demás cuando les toque a ellos! (A 552).
***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.
Moshe Dayan
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior): Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania). Guerras menores (1 000–9 999). Conflictos (100–999). Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).