Mostrando las entradas para la consulta Claudio Rodríguez ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Claudio Rodríguez ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de septiembre de 2024

RUTA CLAUDIO RODRÍGUEZ

Instituto donde estudió el poeta.

A pesar de su extraordinaria brevedad –tan sólo cinco libros-, la trayectoria poética de Claudio Rodríguez es una de las mejores y más acabadas muestras de poesía concebida y realizada como modo de conocimiento, no sólo porque en cada uno de sus libros asistamos a un proceso –con sus dudas, tanteos, contradicciones, misterios y claridades- de conocimiento por vía de la escritura, sino también porque el conjunto de los mismos forma un proceso general más amplio en el que se van desenvolviendo y modulando diferentes aspectos del conocimiento poético. El resultado final será un universo poético unitario, trabado y dialéctico en cuya creación cabe distinguir varias fases, una por cada libro publicado. Por lo demás, este proceso lleva aparejado una serie de transformaciones paralelas y progresivas en los distintos planos de la expresión: lenguaje poético y sistema imaginario, tono general, métrica, ritmo, lo cual hace que desde el punto de vista evolutivo, su trayectoria sea también una de las más atractivas, sólidas y coherentes de todas las promociones poéticas españolas de posguerra. 

Luis García Jambrina. Hacia el canto de Claudio Rodríguez.

Fue a mediados de los 90 cuando tuve conocimiento de la poesía de Claudio Rodríguez gracias a esa excelente antología que preparó su paisano con motivo del Premio Reina Sofía. Luego llegó el recital que preparamos con su Don de la ebriedad el año de su muerte. Después vino la tertulia que le dedicamos en 2004. Si pasaba por Zamora para dejarme llevar por sus encantos, era inevitable llevar sus poemas y recrear sus pasos. 

No he tenido que realizar ningún esfuerzo de investigación ni documentación gracias a que la ciudad —no siempre es así— lo aprecia y lo recuerda. Existe una ruta literaria que te ofrecerán con todo cariño si preguntas por ella en cualquiera de las oficinas de información turística. Es la misma —ahora mismo lo he descubierto— que la que la página dedicada al poeta elaboró en su momento. La única diferencia es que en esta última encontrarás los audios que acompañan a los textos y a las fotografías, junto con lectura de fragmentos más amplios que los que aparecen escritos. 

Todo es nuevo quizá para nosotros.

El sol claro-luciente, el sol de puesta,

muere; el que sale es más brillante y alto

cada vez, es distinto, es otra nueva

forma de luz, de creación sentida.

Así cada mañana es la primera.

Para que la vivamos tú y yo solos,

nada es igual ni se repite. Aquella

curva, de almendros florecidos suave,

¿tenía flor ayer? El ave aquella,

¿no vuela acaso en más abiertos círculos?

Después de haber nevado el cielo encuentra

resplandores que antes eran nubes.

Todo es nuevo quizá. Si no lo fuera,

Si en medio de esta hora las imágenes

cobraran vida en otras, y con ellas

los recuerdos de un día ya pasado

volvieran ocultando el de hoy, volvieran

aclarándolo, sí, pero ocultando

su claridad naciente, ¿qué sorpresa

le daría a mi ser, qué devaneo,

qué nueva luz o qué labores nuevas?

Agua de río, agua de mar; estrella

fija o errante, estrella en el reposo

nocturno. Qué verdad, qué limpia escena

la del amor, que nunca ve en las cosas

la triste realidad de su apariencia.

Toda la ciudad y su entorno se presta a leer los poemas de Claudio Rodríguez en voz alta, a dejarse llevar por el fluir de las aguas del Duero, que tienen el mismo ritmo que los versos del poeta, a quedarse enamorado de su luz, del color de sus piedras y del aire limpio y transparente en que palpita. Pero había un lugar y un óleo por los que sentía especial curiosidad: el bar La Golondrina y el lienzo de Antonio Pedrero.


El folleto de la ruta ofrece esa imagen y este texto: Antonio Pedrero, hijo de Virgilio Pedrero y Carmen Yéboles, inmortaliza en esta obra a los personajes singulares que frecuentaban el bar de sus padres, La Golondrina, entre los que se encuentra Claudio Rodríguez con sus amigos. Un enjambre humano muy singular de Zamora, que se reunían en la barra del bar de sus padres, donde el artista trabaja y observa. Finaliza el cuadro el último día de diciembre de 1960 y se cuelga en una pared del Bar, acudiendo muchos zamoranos en peregrinación desde los primeros días.

La obra fue adquirida por Caja España e instalada en la sucursal de la calle San Torcuato.

Las consultas sobre el cuadro de Antonio Pedrero nos habían llevado a averiguar que el cuadro no se encontraba ya en ninguna sucursal bancaria, sino en este estupendo Teatro Ramos Carrión, que estaba cerrado. 

La suerte quiso que al pasar por allí la tarde del martes, hubiera luz en la taquilla y que dentro de ella estuviera una persona especialmente amable. Pregunté si era posible que nos abriera la puerta para acceder al vestíbulo y ver el cuadro. Sandra, que así se llama la encantadora mujer, dejó el trabajo que estaba realizando y nos franqueó la entrada, pero advirtió un poco compungida que no podía dar la luz y la que había dentro, dada la hora y la falta de ventanales era muy escasa. Yo no llevaba trípode y el resultado es este: 

Sin embargo, su atención no se paró ahí. Nos indicó que el bar original ya no existía y nos dijo dónde podíamos ver una reproducción en la que, además, aparecían los nombres de todas las personas que en él están recogidas. Hacia allí nos dirigimos encantados con la atención y con la información que Sandra nos ofrecía. Y en la Taberna La Z nos encontramos con la imagen. Está hecha con el móvil, pero se puede ampliar.

La ruta, para alguien que tenga como afición la poesía y, en especial, la de Claudio Rodríguez, merece la pena.

Y mil gracias, Sandra, por tu inestimable ayuda. 

*** 


sábado, 28 de febrero de 2026

CARTAS DE CLAUDIO RODRÍGUEZ A PHILIP W. SILVER


Muchas gracias, Cristina.

La Fundación Jorge Guillén y la Universidad de Valladolid publicaron el 13 de diciembre del año pasado este delicioso libro con las cartas que Claudio Rodríguez dirigió al hispanista Philip W. Silver, con quien compartió amistad a lo largo de los años. 

La edición ha corrido a cargo del especialista Ángel L. Prieto de Paula, quien ha redactado una concisa y valiosa introducción, que sirve para centrar la relación de amistad y trabajo que mantuvieron el poeta y el investigador, así como de estímulo y orientación para la lectura de las cartas.

Las cartas son en realidad una pocas, 16, y van desde 1978 hasta 1997, poco antes del fallecimiento del zamorano. Puesto que son cartas dirigidas a un amigo, tienen un tono coloquial, abierto y próximo, lo que permite conocer ese lado personal del autor que, generalmente, no nos es posible percibir a través de los textos profesionales que se dan para ser editados. 

Con ser muy interesante este aspecto, creo que el que da un valor especial a la publicación de esta correspondencia es el hecho de que aparezcan poemas que C. Rodríguez enviaba en estado de prueba para que el hispanista, especialista en su obra, le diera su opinión y realizara los comentarios que considerase oportunos. Son textos mecanoescritos que contienen correcciones realizadas a mano. Un ejemplo:


La carta en la que se incluye el poema es del 10 de marzo de 1980. La versión definitiva apareció publicada once años después en el libro Casi una leyenda, 1991, Tusquets. Quedó así: 


REVELACIÓN DE LA SOMBRA


Sin vejez y sin muerte la alta sombra

que no es consuelo y menos pesadumbre,

se ilumina y se cierne


cercada ahora por la luz de puesta

y la infancia del cielo. Está temblando,

joven, sin muros, muy descalza, oliendo

a alma abierta y a cuerpo con penumbra

entre los labios de la almendra, entre

los ojos del halcón, la nube opaca,

junto al recuerdo ya en decrepitud,

y la vida que enseña

su oscuridad y su fatiga,

su verdad misteriosa, poro a poro,

con su esperanza y su polilla en torno

de la pequeña luz, de la sombra sin sueño.

¿Y dónde la caricia de tu arrepentimiento,

fresco en la higuera y en la acacia blanca,

muy tenue en el espino a mediodía,

hondo en la encina, en el acero, tallado casi en curva,

en el níquel y el cuarzo,

tan cercano en los hilos de la miel,

azul templado de cenizas en calles,

con piedad y sin fuga en la mirada

con ansiedad de entrega?


Si yo pudiera darte la creencia,

el poderío limpio, deslumbrado,

de esta tarde serena...

¿Por qué la luz maldice y la sombra perdona?

El viento va perdiendo su tiniebla madura

y tú te me vas yendo

y me estás acusando

me estás iluminando. Quieta, quieta.

Y no me sigas y no me persigas.

Ya nunca es tarde. ¿Pero qué te he hecho

Si a ti te debo todo lo que tengo?

Vete con tu inocencia estremecida

volando a ciegas, cierta,

más joven que la luz. Aire en mi aire.

Y si verdaderamente interesante resulta comprobar cambios, correcciones, tachaduras y demás elementos de la génesis de un poema, no menos interesante resultan todos los comentarios que van apareciendo diseminados por las cartas en torno a la concepción poética y otras reflexiones sobre la poesía en general o algún poema en particular.

Un verdadero regalo tanto para quienes gustan de la poesía, en general, como para los amantes de la de Claudio Rodríguez, en particular.

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan 





Se han registrado explosiones en algunos países de la región donde Estados Unidos tiene intereses militares, como Qatar, Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Jordania, además de en Israel.


Aquí puedes leer la información completa.



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

domingo, 27 de septiembre de 2020

AVENTURA, CLAUDIO RODRÍGUEZ


La poesía, entre otras cosas, me ha traído muchos buenos momentos y regalos. Regalos como este, una edición facsímil de Aventura, el último poemario de Claudio Rodríguez, a cargo de Luis García Jambrina, seguramente el mayor especialista en su obra. Fue hace quince años. Exactamente por el recital Cervantes y sus amigos se van copas, cuyos textos podéis leer en este mismo blog.


Es una edición realizada con los once poemas que el autor tenía recogidos en una carpeta bajo ese título. No formaban una colección terminada y definitiva para la imprenta, pero ahí reside precisamente su interés. Gracias a esta publicación podemos ver cómo trabajaba el poeta, desde el manuscrito inicial, con todas sus tachaduras y correcciones, hasta el mecanografiado del poema, que nos acerca un poco más a la versión definitiva. No podemos saber cuál hubiera sido el resultado final, aunque sí podemos intuirlo. 


Hay quienes desde el primer momento de la creación logran el resultado deseado. No es el caso. Claudio Rodríguez volvía una y otra vez al poema. Cambiaba palabras, versos y hasta estrofas enteras. Es una forma de trabajar que solamente gracias a publicaciones como esta podemos apreciar. Una aventura que hay que agradecer a la generosidad de Clara Miranda, su viuda, al autorizar su publicación. Tan solo lamento haber tardado quince años en dar noticia de este regalo.

No hay nada claro porque es infinito (verso 19).

Mientras releía sus páginas, no podía evitar sentirme a medio camino entre admirador deslumbrado e indiscreto fisgón ocasional.

lunes, 25 de noviembre de 2019

CLAUDIO RODRÍGUEZ VEINTE AÑOS DESPUÉS

Me entero hoy mismo de la exposición que la Biblioteca Pública de Zamora ha organizado para recordar la obra de Claudio Rodríguez (Zamora, 1934-Madrid, 1999) en el vigésimo aniversario de su muerte. A mí ya no me da tiempo a pasar por ella, porque finaliza a la par que termina el mes, el sábado 30 de noviembre, pero me alegraría mucho si esta nota sirviera para que alguien se acercara a verla. 

De Claudio Rodríguez guardo un recuerdo muy especial porque es uno de esos pocos poetas con los que puedo disentir en casi todo y, en cambio, me atrae poderosamente su escritura. Si esto no fuera suficiente para reservarle siempre un sitio de honor entre mis querencias hay otra razón: es el único poeta sobre el que he organizado un recital cuyo texto era un poemario completo. Estoy hablando de el Don de la ebriedad. Eso ocurría hace veinte años. Hoy sigo leyendo sus versos:


Siempre la claridad viene del cielo;
es un don; no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.
Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!
Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo, —esto es un don—, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

***


martes, 14 de abril de 2009

CLAUDIO RODRÍGUEZ

A Claudio Rodríguez ya le dedicamos una tertulia en el año 2004. Hoy vuelvo a hablar de él porque el próximo día 24 presentamos un recital con poemas de su Don de la ebriedad en la biblioteca municipal de Irún. 

Y con la intención de aportar un poco de luz a unos textos que no son fáciles, escribo esta entrada.

Siempre la claridad viene del cielo;
es un don; no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.
Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!
Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo, -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

Este es el poema con el que da comienzo el libro y del que me voy a valer para realizar una aproximación al mismo.

Debemos comenzar por el título. El don de la ebriedad es el regalo que el entusiasmo, la borrachera de conocimiento, de iluminación, nos ofrece de manera gratuita. No el conocimiento que viene del estudio académico, del esfuerzo de manejarnos entre libros o experiencias, el que conseguimos mediante la investigación, sino la iluminación que se nos da en un momento y de manera inmediata, a modo de inspiración o, quizá, de revelación mística.

Así es como se nos da a entender desde el primer verso: la claridad no es algo que podamos adquirir con nuestro esfuerzo. Es un regalo, porque, en realidad, lo único que hace falta es ver, mirar de forma abierta, pues está en todas las cosas, las "ocupa". Y cuando somos capaces de ver, de aprehender el mundo, sentimos una gran alegría. Es una experiencia altamente gratificante.

En ese momento vemos claro, entendemos. Y esa comprensión puede plasmarse en un frase feliz; en un descubrimiento sencillo -no por simple, menos hermoso-; en un sentir que vivimos a la par de la naturaleza que nos rodea, al mismo ritmo. Es el momento en que presentimos que vida y acción marcan la misma hora. Es el momento en que intuimos que los seres no son creados, sino que tienen, tal vez, su causa, su origen, en sí mismos. La claridad así nos lo desvela.

En cualquier caso, la imagen, el lenguaje que utiliza C. Rodríguez es complejo, difícil de aprehender. La experiencia que quiere transmitirnos es ella misma inasible. Se intuye, se percibe un momento, pero el lenguaje común es insuficiente para transmitirla. Podemos vivirla, pero difícilmente podremos expresarla recurriendo a las formas habituales.

Este es, a grandes rasgos, el tema del poema y el del libro. Y ahí radica también mi discrepancia con el texto: ¿por qué la poesía es un don inaprensible?, ¿por qué el descubrimiento tiene que ser un arrobo místico?, ¿por qué la palabra tiene que ser incapaz de expresar lo más sublime?, ¿por qué se empeñan algunos autores en hacernos creer que sólo el rodeo irracional, la sugerencia velada, puede aproximarnos al gozo del descubrimiento?

Voy a decirlo con palabras más llanas: cualquier experiencia debe y puede ser dicha con palabras sencillas. En este sentido la experiencia poética no es una excepción. Es más, ni la poesía tiene en exclusiva la capacidad de expresar lo más sublime, ni sólo ella puede llevarnos a los más altos arrebatos del espíritu. Y el medio puede ser algo tan alejado de la expresión artística como, por ejemplo, la ciencia.

Palabras hermosas, bellísimas, magnéticas. Bien elegidas y mejor colocadas; pero palabras, poquito más que palabras.

martes, 6 de febrero de 2024

UN LIBRO, UN POEMA (Claudio Rodríguez)

En Iberlibro

#unlibrounpoema

Explica Jambrina en la introducción que Claudio Rodríguez estaba trabajando en nuevo libro de poemas cuando le sobrevino la muerte (22 de julio de 1999). Del nuevo poemario tenía once escritos y, según dice, había comentado a su mujer, Clara Miranda, el orden en que debían estar y también que pusiera los títulos en una pequeña tarjeta. Así, pues, los poemas recogidos bajo el título de Aventura (2005) no son poemas concluidos, no pueden escribirse salvo reproduciendo exactamente como él los dejó; recurro, por tanto, a la fotografía para mostrar uno. 

Como podéis leer, es una edición facsimilar. La edición recoge los textos que ya estaban escritos a máquina (fase ya final) con sus correcciones, tachaduras y añadidos, lo que no les resta belleza y ofrece una imagen de cómo los trabajaba, y también la fase previa, cuando estaban escritos a mano y sometidos a una mayor indeterminación

El que está bajo estas líneas lleva por título "Marea en Zarautz". En el pueblo costero guipuzcoano solía pasar las vacaciones estivales.

 


***


martes, 27 de septiembre de 2016

DOS FORMAS DIFERENTES DE ENTENDER LA POESÍA y una breve explicación


La poesía tiene sus propios códigos y un modo de expresión que pueden sorprender a la persona no habituada a leerla. Muy frecuentemente, además, entabla un diálogo con otros textos, lo que provoca cierta dificultad a la hora de entender qué es lo que quiere expresar si no se conocen los referentes. Veamos un ejemplo.

HACIA UNA POÉTICA

No siempre la claridad viene del cielo.
Oye sólo tu música cuando cantes,
por oscura que sea y espinosa.
Que la luz te ensordezca,
que no te ciegue el ruido;
y tu obra sea más que tu vida,
porque te contramuera.


Lo primero que encontramos casi siempre es el título. Ese es el primer elemento portador de significado, si es que el poema tiene título. En este caso, y dejando aparte los significados que no nos interesan, la poética se refiere al modo de entender la poesía; es decir, cómo cree que debe ser, qué formas, principios y parámetros son los que deben conformarla. Por lo tanto, aquí, Ángel Guinda construye un metapoema en el que nos indica cuáles son las líneas sobre las que él piensa que debe transcurrir la poesía.

El primer verso nos ofrece la clave del resto y nos sitúa en el meollo de la cuestión, pero para saber de qué está hablando es necesario recordar que salvo el adverbio de negación, el verso no es suyo, sino de Claudio Rodríguez:

                        Siempre la claridad viene del cielo,
                     es un don; no se halla entre las cosas
                     sino muy por encima,

Es el comienzo del Don de la ebriedad, poemario con el que ganó el Adonáis en 1953 y deslumbró a los círculos poéticos de la época. Tenía 18 años cuando lo escribió y uno más cuando se publicó. Todo un prodigio. Pero vamos con la claridad. 

La claridad hace referencia a la inspiración, a la iluminación, a la intuición primera, ese aliento del que después se nutre el resto. Con razón poética y con razón a secas, afirma Ángel Guinda que no siempre viene del cielo —en ninguno de los casos están hablando de un aspecto religioso, sino de lo espiritualmente elevado— . Puede venir de cualquier otro elemento menos noble y más prosaico. Incluso del trabajo diario y constante. La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando, decía Picasso. Es una concepción del arte que abandona ya los principios irracionales del romanticismo.

Los seis versos que siguen son una sugerencia al posible lector-escritor al que se dirige el yo poético y se cierran con la expresión de un deseo en los dos finales. Ocúpate, viene a decirnos el autor, de expresar con tu propio estilo, a tu manera más íntima, con tu propia voz, aquello que te conmueve y preocupa, y eso hará, posiblemente, que tu obra te sobreviva si es auténtica, porque en la sinceridad encontrará su fuerza. 

En cualquier caso, la clave del poema se encuentra en el primer verso. Solamente era necesario conocer la referencia para que el poema se nos abriera generoso. Y que no piense nadie que está manifestando una crítica o un desacuerdo con Claudio Rodríguez. Es esta una práctica muy habitual en la poesía moderna, que se utiliza como recurso para intensificar la expresividad del texto. ¿Es necesario recordar aquel A la inmensa mayoría, de Otero, que aludía A la inmensa minoría, a la que J. R. Jiménez dedicó su Segunda antología poética, poeta al que admiraba como a uno de los más grandes poetas del siglo XX?

lunes, 28 de abril de 2014

RINCÓN LITERARIO de la UNED

Estaba buscando material sobre Antonio Machado cuando me he encontrado con este "Rincón Literario" de la UNED. Toda una sorpresa de lo más agradable. Son entrevistas con poetas de unos veinte minutos de duración. Lástima que tengan solamente 18 vídeos.

Os dejo la entrevista con Claudio Rodríguez, fallecido en 1999, y a quien dedicamos un recital in memoriam aquel mismo otoño leyendo su juvenil y sorprendente Don de la ebriedad.


Y para terminar de redondear las casualidades, buscando un enlace para el amigo Carles, que fue quien puso la música de su guitarra, me encuentro con que este fin de semana se celebra el XII Festival de Guitarra de Hondarribia, del que es director.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

JUAN KRUZ IGERABIDE

La entrevista que aquí aparece se realizó por correo electrónico en el mes de octubre.

Juan Kruz Igerabide estuvo en todo momento amabilísimo e incluso aportó la fotografía que encabeza el texto. Espero que sus respuestas puedan aportar más luz sobre su obra.

He aquí las respuestas y las preguntas:



-Empecemos por el principio. ¿Cómo llegaste a la poesía?

Aterricé en ella de una manera bastante accidentada; fue una especie de aterrizaje forzoso. Mis primeros contactos con ella tuvieron lugar a través de intermediarios (el que más contribuyó fue la música, a lo largo de toda la etapa juvenil; seguía de cerca las creaciones de Ez dok Hamahiru, de Paco Ibañez, De Atahualpa Yupanqui...), pero no logramos constituir una pareja de hecho.
Tras la hecatombe ideológica que cierta gente sufrimos después de la muerte de Franco, sentí que me precipitaba en barrena. Y fue cuando apareció de nuevo ella, pura y deslumbrante incluso en el lodazal. Desde entonces, formamos pareja de lecho.

-Eres posiblemente el poeta vasco más importante en la poesía infantil y juvenil ¿Qué te impulsa a escribir poesía para estas edades?

Le doy poca importancia a la importancia. He visto tanta tontería en el ranking de poetas y escritores, que creo que es urgente desrankingizar (algo así como desratizar) la literatura.
Escribo poesía infantil y juvenil porque es lo mismo que escribir poesía para adultos, con pantalón corto y una piruleta en la boca quizás. Yo estoy haciendo lo mismo en todos los ámbitos: un complicado aforismo encuentra una respuesta en la respiración de un niño asmático que profiere un haiku a la lluvia.
Hoy mismo, un niño vecino que aún toma teta de su madre, repetía un poema "titia bete-bete" (teta llena llenita), y me ha dejado flipado.
Oteiza y los ojos de Asiertxo.

-Hay, si no me equivoco, una constante simbolista en tu obra que se va adelgazando a medida que pasa el tiempo para dejar paso a una mayor presencia de lo cotidiano. ¿Es esta una apreciación correcta? Y, si es así, ¿qué te lleva a dar mayor espacio a la cotidianeidad?

Partí de un concepto muy cerebral del símbolo, quizá excesivamente misterioso. Ahora concibo el símbolo como cada acto de vida convertido en anhelo de duración. Podemos montar andamiajes abstractos complicadísimos en nuestro afán de duración, pero la reverberación de una triste vocal proferida desde las entrañas rebota en los confines del universo y regresa convertida en un soplo de brisa de mar, en el balanceo de una hoja de roble, en la duda de una gota al desprenderse.
El simbolismo me sigue atrayendo (tanto en su vertiente antropológica y tradicional, como en su vertiente poética transgresora), pero lo quiero hecho carne y habitando entre nosotros.

-¿Consideras tu obra y tu estilo dentro de alguna corriente o generación poética?

Me gustaría tal vez, pero no puedo. Me sobrepasa. Tengo buenos amigos poetas, y otros que no quiero como amigos pero sí como poetas. Pero, de corrientes.. ríos de alcohol, a lo sumo. Y como soy abstemio...
Me hubiera gustado crear una corriente sáfico-horaciana con retoques de Catulo, efusiones románticas (Coleridge, Novalis, Hölderlin, y mucho Rilke), deprecaciones simbolistas (Baudelaire, Rimbaud), locuras surrealistas y ultraístas, y el ritmo fluvial y trigal de Mandelstam o Claudio Rodríguez. Pero no ha podido ser, aunque conozco a mucha gente que quiere lo mismo, pero en otro orden. En poesía, el orden de factores sí que altera el producto.

-En algunos poemas hay un diálogo con otros poetas -Lizardi, Aresti, Mirande...- ¿Cuáles son los autores que más te han influido o que más te han estimulado?

Con respecto a la literatura vasca, en mis comienzos tuve mucho contacto con Juan Mari Lekuona, un poeta de verso muy fino y preciso. A Aresti lo llevaba conmigo desde la época juvenil. Pero luego descubrí a otro Aresti, que hablaba desde Aresti, y no desde lo que mi ideología quería escuchar de Aresti. A Mirande lo conocí al mismo tiempo que a Rimbaud y a Baudelaire; no me impactó tanto desde su poética (llegó un poco tarde como poeta maldito), pero sí desde lo que suponía su peculiar "constructo" en el seno de la literatura vasca.
Lizardi ha estado siempre ahí. Había algo en él que no me convencía al principio, y tampoco me convence ahora. Pero su fuerza lírica sigue creciendo sin parar ante mí. Es curioso; en rigor, podría considerársele incluso un poeta torpe; cuando se le traduce, se le cae a uno de las manos. Y sin embargo, sigue aguantando, y algunos de sus versos en euskera quedan grabados hasta el tuétano. Tiene una fuerza lírica descomunal, chapuceada por una ideología castrante. Siempre irá conmigo, aunque a veces me dé calambre.

-Podemos apreciar una constante tanto en los poemas infantiles como en los textos para adultos: la búsqueda de la palabra precisa. ¿Es esta búsqueda la que te ha llevado al haiku y al aforismo?

Estoy más en el río de palabras que en la palabra misma. Busco la línea precisa que adelgace el sentimiento hasta hacerlo prácticamente transparente. Esa es la apuesta. El haiku es un buen género para dicha práctica; es como la pintura zen, pocos trazos y mucha respiración; el vacío que llena.
Con respecto al aforismo, siempre me ha interesado la gente que interpreta la vida de una manera personal y "respondiendo al instante". Una filosofía demasiado sistemática como la que se enseña en las universidades siempre se va quedando atrás en el tiempo, porque carga con demasiado aparato para poder adecuarlo al presente con ligereza y rapidez. Por eso me gusta el aforismo; al fin y al cabo, no decimos cosas muy distintas a las que pudo decir Séneca; pero, al ser fruto del momento, parecen nuevas, frescas como un recién nacido.

-En tu obra podemos ver una gran riqueza estrófica, rítmica y métrica. ¿Qué impulso, razón o sentimiento te lleva a practicar esta polifonía, si me permites denominarla así?

Me atrae sobremanera la polifonía; sin embargo, en la raíz, aprecio sobre todo la monodia. El resultado es polifónico, pero en los instantes concretos estoy cantando monodias.
Por otra parte, el verso libre me ha enseñado que primero está la fuente y luego el recipiente. Mi generación llegó a despreciar los metros clásicos y los de los bertsolaris, porque te obligaban a crear un hermoso recipiente y luego comenzabas a buscar la fuente; pero el recipiente se rompe en la búsqueda, o queda a medio llenar, o vacío del todo.
La poesía infantil me ha devuelto al recipiente. Una vez encontrada la fuente, podemos construir un recipiente adecuado y beber más a gusto. El ritmo, el metro, la estrofa... deben responder a una necesidad del mensaje. Rimar, por ejemplo, luna con cuna puede resultar muy significativo y alcanzar un gran poder de sugerencia. Otro ejemplo podría ser la utilización del soneto para desarrollar una visión que va más allá del concepto pero que se mantiene dentro de unos límites muy precisos, que te obliga a algo así como a condensar una novela en catorce líneas.

-Que no podemos vivir sin la naturaleza es algo evidente, pero en tus textos parece algo mucho más evidente que en la obra de otros poetas contemporáneos. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación?

Hay muchos poetas contemporáneos, de todas clases. Colinas, por ejemplo, abarca la naturaleza de cien poetas juntos.
En ese sentido, me sitúo en la línea de Lizardi, Antonio Machado, la tradición japonesa y china y un lago elenco que llega hasta Horacio. Pero, al mismo tiempo, huyo de lo pastoril como de la peste. Para mí, la naturaleza es cruda, y a la vez puro éxtasis que convive con el ruido de la lavadora.

-Siempre aportas una mirada crítica y diferente sobre el mundo en que vivimos, especialmente en los aforismos. ¿Hasta qué punto es precisamente ésta una función del escritor, es decir, hacernos reflexionar sobre nuestro ser y nuestro entorno?

En sentido estricto, no intento hacer reflexionar a nadie. Es como si todo el mundo hubiese reflexionado antes que yo, y yo intentara entablar un diálogo socrático con ellos, no desde la razón sino desde la paradoja. Socrático, en el sentido de que no me trago las mentiras que me cuentan; sin embargo, les aviso que lo mío también es otra mentira más, un escalón más de la escalera que quisiéramos que nos condujese a la verdad. Por eso es paradójica.

-Me parece ver como una marca de tu estilo la reflexión sobre las preocupaciones éticas y existenciales, siempre presentadas con una gran elegancia y sutileza, incluso en los poemas infantiles ¿De dónde surge esta preocupación?

La estética como pura decoración no me interesa; provoca un asombro vano. Me interesan las personas de carne y hueso y sus sufrimientos y alegrías. Los niños son un reflejo nítido de nuestras almas; me atrae lo que van dibujando con sus actitudes y sus palabras. Los mayores tenemos varias capas de pintura y hay que raspar un poco; aunque duela, merece la pena ver el niño que va asomando.
Hoy, una mujer me ha contestado de mala manera en una ventanilla. La he observado a prudente distancia. Sus rasgos eran bellos, pero era como si se hubiera puesto una máscara de hierro. He hurgado en sus ademanes y he descubierto un gran dolor bajo el casco. Me la he imaginado con su amante, y el casco de hierro entre ambos. Mediante un poema, podría arrancarle el caso, y ver lo que asoma: quizá una cara ensangrentada, quizá una tez fulgurante.

miércoles, 11 de abril de 2018

JOSÉ ÁNGEL VALENTE, ALFA Y OMEGA


            "SERÁN CENIZA..."

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.

Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.

Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.

Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.


                    De A modo de esperanzaRialp, 1954.





Cima del canto.
El ruiseñor y tú
ya sois lo mismo.
                           (Anónimo: versión)

                   De Fragmentos de un libro futuro, Galaxia Gutenberg, 2000. 


Entre el primer poema y el segundo transcurre casi medio siglo, y media toda una transformación a la que no son ajenas las lecturas de Jabés, Celan, Juan de la Cruz y muy especialmente la de María Zambrano y las diversas corrientes místicas. Con el primero se inicia su obra poética; con el segundo, se cierra. Lo escribió poco antes de morir.

Posiblemente no haya mejor descripción de su búsqueda poética que esta frase de su Diario anónimo: La palabra ha de llevar el lenguaje al punto cero, al punto de la indeterminación infinita, de la infinita libertad.

Este programa emitido hace poco más de un mes me parece una buena primera aproximación al poeta y su obra, un excelente estímulo para adentrarse en la lectura de su poesía.


Y un par de títulos sobre su obra:

sábado, 6 de julio de 2013

ENTREVISTA CON L. F. COMENDADOR

Esta es una entrevista realizada a través del correo electrónico. En cualquier caso, desde aquí quiero darle las gracias por la amabilidad con que acogió la idea y las facilidades que en todo momento me ha ofrecido para poder contar con el material (libros, fotos e imágenes) que aparecen aquí y en entradas anteriores. Muchas gracias, Luis Felipe.

*¿De dónde nace en ti el impulso poético, el deseo de expresarte a través de la poesía?

Llegué a la poesía por un proceso lento de evolución lectora. Empecé, como todos los chicos de mi época, leyendo aquellos libros de editorial Bruguera que, con mucho acierto, alternaban una página de texto con otra de dibujos que lo apoyaban magníficamente (era una historia entre novela y cómic), y de ahí pasé a lecturas más largas, más serias, más enjundiosas en lo literario… y de pronto me aburrí de la narrativa, me aburrí mucho, y empecé a leer poesía de mi tiempo, hasta el punto de convertirme en un urgente devorador de libros de poesía (presumo de tener una de las más amplias bibliotecas de poesía de la provincia de Salamanca)… y de ahí al impulso poético hube de dar un paso, un pequeño paso que lleva durando más de treinta años… encontré pronto mi voz natural, que se instaló sin más en el heptasílabo, y me dejé llevar en un camino hermosísimo que me ha procurado y me procura cada día multitud de satisfacciones íntimas y de otros tipos menos importantes.

*¿Qué lecturas, autores, experiencias… han influido más en tu quehacer como poeta?

Mis nortes poéticos son Ángel González, Oliverio Girondo, Joseph Brodsky y toda la generación Beat… pero hay muchos más autores que me han pegado duro bien adentro.
Por lo que se refiere a las experiencias que me han llevado a intentar la poesía, fundamentalmente me quedo con la suerte del afecto y la amistad de gran parte de los poetas del 50 (Pepe Hierro, Jesús Hilario Tundidor, Ángel González, Ángel García López, Claudio Rodríguez, Joan Margarit…), de muchos de la generaciones posteriores, como Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles, Fernando Beltrán, José Luis Morante… y bastantes de las nuevas hornadas poéticas, fundamentalmente Abraham Gragera, que me parece una de las voces más modernas, enteras y llenas de indicio de este tiempo…  como ves, todo está en clave de amistad. Sí, ahí radican mis ganas por la poesía, en todos mis amigos poetas, de los que aprendo cada día.

*Da la impresión —corrígeme si me equivoco— de que a medida que pasa el tiempo estás más interesado en la expresión gráfica que en la literaria, ¿es así? Y si es así ¿qué es lo que te ha inclinado a este cambio?

No es cierto y sí es cierto. Me explico. Siempre he considerado el hecho poético como una forma de expresión que no queda cerrada en la palabra, y para ello he tenido que armar una definición clara (para mí) de lo que es la poesía, llegando a la conclusión de que todo hecho poético debe responder a valores de autenticidad, belleza e indicio (y sus contrarios si son buscados)… y con estos mimbres he trabajado tanto la poesía versal, la poesía visual, el poema objeto o cierta poética gráfica que está muy cercana al aforismo o al apotegma (no tanto al chiste, como algunas veces me dicen). Todos estos aspectos de la poesía intento trabajarlos, y hay épocas en los que unos pueden a los otros… y ahora estoy más en el dibujo cabrón, el capaz de decir lo que pienso con claridad meridiana e incluso haciendo daño.


*Desencanto, decepción, melancolía, nihilismo, son algunas de las características que atribuyen a tu poesía; sin embargo, eres una persona fuertemente implicada en proyectos sociales y, por tanto, comprometida socialmente. ¿Cómo explicas esta aparente contradicción?

No es una contradicción, ni mucho menos. Mi actividad de cooperación está fuertemente trazada por el desencanto, la decepción, la melancolía y el nihilismo… estos aspectos vitales, que están muy enraizados adentro, son los que me capacitan para ‘intentar’ hacer un mundo de otra manera, de una manera acorde a mi forma de entenderlo. Llego primero al convencimiento de que todo está mal, pierdo la confianza en el hombre, elaboro una idea sobre una ‘individualidad’ capaz de lanzarse hacia fuera y la pongo en práctica en forma de ONG unipersonal y capaz de desarrollar microproyectos muy interesantes que nunca se dejan dinero en el camino. Estos ‘contravalores’ me llevan a realizarme como yo quiero y me impelen hacia los demás con tranquilidad y sin necesidad de justificar nada. Hago lo que me pide el cuerpo y como me lo dicta mi cabeza… y eso me lleva a cierto estado de felicidad personal que me va colmando.

*Creo que toda tu poesía se mueve entre dos impulsos: el de caída y el vitalista, el del desencanto y el de las palabras de ánimo, muy bien recogidos, por cierto, en el poema que cierra el libro Los 400 golpes

      ESCRIBIR
           
            Escribir para ese intento
            de interrumpir el proceso
            de la muerte

            o para terminar con decencia
            un día de todos los demonios

            como éste.

Y me da la impresión de que a medida que pasa el tiempo el segundo, caso raro, va ganando terreno al     primero. ¿Cómo lo ves tú?

     Ja, ja, ja… la verdad es que soy un hombre de extremos y paso del uno al otro constantemente… soy profundamente vitalista en lo personal y estoy absolutamente decepcionado con todo lo que supone el ‘ser social’… y en ese camino entre los extremos me voy haciendo y deshaciendo, y voy dejando pequeños restos del naufragio… mis poemas, mi diario y mi trabajo de cooperación… y me interesa dejar esa contradicción constante muy patente en toda mi obra, porque es mi ‘yo’ más real.
           
*Más acorde con tu actividad vital y social parece la etiqueta poesía de urgencia que J. L. Morante utiliza para introducir tu Poesía reunida (1995-2002). ¿Crees que la poesía debe priorizar su carácter comunicativo, su intención de decir y testimoniar?

La verdad es que nunca me ha gustado el hermetismo en la poesía, ni tampoco el aparato poético churrigueresco capaz de ocultar una verdad patente. Yo veo la poesía como la mejor forma de ‘decir’ y considero un error el decir escondiendo. Por ello siempre he sido partidario de una línea clara en la poesía que la haga capaz al oído y al sentimiento de cualquiera, no solo de los diletantes intelectuales, de los profesores con culos planos o de los estudiosos especializados. Mi poética primero me define y después intenta definirme en los demás… ideológicamente, estéticamente y éticamente… y mi intención última es que termine siendo un ‘compartir’ mi proceso vital e intelectual con el más sesudo profesor y con el hombre más simple.
Mira, recuerdo ahora que en una lectura que hice en Jaén hace unos años, un borrachito con muy mala pinta que estaba al fondo de la sala, cuando acabé la lectura de uno de los poemas, comenzó a gritar eufórico: “¡Eso mismo digo yo!”… pues eso es lo que busco.

*Eres claramente un poeta que ha optado por la periferia. ¿Por qué esta opción que dificulta que se te conozca y se te reconozca como te mereces?

La verdad es que debo reconocer que poder estar en los altos circuitos de la poesía establecida es goloso, pues te publican editoriales de enjundia y te pagan, te llaman a congresos y múltiples lecturas con buen resultado en tu cuenta del banco, te reconocen públicamente (y eso siempre gusta)… pero, en contrapartida, tienes que cumplir unas normas que nada tienen que ver con la verdad poética, tienes que pasar por demasiados aros absurdos, tienes que adular a tipos que ni saludarías por la calle si no buscases algo a cambio. En Béjar se vive divinamente, apartado del mundo y de casi todas sus miserias… aquí hay una soledad y un silencio que me capacitan para hacer lo que realmente me apetece hacer y para llevarlo a cabo con absoluta libertad… así, escribo y creo en función de mi necesidad de conocimiento, no tengo más plazos que los que yo me pongo y no hay una estética ni una crítica capaces de apartarme ni un ápice de mi camino creativo, sea malo o bueno.
Y, además, siempre vienen a visitarme amigos desde los centros de poder literario y noto cómo aquí se relajan… y les explico todo lo que acabo de relatar… pero ellos vuelven siempre a ese mundo parapoético a intentar ‘pescar’ algo perdiendo siempre más de lo que puedan conseguir.

*¿Cuál es el aspecto de tu obra poética del que te sientes más satisfecho?

Como ya no tengo abuela, creo que puedo decir sin equivocarme que mi mejor palo es el de la poesía versal. Ahí me encuentro muy cerca de la definición de poesía que me he hecho con los años… manejo bien el idioma, el ritmo interno del poema y el método… y sé lo que quiero decir y cómo decirlo. Pero en el fondo me da igual, pues hago lo que me viene en gana sin presión alguna, y siempre quedo satisfecho, no porque me  quede todo bien, sino porque hago exactamente lo que me apetece hacer, aunque sea mierda.

*¿Qué compartes, si es que compartes algo, con los poetas de tu edad?

Fundamentalmente comparto un tiempo vital muy interesante… pero poco más, pues no me adapto a ninguno de los  movimientos ni a las diversas escuelas estéticas, no comulgo con sus formas de ’hacer para’, no entiendo nada de la diferencia abismal que hay entre lo que escriben y cómo viven. Los aprecio a muchos, los leo y los sigo siempre (suelo informarme diariamente de todas las novedades en poesía), pero los miro con muchísima distancia, como si fueran seres de otro mundo. Me molesta mucho que quien es capaz de ‘decir’ con dignidad no sea capaz de ‘vivir’ y ‘hacer’ con la misma dignidad.

*Eres un persona muy polifacética: diriges una editorial, tienes una ONG, escribes novela, practicas el dibujo y la fotografía, has sido concejal, eres poeta… ¿Cuál de todas estas actividades te aporta más gratificaciones y con cuál te sientes más a gusto?

La verdad es que casi nada exterior me resulta grato, y ello es fruto precisamente de mi extenso trabajo de colaboración con grupos y personas, trabajo del que siempre he salido decepcionado.
Lo que me aporta más satisfacción es mi trabajo de cooperación con Perú, conocer situaciones muy adversas de personas concretas y trabajar para mejorarlas… y ver que mejoran… y rematar un poema o un dibujo que me deje satisfecho… y tener siempre ganas de ‘intentar’ algo nuevo (un fracaso nuevo… ja, ja, ja)… lo demás me da igual, pues he llegado a la conclusión de que el hombre, tal y como está arbitrado en la sociedad actual, no merece la pena…