miércoles, 29 de abril de 2026

UN LIBRO, UN POEMA (Jorie Graham)

#unlibrounpoema
Editorial


Al 2040, es decir, Hacia el 2040, comienza con este poema:

ESTAMOS

acaso ya extinguidos. De quién es
el mapa. ¿Puedo
mirarlo? Dónde está mi
demanda. ¿Es mi historia

verificable? ¿He
incluido el recuerdo
de los animales? Los recuerdos
de los animales. ¿Están

todavía aquí? ¿Estamos

solos? Mira,
los filamentos
aparecen. De recuerdos. ¿De quién? Cómo
era

la tierra. ¿Se movía
a través de nosotros? Algo dice sin parar:
¿estás ahí?
¿son reales tus
ancestros, tienes un
cuerpo, te tienes
a ti misma en
mente, puedes ver tus

manos?—¿lo has roto,
el hilo?—trata de sentir la
tensión del otro extremo—
dice que te asegures

de que ambos extremos estén
vivos cuando tires para
intentar reentrar
aquí. Un cuervo

ha llegado mientras
escribo todo
esto. In-
corpórame,

grazna. Se acerca
dando brincos por el muro
de piedra. ¿Recuerdas
la desesperación, cómo

se acerca?, dice. Lo

miro. No tengas
prisa, digo, pero
está picoteando
la piedra en todas

partes. Su plumaje es
sol. Me mira con
cautela porque
estoy inmóvil y

anhelante. Ve mi

soledad. Comienzan
las cigarras. ¿Es esto un encuentro
real?, pregunto. De los de
antes. De cuando había

cuervos. No,
dice la luz. Casi
no estás aquí. El
cuervo se fue

hace mucho. Ahora está
viajando por su hilo, su
senda de cielo, para siempre, él sabe
la corriente que atraviesa las

cigarras, que no puedes oír
pero que
ya te cercan. Pero, ¿no está
aquí?, pregunto, buscando

en mis estrofas.
¿No llegó hasta mí
al adentrarse? ¿No
entró aquí

en la estrofa ocho?—y adónde

se va ahora
que vuelve a irse, ahora
que te digo que el cuervo es dorado,
ahora que te digo echó a volar y

se fue, y se fue.


Puede resultar desconcertante, visionario, confuso, tal vez ininteligible. Pero es suficiente con tener en cuenta el título (¿cómo será el mundo en 2040 o 2100 o 2500?, ¿estará todo en su sitio tal y como lo conocemos o habrá desaparecido?) y saber que en 2021 le diagnosticaron un cáncer de útero muy agresivo. 

Esta circunstancia personal (durante la primera década del siglo ya había pasado un cáncer de mama), la enfermedad y el enfrentamiento a la muerte, nos sumerge en un paralelismo salud personal/ salud del planeta, que combina imágenes apocalípticas propiciadas por el cambio climático y las presumibles consecuencias destructivas. 

Y para contarnos todo eso elige, en mi opinión muy acertadamente, una escritura marcada por los versos fragmentados, rotos, continuamente encabalgados, incluso las palabras, y una altísima intensidad emocional conjugada con un tono conversacional que busca la complicidad con el lector, pero sin abandonar un aire profético, como corresponde al futuro en que nos quiere situar.

Y este es el poema que cierra la colección, que nos deja una ventana abierta a la lluvia, a las manos, a la vida.


ENTONCES LA LLUVIA

después de años de virga, después
de mucho casi
y mucho nunca más, después
de coalescer en relámpagos 

secos y corrientes en descenso y fuego,
después de tomar un camino
alterno por
la historia y eludir-

nos, después de los árboles, 
después de los jardines, 
después de las duras semillas 
empujadas lo más hondo

posible y nutridas con rocío, 
después de que los surcos 
que abrió antaño ella 
se llenaran de

polvo y moho—y vainas 
que no pueden brotar—
ni siquiera los pájaros 
venían—y que viejos caminos

comenzaran a reaparecer-

después de los animales,
después de los seres más pequeños 
dentro de sus túneles y bajo
sus rocas,

después de esfumarse todo, 
entonces, un día,
surgida de la inter- 
ferencia y la dis-

continuidad, de la in-
congruencia,
de la colisión
muy por encima de nuestras

tierras abrasadas, de
la química, incognoscible 
por más que se la 
cuantifique,

del roce de un átomo con
otro, surgida del
accidente del
contacto, llegó

la lluvia.

Pensamos que era solo 
más viento. Algo golpeteó 
el techo desconchado.
Sabíamos que no era

el crepitar del calor, nuestros imaginarios 
pájaros secretos. Lo supimos por el olor que 
llenó el aire re-
cordándonos, ¿a qué nos

recordaba, ese olor,

como si el aire se volviera verde, 
como si el aire fuera la entraña pro- 
funda de la tierra
que nunca alcanzamos,

allí donde ella alcanza
las constelaciones que no hemos 
descubierto, ni nombrado, y ya 
nunca lo haremos,

y que no están muertas, no—

Y trajo consigo memoria. Pero de 
qué. Tanto tiempo. Dónde estáis, 
tiempos verbales. Las copas vuelven a 
vibrar, más fuerte, y otra vez pensamos

viento. Empujé
el mosquitero oxidado
y salí. ¿Tenía miedo? Donde ella caía 
el polvo se arremolinaba

en millas de rechazos—fibroso, 
brillante, 
como si las llamas pudieran ser polvo, 
más veloz en cada aterrizaje, hasta que ella 
las sometió y volvieron

a depositarse como suelo,
y se quedaron quietas, 
y la absorbieron
en todas partes,

y cuando me senté en el parapeto 
resbalaba por mis rasgos,
y mi cuello era surcado por regueros, 
como si fuera un pequeño libro

que se lee con atención en busca 
de fallas, crestas, lapsos
de tiempo en mi pensamiento— 
porque no podía recordarla—

mi piel no podía,

mis manos no podían,

las miro ahora

con los ojos llenos de lluvia, 
y ellas dicen levántanos,
no vas a morir
aún, estamos

vivos en la muerte
de esta iteración de la
tierra, habrá otra
donde ningún ser como nosotros

recorra esta
meseta de años y minutos y pastos y
caminos, un lugar donde ninguna
memoria pueda tomar forma, ninguna memoria de

nada, jamás, aunque por ahora 
los cristales tiemblan mientras 
la lluvia golpea más fuerte 
y los tallos rígidos se doblan y


aquello que fue un pradera
libera un vapor,
y si escuchas puedes oír
en él un débil pulso,

un espejismo, una liberación de semillas en el aire

donde el viento insiste, y mis pesadas

manos que ahora se alzan, palmas hacia arriba, refulgentes,
me dicen,
toca, tócalo todo,
comienza por tu rostro,

pon tu rostro en nosotras.


Como podéis ver, el título de cada poema es también el primer verso.


***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

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