jueves, 23 de abril de 2026

DÍA DEL LIBRO


 

Y uno de los libros más hermosos que conozco sobre la lectura y sus virtudes:


En las páginas 61,62 y 62 encontré esto:

Hace algunos años, tuve la oportunidad de visitar una exposición que, sobre el cerebro humano, se celebraba en el maravilloso Museo de Historia Natural de Londres, en ese coqueto y señorial barrio de Kensington, tan cercano al lugar en el que Peter Pan, Wendy, los niños y las hadas seguirán viajando al País de Nunca Jamás.

En la sala que cerraba dicha muestra, y a gran tamaño, se mostraba la reproducción de un cerebro humano. Sobre él, un conjunto de focos iluminaban las zonas que cerebralmente entraban en actividad según uno desempeñara cada una de las tareas que, ordenadas a la perfección, se registraban en un panel adosado a una de las paredes del recinto.

Delante de cada una de las acciones propuestas había un botón de color que, al pulsarse, hacía que los focos, que sobrevolaban la reproducción de aquel cerebro, iluminasen tal o cual zona cerebral productora de inteligencia, de las cincuenta y nueve que, de manera exacta, lo componían.

Sorprendido, inquieto e interesado comencé a desvelar el juego. Y así comprobé que cinco, de las cincuenta y nueve áreas conectadas con la producción de inteligencia, entraban en actividad al ver un programa de televisión. (¿Será por ello que en televisión una flor no huela nunca? ¿O que el más suculento programa sobre cocina jamás sea capaz de generarnos el menor apetito?).

Cuarenta y dos áreas se encendieron al accionar yo el botón que decía escuchar música.

Por unos instantes dudé en pulsar el que, a medio camino de las actividades propuestas, señalaba la lectura de textos literarios. Pero al final, como casi siempre en mi vida, pudo en mí más la curiosidad y, con cierto temor, lo presioné.

El espectáculo que entonces presencié aún me conmueve. La totalidad de los focos se encendieron, iniciando a su vez un febril parpadeo, queriendo mostrar así que en ese preciso momento, en el instante mismo de leer, todo nuestro cerebro entra en ebullición.

Y es que, en un texto literario, claro que las flores huelen, exhalando hasta la más sutil y delicada. fragancia. Y las comidas apetecen, como aquellas inolvidables meriendas repletas de mermeladas, pastel de carne, galletas de jengibre y gaseosa que los Jorge, Jack, Dolly y Lucy paladeaban en los relatos de Enid Blyton que me iniciaron como lector. Los mismos que llevo prendidos en mi memoria, en el rincón donde estalla la luz de aquellos lejanos, y sin embargo tan presentes, veranos de mi infancia y adolescencia.

Ese parpadeo incesante, ese bullir imparable de nuestros cerebros es el feliz resultado del mejor de los encuentros con la lectura. El rebrotar de un mundo interior, del que somos cómplices, demiurgos; donde por medio de quien las ha escrito las palabras se vuelven revelaciones, destellos, cadencias.

Toda nuestra identidad queda capturada por una lectura que ya nos pertenece como nosotros a ella-, que nos hospeda, que nos arraiga, que nos contagia, que felizmente nos contamina, "pero no con el humo que asfixia el aire / (...) pero sí con tus ojos y con tus  bailes / (...) pero sí con los labios que anuncian besos" (Perdo Guerra, "Contamíame").

(Las negritas son mías)

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

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