jueves, 17 de septiembre de 2026

EL ARTE DE REPRESENTAR EL CIELO, y 19


Micromegas, el filósofo de Saturno y el barco con académicos terrícolas.
Micromegas. Voltaire. Ilustración de Charles Monnet.


Una de las cuestiones más fascinantes de la investigación científica actual es averiguar si en otros lugares del cosmos ha aparecido vida, pues aún no contamos con ninguna evidencia de que haya sido así. La comunidad científica se mueve con probabilidades, pero las probabilidades no son nada más que eso, probabilidades.

Al comenzar la década de 1990, los únicos planetas conocidos eran los del sistema solar. Desde entonces, la búsqueda de vida extraterrestre ha dado pasos de gigante. En la actualidad, los exoplanetas detectados se cuentan por miles. En nuestra galaxia hay, como mínimo, cien mil millones de estrellas, la mayoría de las cuales podría tener al menos un planeta, por lo que cabe esperar que haya más planetas que estrellas. 

Los datos sugieren que aproximadamente la mitad de las estrellas similares al Sol podrían tener un planeta no muy diferente a la Tierra —en densidad, gravedad, tamaño— y con condiciones potenciales para albergar vida. Dado que en el universo hay más de cien mil millones de galaxias, una extrapolación nos lleva a estimar que ha de haber trillones y trillones de planetas, muchos de ellos con condiciones adecuadas para la vida. 

Todo esto anima a pensar que la existencia de vida fuera de la Tierra es probable. Pero el optimismo no demuestra nada... ¡Es necesario buscarla! 

Teniendo en cuenta que las formas de vida simples requieren menos tiempo que otras más complejas, lo más probable es que sea este tipo de vida la más abundante en el universo, es decir la vida microscópica

La cuestión es ¿cómo y dónde buscarla en lugares tan lejanos? En la actualidad, se están explorando mundos del sistema solar mediante misiones de distinto tipo y experimentos diversos para poder detectar señales de actividad biológica. Marte es el principal lugar, pero no el único. 

Tal vez, si los problemas geopolíticos no lo impiden, la ESA envíe a Marte en 2028 el rover ExoMars Rosalind Franklin para buscar indicios de vida pasada y presente a partir del 2030. Hay otros lugares que son objetivos de interés en la exploración astrobiológica en el sistema solar, como Europa y Ganímedes, lunas de Júpiter; y Encelado y Titán, lunas de Saturno.

Con los exoplanetas la investigación está infinitamente más difícil, pues no se puede enviar tecnología, mucho menos visitarlos con misiones tripuladas. La cuestión es estudiar desde aquí la composición de sus atmósferas y comprobar si en ellas hay compuestos de origen biológico, los llamados biomarcadores o fósiles químicos. Así como en nuestro planeta la vida ha cambiado la química de la atmósfera y ha producido compuestos como el oxígeno y el metano, puede esperarse la existencia de estos y otros biomarcadores en aquellos mundos en los que haya aparecido la vida. 

Otra cosa bien distinta es que exista vida inteligente en alguna parte. 

El desconocimiento en torno a qué probabilidades hay de que, una vez surgida la vida, prospere hasta desarrollar civilizaciones avanzadas, o sobre su capacidad y manera de comunicarse, su esperanza de vida, si la vida inteligente es autodestructiva... es sencillamente enorme. 

A pesar de la incertidumbre, durante décadas se han buscado evidencias de civilizaciones extraterrestres. Hace unos setenta años comenzó el proyecto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence, "búsqueda de vida inteligente"), con el fin de rastrear el cielo con radiotelescopios para detectar señales enviadas al cosmos por otras civilizaciones que avisaran de su presencia. Hasta ahora no ha habido éxito. 

En la actualidad, las estrategias de búsqueda pasan por intentar averiguar si la tecnología que pudieran haber desarrollado ha dejado alguna impronta detectable  en el espectro de la luz emitida por el planeta que habitan o la estrella en torno a la que gira. El objetivo es la búsqueda astronómica de tecnofirmas

Como el desarrollo de la tecnología y su uso requieren un consumo ingente de energía, que se acelera con la sofisticación; y como en toda transferencia y transformación de energía hay pérdidas inevitables en forma de calor, que se emite en forma de luz infrarroja, ese exceso de radiación infrarroja sería una tecnofirma que, según algunos investigadores, podría detectarse con la tecnología adecuada. 

Lo cierto es que la única vida que conocemos es la que hay en la Tierra y, al ser nuestra única referencia, nos condiciona, pues la que haya ahí fuera —si es que hay— podría ser completamente diferente. Acaso nuestras estrategias actuales no puedan detectarla, o tal vez sí y no sepamos reconocer sus huellas. 

Sea como sea, lo cierto es que ni las probabilidades ni las creencias producen evidencias. Eso sí, mientras tanto siempre podremos disfrutar con las creaciones que la imaginación ha sido capaz de levantar desde muy antiguo. Para los amantes de la literatura sugiero estos títulos:

Historia verdadera, Luciano de Samósata.
Somnium, Johannes Kepler.

Todos ellos, por supuesto, anteriores a eso que conocemos como literatura de ciencia-ficción.

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

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