lunes, 24 de agosto de 2026

DIARIO DE UN RACIONALISTA ACORRALADO, 6


Puerta de la izquierda: entrada al ascensor que da acceso al bloque de casas donde vivo.

Puerta de la derecha: entrada al restaurante Garraxi.


Los hechos: 

20:30. Vuelvo a casa. Tres pasos por delante de mí un hombre joven mira hacia el interior del restaurante y se pone a orinar en la jardinera que hay entre puerta y puerta. Advierte mi presencia, me mira y dice con acento extranjero: Disculpa. Yo, en tono enfadado: No, no hay disculpa. Eres un cerdo. Él sigue meando.


#diariodeunracionalistaacorralado


Da igual que sea joven o viejo, extranjero o nacional. Da igual que sean las dos de la madrugada o las dos de la tarde. Da igual que exista la posibilidad de orinar en un baño situado a dos metros o a cien. La muy guarra e incivilizada costumbre de orinar en cualquier sitio la veo todos los santos días en todas partes: en parques, en paredes, en huertas, en aceras, en plazas, en descampados...

No, la ciudad no es un urinario.

Todos los espacios de una ciudad son espacios compartidos. Por ellos transitamos niños, personas mayores, gente que madrugan, quienes tienen que entrar en sus portales, servicios de reparto, comerciantes... y todos nos encontramos con el regalo infecto y maloliente pegado a la fachada, fluyendo por el suelo.

Es indignante la naturalidad con la que algunos lo hacen. Miran alrededor, comprueban (a veces) que nadie les presta demasiada atención y, ¡hala!, a vaciar la vejiga. Sin pudor, sin consideración, sin preguntarse quién tendrá que pasar por allí después, sin imaginar que un crío pueda tropezar ahí mismo y dar de bruces con la inmundicia.

Porque siempre hay un después. Alguien tiene que aguantar el olor. Alguien tiene que limpiar. Alguien tiene que abrir la persiana de su negocio y enfrentarse a una acera convertida en baño público. Y mientras tanto, el resto de la ciudadanía lo asumimos como algo que forma parte del paisaje a sufrir.

Una ciudad limpia no depende exclusivamente de que existan servicios municipales de limpieza. También depende de que sus habitantes entiendan que lo público no significa de nadie. Significa de todos. Una pared pública sigue siendo una pared que nos pertenece a todas las personas. Una calle sigue siendo una calle por la que pasan otras personas. Y un portal ajeno no es el cuarto de baño de quien ha tenido la indecencia de no acudir a un baño.

Basta ya de normalizarlo. Quizá haya que recuperar algo tan elemental como la vergüenza de molestar a los demás. Y, sobre todo, quizá debamos recordar una regla bastante sencilla: si no mearías en la puerta de tu propia casa, probablemente tampoco deberías hacerlo en la de los demás.

La ciudad merece algo mejor que esquinas que huelan a orina. Las personas que vivimos en ella merecemos respeto. 

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

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