Mostrando las entradas para la consulta DIARIO DE UN RACIONALISTA ACORRALADO ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta DIARIO DE UN RACIONALISTA ACORRALADO ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de marzo de 2026

DIARIO DE UN RACIONALISTA ACORRALADO, 4 (Destruir por destruir)




La semana pasada no fue una semana afortunada para mi coche. En ese breve plazo sufrió las consecuencias de dos acciones claramente estúpidas (una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio, La leyes fundamentales de la estupidez humana, Carlo M. Cipolla). El martes un abollamiento sin que nadie dejara la nota; el domingo, retrovisor, limpiaparabrisas trasero arrancado y otros pequeños daños en la chapa.


Hay actos humanos que, por su complejidad o por sus consecuencias, invitan a debates profundos. Y luego están aquellos que, cuanto más se analizan, más evidencian su absoluta falta de sentido. Entre estos últimos destaca uno especialmente absurdo: causar daños a una propiedad simplemente por el hecho de hacerlo, sin obtener ningún beneficio material, emocional o simbólico de ningún tipo.

Romper una farola, pintar un muro ajeno sin intención artística ni reivindicativa, destrozar mobiliario público o privado… son acciones que no construyen nada, no expresan nada y, en la mayoría de los casos, ni siquiera alivian nada. Se trata de una destrucción vacía, sin propósito, que deja tras de sí únicamente costes, molestias y un rastro de incomprensión.

Quien incurre en este tipo de conductas suele ampararse en impulsos momentáneos: aburrimiento, frustración, imitación... Ninguna razón justifica el acto. La diferencia entre un impulso y una decisión es precisamente la capacidad de detenerse a pensar en las consecuencias. Y aquí es donde este tipo de comportamiento revela su carácter profundamente estúpido: no solo no aporta nada, sino que además perjudica a otros y, en última instancia, a la propia comunidad de la que forma parte quien lo comete.

El daño a la propiedad, especialmente cuando es pública, tiene un efecto multiplicador. Lo que se rompe debe repararse, y lo que se ensucia debe limpiarse. Eso implica recursos económicos que podrían haberse destinado a mejorar servicios, infraestructuras o espacios comunes. Es decir, el acto aparentemente pequeño de una persona termina afectando al bienestar de muchos. En ese sentido, no es solo una acción inútil, sino también profundamente egoísta.

Pero incluso en el caso de la propiedad privada, el problema persiste. Detrás de cada objeto dañado hay tiempo, esfuerzo y dinero invertidos por alguien. Destruirlo sin motivo es, en esencia, despreciar ese esfuerzo. Es una forma de agresión indirecta que no necesita contacto personal para causar un perjuicio real.

Hay quienes intentan romantizar este tipo de conductas como una forma de rebeldía. Sin embargo, la verdadera rebeldía implica cuestionar, proponer, crear alternativas. Destruir sin objetivo no es rebeldía: es vacío. Es la manifestación más pobre de la inconformidad, aquella que no sabe transformarse en algo constructivo.

Frente a esto, la responsabilidad individual se vuelve clave. Vivir en sociedad implica aceptar ciertas normas básicas de convivencia, entre ellas el respeto por lo ajeno. No se trata de una imposición arbitraria, sino de una condición necesaria para que cualquier comunidad funcione. Sin ese mínimo respeto, todo se degrada: los espacios, la confianza y, finalmente, la calidad de vida.

Causar daños a una propiedad sin obtener ningún beneficio no es un acto de valentía ni de expresión, sino de simple estupidez. Es la renuncia a pensar, a crear y a convivir. Y, como toda estupidez, tiene un coste que, tarde o temprano, alguien acaba pagando.

 
***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

sábado, 5 de septiembre de 2026

DIARIO DE UN RACIONALISTA ACORRALADO, 7

Imagen generada con IA.

Compartir viene de compartīri = dividir con otros. El prefijo com- significa «con» o «junto». La raíz partīri significa dividir, repartir, dar partes.

En el Diccionario de frases célebres, Sintes, 1981, leo una cita de Urania, un poema de carácter didáctico escrito por Christoph August Tiedge (1752-1841) e inspirado nada menos que por la ética de Kant: Colmado de felicidad o de sufrimientos, el corazón tiene necesidad de un segundo corazón. Alegría compartida es doble alegría; dolor compartido es medio dolor.

Me repito, ya lo sé. Hace un tiempo redacté una entrada con el mismo tema. Un correo electrónico de una gran librería es la responsable de esta insistencia: 

Este es el día de quienes tienen un libro empezado
Y otro esperando en la mesilla

Te compartimos nuestros recomendados en este Dia Mundial de los Amantes de los Libros

Puntualizo: 

1º. La librería no comparte nada conmigo, es un horrendo eufemismo para hacer publicidad de sus mercancías, que aparecían convenientemente enlazadas con ese horrible Día Mundial de.

2º. El tal día no es una creación de algún organismo internacional para promover el desarrollo de la cultura, es una creación de alguien a quien se le ha ocurrido y que las redes sociales propagan sin ton ni son.

3º. Ya sé que la RAE, incapaz de parar el abuso del verbo compartir incluyó en el diccionario en 2021 el significado siguiente: poner a disposición de un usuario un archivo, un enlace u otro contenido digital

En la entrada que redacté en 2022 decía que una cosa es realmente compartir y otra muy distinta enviar, dar a conocer, difundir, copiar, hacer publicidad, notificar, propagar, divulgar, publicar..., porque las acciones y las intenciones con que se realizan pueden ser muchas y diversas, y en casi todos los casos eso que recibimos está muy lejos de ser un objeto que se comparte, aunque la pobreza lingüística, la falta de propiedad en la expresión y la pereza mental nos lleven a escribir frases tan pedestres como ese horroroso te comparto o compártelo. Todo eso, además, sin ninguna nota que aclare el motivo y sin saber si a quien lo recibe le puede interesar lo más mínimo.

Soy reiterativo, lo sé, pero, por favor, que nadie me dé las gracias por compartir lo que aquí hago público. No estoy compartiendo nada, estoy expresando mi opinión a través de este medio en el que intento escribir cada día.

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

viernes, 20 de marzo de 2026

DIARIO DE UN RACIONALISTA ACORRALADO, 3

Desembocadura del Urumea con el Auditorio Kursaal en la otra orilla.
 

#diariodeunracionalistaacorralado

Los hechos: 

Miércoles, 18 de marzo, acudo al Kursaal para oír el concierto que la OSE y el Coro Easo ofrecen. Un concierto estupendo, un público no tan estupendo. La mujer que tengo a mi lado está más pendiente de chatear vía guasap que del concierto. Literalmente: durante todo el concierto para violonchelo de Schumann (25 minutos), no abandona ni un solo momento la pantalla. Durante la segunda parte, la correspondiente a la obra de Respighi, está más moderada; solamente lo utiliza de forma ocasional. Pero no era la única pantalla iluminada. Hubo bastantes más.

La reflexión:

En una sala de conciertos, donde cada nota ha sido cuidadosamente ensayada y cada silencio tiene un propósito, el público forma parte esencial de la experiencia. Sin embargo, en los últimos años se ha vuelto cada vez más habitual observar un gesto que rompe esa armonía: personas que revisan y responden mensajes en sus teléfonos móviles durante la actuación.

A primera vista puede parecer un acto inofensivo. No hay sonido, no hay conversación en voz alta, no hay una interrupción evidente. Pero la realidad es bien distinta. La luz de una pantalla en medio de la oscuridad no solo destaca, sino que irrumpe y molesta. Es un punto brillante que capta la atención de quienes están alrededor, desviando la mirada del escenario hacia algo completamente ajeno al espectáculo.

El problema no es únicamente visual. Quienes han acudido al concierto para sumergirse en la música ven interrumpida su concentración. La experiencia, que debería ser colectiva e inmersiva, se fragmenta. Por su parte, los artistas, especialmente en espacios más íntimos, perciben esos destellos. No es difícil imaginar lo desconcertante que puede resultar interpretar una pieza emocionalmente intensa mientras, en la penumbra, aparecen pequeñas luces que son ajenas al momento.

Además, este hábito revela una preocupante dificultad creciente para desconectar. Asistir a un concierto implica, en cierto modo, un compromiso: estar presente, escuchar activamente, dejarse llevar. Responder un mensaje puede esperar; la música en directo, en cambio, ocurre una sola vez.

La tecnología no es el enemigo. Los teléfonos forman parte de nuestra vida cotidiana y pueden ser útiles incluso en contextos culturales, sin duda. El problema surge cuando su uso interfiere con la experiencia de los demás. Del mismo modo que se evita hablar en voz alta o levantarse constantemente, debería considerarse una norma básica no utilizar el móvil de ninguna manera durante la actuación.

Recuperar el respeto por el silencio y la atención compartida no es una cuestión de normas estrictas, sino de convivencia. Un concierto no es solo lo que sucede en el escenario, sino también lo que ocurre en la sala: un colectivo de oyentes que, durante un tiempo, decide escuchar en comunidad. Apagar la pantalla, en ese contexto, es también una forma de encender la experiencia.

Tal vez, lo mismo que se advierte sobre el silencio en que deben mantenerse los teléfonos, debería empezar a pedirse por megafonía que no se usen de ninguna de las maneras posibles porque las molestas luces de las pantallas perturban notablemente la atención y el disfrute de la música.

 
***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

lunes, 24 de agosto de 2026

DIARIO DE UN RACIONALISTA ACORRALADO, 6


Puerta de la izquierda: entrada al ascensor que da acceso al bloque de casas donde vivo.

Puerta de la derecha: entrada al restaurante Garraxi.


Los hechos: 

20:30. Vuelvo a casa. Tres pasos por delante de mí un hombre joven mira hacia el interior del restaurante y se pone a orinar en la jardinera que hay entre puerta y puerta. Advierte mi presencia, me mira y dice con acento extranjero: Disculpa. Yo, en tono enfadado: No, no hay disculpa. Eres un cerdo. Él sigue meando.


#diariodeunracionalistaacorralado


Da igual que sea joven o viejo, extranjero o nacional. Da igual que sean las dos de la madrugada o las dos de la tarde. Da igual que exista la posibilidad de orinar en un baño situado a dos metros o a cien. La muy guarra e incivilizada costumbre de orinar en cualquier sitio la veo todos los santos días en todas partes: en parques, en paredes, en huertas, en aceras, en plazas, en descampados...

No, la ciudad no es un urinario.

Todos los espacios de una ciudad son espacios compartidos. Por ellos transitamos niños, personas mayores, gente que madruga, quienes tienen que entrar en sus portales, servicios de reparto, comerciantes... y todos nos encontramos con el regalo infecto y maloliente pegado a la fachada, fluyendo por el suelo.

Es indignante la naturalidad con la que algunos lo hacen. Miran alrededor, comprueban (a veces) que nadie les presta demasiada atención y, ¡hala!, a vaciar la vejiga. Sin pudor, sin consideración, sin preguntarse quién tendrá que pasar por allí después, sin imaginar que un crío pueda tropezar ahí mismo y dar de bruces con la inmundicia.

Porque siempre hay un después. Alguien tiene que aguantar el olor. Alguien tiene que limpiar. Alguien tiene que abrir la persiana de su negocio y enfrentarse a una acera convertida en baño público. Y mientras tanto, el resto de la ciudadanía lo asumimos como algo que forma parte del paisaje a sufrir.

Una ciudad limpia no depende exclusivamente de que existan servicios municipales de limpieza. También depende de que sus habitantes entiendan que lo público no significa de nadie. Significa de todos. Una pared pública sigue siendo una pared que nos pertenece a todas las personas. Una calle sigue siendo una calle por la que pasan otras personas. Y un portal ajeno no es el cuarto de baño de quien ha tenido la indecencia de no acudir a un baño.

Basta ya de normalizarlo. Quizá haya que recuperar algo tan elemental como la vergüenza de molestar a los demás. Y, sobre todo, quizá debamos recordar una regla bastante sencilla: si no mearías en la puerta de tu propia casa, tampoco deberías hacerlo en la de los demás.

La ciudad merece algo mejor que esquinas que huelan a orina. Las personas que vivimos en ella merecemos respeto. 

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

lunes, 20 de abril de 2026

DIARIO DE UN RACIONALISTA ACORRALADO, 5


Suelo pasar con frecuencia por el túnel de Egia. Con la misma frecuencia veo cómo algunas personas se cuelan en la estación desde que se ha abierto el acceso a la misma desde el túnel, haya o no haya personal en el despacho de la derecha. Curiosamente, sobre los paneles que anuncian salidas y llegadas existen dos cámaras con las que, quiero suponer, quedará registrado lo que ocurre en esta zona de la estación, ¿o están, acaso, de adorno?

La verdad es que resulta profundamente absurdo colocar artefactos, señales, carteles y redactar normas básicas de convivencia si nadie, absolutamente nadie va a molestarse —ese me parece el verbo más adecuado en este caso, molestarse— en intentar que se cumplan.


Las reglas que ordenan la vida en común —respetar el descanso ajeno, cuidar los espacios compartidos, moderar el ruido, recoger lo que se ensucia...— no son caprichos ni imposiciones arbitrarias, o no deberían serlo. Son acuerdos mínimos que permiten que la convivencia no se convierta en una jungla de intereses individuales donde gana el más fuerte, quien más molesta o a quien menos le importa el resto.

Carteles ignorados, avisos que se repiten sin consecuencias, quejas que se acumulan en un buzón que nadie atiende... Y mientras tanto, quienes sí cumplen terminan sintiéndose tontos, ingenuos, ninguneados y perjudicados por respetar unas reglas que otros vulneran sin la menor consideración.

Este fenómeno tiene un efecto corrosivo. No es solo el deterioro de las buenas costumbres y la convivencia; cuando las normas básicas no se respetan, se produce una erosión en la confianza colectiva. Cuando las normas no se aplican, dejan de ser normas y se convierten en sugerencias. Y cuando todo es sugerencia, la convivencia se transforma en una negociación constante donde siempre pierde la persona más respetuosa.

La responsabilidad no recae únicamente en quienes incumplen, aunque su conducta sea evidente. También hay una responsabilidad compartida en quienes deben velar por el cumplimiento de esas normas y optan por la inacción. Porque establecer reglas sin mecanismos reales para hacerlas cumplir no es neutral: es, en la práctica, una forma de renunciar a ellas.

No se trata de promover una vigilancia asfixiante ni de convertir la vida cotidiana en un campo de sanciones. Se trata de coherencia. Si una comunidad decide que ciertas conductas no son aceptables, debe respaldar esa decisión con medidas proporcionales, claras y, sobre todo, efectivas. De lo contrario, el mensaje que se envía es inequívoco: aquí cada cual hace lo que quiere. Una norma que no se va a cumplir es mejor no ponerla.

No es que me preocupe el hecho de que unas cuantas personas se cuelen en una estación y viajen gratis. Siempre ha habido aquí y en todas partes gente que se ha colado. La diferencia está en la cantidad, en la frecuencia. Y si quienes se cuelan lo hacen porque no tienen dinero para pagarse el transporte, lo que habría que hacer es dotarlas de un pase para que puedan hacerlo sin transgredir la norma. De hecho, la imagen que da ese nuevo acceso a la estación donostiarra es sencilla y llanamente de abandono, por muy nuevo que sea el mibiliario.

Este no es nada más que un ejemplo. Tendríamos que preguntarnos si queremos normas que tranquilicen la conciencia, que adornen la literatura de usos y costumbres o normas que realmente ordenen la vida compartida, que ayuden a que la comunidad se sienta cómoda y orgullosa de serlo. Porque entre ambas hay una diferencia crucial: las primeras se leen, las segundas se respetan .

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

sábado, 20 de septiembre de 2025

DIARIO DE UN RACIONALISTA ACORRALADO, 1

#diariodeunracionalistaacorralado
 

No voy a entrar en la parafernalia ideológica que las fiestas del barrio de Egia llevan consigo. Eso daría para otro entrada. No, aquí solamente voy a hablar de decibelios, muchos decibelios porque, según parece, sin estruendo, sin ruido atronador una parte minoritaria de la sociedad es incapaz de divertirse, de ser feliz y necesita hacérselo saber a la otra parte mayoritaria que tiene el inaudito descaro de querer, por ejemplo, dormir cuando llega la noche.

Lo moderno, lo divertido, lo democrático, lo justo y necesario es celebrar las fiestas haciendo saber al bebé que intenta dormir entre toma y toma, a la enferma que está postrada en la cama, al personal que al día siguiente tiene que madrugar para ir al estúpido trabajo, a quien la noche anterior perdió un ser querido, a la persona que decidió hace algún tiempo que lo que quería era calma y silencio para sentirse un poco mejor, a todas las personas del vecindario que cometen la osadía de querer dormir por la noche hay que hacerlas saber que han llegado las fiestas populares, las del barrio, las que no son una imposición del ayuntamiento y aunque estés sumido en una depresión de caballo, debes divertirte con la música más atronadora aunque esa música ni ese volumen te gusten ni te convengan. 

Y, por supuesto, nada de concentrar los diabólicos altavoces cargados de maravillosa potencia de sonido en una zona determinada como hacen las administraciones centralistas, autoritarias y antidemocráticas. No. Los magníficos y potentísimos altavoces hay que repartirlos por todas las calles y plazas. Que no quede ningún rincón sin disfrutar del éxtasis festivo y liberador, pues para eso está la sesuda y democrática Comisión de festejos, encargada de hacer llegar la felicidad a todas las personas del barrio, porque ya sabemos que la peor fiesta es la que no se hace y también eso otro de la fiesta es el ser supremo de la felicidad. 

Y es que la Comisión, que para eso está, piensa en todas y cada una de las personas del barrio ajustándose al democrático lema de a cada cual según sus necesidades. Que tú tienes mucha necesidad, pues te plantas toda la noche al lado del técnico de sonido y saltas y gritas hasta alcanzar tu dosis de necesidad necesaria (imprescindible pleonasmo)Que no tienes tanta, pues te encierras en tu casa, con tus ventanas aislantes del ruido bien cerradas, con las que creías que tu singular ateísmo festivo iba a quedar a salvo. Eso sí, la felicidad te va a llegar, porque la santa y omnipotente Comisión es más sabia que tú y sabe que sí te hace falta tu parte alícuota de éxtasis y estrépito salvífico. El descanso nocturno es una alienación burguesa, retrógrada y, por supuesto, antidemocrática.  

Y todo gratis y sin tener que pedirlo. Y yo empeñado en mantener mi agnosticismo. No sé cómo puedo vivir en el más profundo de los errores.   

*** 

Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

martes, 14 de octubre de 2025

DIARIO DE UN RACIONALISTA ACORRALADO, 2

Ballon dog en el mostrador de la tienda de la Bolsa de comercio de París 

#diariodeunracionalistaacorralado

El lema de Bertrand du Guesclin, famoso mercenario tanto por su participación en la Guerra de Cien Años como en el enfrentamiento entre los Trastamara, Enrique y Pedro, era Dat virtus quid forma negat, "el valor da lo que la belleza niega", que bien podría ser aplicado, a este Perro globoes decir, el valor monetario, económico, da al objeto la valía estética que el perrito no tiene.

Por si no alcanzáis a leer lo que pone en el cartelito que se encuentra junto a las patas traseras del objeto en cuestión, os lo digo aquí: "Ballon Dog (blue), Jeff Koons, 50400€, edición limitada de 799 ejemplares en porcelana de Limoges". O sea, la venta de los 799 globos realizados con cerámica de Limoges supondrían un total de 40.269.600€. No alcanzo a imaginar qué precio puede tener el que se suele exponer en galerías y museos. Supongo que uno solo dará para vivir el resto de los días del artista y de toda su familia.

Sin duda, el precio del arte nada tiene que ver con su valor artístico.

Cierro con otra cita sacada de su contexto: Algo huele a podrido en... (Hamlet, act 1, esc 4, v 100) el mundillo del arte.

***
Espero y deseo que el acuerdo de tregua entre Hamas e Israel pueda llevar una paz duradera y estable a la región. 

Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).