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jueves, 5 de febrero de 2026

RETRATOS DE AMANTES (Marie-Thérèse Walter), 45

Fauno descubriendo a una mujer. fuente: Museo Reina Sofía.


No me interesa el carácter protéico de las relaciones afectivas del creador Picasso. Me interesa su obra, la que permanecerá más allá de su biografía y en la que podemos ver e interpretar parte de la historia del arte del siglo XX y, por tanto, reconocer símbolos, manifestaciones y tendencias.

Picasso tiene una obra enorme y, seguramente, los aguafuertes no sean ni lo más característico ni lo más reconocido de ella. Dentro de la serie Retratos de amantes, que ya se acerca a su fin, podía haber elegido cualquier otro retrato de 
Fernande Olivier, de Marie-Thérèse Walter, Eva Gouel, de Gabrielle Depeyre, de Dora Maar o de Françoise Gilot, todas ellas modelos, musas y amantes retratadas en más de una ocasión.

Durante el verano de 1936, año fatídico para los españoles, Picasso graba este Fauno descubriendo a una mujer, plancha que cierra la serie conocida como Suite Vollard. El fauno, medio animal, medio hombre, se representa como un nuevo alter ego del artista. Representado, aparentemente, como un mirón, contrasta con el clasicismo de la mujer dormida a la que tal vez despierte. ¿Homenaje a Marie-Thérèse Walter?.

De este Fauno me llama la atención no tanto la poderosa sensualidad con que aparece Marie-Thérèse Walter, sino cómo se auterretrata él, porque el fauno no es una figura mitológica, sino él. Esto daría para un trabajo de prospección freudiana para el que no tengo ni formación ni ganas. Apunto simplemente algunos interrogantes: ¿se ve Picasso a sí mismo como un poderoso dios del erotismo?, ¿es un símbolo de la rebelión contra la moral burguesa?, ¿es una exaltación de la sexualidad?, ¿se trata simplemente de un divertimento de la imaginación creadora?, ¿estamos ante una metáfora del impulso machista?...

De la anécdota sobre el encuentro me llamó la atención lo que en algunos libros y reportajes se cuenta: ella tenía 17 años y él 45. Él se presento, pero ella no sabía quién era. A él le impresionó su juventud y su aspecto clásico y encantador. El romance lo vivieron al principio en secreto, pues él entonces estaba casado. Todo bastante tópico. De la relación, nació Maya

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Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

jueves, 12 de febrero de 2026

RETRATOS DE AMANTES (Patricia Preece), 46

Self-Portrait with Patricia Preece. Fuente: The Fitzwilliam Museum.


El comentario que aparece en la página oficial del museo me parece que es altamente clarificador y cumple muy bien con el objetivo de ilustrar lo que la obra pictórica muestra. Aquí está:

Hay algo entre tú y yo que no debe romperse. La ley no me permite tener dos esposas. Sin embargo, debo tener y tendré dos. Mi desarrollo (como artista) depende de tenerlas a ti y a Patricia. (De una carta no enviada de Stanley Spencer a Hilda Spencer, 8 de septiembre de 1936).


El 24 de mayo de 1937, Stanley Spencer formalizó su divorcio de Hilda, su primera esposa y madre de sus dos hijos. Cinco días después, se casó con la artista Patricia Preece, la mujer que aparece tan expuesta, tan desencantada, en este notable retrato doble. Estaba listo para poner en práctica un plan largamente acariciado.

Después de la boda, Patricia fue a St. Ives, en Cornualles, acompañada por su compañera de toda la vida, Dorothy Hepworth. Stanley se quedó unos días para terminar un trabajo en Cookham, el pequeño pueblo de Berkshire donde había nacido y al que había dado fama gracias a sus pinturas. En cuestión de días, tras seducir a Hilda desde Londres, logró seducir a su esposa recién divorciada. Dejó constancia de su entusiasmo por este logro:

Por primera vez en mi vida, tuve la alegría de hacer lo que durante años había deseado: hacer el amor con dos mujeres a la vez.

Por desgracia, no parece haber explicado sus ambiciones domésticas a las dos mujeres que estaban destinadas a desempeñar un papel tan vital en ellas. Se sorprendió sinceramente cuando Hilda pareció disgustada al día siguiente al anunciar que se reuniría con su nueva esposa en St. Ives. Y por mucho que Patricia supiera de antemano de sus deseos, reaccionó furiosa cuando le confesó su conquista más reciente. Aunque habían sido amantes durante varios años, el matrimonio nunca se consumó y, al regresar a Cookham, Patricia regresó a su antigua casa con Hepworth. La arrepentida Hilda permaneció en Londres y Stanley se encontró sin esposas de verdad.

¿Estaba siendo desesperadamente ingenuo? ¿Grotescamente egoísta? ¿Ambas cosas? Esta pintura, probablemente realizada durante su extraordinario año matrimonial, sugiere una humildad y un autoconocimiento que parecen haber faltado en su conducta.

Es fácil creer que el artista que recreó el cuerpo desnudo de esta mujer estaba obsesionado con él. El propio Spencer comparó su método de pintar a Patricia en primerísimos planos con una hormiga que recorría los contornos de su cuerpo. Los pliegues de su cuello, pechos y pezones, el vello púbico minuciosamente representado, el hueso pélvico marcadamente protuberante, la gama de tonos de piel brillantemente observada: todo resulta casi inquietantemente directo. Quizás haya que remontarse a la obra del gran artista holandés del siglo XVII, Rembrandt, para encontrar el cuerpo femenino tratado de una manera tan franca y realista.

Si bien esto sugiere una profunda intimidad física, parece existir un abismo emocional entre la pareja. La cabeza de Patricia, incómodamente apoyada en su mano, muestra una expresión de aburrimiento y decepción. Sus ojos miran con desaliento hacia la parte inferior del lienzo, mientras Spencer la observa directamente, no mucho más feliz que ella. Las sábanas están arrugadas y Spencer tiene el rostro visiblemente rojo, pero hay poca sensación de plenitud. ¿Visualiza la pintura sus temores, expresados ​​en ese momento, sobre su incompetencia sexual?

Resulta ligeramente cómico que, aunque él mismo está claramente desnudo, Spencer se haya dejado las gafas puestas, presumiblemente para ver mejor el cuerpo de su amada. Nos recuerda a otro grabado de Rembrandt en el Fitzwilliam, que muestra al dios griego Júpiter, en la forma de un viejo sátiro lujurioso, observando con lascivia la figura desnuda y reclinada de Antíope dormida.

Un tema central en la obra de Spencer a lo largo de su vida fue la presencia de lo divino en lo cotidiano. Todas sus pinturas religiosas se desarrollan en entornos contemporáneos. Cristo predica en la Regata de Cookham en una serie de pinturas de 1955. En La Traición (1923), el jardín amurallado de Fernlea, la casa de Cookham High Street donde nació el artista, representa el Huerto de Getsemaní. Y alrededor de 1935 concibió la idea, nunca realizada, de una «Casa de la Iglesia», cada habitación de la cual estaría llena de sus pinturas que celebraban esta unión de lo sagrado y lo profano. Una «capilla» albergaría sus retratos íntimos de Patricia.

«El deseo es la esencia de todo lo sagrado», dijo Spencer una vez, y consideraba su amor por Hilda y Patricia, de alguna manera, sacramental. Aquí, se arrodilla ante la figura postrada de su segunda esposa desnuda, como si comulgara en un altar.



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Fuente: Wikipedia

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jueves, 27 de marzo de 2025

RETRATOS DE AMANTES (Anne Luise), 3

Joven mártir cristiana. Fuente y sitio original: Museo del Louvre.

Sin duda, la muerte de una persona querida es el acontecimiento más impactante que puede vivir un ser humano, más si quien muere es la persona amada. Ante esta pérdida cada cual reacciona de una manera distinta. Y se dan tantas formas de reacción como maneras de ser de la persona que recibe el impacto de la pérdida y circunstancias en las que la muerte se produce. 

Esta obra fue realizada entre 1854 y 1855, es decir, cuatro años antes de la muerte del autor, Paul Delaroche (1797-1859), pintor destacado del romanticismo francés en el ámbito de la pintura histórica. Sin embargo, en este lienzo, aunque se mantienen algunas de las características propias del romanticismo, especialmente ese aire de nocturnidad y misterio, si hacemos caso al título completo del lienzo, Joven mártir ahogada en el Tíber durante el reinado de Diocleciano, tendríamos que interpretarla como otra obra más de carácter histórico. Y así nos lo dicen los elementos con que se narra la historia: una mujer maniatada y arrojada al agua, condenada a ahogarse, con la aureola sobre la cabeza para recordarnos que se trata de una mártir cristiana.

Ignoro si Delaroche conocía los trabajos de los prerrafaelistas, yo creo que sí, porque aquí veo un claro recuerdo de la Ofelia, de Millais, óleo que precede a este en dos años. Además, habría que tener en cuenta que la pintura romántica agonizaba ya en la segunda mitad del XIX y que cuanto en Joven mártir cristiana apreciamos carece del impulso liberal políticamente comprometido y aleccionador de las obras de género del romanticismo (La Balsa de la Medusa, La Libertad guiando al Pueblo...). 

Pero no es solamente la Ofelia. La forma en que representa el cuerpo sin vida de la mártir, los detalles hiperrealistas, la suavidad, la dulzura y la serenidad con que recogen el cuerpo humano los artistas anteriores a Rafael (Filippo Lippi, Sandro Botticelli, Paolo Uccello...) y ese vago ánimo de decaimiento mezclado con un apreciable esteticismo, todo eso está mucho más cerca del prerrafaelismo que de la impetuosidad romántica.

Claro que a estas alturas tal vez os estaréis preguntando por qué he traído esta Joven mártir cristiana a la sección de Retratos de amantes? La respuesta es sencilla y tiene que ver con el párrafo inicial: el rostro con que está representada la mártir que aparece en este lienzo es el de la mujer del pintor, Anne Louise, quien murió diez años antes de pintar esta obra y de cuya pérdida, dicen los biógrafos, nunca se recuperó, dejándolo sumido en un largo estado de melancolía.

Verdaderamente me gustaría saber qué es lo que le llevó a pintar el rostro de su amada esposa en el cuerpo de la joven mártir. Supongo que eso nunca lo sabré.

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jueves, 10 de abril de 2025

RETRATOS DE AMANTES (Dina Vierny), 5



De esta escultura que Maillol (1861-1944) tituló El río, existen numerosas reproducciones repartidas por el mundo: en el Jardín del Carrusel, París; en el Citygarden, San Luis; en el MOMA; en el Museo Norton Simon de Pasadena; en la Kunsthalle de Hamburgo; en el Museo de Bellas Artes de Houston; en el Museo de Bellas Artes de Virginia; en algunas colecciones privadas; y también en el barrio de Talacker de Zúrich.

Un breve comentario sobre la misma en la página del MOMA dice lo siguiente: 

Encargado de crear un monumento para un notable pacifista, el escritor francés Henri Barbusse, Maillol concibió la escultura como una obra sobre el tema de la guerra: una mujer apuñalada por la espalda y cayendo. Cuando el encargo fracasó, transformó la idea en El Río. Alejándose de las convenciones habituales de la escultura monumental, la figura yace a ras de suelo y descansa aparentemente de manera precaria sobre el pedestal, incluso colgando por debajo de su borde. Girando y girando, sus brazos alzados sugieren la presión de una poderosa corriente, esta mujer es la personificación del agua en movimiento.

Este comentario nos sitúa muy bien ante el contenido propio de la obra y nos proporciona una información interesante sobre la manera de aprovechar un material ya elaborado al que, con la sencilla fórmula de cambiar el título, se le hace variar de forma rotunda la idea de la que era portador. 

Tan interesante como el significado que pretende transmitir, me ha parecido esta anécdota que recoge la Historia universal del arte (Salvat, 1992, p 35): Periódicamente, la modelo que posó para Maillol durante diez años hasta su muerte en 1944 acudía a los jardines de las Tullerías, donde estaban dispuestas sobre los céspedes dieciocho obras del maestro, para sacar brillo con un producto de limpieza a sus propias formas en bronce expuestas a la intemperie y a los agravios de las palomas.

En esa Historia... no nos dicen quién fue la modelo, sí, en cambio, cualquier pequeña biografía o, incluso, la misma entrada que Wikipedia dedica al artista francés: Dina Vierny (1919-2009), Dina Aïbinder, nacida en Chisináu, antigua Bessarabia, Moldavia en la actualidad. De allí salieron sus padres con ella cuando tenía siete años para huir del régimen estalinista. 

En 1934, en París, por mediación del arquitecto Dondel, a quien le había parecido que ella y las estatuas de mujeres de Maillol tenían un gran parecido, entraron en contacto la adolescente y el artista. Él tenía setenta y tres años; ella quince. Desde entonces, Dina se convirtió en la gran musa del escultor. Pero no queda ahí la cosa. El poder expresivo de las rotundas formas desnudas de la joven, sirvieron también para que Matisse, Bonnard y el propio Maillol "recuperaran la inspiración", según reconocieron ellos mismos.

Maillol tuvo en cuenta la edad de la modelo y preparó una mesa de estudio en la misma sala, de tal forma que entre posado y posado pudiera atenderlos. Después de acabar la enseñanza secundaria, se matriculó en la facultad de Física y Química de la Sorbona. Durante la Segunda Guerra Mundial fue arrestada por la policía francesa cuando la descubrieron cruzando la frontera con España —ayudaba a que antifascistas en peligro huyeran del territorio galo—. Maillol pagó un abogado para conseguir que la dejaran libre y posteriormente la convenció para que se refugiara en casa de Matisse, pues la habían clasificado como de "raza judía".

Después de la guerra y del fallecimiento del artista, el hijo de este, le encargó la gestión y cuidado de la obra de su padre. Aconsejada por Matisse, trabajó como galerista. En los años 60 solicitó al ministerio de Malraux la restauración de una escultura que había en el jardín de las Tullerías, cosa que se hizo, y el propio Malraux le propuso instalar allí mismo las esculturas de gran tamaño. El fotógrafo Doisneau recogió con su cámara el acontecimiento.

En 1983 creó la Fundación Dina Vierny, fundación que más adelante se encargaría de poner en marcha el Museo Maillol, abierto al público en 1995. 

Dina Vierny y Aristide Maillol nunca fueron amantes en el sentido físico de la palabra. El amor tiene muchas maneras de manifestarse. Una de ellas es la simpatía y el agradecimiento mutuo. Tal vez eso que en un sentido lato podemos entender como amor platónico.

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jueves, 17 de julio de 2025

RETRATOS DE AMANTES ( Mazzafirra), 18

Judith con la cabeza de Holofernes, Cristofano Allori. Fuente: Wikipedia. 


La escena en breve: Holofernes, general de Nabucodonosor, sitía y logra que Betulia se rinda. Judith no está dispuesta a que la ciudad sea dominada por los asirios. Prepara una cena para el general y sus jefes. Cuando ya están todos ahítos y medio borrachos se van a dormir. Ella permanece en la tienda del general con su criada a quien le dice que permanezca vigilante en la puerta. Cuando Holofernes es vencido por el sueño, Judith le corta cabeza. 

La escena fue muy repetida por los artistas del renacimiento y del barroco. Tal vez la más conocida sea la de Caravaggio. A mí esta me parece más interesante por un par de detalles que enseguida comentaré, aunque son coetáneas y tienen muchos elemntos en común, incluida la enorme calidad técnica y el absoluto dominio del dibujo y la composición.

El primer detalle que me llamó la atención cuando la vi por primera vez fue la superposición de dos triángulos para encajar los elementos que vemos en el óleo. El primero, el más vistoso, es el que forma la vestimenta de Judith; es un triángulo cuya base está abajo y en él se enmarcan los ricos ropajes de vivos colores que dan luz a la escena. El segundo es un triángulo invertido formado por las cabezas de Judith, Abra y Holofernes. Un detalle tardomanierista que subraya el dramatismo de la escena y que, acaso, remita de forma inconsciente a la historia interna del artista y su amante.

Y es que esta sección va de retratos de amantes, y lo que aquí estamos viendo son tres retratos. El principal, el de Judith, es el retrato de Mazzafirra, amante de Allori (cuyo rostro vemos a través del degollado Holofernes), y el de la sirvienta Abra es el de la madre de Mazzafirra. Si tenemos en cuenta que la relación entre Mazzafirra y Allori fue bastante problemática y pródiga en conflictos, y si además sabemos que en 1613, año en que se pintó esta obra, ella ya le había dejado, podríamos interpretar el óleo como un registro sentimental del derrotado Allori en las lides del amor. 

Incluso podríamos ir más lejos y decir que los rostros nos están contando su propia historia, su historia interna: un Allori vencido y resignado a su abandono, una madre que no termina de creerse la actuación de su hija y una Mazzafirra, tal vez no tan segura de sí misma y de su decisión que nos mira con cierta nostalgia. Todo ello subrayado por el triángulo que entrelaza personajes en una inquebrantable geometría y un fuerte claroscuro que acentúa el dramatismo de la escena. 

Puestos a imaginar, las escenas ¿religiosas? dan para ir muy lejos. Y eso, sin recurrir a Freud.

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jueves, 13 de marzo de 2025

RETRATOS DE AMANTES ( Anna Klumpke, Rosa Bonheur), 1

 #retratosdeamantes

Rosa Bonheur, 1898. Fuente: Wikipedia. Original en el Metropolitan.

Fascinado con este y otros muchos cuadros que a lo largo de la historia del arte han pintado quienes en algún momento de su vida estuvieron enamoradas de las personas que aparecen retratadas, me he animado a iniciar una serie con este retrato en el que aparece Rosa Bonheur realizado por Anna Klumpke, pues de cuantos retratos de amantes que conozco este es el que me transmite mayor serenidad, sosiego y mucho, mucho cariño.

Anna Klumpke (1856-1942) fue una pintora estadounidense que, después de estudiar arte en su país, se apuntó en la Academia Julian de París con el firme propósito de llegar a ser una pintora profesional, es decir, vivir de su trabajo, lo que consiguió con relativa facilidad. Ya en 1884 ganó el premio a la alumna más destacada en el prestigioso Salón de aquel año. Posteriormente volvió a su país, dio clases de pintura en Boston, pero enseguida regresó a Francia, entre otras razones, porque deseaba conocer a Rosa Bonheur, pintora a la que admiraba por su trabajo. 

Rosa, 34 años mayor que Anna, era ya una exitosa pintora especializada en animales, feminista militante y con un estilo de vida poco convencional para la época. Por cierto, ha sido la primera mujer condecorada con la máxima distinción francesa, la Legión de Honor, ya en la temprana fecha de 1865, a los 43 años de edad. Uno de sus lienzos más famosos está en el Museo del Prado, El Cid, que no es el caballero castellano, sino un león que ella tenía en su casa.

Anna, para poder acercarse a ella, se hizo pasar por tratante de caballos; luego hubo una cena, congeniaron..., y poco después iniciaron su vida en común.

El retrato es muy realista y nos presenta a la pintora delante de uno de sus muchos trabajos sobre caballos. La retratada nos mira directamente (mira a Anna) con una expresión dulce y afectuosa. Tiene en ese momento 72 años y, si damos crédito a lo que la pintura transmite, es una persona que está a gusto consigo misma. 

Anna fue declarada heredera y cuando Rosa murió, la artista americana creó un presigioso premio con el nombre de su amante, se encargó de poner en marcha el Museo Bonheur en la casa-castillo de Fontainebleau y redactó The artist's (auto)biography, donde quedó recogida la biografía de ambas.

Lo que más me gusta del retrato es que quiere representar a la persona amada tal cual es, sin transformismo ni alambicados símbolos ajenos a la persona. Tal cual.

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jueves, 12 de marzo de 2026

RETRATOS DE AMANTES (Maria Boursin ), y 50

La gran bañera. Fuente: Wikipedia

Con este óleo de Pierre Bonnard (no confundir con Léon Bonnat) finalizo esta serie dedicada a retratos de amantes. La serie podría haber continuado mucho más allá, pero creo que la media centena es un número redondo para finalizar y también es un número suficientemente significativo como para intuir que prácticamente no ha habido artista que no haya dejado recogida de alguna manera la persona amada, ya sea en rápido boceto, fotografía, consistente escultura o simbólico lienzo.   

Bonnard, tras sus inicios en el modern style, se convirtió en el pintor de escenas íntimas, especialmente y casi de manera obsesiva, de desnudos femeninos en torno al baño. También dedicó gran atención a las plazas y bulevares parisinos, a los cafés, a las casa de campo y a los ramilletes de amapolas, sin olvidar el cartel publicitario, del que fue un auténtico maestro y el que le proporcionó buena parte de sus ingresos.

Pierre Courthion, estudioso y admirador de la obra de Bonnard, ha dejado escrito sobre su: En su arte, el incesante elogio de la mujer, cuyos atractivos se reflejan en espejos, es como un mal necesario. La incomparable sensibilidad de Bonnard está hecha de resguardada ingenuidad. Este hombre de rostro dulce, un poco soñador, de mirada escrutadora, ha sabido conservar en su pintura la nota matizada, efusiva, deslumbrante, y ello hasta el final, hasta el momento en que ya no puede distinguirse entre, sol, mar y cielo, y todo queda confundido en la magia del color (Bonnard, peintre du merveilleux).

La mujer representada una y otra vez en sus lienzos y bocetos es Maria Boursin, con quien se casó en 1925, después de llevar casi treinta años de convivencia, aunque anteriormente ya había habido otra musa en la obra de Bonnard. Ella, M. Boursin, además de ser la musa y la modelo principal de Pierre, se dedicó también a la pintura. 

Para quien guste del cine: Bonnard, el pintor y su musa recoge bien el ambiente artístico en que se movieron durante aquellos años en París, pero, sobre todo, se centra en la relación sentimental entre ambos, relación a la que se añade en 1920 Reneé Monchaty, quien acabará suicidándose.



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Moshe Dayan  



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jueves, 8 de enero de 2026

RETRATOS DE AMANTES (Valerie Neuzel), 41

Mujer con medias negras. Fuente: Reprodart


Pilar Gómez Rodríguez cuenta en La otra vida de Egon que en la estación de Tull, después de que hubiera transcurrido más de un año sin que pasaran trenes por ella, la familia de Adolf Schiele (padre, madre, tres hermanas y el pequeño Egon Schielese colocaba en fila a la espera de un amigo imaginario, a veces, incluso de madrugada. Nadie se atrevía a decir que no al padre. En un momento dado, Adolf Schiele comenzaba a sonreír y su risa iba en aumento, luego palmoteaba en el aire, abrazaba a su querido fantasma y comenzaba a dialogar solo. Como la autora dice, la muerte siempre tuvo una presencia sustancial tanto en el padre como en el hijo. Pero esa es otra historia.

Egon Schielle (1890-1918) ingresó en 1906 en la Academia de Bellas Artes de Viena, allí estudió dibujo y diseño. Tres años después la abandonó porque la consideraba una  institución un tanto academicista y tradicional, y fundó la Neukunstgruppe junto con otros compañeros. Un par de años antes había conocido a Klimt, quien fue su maestro más influyente. A través de Klimt, Schiele se introdujo en el grupo de la Secesión vienesa. Klimt, además, le presentó a algunos ricos mecenas que le aseguraron una cierta estabilidad económica. 

La muchacha y la muerte
Pero desde el inicial ambiente modernista y esteticista, Schiele fue derivando cada vez con un mayor acento hacia el expresionismo, algo que empieza a apreciarse en la profunda distorsión de cuerpos, que será una de las marcas propias de su estilo, así como la obsesión por la muerte. Pero estamos en el apartado de amantes y en este trabajo de 1913 todavía no está claramente presente la idea de la muerte, aunque posiblemente el señor Freud podría decir otra cosa.

El artista conoció a Valerie (Wally) Neuzil, 17 años, en 1911. Con ella mantuvo  una relación sentimental y fue también su modelo. Ambos marcharon a Krumau, de donde era originaria la madre de él. Era una pequeña población y la forma de vida de la pareja chocó a los habitantes de la pequeña población, lo que provocó que rápidamente se fueran de allí. De allí fueron a Neulengbach, donde en 1912 él fue acusado de corrupción de menores por la edad de su joven amante y por utilizar como modelos a los niños que se acercaban a su casa. 

Más adelante conoció a las hermanas Harms, a las que se dedicó a cortejar con la intención de conseguir un matrimonio ventajoso, y eso acompañado de su amante Valerie, cosa que consiguió materializar el 17 de junio de 1915, es decir, durante la Primera Guerra Mundial. Schiele, como formaba parte de la élite intelectual, no fue enviado al frente, y estuvo destinado en Praga dentro de los servicios administrativos. Poco después fue trasladado a Viena, donde tenía permiso para usar su taller. 

En aquella época, Schiele propuso a Valerie, por medio de una carta, que se comprometía a emprender todos los veranos un viaje de recreo con ella. Ella rechazó la propuesta y se incorporó a la Cruz Roja. Su muerte se produjo en 1917, sin que hubiera habido ningún otro encuentro con Schiele desde el matrimonio con Edith Harms.


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Moshe Dayan  



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jueves, 30 de octubre de 2025

RETRATOS DE AMANTES (Suzanne Valadon), 32

La geule de bois (la resaca). Harvard Art Museum.

#retratosdeamantes

Toulouse-Lautrec (1864 -1901) era hijo de aristócratas y, por lo tanto, no necesitaba trabajar para poder vivir. También era hijo de primos y esto, junto a sus desgraciadas caídas de caballo —en cada una de ellas se rompió una pierna distinta—, seguramente afectó a su discapacidad física. Sus padres le animaron a pintar y dibujar como actividad que pudiera ofrecerle ciertas satisfacciones y alegrías. La afición caló y con el apoyo de su tío Charles y varios pintores amigos de la familia fue a vivir a París en 1881 en busca de una mejor formación. A sus padres no les agradó mucho cuando descubrieron que su inspiración y su temática como pintor procedía del libertino mundillo de Montmartre.

Lautrec se sentía a gusto en el ambiente de los cafés, cabarés y burdeles del barrio parisino. Su personalidad extrovertida y arrolladora, más la gran habilidad con los lápices, hizo de él un personaje popular en ese medio. Su obra dio a conocer a muchos de los variopintos personajes que se movían en ese ambiente. Y allí estaba Suzanne Valandon (1865 - 1938), hija de una lavandera, quien se convirtió en favorita de artistas como Puvis de Cavannes o Renoir.

Ella vivía con su madre en el mismo edificio donde vivía Lautrec y, posiblemente, de ahí vino el conocimiento y la relación. También es posible que la pintura esté realizada en el propio apartamento de Lautrec, pues se sabe que tenía una mesa de café como la que aparece en el retrato. 

Fuese esto como fuere y aunque Lautrec se rodeó de la compañía de numerosas mujeres, generalmente prostitutas, no se sabe si llegaron a tener relación como amantes, si bien sus biógrafos dan por bueno que ella llegara a ser el único amor auténtico de él. Lo cierto es que cuando su madre y ella tramaron una amenaza de suicidio para empujarle al matrimonio, él cortó la relación. 

No entro en la biografía de ella porque más adelante tendré ocasión de hacerlo, pero no como modelo, sino como la artista importante que fue y que recogió a sus amantes en su obra. Pero de eso me ocuparé en otra entrada.

No quiero cerrar esta sin destacar la técnica pictórica tan característica del de Albi, nombrada por algún estudioso de su obra como verduras picadas. Se trata de una pincelada rápida, nerviosa, de una viveza extraordinaria, que revela la rapidez con que pintaba y, por tanto, la capacidad para recoger con unos cuantos trazos la escena que se nos presenta ante la vista.

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Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
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jueves, 3 de abril de 2025

RETRATOS DE AMANTES (Lucrezia Buti), 4


Virgen entregando el cinturón a santo Tomás. Fuente: Prato Turismo.

Cuanto vemos aquí, es una una historia de fe y religión cristiana. Típico trabajo de encargo para una institución religiosa. 

Tomás era uno de los apóstoles, el que no creía en la resurrección de su maestro y al que este le hizo meter los dedos en la herida para que comprobara la verdad de que, efectivamente, era él. Y creyó. Posteriormente se hizo uno de los apóstoles más entregado a la causa y anduvo predicando por Persia y por la India.

Dice la leyenda que mientras andaba perdido por esos mundos lejanos le llegó un aviso de Pedro. Le pedía que volviera sin demora, porque la Virgen iba a partir y quería antes despedirse de todos. Pero cuando llegó, la Virgen ya había subido al cielo.

El pobre Tomás, esceptico él, puso en duda lo de la ascensión y le dijo a Pedro que abriera el sepulcro. Se abrió el sepulcro y estaba vacío. Entonces, Tomás vio que María bajaba del cielo. Cuando estuvo a su altura, se quitó el cíngulo que ceñía su vestido y se lo dio.

Ese cinturón es hoy la reliquia más preciada de la Catedral de Prato. Y esa es la razón de la existencia de este óleo, que fue encargado para recordar la anécdota y enaltecer el valor de la reliquia. Además de santo Tomás (de rodillas), están representados, san Gregorio (con el báculo), san Agustín (a la derecha de la Virgen),santa Margarita (a la derecha de san Agustín, izquierda en el cuadro), Tobías (niño con el pez) y varios ángeles.

La Virgen con el Niño y dos Ángeles
Fuente: Galería de los Uffizi
Hasta aquí lo que el artista reflejó de la leyenda. Todo bastante normal, dentro de los parámetros de las creencias religiosas y las formas y maneras del Primer Renacimiento. Ahora fijémonos en la cara de santa Margarita y comparémosla con la de esta Virgen con Niño, también de Filippo Lippi. Se parecen tanto que diríamos que son la de la misma persona, la de la misma modelo que posó para uno y otro trabajo. Y, si es así, ¿podríamos saber quién era?

En esta tarea, el divertido, apasionante e imprescindible libro de VasariLas vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue a nuestros tiempos (la que yo tengo es una antología, pero hay una edición completa en Cátedra), nos da la respuesta: 

(Filippo Lippi) se trasladó a Prato, castillo cercano a Florencia, donde gracias a algunos parientes que aún vivían, permaneció durante meses haciendo obras en distintos lugares del castillo y en compañía de fra Diamante del Carmino, que había sido su compañero de noviciado. Fue entonces cuando las monjas de Santa Margherita le encargaron una tabla para el altar de la iglesia. Poco después de haberla empezado, mientras estaba en el monasterio, vio un día a una de las hijas del florentino Francesco Buti, que había ido allí para hacerse monja o quedarse en custodia. Después de haberse ganado la complicidad de Lucrezia, que así se llamaba la joven, de bellísimo aspecto y gracia, obró por todos los medios con las monjas hasta conseguir hacerle un retrato para ponerlo en una figura de la Virgen, dentro de su obra, concesión que le hicieron no sin bastantes dificultades. Por distintos medios consiguió apartar a Lucrecia de las monjas, justo el día que ella había ido a ver el cíngulo de la Virgen, celebrada reliquia de ese castillo. Las monjas se avergonzaron de ello. Y su padre, Francisco, no volvió a estar contento, ya que se le vituperó mucho por ello. Quería volverla a tener, pero ella por temor no quería volver. Porque, enamorado de sus cualidades, Filippo la dejó embarazada, y en su momento dio a luz un niño, también llamado Filippo, que fue, como su padre, un pintor excelente y famoso (pp 281-2).

Según nos cuenta Vasari, el fraile Filippo tenía una irrefrenable propensión a las mujeres: Vivió honradamente de sus esfuerzos, y gastó extraordinariamente, sobre todo en asuntos amorosos, de los que disfrutó continuamente mientras vivió y hasta su muerte (p 284). Pero Lucrezia fue la amante con la que convivió y a la que inmortalizó en sus mejores obras. Por cierto, Filippino, el hijo, es el que aparece aupado por el ángel en La Virgen con el Niño y dos Ángeles, tal vez, su mejor trabajo artístico.

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