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sábado, 25 de abril de 2026

EL SOL


Esta es mi primera fotografía del Sol. No es la mejor fotografía que podéis encontrar, pero es la que he conseguido desde el balcón de casa con mi pequeño telescopio y en ella se pueden apreciar unas cuantas manchas solares. Para celebrar este pequeño acontecimiento personal recurro a mi ejemplar De la Tierra al universo, que comienza el capítulo dedicado al Sol y la heliosfera con una cita de El Quijote:

(...) padre de la Poesía, inventor de la Música, tú que siempre sales y, aunque no lo parece, nunca te pones! A ti digo, ¡oh, sol, con cuya ayuda el hombre engendra al hombre!, a ti digo que me favorezcas y alumbres (...). 
        Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote, II, XLV.

Y luego David Galadí-Enríquez y Jordi Guriérrez Cabello escriben este claro e instructivo texto:

El Sol, la estrella más cercana, es el objeto astronómico más importante para la vida en la Tierra y, al mismo tiempo, constituye uno de los cuerpos celestes más fáciles de observar. Las radiaciones y partículas emitidas por el Sol determinan en gran medida las condiciones reinantes en los planetas del Sistema Solar y en el espacio interplanetario. Además, el estudio detallado de este astro proporciona informaciones muy valiosas para la física estelar, ya que se trata de la estrella mejor conocida.



Características fundamentales del Sol

A simple vista, el Sol aparece como un disco muy brillante, amarillento, de unos 32 minutos de arco de diámetro. Aunque su observación directa es dañina para el ojo, a veces una capa de nubes poco densas permite percibir su perfil perfectamente circular. Sin información adicional ni otra ayuda óptica, la observación directa del Sol no ofrece ningún indicio sobre su distancia o su naturaleza verdadera: ¿es un disco, una esfera o un agujero brillante en el techo del cielo? Interpretaciones como estas se han sucedido a lo largo de los siglos, pero solo con la revolución copernicana en los siglos XVI y XVII se despejó el camino para el estudio científico del astro rey. El sistema heliocéntrico situó el Sol en el lugar principal del cosmos conocido y, a la vez, ubicó las estrellas a distancias enormes de la Tierra. Pronto se abrió paso una idea que hoy consideramos obvia, pero que en su día fue ignorada incluso por científicos de la talla de Kepler y Galileo: las estrellas son soles y el Sol no es sino una más entre la multitud de estrellas que pueblan el universo. Hoy sabemos que el Sol es una enorme esfera gaseosa cuyo radio supera en unas cien veces el de la Tierra. Mide 1.39 millones de kilómetros de diámetro y posee una masa de 1.99 × 1030 kg, esto es, 333000 veces la de la Tierra. La densidad promedio que se deduce de estos datos es 1.41 gramos por centímetro cúbico, lo cual implica que el Sol, aun siendo un cuerpo gaseoso, es más denso que el agua líquida. El brillo de la superficie del Sol guarda relación con la temperatura de las capas externas, en torno a 5500 grados Celsius. Como veremos a lo largo del presente capítulo, en la actualidad son muchos los datos conocidos acerca del Sol, si bien persisten aún bastantes incógnitas pendientes de respuesta.



La distancia al Sol

La distancia constituye un parámetro fundamental para conocer la naturaleza del Sol. Por otra parte, la separación entre la Tierra y el astro rey supone el patrón fundamental de medida en el seno del Sistema Solar. Es más, por su intervención en el método de las paralajes trigonométricas para valorar distancias estelares, se trata de la medida fundamental sobre la que se asienta toda la escala cósmica de distancias.
En épocas tan tempranas como el siglo III antes de nuestra era, Aristarco de Samos propuso un método para medir la distancia de la Tierra al Sol en términos relativos, empleando la distancia a la Luna como unidad. Sin embargo, este método se enfrenta a dificultades prácticas que lo hacen muy poco preciso y, en definitiva, imposible de aplicar.
Las primeras medidas fiables de la distancia al Sol las obtuvieron Giovanni Domenico Cassini y sus colaboradores del observatorio de París en el año 1671, a través de la comparación de las posiciones aparentes del planeta Marte observado desde dos ubicaciones muy separadas en la superficie terrestre. Sabidas las dimensiones de la Tierra, Cassini dedujo por triangulación la distancia a Marte y, aplicando la tercera ley de Kepler, obtuvo una distancia Tierra-Sol ligeramente inferior a la admitida en la actualidad. El mismo método pero aplicado no a Marte, sino a algunos asteroides cercanos a la Tierra, ha arrojado las medidas más precisas disponibles en nuestros días. Otros muchos procedimientos confirman los resultados a través de la utilización de diferentes técnicas observacionales, como el cronometraje de los tránsitos de Venus ante el disco del Sol, la evaluación de la aberración de la luz, y otros de naturaleza mucho más técnica. La distancia media Tierra-Sol resulta ser de 149.60 millones de kilómetros. Como ya es bien sabido, la distancia al Sol varía a lo largo del año debido a la excentricidad de la órbita de la Tierra, con valores extremos de 147.10 y 
152.10 millones de kilómetros. 

A continuación ofrecen una tabla con los datos más sobresalientes del Sol de los que copio estos pocos: 


Distancia media a la Tierra: 
149.5979 x 10^6 km
Rotación sidérea ecuatorial: 25 días 16 horas
Rotación sinódica ecuatorial: 
27 días 14 horas
Diámetro: 
1.391 x 10^6 km
Temperatura superficial: 
5780 K
Temperatura central: 
15.6 x 10^6 K


Y continúa el texto: 

La unidad astronómica de distancia se definió en un principio como el valor de la separación promedio entre la Tierra y el Sol, esto es, la longitud del semieje mayor de la órbita terrestre. Sin embargo, el semieje mayor de la órbita de nuestro mundo es una cantidad variable debido a las perturbaciones ejercidas por otros planetas. Por esta razón, la Unión Astronómica Internacional (UAI) ha adoptado una definición fija de la unidad astronómica igual a un número exacto de metros, en concreto 149 597 870 700 metros. Esta cantidad se eligió lo más parecida posible al semieje mayor de la órbita terrestre, que en la actualidad es muy ligerísimamente mayor (unos cientos de kilómetros). La UAI decretó también que el símbolo de esta unidad de medida sean las letras minúsculas au, aunque la comunidad astronómica no ha seguido esta recomendación con demasiada diligencia.

El capítulo continúa explicando la composición química de nuestra estrella, el origen de la energía solar, los neutrinos del Sol, la estructura del mismo, la actividad solar, la heliosfera y el medio interplanetario y se cierra con un apartado sobre las distintas técnicas y posibilidades de observar el Sol, que en cualquier caso NUNCA pasa por mirarlo directamente porque eso supondría daños irreversibles en la retina.

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).


domingo, 12 de abril de 2026

EL LAGO ENCANTADO, Lyadov


Anatoly Konstantinovich Lyadov (1855-1914) fue el primer compositor al que Sergei Diaghilev ofreció el encargo de crear un ballet basado en la leyenda rusa del Pájaro de Fuego. El compositor le dijo a Diaghilev que la tarea le llevaría por lo menos un año, haciendo que su finalización fuera demasiado tarde para la inclusión de la obra en la proyectada temporada de París de 1910. El encargo fue para Igor Stravinsky. Digamos que Liadov era un tipo talentoso pero no diligente.

Sin embargo, en su mejor momento Liadov fue admirado como pianista, editor (él y Rimsky llevaron las obras de Glinka a la publicación), director de orquesta (dirigió los estrenos de la Primera y Segunda Sinfonía de Scriabin), y compositor de, sobre todo, elegantes miniaturas para piano. En sus últimos años produjo tres joyas incontestables que sustentan su fama: el poema sinfónico Baba YagaEl lago encantado y Kikimora.

El compositor se refirió a El lago encantado (1908) como un "cuadro de fábula", y fue su favorita entre sus composiciones: Qué pintoresco es —escribió a un amigo— qué clara es la multitud de estrellas que se ciernen sobre los misterios de las profundidades. Pero sobre todo no hay ruegos ni quejas; sólo la naturaleza fría, malévola y fantástica como de un cuento de hadas. Uno tiene que sentir el cambio de los colores, el claroscuro, la incesantemente cambiante quietud y la aparente inmovilidad.

La pieza es una delicia de serenidad mística. Las aguas se agitan suavemente bajo cielos estrellados, en sugestivos cambios de acordes.

Que la música os sea favorable.


***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

sábado, 10 de enero de 2026

W. B. YEATS EN 12 POEMAS Y ALGO MÁS

 -1-

13 de enero, 17:30

Para participar en el grupo sigue siendo necesario inscribirse en el mostrador de recepción de la biblioteca o llamando al teléfono 943 505 421.



EL NIÑO ROBADO (All poetry)


Donde la agreste roca se sumerge
de los bosques de Sleuth en la laguna,
hay una frondosa isla
donde aleteantes garzas despiertan
a las amodorradas ratas de agua;
allí ocultamos nuestras cubas de hadas
que rebosan bayas
y rojísimas cerezas robadas.
¡Vamos, vamos, niño humano!
Al agua y la naturaleza
con un hada de la mano,
que el mundo lo llena el llanto más de lo que puedas creer
.


Donde la ola de luz de luna alumbra
la arena oscura y gris,
lejos en la punta de Rosses,
toda la noche caminamos,
hilando danzas antiguas,
entremezclando manos y miradas
hasta que alza el vuelo la luna;
brincamos de un lado para otro
persiguiendo en la espuma las burbujas
mientras el mundo colman inquietudes
y lleno de ansiedad malduerme. 
¡Vamos, vamos, niño humano!
Al agua y la naturaleza
con un hada de la mano,
que el mundo lo llena el llanto más de lo que puedas creer
.

Donde el agua errabunda sale a chorros
de las cimas que se alzan en Glen-Car,
en charcas entre los juncos
que apenas podrían bañar una estrella,
buscamos truchas soñolientas
y susurrándoles al oído
les provocamos sueños intranquilos;
apartándose suavemente
de helechos que vierten sus lágrimas
en los arroyos jóvenes.
¡Vamos, vamos, niño humano!
Al agua y la naturaleza
con un hada de la mano,
que el mundo lo llena el llanto más de lo que puedas creer
.

Con nosotras viene
el de solemnes ojos;
ya no volverá a oír el mugido
de terneras en la cálida ladera,
ni la tetera en la repisa
le insuflará paz en el corazón,
ni verá a los ratones agitarse
en torno de la caja de la avena.
Pues ya viene, el niño humano.
Al agua y la naturaleza
con un hada de la mano,
que el mundo lo llena el llanto más de lo que puedas creer
.



-2-


POR LAS SAUCEDAS ABAJO (All poetry)

Por las saucedas abajo, mi amor y yo nos encontramos;
ella pasó junto a los sauces con pies blancos cual la nieve.
"Tómate el amor con calma, como la hoja crece en el árbol",
dijo; mas yo, joven y tonto, no pensé lo mismo que ella.

En un prado junto al río, mi amor y yo nos detuvimos,
y sobre mi hombro, inclinado, puso su mano de nieve.
"Toma la vida con calma, como la hierba crece en la presa",
pero yo era joven y tonto, y hoy esto lleno de lágrimas.

-3-


LA ISLA EN EL LAGO DE INNISFREE (All poetry)


Me levantaré ahora e iré, iré a Innisfree,
y haré allí una humilde cabaña de arcilla y zarzas;
nueve hileras de judías tendré allí, una colmena que me dé miel
y viviré solo en un claro entre el zumbar de las abejas.

Y allí tendré algo de paz, pues la paz viene gota a gota
y cae desde los velos matinales a donde canta el grillo;
allí la medianoche es una luz tenue, y un cárdeno brillo el mediodía,
y colman el atardecer las alas del pardillo.

Me levantaré ahora e iré, pues siempre, día y noche,
oigo el rumor del lago ante la orilla;
cuando estoy en la calzada, o en las grises aceras,
lo oigo en lo más hondo de mi corazón.

El poema original en la voz de Yeats.

-4-


CUANDO SEAS VIEJA (All poetry)


Cuando ya seas vieja y canosa, y con sueño
des cabezadas junto al fuego, coge este libro
y léelo soñando con la mirada suave
que tuvieron tus ojos, y con sus hondas sombras;

y cuántos tus momentos de alegre gracia amaron,
y tu belleza, con falso o con sincero amor,
mas sólo uno amó en ti el alma peregrina,
y amó las aflicciones de tu cambiante rostro;

e inclinándote luego junto a encendidas barras,
susurra, algo apenada, cómo se fue el Amor
al paso por encima de las altas montañas
y su rostro ocultó un sinfín de estrellas.

-5-


LOS CISNES SALVAJES DE COOLE (All poetry)

Los árboles son bellos en otoño,
las sendas de los bosques están secas;
bajo el crepúsculo de octubre, el agua
refleja un cielo inmóvil;
sobre el agua que brilla entre las piedras,
cincuenta y nueve cisnes.

Diecinueve otoños han pasado
desde que los conté por vez primera;
vi, antes de terminar
a todos ascender súbitamente
y dispersarse en grandes semicírculos
sobre sus clamorosas alas.

He admirado a estos seres espléndidos,
mas ahora me duele el corazón.
Todo ha cambiado desde que al ocaso
por vez primera oí en esta orilla
el tañer de sus alas sobre mí
y pasé con un paso más aleve.

Aún sin fatigarse, amante junto a amante,
chapotean en los helados
arroyos amigables o se elevan;
sus corazones no han envejecido;
pasiones o conquistas, donde vayan,
aún los acompañan.

Pero ahora vagan sobre el agua inmóvil,
misteriosos, hermosos;
¿en qué cañaveral harán su nido,
al borde de qué lago o de qué charca
deleitarán los ojos de los hombres
cuando despierte un día y vea que han volado?


-6-
  

PASCUA DE 1916 (All poetry)


Con ellos me he cruzado al caer el día
cuando venían, la mirada intensa,
de algún escritorio o ventanilla
entre sombrías casas dieciochescas.
Con la cabeza los he saludado,
o con alguna amable frase hecha;
me he detenido otras veces un rato
a decir otra amable frase hecha,
y antes de terminarla he pensado,
en un escarnio o maledicencia
para dar gusto a alguien sentado
en el club, cerca de la chimenea,
seguro como estaba de que todos
en un país de bufones vivimos;
todo cambiado, cambiado del todo:
una terrible belleza ha nacido.

El día se pasaba esa mujer
ocupada en su buena voluntad
de ignorante; la noche, en perder
la voz por discutir y pelear.
¿Acaso existía voz más grata
que su voz cuando, bonita y joven,
en pos de los lebreles cabalgaba?
Dirigía una escuela este hombre,
jinete del caballo alado nuestro;
este otro, su ayudante y amigo,
entonces empezaba a mostrar genio,
podría haber adquirido prestigio,
su sensibilidad tal parecía,
tal el arrojo y la delicadeza
de sus ideas. A este veía
en sueños, jactancioso, sin maneras,
y borracho. Peor no pudo obrar
con personas a quienes quiero tanto,
pero en esta canción figurará,
y es que también él ha renunciado
a su papel en la incierta comedia;
él también ha cambiado y se ha visto
transformado de todas las maneras:
una terrible belleza ha nacido.

A lo largo de inviernos y veranos
un corazón con una idea fija
parece convertida por encanto
en piedra que agita las aguas vivas.
El caballo que por la senda corre,
el jinete, los pájaros de vuelo
errante atravesando nubarrones:
ellos cambian momento tras momento;
una sombra de nube en curso de agua,
de un momento a otro ha cambiado;
en la ribera un casco resbala,
y un caballo cae chapoteando;
va la zancuda focha a sumergirse,
a un macho llama una focha hembra;
ellos momento tras momento viven,
y sigue en medio de todo la piedra.

En piedra puede acabar convertido
un corazón de sacrificar tanto.
Ah, ¿cuándo se hartarán? Papel divino
es ese, el nuestro es ir musitando
nombre tras nombre, como una madre
el de su hijo, cuando al fin el sueño
se apodera de las extremidades
que estaban agitándose sin freno.
¿Y no es esto el anochecer acaso?
No, no, no es la noche; es la muerte;
¿Fue inútil esa muerte al fin y al cabo?
Porque Inglaterra su palabra puede
cumplir por todo lo dicho y hecho.
Conocemos el sueño de ellos; basta
con saber que soñaron y están muertos.
Pero ¿qué importa si un amor sin tasa
hasta la muerte los enajenó?
Todo esto voy yo a escribir en rima:
MacBride y MacDonagh, el profesor,
Pearse y Connolly, el sindicalista,
ahora mismo y en tiempos venideros,
dondequiera que el verde sea exhibido,
del todo habrán cambiado todos ellos:
una terrible belleza ha nacido.

-7-

LEDA Y EL CISNE (All poetry)

Un golpe inesperado: las grandes alas baten
en la aturdida joven, las oscuras membranas
le acarician los muslos, siente el pico en su nuca
y la opresión del pecho en su pecho indefenso.
¿Cómo pueden los blandos, sobrecogidos dedos
apartar de sus muslos la emplumada grandeza?
¿Y cómo puede el cuerpo, envuelto en blancas ráfagas,
no sentir el extraño corazón palpitante?
Un espasmo en las ingles engendra con el tiempo
la muralla caída, la torre, el techo en llamas
y la muerte de Agamenón.
Tan sometida,
tan domeñada por la sangre bestial del aire,
¿tomó con su energía cierto conocimiento
antes que el pico indiferente la soltara?


-8-

RUMBO A BIZANCIO (All poetry)

I

No es un país para ancianos. Los jóvenes
se abrazan, hay pájaros en los árboles
–generaciones que mueren– cantando,
cascadas de salmones y mares de caballas,
peces, aves y carne que en verano celebran
cuanto ha sido engendrado, nace y muere.
Cautivos de esa música sensual todos olvidan
monumentos de perenne intelecto.

II

Un hombre viejo es algo miserable,
un andrajoso abrigo sobre un palo,
a menos que el alma haga palmas, y cante, y cante
para todos los andrajos en su traje mortal;
y no hay escuelas de canto, mas se estudian
monumentos de su propia grandeza;
y por eso he surcado los mares y he venido
a la ciudad sagrada de Bizancio.

III

Oh, sabios, los que estáis en el fuego santo de Dios
como en el mosaico de oro de un muro,
venid del fuego santo, bajad en espiral,
sed los maestros cantores de mi alma.
Consumid mi corazón; enfermo
de deseo, y atado a un animal que muere,
desconoce lo que es; y haced que me una
al artificio de la eternidad.

IV

Ya abandonada la naturaleza,
nunca tomaré mi forma corpórea
de nada natural, mas de esa forma que hacen
orfebres griegos trabajando el oro
para que no se duerma su soñoliento Emperador;
o subiré a una rama dorada a pregonar
para todos los nobles de Bizancio
el pasado, el presente y el porvenir.

-9-

UNA MUCHACHA ENLOQUECIDA (All poetry)

Esa chica enloquecida, que improvisa su música,
su poesía bailando por la playa
su alma separada de sí misma
trepando, cayendo donde no sabía donde
escondiéndose entre el cargamento de un vapor
con la rótula partida, esa chica de claro
que es una cosa alta y hermosa
o algo heroicamente perdido, heroicamente encontrado.

No importa que desastre ocurriera
en una música desesperada se alzaba envuelta,
envuelta, envuelta…
Y en su triunfo donde estaban los fardos y las cestas
no emitía un sonido normal e inteligible
sino que cantaba…
«¡Oh ávido mar, de mar hambriento!»

-10-

BAJO BEN BULBEN (All poetry)

                I

Jurad por lo que dijeron los Sabios 
en derredor del Lago Mareotido 
lo que la Bruja del Atlas sabía, 
decía y hacía cantar a los gallos. 

Jurad por esos caballeros, por esas mujeres 
cuya forma y aspecto se muestran sobrehumanos 
que esa compañía de pálidos rostros largos 
que proclama una inmortalidad 
ganó la compleción de sus pasiones; 
ahora cabalgan la invernal aurora 
donde el Ben Bullen marca la escena. 

Esto es en esencia lo que significan. 


            II

Muchas veces un hombre vive y muere 
entre sus dos eternidades, 
la raza y la del alma, 
y la antigua Irlanda conocía todo esto. 
Ya muera en su cama el hombre
o por disparo de un rifle, 
una breve despedida de los seres queridos
es lo peor que ha de temer.
Aunque largo es el esfuerzo de los sepultureros,
afiladas sus palas, fuertes sus músculos, 
no hacen sino lanzar  a sus enterrados 
de nuevo a la mente humana. 


            III

Quienes oísteis la plegaria de Mitchel,
“¡Envíanos la guerra, Señor!”, 
sabéis que cuando todas las palabras se han dicho 
y un hombre lucha como loco, 
algo cae de ojos mucho tiempo ciegos, 
y completa su mente parcial, 
durante un instante se relaja
ríe fuerte, en paz su corazón
Hasta el hombre más sabio se tensa 
con alguna clase de violencia 
antes de que pueda cumplir su destino,
conocer su obra o elegir a su compañera.


            IV

Poeta y escultor y poeta, haced vuestro trabajo, 
y que el pintor a la moda no eluda 
lo que hicieron sus grandes antepasados,
llevad el alma del hombre a Dios, 
haced que llene bien las cunas. 

La medida inició nuestra poder: 
formas que pensó un severo egipcio, 
formas que modeló el más suave Fidias. 

Miguel Ángel dejó una prueba 
en el techo de la Capilla Sixtina, 
donde un Adán aún no despierto
puede turbar a una señora que recorre el mundo
hasta que se le encienden las entrañas,
prueba de que existe un propósito
en la mente de quien trabaja en secreto: 
la perfección profana de lo humano. 

El Quattrocento puso en pintura 
al fondo de un Dios o un santo
jardines donde el alma se relaja; 
donde todo lo que encuentra el ojo
semeja formas existentes, o lo parece
cuando despiertan los durmientes
y cuando todo se ha desvanecido aún declara, 
donde sólo hay una cama y un cabecero,
que se han abierto los Cielos.
                                           Siguen girando las espirales
cuando ese gran sueño se acabó,
dispusieron un descanso para el pueblo de Dios, 
en expresión de Palmer, mas después
la confusión se abatió sobre nuestro pensamiento. 


            V

Poetas irlandeses, aprended vuestro oficio 
cantad todo lo que está bien hecho, 
burlaos de los que ahora crecen
informes desde los pies a la cabeza, 
sus corazones y cabezas sin memoria 
vilmente nacidos de viles hechos.
Cantad a los labriegos, y  después
a los tenaces caballeros campesinos, 
la santidad de los monjes, y luego
la risa salaz de los bebedores de cerveza; 
cantad a los señores y señoras alegres 
que fueron sepultados en arcilla
a lo largo de siete siglos heroicos;
volved la mente a otros días
para que en días venideros podamos ser
aún el indómito pueblo irlandés.


            VI

Bajo la cima desnuda de Ben Bulben,
en el cementerio de Drumcliff, yace Yeats,
un antepasado suyo fue allí párroco
muchos años ha; cerca se alza una iglesia,
y una antigua cruz junto al camino.
Ni mármol ni una frase ya manida; 
sobre piedra calcárea del lugar,
como él mandó está grabada esta frase: 

            Mira fríamente
            la vida, la muerte.
            ¡Prosigue, jinete!

Traducción: Antonio Rivero TaravilloPre-Textos, 2010.

-11-





AL DESPUNTAR EL DÍA (All poetry)

¿Fue el doble de mi sueño
lo que la mujer que junto a mí yacía
soñó, o partimos por la mitad un sueño
bajo la primera y fría luz del día?

Pensé: «Hay una cascada
en la ladera de Ben Bulben
que toda mi infancia quise mucho;
si hubiera de viajar por todo el mundo,
no podría encontrar nada más querido».
Mis recuerdos habían magnificado
tantas veces la alegría infantil.

La hubiera tocado como un niño,
mas supe que mi dedo tocaría 
solo piedra y agua fría. Me enfurecí,
y hasta acusé al Cielo porque
había establecido entre sus leyes:
nada que amemos demasiado
es ponderable a nuestro tacto.

Soñé al despuntar el día,
el viento traía la espuma del mar a mi nariz.
Pero la que yacía a mi lado,
había observado en un sueño más amargo
al maravilloso ciervo de Arturo,
ese altivo ciervo blanco, saltar
de montaña en montaña.

Tres poemas más en su voz.



***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

miércoles, 30 de julio de 2025

UN LIBRO, UN POEMA (Gabriel y Galán)

En librerías
#unlibrounpoema


Este libro me lo regalaron mis padres cuando estudiaba COU. Aquel año descubrí la poesía y el primer poema que aparece debajo de estas líneas de Gabriel y Galán me ha acompañado desde entonces. Se lo leí una vez a mi padre, cacereño él, y se emocionó. La verdad es que, a pesar de ser una persona autoritaria y de aparente dureza, se emocionaba fácilmente.

Al libro como objeto le tengo gran aprecio, porque fue el primer libro que tuve de una colección entonces importante, además de estar encuadernado en piel y cosido. A los únicos libros que yo podía aspirar en aquella época eran libros de tapa blanda, encolados e impresos en un penoso papel que terminaba poniéndose amarillo a los pocos años. Me hizo mucha ilusión. Era como un pequeño tesoro de bibliófilo, no el de un escolar que acababa de cumplir 17 años. 

Aunque el curso estaba terminando, lo leí deprisa e hice una presentación del poeta en la clase de Lengua Española. En 1973, en un instituto de Madrid, Gabriel y Galán sonaba antiguo, pero yo estaba orgulloso de mi libro forrado en piel y, además, cuando leí "El embargo", en extremeño y dramatizando mucho, la clase quedó impresionada.


Señol jues, pasi usté más alanti
        y que entrin tos esos,
        no le dé a usté ansia
        no le dé a usté mieo...
Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto!
¡Embargal, embargal los avíos,
        que aquí no hay dinero:
        lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
        y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
        ya me está sobrando,
        ya me está gediendo!
Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
        y esa segureja
        y ese cacho e liendro...
¡Jerramientas, que no quedi una!
        ¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
        ni esa segureja
        ni ese cacho e liendro...
¡Pero a vel, señol jues: cuidiaíto
        si alguno de ésos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s'ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
        cuatro mesis vivo
        y una nochi muerto!
¡Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
        porque aquí lo jinco
        delanti usté mesmo!
        Lleváisoslo todu,
        todu, menus eso,
        que esas mantas tienin
        suol de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
        ca ves que las güelo!...

Del poemario Extremeñas, 1902.




EL AMA

I

Yo aprendí en el hogar en qué se funda
la dicha más perfecta,
y para hacerla mía
quise yo ser como mi padre era
y busqué una mujer como mi madre
entre las hijas de mi hidalga tierra.
Y fui como mi padre, y fue mi esposa
viviente imagen de la madre muerta.
¡Un milagro de Dios, que ver me hizo
otra mujer como la santa aquella!

Compartían mis únicos amores
la amante compañera,
la patria idolatrada,
la casa solariega,
con la heredada historia,
con la heredada hacienda.
¡Qué buena era la esposa
y qué feraz la tierra!

¡Qué alegre era mi casa
y qué sana mi hacienda,
y con qué solidez estaba unida
la tradición de la honradez a ellas!

Una sencilla labradora, humilde,
hija de oscura castellana aldea;
una mujer trabajadora, honrada,
cristiana, amable, cariñosa y seria,
trocó mi casa en adorable idilio
que no pudo soñar ningún poeta.

¡Oh, cómo se suaviza
el penoso trajín de las faenas
cuando hay amor en casa
y con él mucho pan se amasa en ella
para los pobres que a su sombra viven,
para los pobres que por ella bregan!
¡Y cuánto lo agradecen, sin decirlo,
y cuánto por la casa se interesan,
y cómo ellos la cuidan,
y cómo Dios la aumenta!
Todo lo pudo la mujer cristiana,
logrólo todo la mujer discreta.

La vida en la alquería
giraba en torno a ella
pacífica y amable,
monótona y serena...

¡Y cómo la alegría y el trabajo
donde está la virtud se compenetran!

Lavando en el regato cristalino
cantaban las mozuelas,
y cantaba en los valles el vaquero,
y cantaban los mozos en las tierras,
y el aguador camino de la fuente,
y el cabrerillo en la pelada cuesta...
¡Y yo también cantaba,
que ella y el campo hiciéronme poeta!

Cantaba el equilibrio
de aquel alma serena
como los anchos cielos,
como los campos de mi amada tierra;
y cantaba también aquellos campos,
los de las pardas, onduladas cuestas,
los de los mares de enceradas mieses,
los de las mudas perspectivas serias,
los de las castas soledades hondas,
los de las grises lontananzas muertas...

El alma se empapaba
en la solemne clásica grandeza
que llenaba los ámbitos abiertos
del cielo y de la tierra.

¡Qué placido el ambiente,
qué tranquilo el paisaje, qué serena
la atmósfera azulada se extendía
por sobre el haz de la llanura inmensa!

La brisa de la tarde
meneaba, amorosa, la alameda,
los zarzales floridos del cercado,
los guindos de la vega,
las mieses de la hoja,
la copa verde de la encina vieja...
¡Monorrítmica música del llano,
qué grato tu sonar, qué dulce era!

La gaita del pastor en la colina
lloraba las tonadas de la tierra,
cargadas de dulzuras,
cargadas de monótonas tristezas,
y dentro del sentido
caían las cadencias
como doradas gotas
de dulce miel que del panal fluyeran.

La vida era solemne;
puro y sereno el pensamiento era;
sosegado el sentir, como las brisas;
mudo y fuerte el amor, mansas las penas
austeros los placeres,
raigadas las creencias,
sabroso el pan, reparador el sueño,
fácil el bien y pura la conciencia.

¡Qué deseos el alma
tenía de ser buena,
y cómo se llenaba de ternura
cuando Dios le decía que lo era!

II

Pero bien se conoce
que ya no vive ella;
el corazón, la vida de la casa
que alegraba el trajín de las tareas,
la mano bienhechora
que con las sales de enseñanzas buenas
amasó tanto pan para los pobres
que regaban, sudando, nuestra hacienda.

¡La vida en la alquería
se tiñó para siempre de tristeza!

Ya no alegran los mozos la besana
con las dulces tonadas de la tierra,
que al paso perezoso de las yuntas
ajustaban sus lánguidas cadencias.

Mudos de casa salen,
mudos pasan el día en sus faenas,
tristes y mudos vuelven;
y sin decirse una palabra cenan;
que está el aire de casa
cargado de tristeza
y palabras y ruidos importunan
la rumia sosegada de las penas.

Y rezamos, reunidos, el Rosario,
sin decirnos por quién..., pero es por ella.
Que aunque ya no su voz a orar nos llama,
su recuerdo querido nos congrega,
y nos pone el Rosario entre los dedos
y las santas plegarias en la lengua.

¡Qué días y qué noches!
¡Con cuánta lentitud las horas ruedan
por encima del alma que está sola
llorando en las tinieblas!

Las sales de mis lágrimas amargan
el pan que me alimenta;
me cansa el movimiento,
me pesan las faenas,
la casa me entristece
y he perdido el cariño de la hacienda.

¡Qué me importan los bienes
si he perdido mi dulce compañera!

¡Qué compasión me tienen mis criados
que ayer me vieron con el alma llena
de alegrías sin fin que rebosaban
y suyas también eran!

Hasta el hosco pastor de mis ganados,
que ha medido la hondura de mi pena,
si llego a su majada
baja los ojos y ni hablar quisiera;
y dice al despedirme: «Ánimo, amo;
haiga mucho valor y haiga pacencia...»

Y le tiembla la voz cuando lo dice,
y se enjuga una lágrima sincera,
que en la manga de la áspera zamarra
temblando se le queda...

¡Me ahogan estas cosas,
me matan de dolor estas escenas!

¡Que me anime, pretende, y él no sabe
que de su choza en la techumbre negra
le he visto yo escondida
la dulce gaita aquella
que cargaba el sentido de dulzuras
y llenaba los aires de cadencias!...
¿Por qué ya no la toca?
¿Por qué los campos su tañer no alegra?

Y el atrevido vaquerillo sano
que amaba a una mozuela
de aquellas que trajinan en la casa,
¿por qué no ha vuelto a verla?
¿Por qué no canta en los tranquilos valles?
¿Por qué no silba con la misma fuerza?
¿Por qué no quiere restallar la honda?
¿Por qué esta muda la habladora lengua,
que al amo le contaba sus sentires
cuando el amo le daba su licencia?

«¡El ama era una santa!...»,
me dicen todos, cuando me hablan de ella.

«¡Santa, santa!», me ha dicho
el viejo señor cura de la aldea,
aquel que le pedía
las limosnas secretas
que de tantos hogares ahuyentaban
las hambres, y los fríos, y las penas.

¡Por eso los mendigos
que llegan a mi puerta
llorando se descubren
y un padrenuestro por el ama rezan!

El velo del dolor me ha oscurecido
la luz de la belleza.
Ya no saben hundirse mis pupilas
en la visión serena
de los espacios hondos,
puros y azules, de extensión inmensa.

Ya no sé traducir la poesía,
ni del alma en la médula me entra
la intensa melodía del silencio
que en la llanura quieta
parece que descansa,
parece que se acuesta.

Será puro el ambiente, como antes,
y la atmósfera azul será serena,
y la brisa amorosa
moverá con sus alas la alameda,
los zarzales floridos,
los guindos de la vega,
las mieses de la hoja,
la copa verde de la encina vieja...

Y mugirán los tristes becerrillos,
lamentando el destete, en la pradera,
y la de alegres recentales dulces,
tropa gentil, escalará la cuesta
balando plañideros
al pie de las dulcísimas ovejas;
y cantará en el monte la abubilla
y en los aires la alondra mañanera
seguirá derritiéndose en gorjeos,
musical filigrana de su lengua...

Y la vida solemne de los mundos
seguirá su carrera
monótona, inmutable,
magnífica, serena...

Mas ¿qué me importa todo,
si el vivir de los mundos no me alegra,
ni el ambiente me baña en bienestares,
ni las brisas a música me suenan,
ni el cantar de los pájaros del monte
estimulan mi lengua,
ni me mueve a ambición la perspectiva
de la abundante próxima cosecha,
ni el vigor de mis bueyes me envanece,
ni el paso del caballo me recrea,
ni me embriaga el olor de las majadas,
ni con vértigos dulces me deleitan
el perfume del heno que madura
y el perfume del trigo que se encera?

Resbala sobre mí sin agitarme
la dulce poesía en que se impregnan
la llanura sin fin, toda quietudes,
y el magnífico cielo, todo estrellas.

Y ya mover no pueden
mi alma de poeta,
ni las de mayo auroras nacarinas
con húmedos vapores en las vegas,
con cánticos de alondra y con efluvios
de rocïadas frescas,
ni éstos de otoño atardeceres dulces
de manso resbalar, pura tristeza
de la luz que se muere
y el paisaje borroso que se queja...
ni las noches románticas de julio,
magníficas, espléndidas,
cargadas de silencios rumorosos
y de sanos perfumes de las eras;
noches para el amor, para la rumia
de las grandes ideas,
que a la cumbre al llegar de las alturas
se hermanan y se besan...

¡Cómo tendré yo el alma,
que resbala sobre ella
la dulce poesía de mis campos
como el agua resbala por la piedra!

Vuestra paz era imagen de mi vida,
¡oh, campos de mi tierra!
Pero la vida se me puso triste
y su imagen de ahora ya no es ésa:
en mi casa, es el frío de mi alcoba,
es el llanto vertido en sus tinieblas;
en el campo, es el árido camino
del barbecho sin fin que amarillea.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

Pero yo ya sé hablar como mi madre,
y digo como ella
cuando la vida se le puso triste:
«¡Dios lo ha querido así! ¡Bendito sea!»


Del poemario Castellanas, 1902. Este poema fue premiado en los Juegos Florales de Salamanca el 15 de septiembre de 1901.

***