martes, 10 de febrero de 2026

CONCEPCIÓN DE LA FILOSOFÍA (4), por Jaime Aspiunza

 Continúa aquí el texto de Jaime Aspiunza que publiqué el martes pasado.


Concepción (mía) de la filosofía 


Daniel N. Stern (1934-2012) fue un psiquiatra y psicoanalista estadounidense especializado en desarrollo infantil, acerca de lo cual escribió varios libros; el más conocido de ellos es The Interpersonal World of the Infant [El mundo intersubjetivo del infante], de 1985, en el que propone el desarrollo del niño a través de cuatro «yoes» o fases del yo que se van solapando sucesivamente. Se trata de un libro de carácter científico. El Diario de un bebé, escrito pocos años después, en 1990, presenta de manera ficticia las vivencias del niño en su crecimiento.

En él explicita e imagina las cuatro fases por las que pasa cualquier niño sano hasta aprender a hablar y luego ser capaz de elaborar su propia historia. Conviene tener en todo momento presente que dichas fases o etapas se conservan a lo largo de todo el desarrollo y de ¡toda la vida!; no son superadas y dejadas atrás, sino que quedan solapadas bajo las siguientes, imbricadas en ellas. — Veámoslas.

1) Hasta las seis semanas, el bebé vive el mundo del sentir: las cosas, lo que pasa, lo que se le dice, todo le llega en cuanto sensación, en cuanto sentimiento. No distingue el afuera del adentro, es como si fuera atmósfera, ambiente en continuo cambio. El mundo es uno y yo soy parte de él. — Y, repito, esto se conserva durante toda la vida: Cada experiencia va provista de su tono sentimental; solo que de mayores le prestamos menos atención.

De hecho, en cuanto cuerpos, es fácil verlo, estamos abiertos en todo momento: respiramos el aire que viene de fuera, devolvemos el anhídrido carbónico (o dióxido de carbono); vemos, oímos; bebemos, comemos, etc. En cuanto mentes no solemos estar tan abiertos; sin embargo, nuestra mente es mente de un cuerpo, no mente pura. Y la percepción, ya lo sabemos, es nuestra apertura físico-psíquica al mundo. «El sentir –decía Merleau-Ponty– no es la posesión intelectual “de lo que” es sentido, sino desposesión de nosotros mismos en provecho suyo, apertura a lo que no necesitamos pensar para reconocerlo.» Posibilidad de la filosofía, p. 232.

De hecho, el aprendizaje de la objetividad consiste en aprender a marcar los límites entre uno y la realidad, en no interpretar a la ligera lo que sentimos en cuanto lo que es; esto es, en corregir los corolarios –retorcidos, al ser ya lingüísticos– de esa primera fase nuestra.

2) Entre las ocho y las doce semanas hay un salto espectacular: sonrisas, vocalizaciones, contactos visuales largos. La cara pasa a ser el objeto más atractivo y fascinante, y sigue siéndolo de mayores, aunque no la miremos tanto. El rostro pasa a ser todo un mundo para el bebé.

El mundo social inmediato: la mirada va concentrando la sensibilidad. Es el mundo del aquí y ahora en su relación con la madre.

El niño, gracias a ese control de la mirada, comienza a sentir que es actor, agente, que provoca acontecimientos; comienza, por un lado, a percibir que está separado físicamente de su madre y, por otro, a elaborar lo que llamaríamos su interioridad, a hacerse una «idea» de su mundo social: él, ella, nosotros... — Y la mirada es la entrada a dicho mundo, la ventana a que se asoma dicha interioridad.

La interacción social se aprende, pues, sin que medien objetos y, por supuesto, antes de que aparezca el lenguaje. El interés por las cosas viene después y se despliega sobre el mundo del aquí y ahora en su relación con la madre. — En general, es nuestro trato con los demás la matriz de nuestra experiencia.

3) Al año posee ya un mundo que podríamos llamar de «paisajes mentales», es decir, de intenciones, deseos, sentimientos, pensamientos, recuerdos, atención, que, por otro lado, puede compartir. Se va configurando un mundo interior que es, sin embargo, intersubjetivo.

Busca cosas que no están a la vista, le fascinan los juegos de esconder, descubre intenciones en el rostro de su madre… — Haremos eso toda la vida: interpretar las acciones para ver qué hay detrás; es decir, acción e intención quedan vinculadas, unidas: se va creando así el mundo del sentido, se va forjando el apego afectivo al mundo.

A los doce meses el niño ha entrado ya en un mundo nuevo cuyo centro de gravedad no son ya los acontecimientos físicos del aquí y ahora, sino los acontecimientos ocultos en su interioridad que se extienden desde el pasado hasta el futuro.

4) Alrededor del año y medio se da el salto al lenguaje: aparece el mundo de palabras, aparece la reflexión sobre uno mismo.

El lenguaje, la imaginación abren mundos nuevos, panoramas ilimitados. Por un lado, confieren independencia y libertad; por otro, vinculan al niño con los demás, con la cultura de su mundo.

El lenguaje reestructura el mundo. La experiencia no verbal queda compartimentada en categorías nítidas y diferentes. Todo ello tiene su lado oscuro, sobre todo si se compara con la experiencia prelingüística: Muchas experiencias no verbales quedan fuera del ámbito de aplicación del lenguaje, lo que es desconcertante y a veces muy doloroso.

No hay que olvidar que antes de aprender a hablar el niño ha asimilado todos los procesos y estructuras básicas necesarias para el trato con los demás. Estructuras que son formas no verbales, continuas y dinámicas, incompatibles con la naturaleza discontinua, binaria y categorial de las palabras. Por eso, la aparición del lenguaje tiene algo de desarreglo.

Se ha roto la unidad de la experiencia. Y hay que procurar integrar en el lenguaje ese mundo de sentimientos, de intuiciones, y de relaciones y trato con el mundo prelingüístico.

A eso llamaría Merleau-Ponty «aprender a ver de nuevo el mundo». Un cuerpo dotado de lenguaje es un cuerpo que tiende al lenguaje, pero no desaparece en él. Hay una experiencia pre-lingüística que alberga el mundo del sentido, la intersubjetividad, la interacción y el sentimiento del mundo.


Revisemos algunas de las conclusiones alcanzadas hasta aquí:

– Somos un cuerpo, somos-de-mundo: «Mi cuerpo es el quicio del mundo», «tengo conciencia del mundo por medio de mi cuerpo», Fenomenología de la percepción, p. 101. Mi «ser-de-mundo es una visión preobjetiva», p. 99, es decir, una visión previa a la distinción sujeto/objeto.

– Nuestro cuerpo no es algo que yo vea y que yo piense, «nuestro cuerpo es un conjunto de significaciones vividas que va hacia su equilibrio», p. 170. En la acción guiada por el hábito, sin que haya intencionalidad consciente alguna, nuestra actividad ¡es intencional! — Pensemos en todas esas cosas que sabemos hacer sin que seamos conscientes de ello, más bien siendo inconscientes de saberlo: andar por la calle, hacer la compra, pasear, etc., etc., y eso sin mentar actividades mucho más complejas como cantar, nadar, bailar, escribir… «Mover el cuerpo es apuntar, a través del mismo, hacia las cosas, es dejarle que responda a la solicitación que estas ejercen en él sin representación [esto es, sin ideación o conceptualización de ellas] alguna», p. 156. Es decir, tratar con las cosas envuelve cierto entender no-conceptual, una suerte de proto-conocimiento.

– Hemos de estar inmersos en un mundo en que nos manejamos para poder hacer cosas concretas, desde partir el pan hasta escribir unas lecciones de filosofía. Ese mundo es una totalidad cerrada, una trama concreta de remisiones: coger el cuchillo, sujetar el pan con la otra mano de modo que no me corte, etc., etc. Para poder actuar hemos de tener presente esa trama –en cada caso concreta– de pautas que articulan nuestras actuaciones, mas la presencia de dicha trama tiene algo de peculiar: no llama la atención. Es una presencia «apagada, nada llamativa». — Pero sin ella sería imposible hacer nada.

– Somos cuerpo y somos lenguaje, lenguaje de un cuerpo, y al tiempo la presencia de lo social en cada uno, puesto que el lenguaje es obra social anterior a nosotros, obra actuante que se nos inculca. — Por ello, y frente al subjetivismo ambiente, somos todos semejantes, primero, por ser cuerpos humanos de funcionamiento semejante: de ahí que pueda haber una medicina, esto es, un saber sobre los cuerpos humanos, sea el mío o el del otro. Segundo, porque estamos habitados por un lenguaje social, común: reproducimos la familia, el género, la clase social, etc. Hay diferencias, por supuesto, pero no son tantas, en cualquier caso, no son absolutas, como nos quieren hacer creer.

– Por ello, somos más sociales, más comunes, más anónimos que particulares y originales; esto, como mucho, es algo que se irá haciendo, que se irá logrando, en cierto grado. — El subjetivismo que ante cualquier cosa y sin parar se da por supuesto no es más que un sueño, o un señuelo…


***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

lunes, 9 de febrero de 2026

ESTO NO ES ARTE URBANO

1 de febrero, 17:33

Cuando el día 1 iba de camino hacia el Peine del Viento para intentar fotografiar la luna llena elevándose sobre el monte Urgull, me encontré con esa joven bien vestida que se paró un momento frente a la barandilla de la Concha y, según la adelantaba, me pareció ver que sacaba del bolso un rotulador. 

Por un momento pensé, malpensé, que tal vez sacaba un rotulador para garabatear algo sobre la hace poco pintada barandilla. Inmediatamente me dije a mí mismo que no podía ser así. Era una joven elegante y el paseo estaba lleno de gente. No se iba a poner a ensuciar el mobiliario público una tarde delante de todo el mundo.

Llevaba ya adelantados unos cuantos metros y a mí mismo me dije: Date la vuelta y verás cómo no se trata de eso. Te habrá parecido un rotulador, pero seguro que era otra cosa; tal vez un móvil con el que hacer una foto de la siempre hermosa bahía. 

Me di la vuelta, más con la intención de acallar mis malos pensamientos que con la de comprobar lo que exactamente estaba ocurriendo. Me quedé mirando durante unos segundos para comprobar que lo que estaba viendo era lo que efectivamente estaba ocurriendo. Luego decidí utilizar la cámara que llevaba encima.

Tal vez alguien piense que ensuciar el mobiliario público es el comienzo de una acción libre, creativa y artística. O que escribir nuestros nombres por los muros, paredes, puertas y demás mobiliario de la ciudad es una práctica que deberíamos admitir como normal, pues se viene practicando desde que el ser humano aprendió a escribir

Yo soy de los que opinan que escribir en superficies públicas es contribuir a la degradación de la ciudad (cuanto más sucia y llena de grafiti —no confundir con arte urbano— está una zona, mayor sensación de inseguridad trasmite) y una práctica que conlleva un gasto público que recae sobre toda la población. 


Tres barandillas más dejó marcadas la simpática y cívica joven de la foto. Tal vez ella disfrutara (enjoy) manchando el mobiliario público. No creo que disfrute tanto quien tenga que limpiarlo.

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

domingo, 8 de febrero de 2026

MATHIS DER MALER (Matías el pintor), Hindemith


La ópera Mathis der Maler (Matías el pintor) se basa en la vida del pintor renacentista alemán Matthias Grünewald. Está considerada como su mayor logro en el terreno de la ópera. de ahí salió esta sinfonía, de los pasajes instrumentales de la ópera. La obra la compuso entre 1933 y 1935, años difíciles en Alemania. El pintor Grünewald también vivió en una época complicada, durante las revueltas campesinas del siglo XVI. Hay quien afirma una identificación entre el pintor del XVI y el compositor del XX, lo que explicaría la revisión que se produce después de escribir esta pieza del lenguaje musical a utilizar de ahí en adelante (con ella se pone fin a su época de corte neoclásico) e incluso la ideas sobre la relación entre el artista y la sociedad.

La orquesta gallega, como siempre, fantástica.



Que la música os sea favorable.


***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
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sábado, 7 de febrero de 2026

ARTE Y EMOCIONES


Acudí el domingo pasado, 1 de febrero, antes de que la retiraran, a ver la exposición Arte, emociones, neurociencia y realidad aumentada, de Silvia Sánchez

Las creaciones que la artista presentaba eran, en principio, representaciones amables, coloristas, tal vez infantiles, con técnicas y contenidos del mundo de la ilustración, figurativas y de gran sencillez expositiva, tal y como se puede apreciar en la fotografía individual de una de ellas o en la siguiente, donde aparecen varias.   



Todas las obras estaban acompañadas de un pequeño cartel en el que se recogían  las emociones que habían provocado, expresadas en tantos por ciento. Repito: las emociones que generaban en la persona que las percibía, no la emoción que la pintura o la escultura expuestas se podía interpretar que representaba.
 

No daba crédito a lo que podía leer en el primer cartel. Las emociones que se recogían eran las básicas de la clasificación de Plutchik, cuatro positivas y cuatro negativas. Mi perplejidad iba en aumento a medida que comprobaba que ante todas y cada una de las obras existía siempre un pequeño pero significativo porcentaje de gente que había sentido ira ante lo que tenía delante. ¿Ira?

Puedo entender que personas muy sensibles y que estén atravesando un momento difícil sientan tristeza, miedo no creo, pero que alguien pueda sentir ira ante unas representaciones como esas me resulta totalmente incomprensible. O la prueba está mal realizada o quien manifiesta ira desconoce el significado de la palabra.

 

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Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



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viernes, 6 de febrero de 2026

LOS SATÉLITES GALILEANOS... desde el balcón de casa


 No creía posible obtener una fotografía de Júpiter y los cuatro satélites descubiertos por Galileo y Marius en 1610 con una cámara no astronómica y, para colmo, sin ayuda de un trípode, pero ahí está el resultado (Dejo anotados momento, cámara y características técnicas de la imagen). 

Para cualquier persona que tenga un pequeño equipo de fotografía astronómica, esta fotografía deja mucho que desear, pues no solamente carece de nitidez, sino que, y esto es lo más importante, Júpiter aparece como un simple y difuso punto de luz y no se aprecia absolutamente nada de su atmósfera surcada de bandas. 

A mí, en cambio, me sirvió para poder visualizar (hice varias a lo largo de la noche) la diferencia de velocidades en la rotación de cada una de las lunas y dejar representada a través de un punto luminoso la diferente magnitud de cada uno de los cuerpos celestes. Recuerdo rápidamente qué es eso de la magnitud aparente.

La magnitud aparente es el brillo de un objeto tal y como podemos percibirlo durante una noche desde aquí, desde la Tierra. Depende de muchos factores (distancia, luminosidad propia si es que la tiene, de la capacidad de reflejar la luz que recibe, de si se encuentra en proceso de extinción...). 

Para tener una idea comparativa, el Sol tiene una magnitud aparente máxima de 
-26,7; la Luna en fase de llena-12,7Venus-4,4; Sirio, que es la estrella más brillante, -1,4. Con una vista en plenas facultades se puede llegar a ver un objeto de que tenga una magnitud aparente de +6, según dicen quienes se dedican a esas cosas. 

Yo no conozco a nadie que haya llegado a ver las cuatro lunas grandes de Júpiter a simple vista. Claro que, en este caso, tal vez sea más interesante el concepto de albedo, es decir, la cantidad de luz que es capaz de reflejar su superficie. en erl caso de las cuatro lunas, la cantidad es esta: Ío, 0,62; Europa, 0,68; Calisto, 0,44; Ganímedes, 0,19. El de Júpiter oscila entre 0,34 y 0,32.

Pero el asunto que puede resultar más atractivo para quien se dedique a observar el sistema joviano es el de la rotación sincrónica en el que se encuantra atrapado Ío, que, además, se encuentra en resonancia 4:2:1 con Europa y Ganímedes, lo que significa que significa que cuando Ío ha dado cuatro vueltas a Júpiter, Europa ha dado dos y Ganímedes una. 

Y si lo que queréis saber es cuánto tarda cada uno de los satélites en dar una vuelta al planeta, la respuesta es esta: Ío, 1,769 días (más o menos 42,5 horas); Europa, 3,551 d (3d, 13h y 15'); Ganímedes, 7,154 d (7d, 3h); Calisto, 16,689 d.

Y para que podáis disfrutar de una buena imagen astronómica de las cuatro lunas mayores de Júpiter (esta sí, una verdadera foto astronómica) comparadas con la Luna, aquí os dejo una de astronomíaparatodos.com:



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jueves, 5 de febrero de 2026

RETRATOS DE AMANTES (Marie-Thérèse Walter), 45

Fauno descubriendo a una mujer. fuente: Museo Reina Sofía.


No me interesa el carácter protéico de las relaciones afectivas del creador Picasso. Me interesa su obra, la que permanecerá más allá de su biografía y en la que podemos ver e interpretar parte de la historia del arte del siglo XX y, por tanto, reconocer símbolos, manifestaciones y tendencias.

Picasso tiene una obra enorme y, seguramente, los aguafuertes no sean ni lo más característico ni lo más reconocido de ella. Dentro de la serie Retratos de amantes, que ya se acerca a su fin, podía haber elegido cualquier otro retrato de 
Fernande Olivier, de Marie-Thérèse Walter, Eva Gouel, de Gabrielle Depeyre, de Dora Maar o de Françoise Gilot, todas ellas modelos, musas y amantes retratadas en más de una ocasión.

Durante el verano de 1936, año fatídico para los españoles, Picasso graba este Fauno descubriendo a una mujer, plancha que cierra la serie conocida como Suite Vollard. El fauno, medio animal, medio hombre, se representa como un nuevo alter ego del artista. Representado, aparentemente, como un mirón, contrasta con el clasicismo de la mujer dormida a la que tal vez despierte. ¿Homenaje a Marie-Thérèse Walter?.

De este Fauno me llama la atención no tanto la poderosa sensualidad con que aparece Marie-Thérèse Walter, sino cómo se auterretrata él, porque el fauno no es una figura mitológica, sino él. Esto daría para un trabajo de prospección freudiana para el que no tengo ni formación ni ganas. Apunto simplemente algunos interrogantes: ¿se ve Picasso a sí mismo como un poderoso dios del erotismo?, ¿es un símbolo de la rebelión contra la moral burguesa?, ¿es una exaltación de la sexualidad?, ¿se trata simplemente de un divertimento de la imaginación creadora?, ¿estamos ante una metáfora del impulso machista?...

De la anécdota sobre el encuentro me llamó la atención lo que en algunos libros y reportajes se cuenta: ella tenía 17 años y él 45. Él se presento, pero ella no sabía quién era. A él le impresionó su juventud y su aspecto clásico y encantador. El romance lo vivieron al principio en secreto, pues él entonces estaba casado. Todo bastante tópico. De la relación, nació Maya

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Fuente: Wikipedia
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miércoles, 4 de febrero de 2026

DIÁLOGOS SOBRE LA BELLEZA, 10. Lo oscuro


 

LO OSCURO



También la noche porta su fulgor

y la belleza puede herir

con su aparición.

Sombra luminosa,

vacío poblado de presencias.



Ese ángel ciego que en ocasiones

pintamos sobre nuestras cabezas

atraviesa el polvo

y nos recuerda que hasta en la ruina

resplandece la atracción.



Son las sombras que proyectan

las ramas desnudas de un árbol

en invierno,

el diminuto rayo de luz

que se filtra a través del muro

agrietado

de una casa abandonada,

el detritus

del que surge la iridiscencia

de un ser vivo.




***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
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martes, 3 de febrero de 2026

CONCEPCIÓN DE LA FILOSOFÍA (3), por Jaime Aspiunza

Retomamos hoy la tercera entrega de la estimulante aproximación a la filosofía, cuya anterior enrtrega se produjo el 6 de enero


Concepción (mía) de la filosofía 

Tras haber visto el mito dualista de la antigüedad, que pervive aún entre nosotros, vamos ahora a ver el mito dualista moderno: el mito del sujeto y el objeto, o el del afuera –el mundo exterior de los objetos– y el adentro –o mundo interior, que es el del sujeto–.

Este dualismo se encuadra en la concepción moderna del conocimiento, de tal manera que van de la mano. El conocimiento se entenderá en la modernidad, de resultas de las ideas al respecto de Descartes y Locke (por citar solo las figuras más señeras), en cuanto captación de la realidad exterior por medio de las representaciones, esto es, las ideas, del sujeto.

Los presupuestos imaginados de tal caracterización, de índole topológica, son los siguientes: a) los seres humanos estamos dentro de nosotros, sin llegar a penetrar en la realidad; b) convertimos esa realidad en sentimientos e ideas subjetivos, incluso particulares en su versión más solipsista; c) en el mejor de los casos, hay algo de conocimiento objetivo, que sería el de la ciencia; d) en el peor, la verdad, en cuanto fruto del conocimiento, no existe, sino solo las verdades subjetivas.

Dicho en otros términos, relativamente corrientes y extendidos en hoy día: «no existe la realidad»; o, más tenuemente, «no sabemos si existe la realidad» y, «si la hubiere, no sabemos –no podemos saber– nada de ella».

Esta es la manera como la modernidad ha pretendido dar cuenta de la existencia del sujeto, es decir, del ser humano, y de su intervención en el conocimiento de la realidad.

Para responder al escepticismo siempre receloso de nuestra capacidad para conocer, Descartes se apoyó en nuestra facultad de pensar, considerándola inmune a tal escepticismo, ya que de lo que no podemos dudar es de que pensamos, incluyendo en tal pensar sentir, imaginar, querer, en fin, todos los actos de la conciencia humana, llegando al extremo de reducir en buena medida el ser humano a su conciencia, lo que se avenía convenientemente a la comprensión espiritual del momento. No se había liberado lo suficiente de la educación recibida en los jesuitas.

Locke, por su parte, renombrando mind al alma que interviene en los asuntos terrenales, de donde hoy en día la tan manida «mente», reconocía en los objetos lo que se suele llamar las cualidades primarias, fundamentalmente, extensión, figura y número, es decir, las propiedades cuantificables y geometrizables; dejando a las secundarias –color, olor, sabor, sonido– en el limbo de las potencias del objeto, lo que a la postre redundará en su exclusión de la realidad, reducidas –como a veces se dice– a meras alucinaciones del sujeto. — «Los colores no existen en la realidad» es una expresión relativamente frecuente, que tiene, además, pretensiones de cientificidad.

Ambos, como vemos, a pesar de su intención en contrario, están dando el pábulo adecuado al más radical escepticismo, que hoy en día se denomina también relativismo, bien que radical o absoluto.

Volvamos a la fábula del mundo verdadero de Nietzsche. Preguntábamos al final si lo que quedaba, una vez evaporado el mundo verdadero, era solo el aparente. La respuesta que la deriva recién expuesta del mito dualista moderno del conocimiento está dando implícitamente a dicha pregunta es que sigue existiendo el mundo verdadero pero se nos ha alejado tanto que solo podemos imaginarlo, fabularlo, alucinarlo sin tener nada que ver con él; sirve solo de emblema de una imposibilidad, o como excusa para la irresponsabilidad, que también. Es la marca de que el mundo aparente es absolutamente falso.

La realidad –dejémoslo claro– no es lo que está frente al ser humano; la realidad incluye al ser humano. Por ello, lo que conozcamos de ella será lo que ella sea para el humano; para algunos animales sabemos que es distinta.

Así las cosas, los argumentos del subjetivismo son muy elementales, y de tan elementales, falsos y tramposos. El primero de ellos es el relativo al gusto: «a mí esta canción me parece bonita; a ti no. Luego la belleza es algo subjetivo; no está en el objeto, sino en la mente de cada cual.» O a los juicios de carácter psicológicos: «a mí X me parece simpático; a ti no. Luego es algo subjetivo». En fin, las utopías de corte sociopolítico: ¿todo subjetivo! — No vale seguir dando por supuesta la partición sujeto/objeto cuando la realidad –el supuesto mundo de los objetos– incluye al sujeto, a los sujetos.

Se predica demasiada subjetividad: ¡no hay tanta, es un fraude! Se contradice a sí misma, pues, a la hora de la verdad, en ese mismo terreno del relativismo siempre escéptico con los demás, todos somos o de izquierdas o de derechas, o fascistas o comunistas, siguiendo una irrisoria política de identidades implantada para comprender el mundo.

Ese empeño compulsivo en ver subjetividad por doquier no es más que mala psicología o mala antropología, o responde en el fondo a intereses crematísticos que buscan la conservación del hombre masa, del consumidor anclado en el goce más primario e infantil, haciéndole creer que eso –el consumo caprichoso– es la emancipación, la realización de sus capacidades. Recurrir tan a menudo a la explicación del subjetivismo es hacerle creer –al consumidor– que él es el amo, el dueño y señor de su voluntad, cuando no es más que el títere de sus insufladas «necesidades».

Porque «sujeto», además de haber devenido en particular, siendo en origen equivalente a ser humano, esto es, universal, ha adoptado también algunas características de otro ámbito que no es el del conocimiento, adornándose de una supuesta autonomía e independencia. Por ello, quien tiene un gusto subjetivo está presumiendo también de ser el dueño activo y hasta creador de su propio gusto. ¿Cómo no va a estar encantado de comprarse las zapatillas Nike que ya llevan otros cientos de millones sobre la faz de la Tierra? ¡Es prueba inequívoca de su originalidad!

Pensemos que los medios digitales avanzan sibilinamente en la personalización de sus interfaces, ofreciéndonos a cada uno lo que parece ser de nuestro interés, intentando extender nuestro mundo de referencia mediante algoritmos –muy poco inteligentes, diría que ciegos– que amplían por analogía o contagio los posibles temas de interés; en cualquier caso, incidiendo exclusivamente en el supuesto crecimiento de un sujeto del deseo consumidor que les beneficie.

El ser humano no es ¡solo ideas!, es antes que nada un cuerpo, y un cuerpo en acción. Y la relación de dicho cuerpo en acción con el mundo no es, ni mucho menos, solo de conocimiento. Por ello, la insistencia en ese esquema elemental pero falso de lo que somos no es un simple error de perspectiva sino un atentado fatal contra lo humano. La proliferación de lo considerado subjetivo, el «todo vale» del relativismo más ramplón han ido haciendo que desaparezca el diálogo –¿para qué hablar si cada uno posee su propia verdad?–; es más, que desaparezca, que se vaya borrando de nuestra costumbre y nuestros valores la importancia del diálogo, estando –como está– nuestra cultura y civilización occidental precisamente sostenida sobre el principio del diálogo. — Entiendo que ese es el punto clave –fundamental– de la crisis actual.

Por ello, hay que volver al mundo, a la realidad. En el lenguaje, el dualismo parece «natural» (está lleno de dualidades, incluso se diría que funciona sobre ellas), en la realidad no. En la realidad no hay ni bien ni mal, ni bonito ni feo, ni siquiera blanco puro y negro absoluto: hay infinidad de grises y multitud de colores; en la realidad todo es siempre relativo…, mas hay que saber hallar lo relativo de la realidad, no del sujeto implicado.

En el mito dualista moderno hallamos una concepción llamémosla «lenguajera», idealista del ser humano, como si su ser lingüístico, su estar imbuido de ideas fuera lo único y lo esencial.

Y no es así: somos cuerpo, no ya «tenemos» cuerpo, sino que lo somos. Un cuerpo con lenguaje, pero antes: cuerpo. Ese cuerpo está siempre en el mundo, lo que significa que sí se puede salir del sujeto, contra lo que la noción moderna de conocimiento presuponía. Por otro lado, la percepción, que es nuestra conexión con dicho mundo, el quicio del encuentro, tiene algo de común, de anónima: «Toda percepción se da en una atmósfera de generalidad y se nos da como anónima. No puedo decir que yo veo el azul del cielo en el sentido en que digo que comprendo un libro o que he decidido consagrar mi vida a las matemáticas. Mi percepción, aun vista desde el interior, expresa una situación dada: veo el azul porque soy sensible a los colores, mientras que, por el contrario, los actos personales crean la situación: soy matemático porque decidí serlo.» Fenomenología de lapercepción, pp. 230-231.

El azul del cielo está ahí; si lo miro tengo que verlo, salvo que esté ciego o sea daltónico. Tengo que verlo, porque cualquier ser humano lo ve, se nos impone. Por eso dice Merleau-Ponty que hay algo de anónimo, de común, de genérico en la percepción. Nada hay ahí de subjetivo, si entendemos esta palabra como es habitual, de particular y personal, de mío.

Por ello la fenomenología contrapone al atomismo falsificador que todo lo reduce a sujetos y objetos aislados la noción de ser-de-mundo: El mundo está «antes que» las cosas; el sentido, «antes que» los objetos.

Veamos por qué.

Jaime Aspiunza, San Sebastián, 27 de enero de 2026


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Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).