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Me mandan mis queridos profesores, Julia y Miguel, un poema sobre el tejo milenario que se encuentra a la entrada de San Cristóbal de Valdueza (León), pueblo donde nació él y al que acude, sin falta, todos los años.
La fotografía que tenéis al lado es la del tejo de S. Cristóbal.
AL TEJO MILENARIO 
(San Cristóbal de Valdueza)
Te ha concedido la vida
un devenir sin tiempo:
inmortales parecen tus raíces sin edad.
Tu infinito tronco milenario,
recodo de soledades,
sostiene tu belleza muda como
ofrenda a la tierra que te alienta.
Estás hecho de misterio
y de silencio, de esa hermosa quietud
que dan los años, adquirida en el arcano
temblor de lo incierto.
Sólo el aire desmelena tu hermosura,
cuando esparce el aroma de tus ramas;
sólo el viento pregona la sencillez de tu grandeza.
Tú perteneces al reino de la sombra,
cobijado en la memoria de los que se fueron,
y te entregas como símbolo de lo eterno.
Ciego ha sido, algunas veces, tu destino
al albur del olvido y la metralla.
Pero nosotros, fugitivos de la noche,
estremecidos por la duda, te buscamos;
mientras tú, árbol milenario, sigues mudo,
sin oír que mi mirada
anhela la eternidad que tú pregonas.
Junto a ti la luz
se vuelve tibia, cercana,
se siente una voz sin hebras
acunada por el misterio.
Venimos aquí a vivir un tiempo
sin reloj, sin calendario;
y nos dejas absortos, sobrecogidos,
prisioneros
de un no sé qué confuso
entreverado de emoción y de nostalgia.
Tú, viejo amigo imperecedero,
calladamente derramas tu sombra,
tu sombra de soledad.
Julia Enciso – Miguel J. Pérez
San Cristóbal de Valdueza
(Junio de 2009)
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(San Cristóbal de Valdueza)
Te ha concedido la vida
un devenir sin tiempo:
inmortales parecen tus raíces sin edad.
Tu infinito tronco milenario,
recodo de soledades,
sostiene tu belleza muda como
ofrenda a la tierra que te alienta.
Estás hecho de misterio
y de silencio, de esa hermosa quietud
que dan los años, adquirida en el arcano
temblor de lo incierto.
Sólo el aire desmelena tu hermosura,
cuando esparce el aroma de tus ramas;
sólo el viento pregona la sencillez de tu grandeza.
Tú perteneces al reino de la sombra,
cobijado en la memoria de los que se fueron,
y te entregas como símbolo de lo eterno.
Ciego ha sido, algunas veces, tu destino
al albur del olvido y la metralla.
Pero nosotros, fugitivos de la noche,
estremecidos por la duda, te buscamos;
mientras tú, árbol milenario, sigues mudo,
sin oír que mi mirada
anhela la eternidad que tú pregonas.
Junto a ti la luz
se vuelve tibia, cercana,
se siente una voz sin hebras
acunada por el misterio.
Venimos aquí a vivir un tiempo
sin reloj, sin calendario;
y nos dejas absortos, sobrecogidos,
prisioneros
de un no sé qué confuso
entreverado de emoción y de nostalgia.
Tú, viejo amigo imperecedero,
calladamente derramas tu sombra,
tu sombra de soledad.
Julia Enciso – Miguel J. Pérez
San Cristóbal de Valdueza
(Junio de 2009)
Muchas gracias, Julia, por el poema.
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