sábado, 23 de junio de 2018

CÓMO LEER UN POEMA

Editorial Ariel
Cierto es que el género poético es un género que no tiene mucho público. Más de una vez se ha dicho que son los poetas los lectores de poesía. Y es que leer poesía, a veces, no es tarea fácil. La escritura poética tiene sus propios códigos y una manera de expresarse claramente distinta a la de la prosa. Más complicado aún: es una manera de decir que tiene como centro el propio sujeto, pero sin que eso quiera decir que el sujeto poético, el yo lírico, sea el sujeto real. Vamos, que el poeta es un fingidor, tal y como decía Pessoa, pero además debe fingir bien y bonito para que ese fingimiento pueda llegar a ser poesía y no un conjunto de líneas rimadas en las que se declaran empalagosamente los sentimientos propios.

La profesora Navarro Durán ha redactado un trabajo claro y eficaz, en el que se ocupa de los recursos formales —retóricos— del poema y de los más sutiles y menos evidentes, que son precisamente los que hacen que la poesía pueda ser precisamente eso, poesía y no prosa. Me estoy refiriendo a las personas del poema, a la palabra poética, al mundo interno del poema, al asunto del mismo, los códigos literarios..., todos esos elementos que habitualmente no suelen percibirse, pero que son fundamentales para dotar al texto de sentido poético. 

Pero claro, no creo que haya nadie que comience a leer o escribir poesía desde un manual por muy bueno que este sea. Las cosas no ocurren así. Alguien se acerca a la poesía porque de pronto vislumbra en ella una capacidad de expresión y belleza que no ha visto en otros géneros, o porque encuentra alivio a sus males, o quizá porque se identifica con lo que se dice o con la manera en que se dice. Siempre nace de un impulso. Serán el tiempo, las lecturas y el contraste con la realidad quienes nos vayan obligando a revisar nuestros supuestos. 

Como dice Benjamín Prado en su Siete maneras de decir manzana, los intentos de fijar algo tan etéreo y cambiante —se está refiriendo a la poesía— (son) un empeño estéril, por fortuna, porque la poesía desaparecería, con toda seguridad, el día en que alguien lograse demostrar qué es exactamente y pudiera establecer las reglas y fórmulas que asegurasen en el éxito como escritor a cualquiera que las siguiese. Y quien dice poesía dice cualquier otra actividad creativa, no vayamos a pensar que la poesía tiene esa propiedad en exclusiva.

Lo bueno de este tipo de libros es que pueden acercar la poesía a muchas personas reacias a la lectura poética, porque ofrecen las claves para entenderla mejor y disfrutarla más. Incluso, si caen en manos de algún poeta ripioso y afectado de amores en exclusiva, puede que le convenzan de que lo suyo no es la poesía y deje de escribir, para alivio de sus familiares y amigos.

Recomendable tanto para quien se acerque a la poesía desde la lectura como desde la escritura.

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