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jueves, 28 de mayo de 2026

EL ARTE DE REPRESENTAR EL CIELO, 3

Observatorio de El Caracol en Chichén Itzá. Fuente: Jesús Galindo Trejo.

  #elartederepresentarelcielo


AMÉRICA PRECOLOMBINA

Aunque el telescopio no comenzó a utilizarse hasta el siglo XVII, las culturas precolombinas levantaron diversas construcciones para poder observar y anotar determinados acontecimientos con lo que comprender mejor lo que veían y realizar los calendarios con los que orientarse a través del tiempo.

Torres de Chankillo. Fuente: Wikipedia.

Las trece torres de Chankillo y el observatorio del Caracol son evidencias del interés por el entender e interpretar los movimientos de los astros, especialmente el del Sol. 

Las torres fueron construidas por la cultura sechín, que ocupó algunas zonas del actual Perú. Estas torres fueron construidas en el siglo III a.n.e. y seguramente fueran empleadas como lugar al que acudir en procesión y posiblemente también como observatorio solar. Cerca de las torres existen algunas fortificaciones, y desde una de ellas se puede apreciar todo el recorrido del Sol desde el solsticio de invierno hasta el de verano. Chankillo funciona, por tanto, como un marcador de horizonte, ya que indica el movimiento del Sol a lo largo del año.

En la cultura maya destaca su preciso calendario. En muchos de estos calendarios, arte y astronomía se dan la mano, representando las diferentes formas de medir el tiempo adaptándose a las condiciones de cada lugar y momento.

Piedra del sol. Fuente: Wikipedia.

El calendario maya, conocido como Haab, supone que cada año tiene 365 días, repartidos en 18 meses de 20 días cada uno, más cinco días que se sumaban. En el Códice de Dresde, del siglo XII o quizás del XIII, se recogen diferentes tablas astronómicas, en las que se presta atención tanto a la Luna como a los movimientos de Venus y Marte.  También incluye predicciones de eclipses, acontecimientos que tenían una consideración negativa, pues creían que señalaban desastres y calamidades futuras. 

Códice de Dresde. Fuente: https://arqueologiamexicana.mx/

Códice de Dresde.
Fuente: https://arqueologiamexicana.mx/

La cultura maya levantó construcciones enormes que se relacionaban con el movimiento de los astros. Es el caso del recinto de Chichén Itzá, concretamente del Templo de Kukulkán, donde una enorme pirámide escalonada representa un bellísimo espectáculo durante los equinoccios: la luz del sol se proyecta sobre la superficie del monumento creando la forma de una serpiente que baja reptando por la pirámide. Se ha considerado que este juego de luces puede hacer alusión a la bajada del dios Kukulcán a la Tierra.

Templo de Kukulcán. Fuente: Wikipedia.



Placa de oro que ¿representa la cosmología inca? Fuente: https://andeangreattreks.com/

Esta placa es una recreación de acuerdo al cronista indígena Joan de Santa Cruz Pachacuti, de la crónica Relación de Antigüedades desde Reino del Perú. Según algunas investigaciones posiblemente explique la cosmovisión andina en forma de un mapa y ha sido interpretada de la siguiente manera:

En la parte superior presenta tres estrellas en forma de cruz llamada Orcorara (¿cinturón de Orión?), debajo está la figura de un óvalo largo que quizás represente al dios Viracocha. A su derecha están las figuras del sol y de la luna; a la izquierda el lucero de la mañana (Venus). Un poco más abajo, se observa una constelación de estrellas que representan al verano (¿la Pléyades?), y un conjunto de nubes representando las lluvias.

En el centro está la imagen del rayo, hay una estrella solitaria llamada Catachillay o Yakana. En el medio está la Chacana, cuatro estrellas unidas por una cruz. A su derecha se encuentra una representación del arcoíris y bajo él hay un círculo, símbolo del mundo de donde surge un río. Debajo de la Chacana se pueden apreciar las figuras de un hombre y una mujer.

Próximo jueves: la antigua China

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).


jueves, 21 de mayo de 2026

EL ARTE DE REPRESENTAR EL CIELO, 2

Estela de Naram-Sin. Fuente: Wikipedia.

 #elartederepresentarelcielo


MESOPOTAMIA


Las antiguas civilizaciones en torno a los ríos Tigris y Eufrates observaron y representaron con afán el cielo. En Mesopotamia se conocían perfectamente los cinco planetas visibles a simple vista (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), y se estudiaba el movimiento de las estrellas, la Luna y el Sol. 

El calendario en Mesopotamia se dividía en meses y años, lo que respondía a una atenta observación del movimiento lunar. Conviene recordar que los cálculos en aquella época los realizaban en base a un sistema sexagesimal, no decimal.

En Mesopotamia se estableció el que tal vez sea el primer imperio de la historia: el Imperio acadio, a  finales del tercer milenio antes de nuestra era. Y como todo imperio, este ya supo que convenía aludir a los cielos (los dioses) para justificar su presencia y mantenerse en el poder. Esta piedra tallada cuenta cómo Naram-Sin venció a los lullubitas. El rey es el personaje más destacado, pero debe reconocer también a las divinidades. Está representado en la estela a mayor tamaño que el resto de las figuras que aparecen y con los cuernos que simbolizaban a los dioses, los únicos objetos situados a mayor nivel son las dos estrellas a las que se dirige.

En el antiguo reino de Babilonia se encuentra el origen del zodíaco, compuesto por las constelaciones situadas a lo largo de la eclíptica, esa zona del firmamento por donde transcurren la Luna y el Sol a lo largo del año. Los griegos tomaron gran parte del zodiaco de los babilonios, pero adaptaron algunas otras constelaciones a sus propias creencias y cosmovisión.

Fuente: Wikipedia.

Esto explica la decoración de este kudurru datado entre el 1125 y el 1100 a.n. e. Un kudurru es una estela de piedra decorada con grabados y empleada a modo de documento legal. En este caso, la decoración que presenta es puramente astronómica. Podemos reconocer la Luna (centro), Venus (izquierda) y el Sol (derecha), así como los signos zodiacales de Escorpio y Leo en el registro central.



En este otro kudurru está representado el rey Meli-Shipak I (1186-1172 a. n. e.). El rey presenta a su hija a la diosa Nannaya. La luna creciente representa al dios Sin, el sol a Shamash y la estrella a la diosa Ishtar

Entre el 911 y el 612 a.n. e. los asirios vivieron su última gran época de esplendor bajo el llamado Imperio neoasirio. Uno de los más importantes reyes de este imperio fue Asurbanipal II. Asurbanipal se encontraba especialmente interesado en la astronomía y la astrología (recordemos que en aquella época no había distinción entre una y otra y la astronomía era más astrología que otra cosa). 

Fuente: Wikipedia.


En las excavaciones realizadas en el palacio de Nínive se encontró una tablilla de arcilla con forma circular: un planisferio. Este sería empleado para realizar cálculos, pero también para estudiar el cielo. Según los expertos, en él se representa el cielo sobre Nínive el 3 o el 4 de enero del año 650 a.n. e., con lo que corresponde a las constelaciones actuales de Géminis, las Pléyades y Pegaso. Todos estos asterismos fueron posteriormente adaptados por los griegos a su visión del firmamento.



EGIPTO


En la antigua civilización egipcia también tuvo una importancia capital la observación del cielo. Conocer el movimiento de los astros se convirtió en una tarea clave para predecir las crecidas del Nilo y con ello preparar las cosechas. Pero también resultaba fundamental conocer las constelaciones y sus posiciones para la orientación de monumentos funerarios y para realizar predicciones astrológicas.


Fuente: elnocturnario.com

Los egipcios creían que la bóveda celeste nocturna era Nut, una mujer arqueada sobre el mundo, que engullía el Sol cada noche para darlo a luz cada mañana. Su amante es el dios Geb, la Tierra. Entre ellos se encuentra el padre de Nut, el dios Shu, que es el aire. Se coloca entre ellos para evitar que se toquen. Esta concepción mitológica da lugar a bellas representaciones como la que decora parte del techo de la cámara de enterramiento del faraón Ramsés IV. 

¿Y qué hacía el Sol durante el día? La divinidad asociada al Sol es Ra, que recorre el firmamento con su nave, llamada barca solar. Un pueblo tan influido por el Nilo asoció el movimiento del Sol en el cielo con el viaje en barca. Cada civilización adapta su mitología a aquellos elementos que conoce y la rodean. La creencia en la barca solar de Ra estaba tan extendida en el antiguo Egipto que se convirtió en todo un símbolo de muerte y resurrección. En la pirámide del faraón Keops se encontró una barca de esta tipología de enormes dimensiones, que debería haber transportado el alma del difunto monarca hasta la eternidad. Como puede apre iarse, la observación del cielo influye en la producción de elementos materiales.

Por cierto, Or Graur, astrofísico de la Universidad de Portsmouth, cree haber descubierto que los antiguos egipcios podrían haber representado visualmente la Vía Láctea en distintas obras de arte, una idea que va más allá de las teorías predominantes sobre cómo se representaba a la diosa del cielo egipcia, Nut.

Además del Sol, un objeto celeste que los antiguos egipcios observaban con atención era la estrella Sirio. Esta estrella era conocida como Sopdet. Su primera aparición en el firmamento al amanecer era crucial, pues anunciaba la crecida anual del Nilo, el gran punto de inflexión en el calendario agrícola.
 
Fuente: https://www.reddit.com/

Sopdet se asimiló así a una diosa, constantemente representada y fácilmente reconocible: una mujer portando una gran estrella sobre la cabeza. En otras ocasiones, la estrella puede aparecer entre los cuernos de un toro. Como deidad femenina es como se representa en el Templo de Hathor en Dendera.


Próximo jueves: el cielo precolombino.

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).


miércoles, 29 de abril de 2026

UN LIBRO, UN POEMA (Jorie Graham)

#unlibrounpoema
Editorial


Al 2040, es decir, Hacia el 2040, comienza con este poema:

ESTAMOS

acaso ya extinguidos. De quién es
el mapa. ¿Puedo
mirarlo? Dónde está mi
demanda. ¿Es mi historia

verificable? ¿He
incluido el recuerdo
de los animales? Los recuerdos
de los animales. ¿Están

todavía aquí? ¿Estamos

solos? Mira,
los filamentos
aparecen. De recuerdos. ¿De quién? Cómo
era

la tierra. ¿Se movía
a través de nosotros? Algo dice sin parar:
¿estás ahí?
¿son reales tus
ancestros, tienes un
cuerpo, te tienes
a ti misma en
mente, puedes ver tus

manos?—¿lo has roto,
el hilo?—trata de sentir la
tensión del otro extremo—
dice que te asegures

de que ambos extremos estén
vivos cuando tires para
intentar reentrar
aquí. Un cuervo

ha llegado mientras
escribo todo
esto. In-
corpórame,

grazna. Se acerca
dando brincos por el muro
de piedra. ¿Recuerdas
la desesperación, cómo

se acerca?, dice. Lo

miro. No tengas
prisa, digo, pero
está picoteando
la piedra en todas

partes. Su plumaje es
sol. Me mira con
cautela porque
estoy inmóvil y

anhelante. Ve mi

soledad. Comienzan
las cigarras. ¿Es esto un encuentro
real?, pregunto. De los de
antes. De cuando había

cuervos. No,
dice la luz. Casi
no estás aquí. El
cuervo se fue

hace mucho. Ahora está
viajando por su hilo, su
senda de cielo, para siempre, él sabe
la corriente que atraviesa las

cigarras, que no puedes oír
pero que
ya te cercan. Pero, ¿no está
aquí?, pregunto, buscando

en mis estrofas.
¿No llegó hasta mí
al adentrarse? ¿No
entró aquí

en la estrofa ocho?—y adónde

se va ahora
que vuelve a irse, ahora
que te digo que el cuervo es dorado,
ahora que te digo echó a volar y

se fue, y se fue.


Puede resultar desconcertante, visionario, confuso, tal vez ininteligible. Pero es suficiente con tener en cuenta el título (¿cómo será el mundo en 2040 o 2100 o 2500?, ¿estará todo en su sitio tal y como lo conocemos o habrá desaparecido?) y saber que en 2021 le diagnosticaron un cáncer de útero muy agresivo. 

Esta circunstancia personal (durante la primera década del siglo ya había pasado un cáncer de mama), la enfermedad y el enfrentamiento a la muerte, nos sumerge en un paralelismo salud personal/ salud del planeta, que combina imágenes apocalípticas propiciadas por el cambio climático y las presumibles consecuencias destructivas. 

Y para contarnos todo eso elige, en mi opinión muy acertadamente, una escritura marcada por los versos fragmentados, rotos, continuamente encabalgados, incluso las palabras, y una altísima intensidad emocional conjugada con un tono conversacional que busca la complicidad con el lector, pero sin abandonar un aire profético, como corresponde al futuro en que nos quiere situar.

Y este es el poema que cierra la colección, que nos deja una ventana abierta a la lluvia, a las manos, a la vida.


ENTONCES LA LLUVIA

después de años de virga, después
de mucho casi
y mucho nunca más, después
de coalescer en relámpagos 

secos y corrientes en descenso y fuego,
después de tomar un camino
alterno por
la historia y eludir-

nos, después de los árboles, 
después de los jardines, 
después de las duras semillas 
empujadas lo más hondo

posible y nutridas con rocío, 
después de que los surcos 
que abrió antaño ella 
se llenaran de

polvo y moho—y vainas 
que no pueden brotar—
ni siquiera los pájaros 
venían—y que viejos caminos

comenzaran a reaparecer-

después de los animales,
después de los seres más pequeños 
dentro de sus túneles y bajo
sus rocas,

después de esfumarse todo, 
entonces, un día,
surgida de la inter- 
ferencia y la dis-

continuidad, de la in-
congruencia,
de la colisión
muy por encima de nuestras

tierras abrasadas, de
la química, incognoscible 
por más que se la 
cuantifique,

del roce de un átomo con
otro, surgida del
accidente del
contacto, llegó

la lluvia.

Pensamos que era solo 
más viento. Algo golpeteó 
el techo desconchado.
Sabíamos que no era

el crepitar del calor, nuestros imaginarios 
pájaros secretos. Lo supimos por el olor que 
llenó el aire re-
cordándonos, ¿a qué nos

recordaba, ese olor,

como si el aire se volviera verde, 
como si el aire fuera la entraña pro- 
funda de la tierra
que nunca alcanzamos,

allí donde ella alcanza
las constelaciones que no hemos 
descubierto, ni nombrado, y ya 
nunca lo haremos,

y que no están muertas, no—

Y trajo consigo memoria. Pero de 
qué. Tanto tiempo. Dónde estáis, 
tiempos verbales. Las copas vuelven a 
vibrar, más fuerte, y otra vez pensamos

viento. Empujé
el mosquitero oxidado
y salí. ¿Tenía miedo? Donde ella caía 
el polvo se arremolinaba

en millas de rechazos—fibroso, 
brillante, 
como si las llamas pudieran ser polvo, 
más veloz en cada aterrizaje, hasta que ella 
las sometió y volvieron

a depositarse como suelo,
y se quedaron quietas, 
y la absorbieron
en todas partes,

y cuando me senté en el parapeto 
resbalaba por mis rasgos,
y mi cuello era surcado por regueros, 
como si fuera un pequeño libro

que se lee con atención en busca 
de fallas, crestas, lapsos
de tiempo en mi pensamiento— 
porque no podía recordarla—

mi piel no podía,

mis manos no podían,

las miro ahora

con los ojos llenos de lluvia, 
y ellas dicen levántanos,
no vas a morir
aún, estamos

vivos en la muerte
de esta iteración de la
tierra, habrá otra
donde ningún ser como nosotros

recorra esta
meseta de años y minutos y pastos y
caminos, un lugar donde ninguna
memoria pueda tomar forma, ninguna memoria de

nada, jamás, aunque por ahora 
los cristales tiemblan mientras 
la lluvia golpea más fuerte 
y los tallos rígidos se doblan y


aquello que fue un pradera
libera un vapor,
y si escuchas puedes oír
en él un débil pulso,

un espejismo, una liberación de semillas en el aire

donde el viento insiste, y mis pesadas

manos que ahora se alzan, palmas hacia arriba, refulgentes,
me dicen,
toca, tócalo todo,
comienza por tu rostro,

pon tu rostro en nosotras.


Como podéis ver, el título de cada poema es también el primer verso.


***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
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miércoles, 15 de abril de 2026

UN LIBRO, UN POEMA (Jaime Sabines)

#unlibrounpoema


De entre los centenarios que se cumplen este 2026 está el de este excelente poeta mexicano al que no he dedicado ninguna entrada todavía. No quiero dejar que pase el aniversario sin que tenga un recuerdo y una invitación a su lectura. 

Esta cita de Octavio Paz, que tomo de la contraportada, da una muestra de la importancia de Jaime Sabines como poeta: "Su humor es un chaparrón de bofetadas, su risa culmina en un aullido, su cólera es acelerada y su ternura colérica. Pasa del jardín de la infancia a la sala de operaciones. Para Sabines, todos los días son el primero y el último día del mundo".






ME ENCANTA DIOS


Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos.

Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo- la vida, sea para siempre.

Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang... Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes.

A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho —frente al ataque de los antibióticos— ¡bacterias mutantes!

Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble.

Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.

Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia —y se agita y crece— cuando Dios se aleja.

Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy.

A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.



**


No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma, de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro
acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros,
separados del mundo, dichosa, penetrada,
y cierto , interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte ,amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mi, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.



**


Mi corazón me recuerda que he de llorar
por el tiempo que se ha ido, por el que se va.
Agua del tiempo que corre, muerte abajo,
tumba abajo, no volverá.
Me muero todos los días
sin darme cuenta, y está
mi cuerpo girando
en la palma de la muerte
como un trompo de verdad.
Hilo de mi sangre, ¿quién te enrollará?
Agua soy que tiene cuerpo,
la tierra la beberá.
Fuego soy, aire compacto,
no he de durar .
El viento sobre la tierra
tumba muertos, sobre el mar,
los siembra en hoyos de arena,
les echa cal.
Yo soy el tiempo que pasa,
es mi muerte la que va
en los relojes andando hacia atrás.


**


ALLÍ HABÍA UNA NIÑA

En las hojas del plátano un pequeño
hombrecito dormía un sueño.
En un estanque, luz en agua.
Yo contaba un cuento.
Mi madre pasaba interminablemente
alrededor nuestro.
En el patio jugaba
con una rama un perro.
El sol -qué sol, qué lento
se tendía, se estaba quieto.
Nadie sabía qué hacíamos,
nadie, qué hacemos.
Estábamos hablando, moviéndonos,
yendo de un lado a otro,
las arrieras, la araña, nosotros, el perro.
Todos estábamos en la casa
pero no sé porqué. Estábamos. Luego el silencio.
Ya dije quién contaba un cuento.
Eso fue alguna vez porque recuerdo
que fue cierto.


Que en México se le apreciaba como a un grande de la poesía es testimonio la salva de aplausos con que le recibieron en el recital que ofreció en el Palacio Bellas Artes el 30 de abril de 1996, tres años antes de su muerte:



***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
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sábado, 28 de marzo de 2026

IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA (San Juan de Luz)



La historia de esta la iglesia, como buena parte de los edificios que conforman el patrimonio arquitectónico de cualquier país, es larga y azarosa. Desde el primer 
templo románico del siglo XII hasta hoy ha sufrido muchos avatares y transformaciones: incendios durante la Guerra de los Cien Años y las invasiones españolas, rayos que calcinaron la techumbre y numerosos cambios de aspecto hasta alcanzar que tiene en la actualidad de típica iglesia católica vascofrancesa: altar elevado sobre escalones, magníficas galerías laterales y barcos votivos colgados del techo (generalmente eran una manera de agradecimiento por haber sobrevivido a un naufragio o a alguna gran tormenta marina)

En la actualidad, todavía pueden verse algunos vestigios de la iglesia gótica del siglo XV (de la románica no queda nada): un pilar, varias nervaduras de piedra y ventanas tapiadas en los muros oeste y sur. 

De los elementos internos que decoran el templo destaca especialmente el retablo, tallado en madera dorada, que se extiende por toda la altura del muro posterior del ábside y por las dos alas que lo flanquean. El conjunto está dispuesto según los estrictos principios de la arquitectura clásica y embellecido con motivos antiguos, la pompa típica de los gustos del Rey Sol, quien por entonces estaba construyendo el Palacio de Versalles. Fue catalogado como monumento histórico en 1908.







Sin duda, el acontecimiento de mayor relevancia y relumbrón acaecido en este espacio es la boda celebrada por poderes entre Luis XIV y María Teresa de Austria. Mientras el rey francés lo hacía aquí, la princesa española lo hacía en la iglesia de Nuestra Señora del Manzano de Hondarribia. Luego se encontrarían por primera vez en la isla de los Faisanes. La boda era el colofón a la recientemente firmada Paz de los Pirineos (1659). Posteriormente, en su camino hacia París, se detendrían en San Juan de Luz para oficiar el matrimonio con la presencia real de los dos cónyuges. 

Carteles colocados en el exterior de la iglesia recuerdan con todo detalle el acontecimiento:



 
***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



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