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martes, 21 de julio de 2009

TIME STOP (2ª parte)

(Time stop es un cuento de Diego Consuegra)

¡La pila! seguro que el fallo era de la pila. Era cuestión de sacarla, cambiarla por otra nueva y problema solucionado.
Miré la parte trasera y vi un pequeño compartimento rectangular, metí la uña en la esquina y se abrió fácilmente dejando ver en su interior una extraña pila de color oro. La saqué de su hueco y me extrañó no ver ningún tipo de maquinaria en el reloj.
Coincidió que al sacar la pila, la radio que tenía encendida se paró pero no le di importancia. Dejé la pila sobre la mesa y al dar la vuelta al reloj vi que en la pantalla aparecía un mensaje: TIME STOP. Las letras eran digitales en color azul y parpadeaban sobre un fondo blanco. Incrédulo miré la pila y el reloj, el reloj y la pila y como no entendía cómo podía seguir encendido me puse a buscar algún que otro compartimento donde encontrase otra pila más obediente. Di varias vueltas al reloj pero no le encontré ningún nuevo hueco.

De repente me di cuenta de que todo estaba en completo silencio, el ruido amortiguado de la calle había dejado de sonar y no se oía absolutamente nada. Me levanté y me acerqué a la ventana. El mayor susto de mi vida se produjo en aquel momento. La gente que habla de un susto horroroso no ha vivido lo que yo experimenté aquel día al mirar por la ventana. Todo estaba parado, los coches, los peatones, el mundo, al menos el que se veía desde mi ventana, había dejado de girar, hasta una inmóvil paloma se encontraba suspendida en el aire a menos de cinco metros de mi ventana. Me puse a gritar y a pellizcarme, tenía que ser una pesadilla, empecé a dar vueltas por la casa y la angustia fue aumentando. Corrí a la radio y aunque estaba encendida no emitía ningún sonido, entonces fui a la sala, cogí el mando de la televisión y lo pulsé desesperado con la esperanza de oír alguna noticia que me explicase aquello y me quitase el pánico del cuerpo. La tele tampoco funcionaba. Volví a la cocina y encendí el microondas. Tampoco. Nada. Nada funcionaba. Decidí bajar a la calle para buscar alguien en mi situación y al darme la vuelta para hacerlo me fijé en el reloj. Seguía parpadeando. Era lo único "vivo", lo único que seguía funcionando. Algo me dijo que aquel reloj era el causante de todo. Había dos cosas inexplicables, la primera que el mundo se hubiese parado y la segunda que el reloj no. Alguna relación tenía que haber entre los dos sucesos. La frase del chino volvió como un relámpago a mi cabeza: "No uses mal el tiempo o el tiempo te usalá a tí”. No tenía muy claro lo que significaba, pero sí que iba a destruir aquel maldito reloj. Ya lo tenía en mi mano para golpearlo contra el suelo cuando el brillo de la pila llamó mi atención, tenía un brillo cegador, un brillo que me hizo entrecerrar los ojos al cogerla. Noté un calor extraño que antes no había percibido y sin pensarlo giré el reloj y le volví a introducir la pila. Una décima de segundo antes de hacerlo ya sabía lo que iba a pasar y efectivamente pasó. El reloj y la tele empezaron a sonar y percibí alborozado el ruido de la calle. Corrí a la ventana y al ver todo en movimiento exhalé un suspiro de alivio. Me volví a pellizcar con fuerza para desterrar lo del sueño pero sólo conseguí enrojecer mi brazo. Me senté en el sofá y pasé un par de horas girando el reloj en mi mano. Mi mente giraba a la misma velocidad, lentamente al principio, cavilando, sopesando el miedo y mucho más deprisa al final según una disparatada idea se iba abriendo camino. Para cuando me quise dar cuenta la brillante pila volvía a estar en mi mano y el horrible silencio en mi cabeza. Esta vez tarde sólo un par de segundos en volver a colocar la pila en su sitio y el mundo en su giro. Guardé el reloj en el cajón del anillo y me tomé dos vodkas de trago. Lo llamaba el cajón del anillo porque era lo único que contenía, un anillo, un extraño anillo de mujer que encontré en una peña de fútbol. Era un anillo de oro con una gran S en color rojo ardiendo entre llamas.
Un anillo así tenía que pertenecer a una fascinante mujer y aunque no sabía el porqué, siempre supe que algún día conocería a su dueña.
Mientras llegaba ese momento el reloj lo acompañaría. Lo inexplicable es que al abrir el cajón y ver el anillo percibí que era el único sitio de la casa donde podía guardarlo. Algo me decía que debían estar juntos.
Durante dos semanas el reloj permaneció en aquel cajón. Abría el cajón un par de veces todos los días. Cogía el reloj en mis manos pero el miedo que había experimentado bloqueaba de tal manera mi mente qué no sabía que hacer con él. A veces un pequeño resquicio de lucidez hacía que la opción de destruirlo ganase enteros pero cuando maduraba cómo hacerlo algo me lo impedía. Era como el anillo de Golum, una mezcla de miedo y poder que hacían que la decisión de desprenderme de aquel maldito artilugio se fuese demorando.El destino quiso que un banco tuviese la culpa (la culpa siempre es de los bancos) de que lo volviese a usar. Me habían denegado un atraso en el pago de la hipoteca. Llevaba 18 años con el mismo banco, nunca me había quedado al descubierto, había pagado religiosamente cuatro préstamos, tenía dos tarjetas de crédito, un plan de previsión, un seguro de hogar y una hipoteca que me ataba a ellos como la miel a las diablesas. Después de una estéril discusión con el director del banco, con mi nómina congelada por efecto de la crisis y con la empresa donde trabajaba al borde de la quiebra coincidió que al salir del banco y pasar al lado del mostrador vi una pequeña maquinita que contaba a una velocidad endiablada billetes de 50. Mi odio a los bancos y la desesperación que sentía hicieron que al ver aquellos billetes el reloj volviese a mi mente esta vez con mucho menos temor y mucha más determinación. En una hora estaba de vuelta en el banco con el reloj y unos guantes de látex dentro del bolsillo del pantalón. Cuando estaba a punto de llegar al mostrador del banco metí la mano en el bolsillo y palpando la superficie del reloj encontré la rendija y con la uña saque la tapa, luego le tocó el turno a la pila, me sudaba la mano y el reloj se me resbaló un par de veces pero al siguiente intento conseguí extraer la pila. Me asusté casi tanto como la primera vez y permanecí parado en la cola durante un par de minutos valorando la situación. Tener varias personas al lado totalmente inmóviles me aterraba pero no podía echarme atrás. Una televisión de plasma que momentos antes emitía anuncios del banco se había apagado y a través de la cristalera podía ver los coches detenidos en medio de la carretera. Salí de la cola y al hacerlo toqué sin darme cuenta el brazo de una chica que tenía delante. Era normal. Tacto normal. Color normal. Todo normal dentro de la anormalidad reinante.

Continurá...

martes, 29 de octubre de 2024

DESDE MI VENTANA




Desde mi ventana es una colección que fue surgiendo a partir de imágenes con las que me iba encontrando. Podían ser imágenes que me llamaban la atención durante un viaje, un paseo por el monte, la fotografía que acompañaba a una noticia... y que, de forma inmediata, relacionaba con una idea, una palabra, tal vez un verso. Ese era el chispazo que originaba el poema, aunque no todos tuvieron éxito y terminaron en forma de poema.   

Según iban surgiendo, fui agrupándolos bajo títulos distintos que intentaban recoger el estado de ánimo o el ambiente intelectual que evocaban. Al releerlos, me he dado cuenta de que lo que todos ellos cuentan en conjunto es mi particular mirada sobre el mundo, algunas de las dolencias y de las alegrías que veo. Eso (y el recuerdo de las Cartas desde mi celda) explica el título.

Los poemas son coetáneos, incluso algunos son anteriores, a los que aparecen en la colección Descender hacia la luz. Con ellos tienen en común la defensa y celebración de que lo verdaderamente importante es cuanto hacemos habitualmente durante los días cotidianos. No aquella vez que nos tiramos en paracaídas y tuvimos una feroz descarga de adrenalina, porque lo maravilloso y extraordinario es encontrarnos a gusto con el ser que somos a diario.  

Los poemas se acompañan de la imagen que motivó su nacimiento. La edición en papel los recoge en blanco y negro. De momento no es posible hacerlo en color.

Este que publico ahora es de 2016:


SOÑAR


Para Nahia, que está en camino

Fotografía de IreneLocalización.

                                      Si vivir sólo es soñar
                                     hagamos el bien soñado.
                                        AMADO NERVO


Tómale el pulso al aire, 
pide un deseo,
deposita el sonido de las caracolas
al borde del asfalto,
derriba la desesperanza 
que se oculta entre la niebla,
siembra de luz las calles,
coge impulso
y échate a soñar,

pero cuida de que los enemigos 
de la risa y el entusiasmo
permanezcan al margen de tu sueño.


***


viernes, 1 de noviembre de 2024

DESDE MI VENTANA

Cubierta de la edición en papel


Ya está disponible la versión en papel y tapa dura del nuevo poemario. Un título para recordar que lo verdaderamente importante y extraordinario es todo aquello que conforma cuanto vivimos día a día, lo cotidiano, lo más próximo y elemental.



Todos los poemas que componen esta colección fueron escritos hace algunos años, la mayoría de ellos entre 2014 y 2018. Los fui agrupando bajo diversos títulos que ahora no viene al caso recordar y algunos aparecieron publicados en el blog en aquel tiempo. Hoy me he decidido a recogerlos y hacerlos públicos definitivamente según el orden inverso en que fueron escritos, es decir, los últimos que escribí son los que aparecen en primer lugar; los más antiguos, al final.

Si no todos, la inmensa mayoría surgió de una imagen, de algo que vi y me llamó especialmente la atención. Esa es la razón de que aparezcan acompañados de una fotografía que recoge el objeto, hecho, animal, planta o paisaje que captó mi atención. No siempre las fotografías son mías, y aunque algunas de las que no me pertenecen tienen sobreimpreso el nombre de quien las hizo, no ocurre con todas, pero el parentesco de su autora conmigo es estrecho y ella sabrá perdonarme.

Hay una imagen que aparece dos veces, es decir, fue doblemente motivadora para mí. Es, ya lo veréis, un collage en el que se puede ver una isla rodeada por un dragón. Ese fue un trabajo de Irene que utilicé en numerosas ocasiones —siempre con muy buenos resultados— para motivar la escritura dentro del aula cuando todavía trabajaba en la enseñanza. Tanto utilizarlo, al final el tentado por su poder de sugestión fui yo.

Unos pocos poemas de los que aquí figuran ya habían sido publicados en títulos anteriores. Los he recuperado porque ahora pueden aparecer con la imagen que los originó. Estoy convencido de que tienen un sentido más pleno y se entienden mejor a la vista de aquello que provocó su nacimiento. Además, ayudan a completar la idea global que late dentro del conjunto.

Desde mi ventana es una colección que recoge mi mirada sobre el mundo y lo que este me ha podido sugerir. Unas veces aparece la conmoción ante la belleza más próxima y cotidiana; otras, la reflexión sobre algún hecho o situación que me ha parecido especialmente llamativo; en otras ocasiones surge la expresión del dolor ante el desgarro de la violencia; en definitiva, esta colección de poemas recoge mi estar y mi ser frente a lo que me rodea. No es autobiografía, pero en todos y cada uno de los poemas están mis propias reacciones, mis miedos y mis deseos, mis reflexiones, mis angustias y mis alegrías.


[Las imágenes que se ven en las carátulas de los audios son las que provocaron el nacimiento de los poemas].



***


jueves, 25 de julio de 2013

DESDE MI VENTANA

Alphonse Daudet escribía cartas desde su molino. Sin aspiración literaria ninguna y con un ánimo exclusivamente refrescante, os dejo aquí estas fotos realizadas desde mi ventana. A veces tengo la suerte de que el día me regala una hermosa composición de colores que está esperando, amable, a que la recoja con mi cámara. No siempre soy capaz de hacerlo, otras no dispongo de la cámara o de las ganas de pararme a enfocar y buscar un buen encuadre. Estas tres, creo, no han quedado nada mal.

Amanecer

Presagios de tormenta

Sol entre las hierbas 
Con el deseo y la esperanza de que las personas afectadas por el accidente en Santiago puedan superar lo antes posible tanto y tanto dolor.

sábado, 3 de mayo de 2025

REFLEJOS, Desde mi ventana



Esta fotografía la saqué hace mucho tiempo en el Museo de Bellas Artes de Boston. Lo que ella me sugirió dio origen al poema que, años después, quedó recogido en la colección que lleva por título Desde mi ventana. 



REFLEJOS



El gesto especular,

la tersa superficie que devuelve

una imagen inversa e insegura,

el cristal impenetrable

que escupe lo mismo 

que recoge,

esa insistente sensación 

de no saber diferenciar

entre lo real y lo soñado.


El pensamiento se observa

a sí mismo

en un laberinto de objetos

que proclaman su belleza

en la inconsistencia espectral

de los destellos


Nada es tan cierto 

como la incertidumbre.


***


sábado, 1 de noviembre de 2025

THOMAS HARDY (una breve selección)



DEJADME QUE DISFRUTE DE LA TIERRA

I

Dejadme que disfrute de la tierra, aun consciente
de que aquella gran Fuerza, creadora de todo,
cuando hizo con sus manos su atractiva belleza,
no tuvo entre sus fines pensar en mi placer.

II

Se cruza en mi camino una mujer hermosa,
que para mí no tiene ni palabras ni gestos;
mas yo me haré un embrujo de su aire despectivo
y ensalzaré los labios que míos no habrán de ser.

III

De viejos manuscritos con sentidas canciones
que brotaron de escenas y ensueños ignorados
yo extraeré arrebatos, como si fueran míos,
pese a estar bien consciente de que son obra de otros

IV

Y algún día en el futuro, al mismo Paraíso
y hacia todos sus santos —suponiendo que existan—
alzaré desde lejos unos ojos alegres
aun sabiendo que allí no hay sitio para mí.






EL GAMO ANTE LA CASA SOLITARIA

Afuera, en las tinieblas, alguien mira
a través del cristal de la ventana
desde la blanca sábana aterida.
Afuera, en las tinieblas, alguien mira
cómo, en vela, aguardamos la mañana
junto a la lumbre de la chimenea.
No alcanzamos a ver esos dos ojos
que nos contemplan desde la intemperie
y reproducen los destellos rojos
del fuego. No advertimos esos ojos,
ojos maravillados, rutilantes,
y sus pasos furtivos, vacilantes.





EL ACANTILADO DE BENNY


    I
Oh, el zafiro y el ópalo de este errante mar de occidente,
y una mujer en lo alto con el cabello al viento cabalga sonriente,
la mujer que amé tanto y que me amó fielmente.


    II
A nuestros pies el rugido continuo y las lejanas olas de la mar
semejaban un cielo inferior, engolfado en su propio palpitar,
mientras reíamos alegres en aquel mes de marzo que no podré olvidar.




    III
Una pequeña nube nos ocultó, y brotó una lluvia irisada,
y se tiñó el Atlántico de una imprecisa y leve pincelada,
luego salió de nuevo el sol y de un tono purpúreo quedó la mar bañada.


    IV
En su profunda y abisal belleza aún el viejo Beeny ocupa bajo el cielo su lugar,
pero ella y yo el próximo mes de marzo no volveremos allí de nuevo a pasear,
ni las dulces palabras que dijimos se volverán a escuchar.


    V
Pues aunque todavía la abisal belleza se alza en aquella agreste ribera de occidente,
la mujer, a la que el pony llevaba a paso de andadura está ahora ausente,
ya no sabe de Beeny ni le importa y no volverá a reír jamás alegremente.





DESPUÉS


Cuando el Presente cierre sus puertas tras mi paso
y, cual recién hilada seda, las tiernas rosas
de mayo acune el viento, ¿dirá el vecino acaso:
“Era de los que suelen apreciar estas cosas”?


Si es al ocaso y cruza sobre el denso follaje,
como en un parpadeo, un halcón por la umbría
y se posa en la zarza que el oraje,
pensará quien lo vea: “También él lo vería”


Si fuera en noche cálida y de falenas clara,
cuando el erizo corre furtivo por el prado,
tal vez alguien dijera: “Porque nadie dañara
a estas pobres criaturas veló, y poco ha logrado”


Si al oir que he partido, junto al umbral se quedan
contemplando los astros en el cielo de invierno,
¿pensarán los que ver mi rostro ya no puedan:
"Fue alguien que meditó sobre el misterio eterno"?

Y cuando por mí doble la campana al ocaso
y a su repicar se una de la brisa la charla,
cual de un nuevo tañido, ¿oirán decir acaso:
"No la puede oír ya, mas solía escucharla"?

 



        HAP * 

Si al menos algún dios vengador me llamase 
y desde el cielo, riéndose, me hablara: 
«¡Sabrás, cosa sufriente, que tu pena es mi éxtasis, 
tu pérdida de amor mi renta de odio». 

Entonces, retorciéndome, resistiría, 
y moriría endurecido 
por esta sensación de ira inmerecida, 
y en calma, puesto que alguien con más poder que yo 
me impone su deseo de hacer verter mis lágrimas. 

Pero no. ¿Por qué muere la alegría, 
por qué nunca florece la mejor 
esperanza sembrada? Hasta al sol y a la lluvia 
obstaculiza este grosero azar, 
y el Tiempo jugador echa a los dados 
lamentos y alegrías... En mi peregrinaje 
este Hado ciego pronto hubo arrojado 
tanta felicidad como dolor. 

1866 

* Hap es un nombre masculino y a la vez significa azar. Además posee la raíz de happy —feliz—. Todas estas connotaciones están en el nombre del hombre que habla en el poema.



        ELLA EN SU FUNERAL 

Le llevan al lugar de su reposo, 
en lenta procesión, con suavidad. 
Lo sigo desde atrás como una extraña: 
ellos son su familia, yo su amante. 

Sin cambiarme el vestido de colores 
y en compañía de tan tristes lutos. 
Pero los ojos de ellos lo rodean 
sin mostrar pena alguna, en tanto a mí 
el pesar me consume como un fuego. 

1867



        A UNA DAMA 
Ofendida por un libro del escritor 


ESTA página mía está exiliada, 
—condenada quizá a no rozar nunca 
tu cómoda almohada, 
ni a despertar tu Sí tan bien dispuesto 
como antes, ni a lograr 
tu amable voto de confianza en mí. 

Siendo de natural tan receptiva, 
imagino que, tal como a las llamas 
las destierra el crepúsculo, mi imagen 
sombría, deformada por otros menos francos, 
pierde por fuerza su lugar en ti. 

Sea. Ya soporté cosas así. 
Permite que los sueños 
—de mí los tuyos y de ti los míos— 
a diario disminuyan, que su espacio 
lo ocupen pretenciosas claridades: 
hasta que forme parte de ti sólo en destellos, 
y después en lejanas y débiles visitas, 
y después todo cese. 
La Verdad será siempre la Verdad.


        
        ME MIRO EN EL ESPEJO 

Me miro en el espejo 
inspeccionando mi menguante piel 
y digo: “Quiera Dios 
que hasta tal delgadez 
mi corazón se hubiese reducido”. 

Entonces, 
sin pena alguna por los corazones 
que crecieron distantes para mí, 
podría esperar solo, resignado, 
mi infinito descanso. 

No obstante, el Tiempo, para mi aflicción, 
me quita y, a la vez, me deja resistir 
y sacude al crepúsculo este frágil andamiaje 
con pulsaciones propias de los mediodías.



        UNA-ESPOSA EN LONDRES 
                (Diciembre 1899)  

        
ESTÁ sentada entre la niebla sucia 
que sube de la calle junto al Támesis, 
donde un farol, igual que un cirio o moribundo, 
de una tenue luz fría.

        II 
Un crujido de pronto, un mensajero 
que golpea la puerta, 
las últimas noticias en su mano. 
Aturde comprenderlas, de tan breves
él ha caído en las lejanas 
Tierras del Sur 

        III
Es el día siguiente: con niebla aún más densa
llega y se va el cartero: hay una carta 
cuyas lineas revelan, a la luz 
parpadeante del fuego, 
el trazo de su mano, la que ahora
ya conoce el gusano.

        IV
Escrita con firmeza, rebosante
de esperanza ante el próximo retorno,
de paseos domésticos para ir
al lago, a las colinas en verano
y, paseando, aprender un nuevo amor.




        SU INMORTALIDAD 

     I 
LA parte más sutil de alguien que ha muerto 
la he visto relucir en fieles corazones 
privados de su vida. Entonces yo me digo: 
«Esto debe de ser su inmortalidad». 

     II 
Las estaciones iban desgastándose 
y su alma no cesaba de vivir en sus vidas. 
Pero su claridad ya no era tanta 
como cuando le ví por vez primera. 

     III 
Sus compañeros de generación 
murieron todos, y yo busqué entonces 
la persona en los nuevos corazones. 
La encontré, por desgracia, convertida 
en un maniquí flaco y espectral. 

     IV 
Últimamente, ahora viejo y frío, 
me pregunto si aún queda algo suyo 
que no se haya perdido; y hallo en mí 
sólo una chispa débil que agoniza 
en medio de una gran oscuridad.
 
Febrero 1899



        IN TENEBRIS I
'Percussus sum sicut foenum, et aruit cor meum' - Ps. CI


El invierno se acerca.
Pero no me es posible soportar
de nuevo mi dolor por una pérdida:
uno no muere por segunda vez.

Huyen los pétalos.
Ya que esto sucedió en otra ocasión, 
esta aislada escena 
no puede ya angustiarme.

Se desmayan los pájaros de espanto: 
no habría de perder la vieja fuerza 
en la negra extensión, solitaria y helada. 
¡La fuerza que ya huyó hace tanto tiempo!

Pardas y grises se hielan las hojas,
pero en esta estación los amigos no pueden, 
como antaño, cambiar por nada el frío.

Las tempestades pueden hacer daño, 
pero amar no podría hacer sufrir 
de nuevo en este año al corazón 
de quien ya no tenía corazón.

Negra es la toga de la noche.
Pero la muerte nunca asustará 
a quién, ya más allá de toda duda, 
sin esperanza espera.



        EN EL OJO DE LA MENTE

ESTO una vez fue su ventana
y, junto a ella, la brillante luz
de una vela llamándome con señas,
diciéndome «aquí estoy» desde allí dentro.

Ahora como entonces yo la veo 
moverse en el cristal, pero es tan sólo 
su fantasma guardado en mi cerebro.

Centro de mi visión, ella va a todas partes: 
los cambios desvanecen los paisajes 
pero ella sigue en mí.

Forma tan dulce y tímida, querida, 
¿quién podría negarte?
No deseé jamás, ni una vez sola, 
arrojar lejos tu fantasma, amada.


        EN EL ALUMBRAMIENTO

EN medio de la noche,
para comunicarme malas nuevas, 
vino a hablarme el espíritu 
pálido y desgastado de mi madre.

"Hija mía, estás llena de alegría
por este inoportuno niño que tú amamantas. 
Los hombres, a través del ancho mundo, 
pueden buscar sin hallar nunca —piensas— 
ningún otro tan rubio".

"Esta medianoche, querida, el tiempo alumbra 
miles de niños rubios, también raros y hermosos, 
miles que el Alto Cielo
condena de antemano a fracasar,
aun siendo igual de claros, de buenos, de sumisos.

"Tu cariñosa hazaña es una fuente 
de extasiados temores y esperanzas, 
de un inocente orgullo maternal 
que prepara en la triste humanidad 
más caminos, aún, para las lágrimas.

"Como tú soñé yo cuando extendía 
la vida para mí su rayo matinal. 
Más tarde el panorama fue distinto..." 
Tales son los extraños pensamientos 
que me comunicó mi madre muerta.



        EL HOMBRE QUE MATÉ

"AMBOS seguramente coincidimos
en antiguas posadas.
Debimos de sentarnos a regar 
con generosidad unos bocados.

"Pero en las filas de la infantería, 
frente a frente mirándonos, 
le disparé, como él también a mí, 
y le maté en su puesto.

"Disparé a muerte
tan sólo porque era mi enemigo. 
Un enemigo malo, desde luego:
esto está claro, aunque de todos modos

"también pensaba que, probablemente, 
se alistó sin pensarlo, como yo.
Que estaba sin trabajo, y que había vendido 
las ropas. Y no había más por qué.

"Curiosa, extraña guerra: tú derribas
a un compañero al cual hubieses invitado 
si hubiera habido un bar,
o con media corona le hubieses ayudado".

***
Si quieres la paz, no hables con tus amigos; habla con tus enemigos.  

Moshe Dayan  



Fuente: Wikipedia
Mapa de los conflictos armados en curso (número de muertes violentas en el año actual o anterior):      Guerras mayores (10 000 o más). Palestina, Ucrania, Sudán, Etiopía, Myanmar (Birmania).      Guerras menores (1 000–9 999).      Conflictos (100–999).     Escaramuzas y enfrentamientos (1–99).

lunes, 23 de diciembre de 2024

DESDE MI VENTANA, Pétalos de camelia

Los pétalos caídos se hacen solidarios con el agua que corre.


Mientras que el hombre es una mota en el universo pensante, las hojas —el helecho y las agujas del pino y la frondosa palma y la cinta del sargazo— perciben la luz de una forma esencial y constructiva. Las flores que miran mi ventana desde el jardín cercado ciertamente no me ven, pero sus hojas ven la luz de un modo que mis ojos son incapaces de captar. La toman, cuando se expande radiante en el espacio como una disipación dorada, con una finalidad primordial. Aferran su energía estelar y con esa fuerza crean la vida de los elementos. Respiran en el polvo, y es una rosa.
DONALD   CULROSS   PEATTIE. Flowering Earth.


PÉTALOS DE CAMELIA
Ahí están:
caídos,
a la espera 
de ser pisados
volteados,
esparcidos,
disueltos.

No son nada,
tan sólo pétalos
abatidos
por el viento,

luz,
color,
belleza que se ofrece,

regalo que el día deja
a nuestros pies
para ver si somos
capaces de igualarlo.



***

viernes, 24 de julio de 2009

TIME STOP (5ª parte)

Time stop es un cuento de Diego Consuegra


Al ver parado a Inzaghi con las piernas abiertas decidí empezar por él recreándome con un cañito marca de la casa, corrí 15 metros y unos dos antes de llegar le lancé un caño que no pasó por poco, golpeó en su pierna derecha y el balón retrocedió hacía mí, lo volví a intentar y esta vez golpeó en su pierna derecha y salió disparado hacia la izquierda. Como había empezado mal y no era cuestión de joder el gol del siglo, fui a por el balón y volví a la portería para comenzar de nuevo.

Empecé seis veces. Sí, lo confieso, a la sexta, lo conseguí a la sexta, soy muy malo y mi único contacto con el fútbol es el sofá y la grada, o sea, que lo conseguí a la sexta y de milagro. Animado por el tubito me lancé por Pirlo que estaba de espaldas y no me veía, llegué con la lengua fuera y eso que solo había recorrido 30 metros, me escoré un poco a la izquierda y un momento antes de llegar lo superé por la derecha, lo hice lentamente para recuperar el resuello y la fe en mi fútbol. Ya caliente, metido en faena y armado de valor me fui a por Gattuso, el cabrón de él, parado y todo, daba miedo, estaba a unos 20 metros y decidí echar el resto, me lancé como un poseso y cuando estaba a su altura decidí adornar la jugada haciendo una bicicleta y claro yo de bicicletas ni idea, como mucho había visto las de Robhino en la tele e intenté imitarle y hacer algo parecido. Creo que fue en la segunda pedalada cuando mi pie izquierdo tropezó con el derecho y me fui al suelo cuan largo como era. Quiso la mala suerte que a estas alturas de la jugada ya me encontrase al lado de Gattuso y al caer mi cabeza, concretamente mi ojo izquierdo, se estampó contra su codo. Yo me retorcía de dolor en el suelo y el cabrón de él ni se inmutó.


Pasaron varios minutos hasta que conseguí levantarme, lo hice muy lentamente, y la poca fuerza que me quedaba la empleé para estamparle una patada en los huevos que al menos hizo que recuperase mi maltrecha autoestima.

Recogí el balón y me fui caminando en busca de Dida, unos 10 metros antes de llegar me encontré con Maldini, dejé el balón en el suelo, me cuadré y le hice una reverencia, lo cortes no quita lo valiente, y Maldini se merece cientos.
Coloqué el esférico en las manos de Dida para que se le resbalase y volví a mi asiento, en el camino volví a reverenciar a Maldini, até los cordones a Seedorf le di una hostia a Nesta y otra patada en los huevos a Gattuso.
Me senté y aunque el dolor apenas me dejaba disfrutar del momento, coloqué de nuevo la pila para ver el gol.



Desde que me había asomado a la ventana no había vuelto a sentir un miedo tan atroz. Aquella vez fue por ver el mundo detenido. Está también. La diferencia es que ahora la pila ya estaba en el reloj. La pila estaba puesta y nada se movía. El reloj no funcionaba. Asustado saqué de nuevo la pila y la volví a colocar en su sitio. Nada. Todo seguía igual. Todo parado. La pila había perdido su brillo característico y el Time Stop ya no parpadeaba.
Pasé varias horas en el campo, sobrecogido, horrorizado, con los nervios destrozados y varias ideas martilleando mi cabeza.

Cuando se hizo de noche salí del Santiago Bernabeú y me encaminé hacia mi casa. Tardé media hora con una bicicleta que le quité de las piernas a un ciclista. Se quedó en una postura muy rara y por un momento imaginé su desconcierto cuando colocase la pila. El problema, mi gran problema, es que no sabía si conseguiría que el reloj volviese a funcionar. Esa noche no dormí y la siguiente tampoco. El ojo se me había amoratado de mala manera y no conseguía que bajase la hinchazón. Aunque mi cara era horrible, en aquellos momentos era lo que menos me preocupaba. El reloj seguía sin funcionar. Había sacado y metido la pila cientos de veces pero todo seguía inmóvil.

Pasaron cuatro angustiosos meses y el suicidio empezó a tomar forma. Una cosa era que el mundo se parase a mi voluntad y otra muy distinta que se parase para siempre. Necesitaba la vida. Detener el mundo sólo servía para que la vida fuese más interesante, más divertida. No quería el mundo parado, con el mundo parado nada tenía sentido. De repente aquel juego había dejado de serlo. Yo supuse que la pila era eterna, que el reloj era eterno, que el tiempo era perpetuo. Me equivocaba. Había cometido un tremendo error y algo me hacía pensar que era un error irremediable. El dinero, el poder, el ser dueño del tiempo me habían perdido para siempre. Ahora el horror se había convertido en el tiempo. El tiempo que solo pasaba para mí. El tiempo que me hacía envejecer y ver a todos siempre con la misma edad de aquel fatídico día de la final.

Continuará...

miércoles, 15 de noviembre de 2023

UN LIBRO, UN POEMA (T. S. Elliot)

Editorial
Nota previa: 

Desde hace unos días, paralelamente a esta sección Un libro, un poema he iniciado en WhatsApp, en el apartado "novedades", la publicación diaria de un poema bajo el hashtag (#) un poema al día. Es, lógicamente, una fórmula absolutamente efímera, pasadas las 24 horas, desaparece, pero quienes tenéis mi número podéis ver el poema, que cada día será de un libro distinto... 

***

#unlibrounpoema

Elliot ya es un clásico del siglo XX y no necesita presentación de ningún tipo. Guste o no, se haya leído o no, todo el mundo sabe que es el autor de obras tan influyentes en su época como La tierra baldía o Cuatro cuartetos.

Hoy dejo aquí, en traducción de José María Valverde

LA CANCIÓN DE AMOR DE J. ALFRED PRUFROCK


Si yo creyese que mi respuesta fuese
a persona que alguna vez volviera al mundo,
esta llama quedaría sin más sacudidas.
Pero como jamás desde este fondo
volvió nadie vivo, si es verdad lo que oigo,-+
sin temor de infamia te respondo.

DANTE, INFERNO, XXVII


Vamos entonces, tú y yo,
cuando el atardecer se extiende contra el cielo
como un paciente anestesiado sobre una mesa;
vamos, por ciertas calles medio abandonadas,
los mascullantes retiros
de noches inquietas en baratos hoteles de una noche
y restaurantes con serrín y conchas de ostras:
calles que siguen como una aburrida discusión
con intención insidiosa
de llevarnos a una pregunta abrumadora…
Ah, no preguntes "¿Qué es eso?"
Vamos a hacer nuestra visita.

En el cuarto las mujeres van y vienen
hablando de Miguel Ángel.

La niebla amarilla que se restriega el lomo en los cristales de las ventanas,
el humo amarillo que se restriega el hocico en los cristales de las ventanas,
metió la lengua lamiendo los rincones del atardecer,
se demoró en los charcos quietos sobre los sumideros,
dejó que le cayera en el lomo el hollín que cae de las chimeneas,
resbaló por la azotea, dio un brinco repentino,
y, viendo que era una suave noche de octubre,
se enroscó una vez en torno a la casa y se quedó dormido.

Y claro que habrá tiempo
para el humo amarillo que se desliza por la calle,
restregándose el lomo contra los cristales de las ventanas;
habrá tiempo, habrá tiempo
de preparar una cara para encontrar las caras que encuentras;
habrá tiempo de asesinar y de crear,
y tiempo para todos los trabajos y los días de las manos
que levantan y dejan caer una pregunta en tu bandeja;
tiempo para tí y tiempo para mí,
y tiempo aún para cien indecisiones,
y para cien visiones y revisiones,
antes de tomar té con tostadas.

En el cuarto las mujeres van y vienen
hablando de Miguel Angel.

Y claro que habrá tiempo
de preguntarse "¿Me atrevo?", y "¿Me atrevo?"
tiempo de volver atrás y bajar la escalera,
con un claro de calvicie en medio de mi pelo
(dirán: "¡Cómo le está clareando el pelo!")
mi chaquet, mi cuello duro subiendo firmemente hasta la barbilla,
mi corbata rica y modesta, pero afirmada con un sencillo alfiler-
(dirán: "Pero ¡qué delgados tiene los brazos y las piernas!")

¿Me atrevo
a molestar al universo?
En un minuto hay tiempo
de decisiones y revisiones que un minuto volverá del revés.
Pues les he conocido ya a todos, les conozco a todos—
he conocido los anocheceres, mañanas, tardes,
he medido mi vida con cucharillas de café:
conozco las voces que mueren con una caída agonizante
bajo la música de un cuarto de más allá.
Así ¿cómo podría hacerme ilusiones?

Y he conocido ya los ojos, los conozco todos—
los ojos que te miran fijos en una expresión formulada,
y cuando esté formulado, despatarrado en un alfiler,
cuando esté clavado y retorciéndome en la pared,
¿cómo empezaría entonces
a escupir todas las colillas de mis días y maneras?
Y ¿cómo podría hacerme ilusiones?

Y he conocido ya los brazos, los conozco todos—
brazos con pulseras y blancos y desnudos
(¡pero, a la luz de la lámpara, con vello parado claro!)
¿Es perfume de un traje de mujer
lo que me hace divagar así?
Brazos que se extienden en una mesa, o que se arropan en un chal.
¿Y cómo hacerme ilusiones entonces?
¿Y cómo iba a empezar?

........................................................

¿Diré que he pasado al oscurecer por estrechas calles
observando el humo que se eleva de las pipas
de hombres solitarios en mangas de camisa, asomados a la ventana?

Debería yo haber sido un par de ásperas garras
corriendo por los fondos de mares silenciosos.

.......................................................

!Y la tarde, el anochecer, duerme tan pacíficamente!
Alisada por largos dedos,
dormida… cansada… o se hace la enferma,
extendida en el suelo, aquí junto a ti y a mí.

¿Debería yo, después del té con pastas y helados,
tener la energía de forzar el momento hasta su crisis?
Aunque he visto mi cabeza (ya ligeramente calva) presentada en una bandeja,
no soy ningún profeta —y no se trata aquí de nada importante;
he visto chisporrotear apagándose el momento de mi grandeza,
y he visto al eterno Lacayo, alargándome mi abrigo y riéndose con disimulo,
y, en resumen, tuve miedo.

Y habría valido la pena, después de todo,
después de las tazas, la mermelada, el té,
entre la porcelana, entre un poco de charla tuya y mía,
habría valido la pena
descabezada de un mordisco el asunto con una sonrisa,
apretar el universo en una bola
echándolo a rodar hacia alguna pregunta abrumadora,
decir: “Soy Lázaro, venido de entre los muertos,
vuelto para decíroslo todo, os lo diré todo”-,
si alguna, poniéndose una almohada junto a la cabeza,
dijera. “No es eso lo que yo quería decir en absoluto.
No es eso, de ningún modo”.

Y habría valido la pena, después de todo,
después de las tazas, la mermelada, el té,
entre porcelana, entre un poco de charla tuya y mía,
habría valido la pena
descabezar de un mordisco el asunto con una sonrisa,
apretar el universo en una bola
echándolo a rodar hacia alguna pregunta abrumadora,
decir: "Soy Lázaro, venido de entre los muertos,
vuelto para decíroslo todo, os lo diré todo"—,
si alguna, poniéndose alguna almohada junto a la cabeza,
dijera: "No es eso lo que yo quería decir en absoluto.
No es eso, de ningún modo".

Y habría valido la pena, después de todo,
habría valido la pena, 
después de las puestas de sol y los jardincillos delante de casa, y las calles regadas,
después de las novelas, después de las tazas de té, después de las faldas que se arrastran por los suelos,
y esto, ¿y tanto más?
¡Es imposible decir precisamente lo que quiero decir!
Pero si una linterna mágica proyectara los nervios como estructuras en una pantalla:
habría valido la pena
de que alguna acomodándose una almohada o tirando a un lado un chal,
y voliéndose a la ventana, dijera:
"Eso no es en absoluto,
eso no es lo que quería decir en absoluto."

.......................................................

¡No! No soy el príncipe Hamlet, ni tenía por qué serlo;
soy un noble del séquito, uno que sirve
para hacer bulto en una comitiva, empezar alguna que otra escena,
aconsejar al príncipe: sin duda, un fácil instrumento,
respetuoso, contento de ser útil,
político, cauto y meticuloso;
lleno de elevado fraseo, pero un poco obtuso;
a veces, incluso, casi ridículo—
a veces, casi, un Bufón.

Envejezco… envejezco…
Tengo que llevar vueltas en los bajos de los pantalones.

¿Me saco raya en el pelo por detrás? ¿me atrevo a comerme un melocotón?

Me pondré pantalones blancos de franela, y pasearé por la playa.
he oído a las sirenas cantándose unas a otras.
No creo que me canten a mí.
Las he visto cabalgar en las olas mar adentro
peinando el blanco pelo de las olas echando atrás
cuando el viento sopla el agua hasta ponerla blanca y negra.

Nos hemos demorado en las cámaras del mar
junto a ondinas enguirnaldadas de algas, en rojo y pardo,
hasta que nos despierten voces humanas y nos ahoguemos.

***


miércoles, 14 de mayo de 2025

UN LIBRO, UN POEMA (Mahmud Darwish)

Ejemplar del KM
#unlibrounpoema

Publicada hace poco más de un mes, esta antología de poemas de Mahmud Darwish recoge una muestra amplia y suficiente de su quehacer como poeta. Tiene, además, el mérito de incluir algunos poemas que nunca habían sido traducidos al castellano. Una forma estupenda de acercar la poesía de Darwish a la masa lectora en castellano, en una edición de bolsillo pero muy bien cuidada. 



ENAMORADO DE PALESTINA 


Enamorado de Palestina Tus ojos son una espina en mi corazón, 
me duele… pero la adoro, 
la guardo del viento, 
me la clavo más allá de la noche y los dolores, me la clavo 
y la herida enciende la luz de las lámparas, 
su mañana se vuelve mi presente. 
La quiero más que a mi alma, 
y en cuanto ojo y ojo se encuentran, olvido 
que un día, del lado de fuera de la puerta, ¡fuimos dos! 

Tus palabras… eran un himno: 
yo intentaba cantar 
pero la pena cercaba el labio en primavera. 
Tus palabras, como las golondrinas, alzaban el vuelo: 
en otoño emigraban contigo de las puertas y umbrales 
de nuestras casas a donde quisiera el deseo… 

Nuestros espejos se rompieron, 
la tristeza se multiplicó por mil 
y recogimos las astillas de una voz…
que entonaba ¡la elegía del país! 
La sembraremos juntos en el cuerpo de una guitarra 
que tocaremos 
en las azoteas de nuestra catástrofe 
para piedras y lunas deformes. 
Porque la había olvidado… olvidado, oh voz desconocida: 
al marcharte se oxidó la guitarra… ¿O ha sido por mi silencio? 

Ayer te vi en el puerto, 
viajera sin parientes… sin provisiones. 
Corrí hacia ti como un huérfano 
que pregunta a la sabiduría de sus abuelos: 
¿Cómo es que han empujado a los huertos verdes 
a prisión, al exilio, a una dársena 
y ahí siguen, a pesar de la travesía, 
a pesar de los vientos salobres y los deseos, 
ahí siguen siempre verdes? 
Escribo en mi diario: 
Amo las naranjas. Odio el puerto. 
Y sigo escribiendo: 
En el puerto 
me detuve. El mundo tenía ojos de invierno 
y nosotros, mondas de naranjas. Detrás de mí, el desierto.

Te he visto en los cardos de los montes, 
pastora sin ovejas 
perseguida, entre las ruinas… 
Tú eras mi jardín y yo el forastero 
que llamaba a tu puerta, oh corazón. 
En mi corazón… 
la puerta, la ventana, los cimientos, las piedras fraguan. 

Te he visto en las cántaras de agua y de trigo 
hechas añicos. Te he visto camarera en clubes nocturnos. 
Te he visto en las ranuras de las lágrimas y las heridas. 
Tú eres en mi pecho otro pulmón… 
Tú, tú, la voz de mis labios… 
Tú el agua, tú el fuego. 

Te he visto a la entrada de la cueva… 
tendiendo en la cuerda la ropa de tus huérfanos. 
Te he visto a la lumbre y en las calles… en los corrales… en la sangre del sol. 
Te he visto en los cantos de orfandad y desposesión. 
Te he visto rebosante de sal y de arena. 
Eras preciosa como la tierra… como los niños… como el jazmín. 

Y juro: 
Que con las pestañas de mis ojos tejeré un pañuelo 
y bordaré un poema a tus ojos 
con un nombre que dicho derrite el corazón… 
para alimento de las ninfas del bosque. 
Escribiré una frase más hermosa que las promesas y los besos: 
«Era palestina. ¡Y lo sigue siendo!». 

En una noche de tormenta abrí la puerta y la ventana 
a la luna anquilosada de nuestras noches, 
y dije: ¡Es mi turno! 
Más allá de la noche y de los muros… 
he hecho una promesa a las palabras y a la luz. 
Tú eres mi jardín virginal… 
–y nuestras canciones, 
espadas que blandimos. 
Eres leal como el trigo… 
–y nuestras canciones, 
simiente que sembramos. 
Eres como una palmera en la imaginación, 
que no la troncha tormenta ni machete, 
que no deja que le arranquen las crenchas 
las fieras del desierto o del bosque… 
Pero a mí, exiliado tras los muros y la puerta, 
ponme a salvo en tus ojos
ponme donde estés 
ponme como sea: 
recobraré el color de cara y cuerpo, 
la luz del corazón y la mirada, 
la sal del pan y de las melodías 
y el sabor de la tierra y el país. 
Ponme a salvo en tus ojos, 
haz de mí tabla de olivo en la choza de la miseria, 
haz de mí aleya del libro santo de mi infortunio, 
haz de mí juguete… piedra de la casa 
para que otra generación recuerde 
el sendero a casa. 

Palestina en ojos y tatuaje 
palestina en el nombre 
palestina en los sueños y las penas 
palestina en el pañuelo, los pies y el cuerpo 
palestina en las palabras y el silencio 
palestina en la voz 
palestina en el nacimiento y en la muerte. 
Te llevaba en mis viejos cuadernos, 
fuego para mis versos. 
Te llevaba de provisión en mis viajes. 
En tu nombre grité en los valles: 
¡La caballería cruzada… bien la conozco, 
aunque sea otra la batalla! 

Tened cuidado… Cuidado 
con el relámpago que mi canto saca del pedernal. 
Yo soy la flor de la juventud, la gala de los caballeros. 
El destructor de los ídolos. 
Los confines del Levante los siembro 
de poemas ¡que los buitres perdonan! 
En tu nombre he gritado al enemigo: 
Comeos mi carne si me quedo dormido, gusanos. 
De los huevos de las hormigas no nacen águilas… 
Pero un huevo viperino… 
¡esconde una serpiente! 
¡La caballería cruzada… bien la conozco, 
mas por encima de ella sé que 
yo soy la flor de la juventud, la gala de los caballeros!

Traducción: Luz Gómez.

Otras ediciones en castellano:  

Disponéis de una selección abundante de poemas en la página

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