miércoles, 15 de junio de 2011

TAMBIÉN LAS VERDADES MUEREN

Aprecio especialmente este libro de Igerabide porque me parece lleno de sabiduría, de belleza y no exento de cierta malicia; porque es un texto al que suelo volver con cierta frecuencia, incluso, a veces, lo consulto, como si se tratara de un ensayo, para ver qué verdad ha muerto esta semana o se encuentra moribunda; porque siempre que lo releo, doy con algún pensamiento nuevo al que no había prestado atención.

Os dejo aquí algunos ejemplos:

Las peores desgracias son aquellas a las que uno no está acostumbrado.


Biología: somos producto de una herencia... mal repartida.


Cuando des consejos, usa interrogantes y puntos suspensivos...


Las personas muy flexibles se hacen un lío.


La patria se inventó como tablero para el juego del poder.


No veo en la modernidad nada sustancialmente distinto a la antigüedad, salvo este aceleramiento anquilosante.


Hombres de acción en bata y zapatillas en las trincheras de Internet. La épica actual.


Los escritores clásicos son como el vino añejo; esperan pacientemente a renovarse en un paladar exigente.


El Dios judeocristiano es un dios voyeur; no deja resquicio a la intimidad.


Aunque la publicación tiene ya siete años, no creo que os cueste mucho encontrarla aún en las librerías, al menos, en las del País Vasco. Si os interesa mucho y no os da el dinero, también lo tenéis en google books, aunque no edición completa, claro.

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