viernes, 25 de mayo de 2018

AYER EN KAXILDA

Como sapiens que somos, necesitamos crear y comunicarlo. No importa la materia, ni la herramienta, ni el formato. Hacemos y lo damos a conocer. El impulso que encendió la llama a veces también nos salva. 

Reconforta ver y oír a un pequeño grupo humano pelearse con las palabras para trascender el momento inicial, la soledad sonora, y plantarse sin miedo ante otro pequeño grupo humano dispuesto a escuchar y disfrutar.

Gracias, Aitor, Nacho, Penélope, Cristina, Jon Ander, Alba, Sarah, Eva y Lourdes, por romper el silencio y atreveros. Y disculpad la mala calidad de las imágenes. Tendría que haber llevado una cámara.
Aitor 
 CINCUENTA CÉNTIMOS POÉTICOS

Viene.
Se acerca.
Está llegando.

Aún no está aquí

Conozco su nombre.
Vislumbro sus mil formas.
Me embriaga su aliento suave.

Aún no está aquí.
Pero puedo al fin escuchar sus pasos.
Puedo ya ofrecerle una sonrisa.
Ya puedo admirar su gesto.

Su café, señor.
Gracias, señorita.
Y dígame cuánto sea, por favor.

Me llamo Inspiración. Salgo a las seis.
Por el café, son cincuenta céntimos.
Por lo demás, la voluntad poética.


Nacho 
 POEMA DE INSOMNIO Nº 1

¿De qué color es la vida? —me pregunto—.
rosa no, seguro, y negra, tampoco:
no me voy a poner dramático,
no es plan a estas alturas.
De elegir un color me quedo
con el gris porque, según creo,
es así como vivimos, en un lugar tibio
casi siempre alejado de la perspicacia hasta que,
milagro, un azul cielo, o un verde oliva,
o incluso el más común de los marrones
nos mira desde unos ojos luminosos
y, por un instante, nos tiñe la existencia.
Ya sé que no es más que una ilusión efímera,
pero qué felices somos mientras dura.


Penélope
LA MEDIDA DEL TIEMPO 

Nos encontramos tarde, demasiada vida recorrida. 
Nos reconocimos, 
mucho antes 
de adivinarnos. 
Nos descubrimos casa, 
e hicimos hogar, 
refugio, raza y patria, 
sin apenas mediar palabra. 

Tanto por hacer 
o deshacer, 
pero juntos, revueltos, 
sin perder un segundo. 

A veces dudo si la vida 
avanza, 
si quedé estancada, 
muerta en vida, 
o simplemente 
desinteresada, 
aburrida y abandonada, 
desde tu marcha. 

Dura condena la de 
sobrevivir, 
exiliada del paraíso, 
tras haber conocido 
la eternidad en tus brazos. 

La medida del tiempo, 

la que nos distancia, 
de volver a ser dioses.


Cristina
 LUNES, INVIERNO

Me acabo de levantar.
Estoy junto a la ventana.
La lluvia cae
lenta
sobre la calle vacía.
Entre las farolas aún iluminadas
los semáforos trabajan para nadie.
Se ha levantado un poco de viento.
Cruzan dos viandantes
bajo sus paraguas,
uno detrás de otro,
despacio,
meditabundos...
El primero se ha detenido
bajo un balcón.
El otros sigue su camino...


Jon Ander
De vez cuando 
—sentado en una terraza 
con un cigarrillo en la 
mano, 
o sencillamente 
mientras voy andando por 
la calle— 
suelo echarle una mirada 
reflexiva al pasado, 
como si aún fuese posible 
hacer algo con él.


Alba 
A LA ESPERA

Cuando te alejas y me acerco el corazón al pecho
cuando el océano me achica hasta la tráquea
y ya no hay beso
no verso
que cure la distancia.

Cuando me envío mensajes en braille que todavía no descifro
cuando asomo la cabeza al precipicio y cierro los ojos para no ver el abismo.

Cuando apareces
y me robas las sinapsis
pero te faltan segundos para girar y dejar este vacío que me envuelve.

Cuando espero tu pena silenciosa

y nunca llega.

Cuando espero a gritos la victoria de saberme entera
de saberme hoguera
de peinar la estela que te sucede
y entender
que
no
necesito
nada

mi 
vera.

Cuando espero
ya no me da tiempo a acariciarme
Por
Eso
Quiero
Volar
Olvidar el sabor de la tristeza
La agonía de la espera
ignorar que faltas
que abrasas mis costillas
y mi espalda
con tu silencio.

Cuando tecleo hipótesis en mi ordenador.

Es entonces cuando mi piel cristal se hace más frágil
porque sigo sin ser yo,
sigo disfrazada entre las letras

y quien sabe
quizás nunca consiga bajar a tierra.


Sarah
Es 
demasiado temprano para fumar en mi cama.
Para perderme en las calles del casco, callejear,
coger lo que callo y calar
la luna en mi cuarto.
Demasiado temprano para conocernos tan poco.
Poder disfrutar, saber lo que toco y pasar
de cero a nosotros
pensar
que esto es de locos
y seguir disfrutando.


Eva
SOLEDADES

Camino al trabajo me cruzo con la tristeza.
Va vestida de mujer de sesenta años.
Ella se cruza con el hastío.

Ambas embarcadas en un búsqueda.
Yo de vivencias y ella de algún sustento.

No quiere que mi mirada, inocente para ella,
se contagie de su pena.
Mi hastío es tan grande que no existe tal peligro.

La invito a desayunar y, por un instante,
ambas sentimos cumplido nuestro anhelo:

                 Yo, acallar mi mediocre conciencia.
                 Ella, saciar su apetito.


Lourdes
QUEMAR LAS NAVES

Quemó las naves de la amistad
y se fue con su hombre,
un hombre,
sin más.
Quemó las naves,
y el campanario,
y la cigüeña
que invierno a invierno le recordaba
que el frío remontaba.
Lo arrasó todo
y dejó tras de sí
un ácido olor a hembra.

2 comentarios:

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