martes, 20 de enero de 2015

SOBRE LAS REVOLUCIONES DE LOS ORBES CELESTES

Podría empezar este breve comentario diciendo que se me hace difícil imaginar un lector actual interesado en la lectura de Sobre las revoluciones de los orbes celestes, ya que para el lector de hoy buena parte de lo que se ofrece es erróneo. O podría comenzar con esta otra afirmación: nadie interesado de verdad en el conocimiento y en el desarrollo de lo que somos debería dejar de leer este texto. Ambas son afirmaciones extremas y ambas contienen buena dosis de verdad. Ocurre que leer a Copérnico es como tener en las manos un bifaz de hace un millón de años; no vamos a cortar nada con ella, pero podemos sentir la emoción del primer instrumento elaborado por el género homo.

Así es, este texto es el primer instrumento de racionalización del conocimiento cosmológico, es el cimiento sobre el que se construirá la casa del saber en la Edad Moderna, es la base de la Revolución científica, es el paso del saber especulativo al saber científico. Todo lo cual es mucho más de lo que el propio Copérnico podría haber imaginado.

Copérnico mantiene aún las ideas ptolemaicas de que los planetas recorren sus órbitas arrastrados por esferas cristalinas, que sus movimientos son circulares y regulares, y que en el cielo se dan muchos movimientos circulares y regulares en lugar de un único movimiento para cada esfera planetaria. Pero afirma dos cosas sustanciales: el movimiento de los cuerpos celestes no es un movimiento propio de esos cuerpos, sino el movimiento aparente causado por las rotación de la Tierra sobre su eje; el Sol, y no la Tierra, es el que se halla situado en el centro del universo.

Estos dos cambios en la forma de entender el universo simplificaron enormemente la astronomía y permitieron el avance de los estudios sobre los movimientos aparentes de los planetas. Aquí se inicia el conocimiento científico y una de las constantes del mismo: cuanto más simple es un enunciado, una demostración, más abarcador es. El cambio sustancial del punto de vista de Copérnico abrió el camino del conocimiento científico y permitió el abandono paulatino del pensamiento mítico.

Gracias, Luis.

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