lunes, 7 de diciembre de 2015

BERNINI, MICAELA PORTILLA Y GARCILASO

Miro casualmente un libro de arte y me salta a la vista que hoy, 7 de diciembre, es el aniversario del nacimiento del gran Bernini. Me viene inmediatamente a la memoria la clase de historia del arte en que mi profesora Micaela Portilla hablaba apasionadamente del artista barroco. Micaela, la gran Micaela, siempre hablaba apasionadamente de arte. Oírla explicar cualquier tema era una de las tareas más gratas que he podido disfrutar durante mi vida de alumno. Escuchar su explicación, toda ella alborotada de entusiasmo mitológico y cálidos conocimientos técnicos, se me hacía siempre escaso deber, y nunca dejaba de sorprenderme lo deprisa que pasaba el tiempo.

¡Qué bien conjuga la vehemencia barroca del artista italiano, el dramatismo del mármol hecho fuego gracias a su destreza, y la pasión por enseñar y descubrir de una profesora —mejor, maestra— que llevaba el arte en las venas! Hasta el mito parece que se hace más pequeño, menos importante, ante la generosa entrega del artista y su rendida exégeta.

Imagen tomada de Wikipedia. Apolo y Dafne. Bernini. Galleria Borghese.

Garcilaso vió así el mito (mantengo la grafía de la época del autor):

A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos qu’el oro escurecían;

     de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aun bullendo ’staban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.

     Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.

     ¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba!

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