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jueves, 11 de febrero de 2021

LO QUE LA TRADUCCIÓN NO NOS DICE

 

Fotografía de una línea de la página 20 del libro La escritura poética china.

Editorial

Si algo tiene de bueno esta extraña situación en que vivimos es que, en general, podemos disponer de más tiempo para leer. Bueno, para leer o para lo que sea. El caso es que la tertulia que debía haberse realizado el 2 de febrero, al ser aplazada, permite a quienes participan en ella realizar un mayor número de consultas y lecturas. Y aunque este título está pensado para quienes asisten a las tertulias irunesas, creo que también resultará de interés para quienes deseen adentrarse en el conocimiento y disfrute de la poesía china. Es más, lo que voy a resumir aquí del académico y traductor Cheng, seguro que resulta atractivo a cualquier persona mínimamente interesada en la poesía. Dicho esto, el libro podréis encontrarlo sin dificultad en cualquier librería o biblioteca. Y ahora vamos con los cinco caracteres chinos de arriba.

Se trata del primer verso de un poema de Wang Wei. Es este:

El profesor, en su explicación, nos anima a que observemos detenidamente los ideogramas aunque el chino nos sea completamente desconocido. Y, efectivamente, vemos una serie de líneas y formas que se repiten. Vemos también que el primer ideograma es el más sencillo de todos ellos y que, a medida que avanzamos en la línea de izquierda a derecha, se van haciendo cada vez más complejos. Nos dice el sinólogo: Primer ideograma, árbol desnudo; segundo ideograma, algo nace en la punta de las ramas; tercer ideograma, brota un capullo (...); cuarto ideograma, estallido del capullo; quinto ideograma, una flor en su plenitud. Sencillamente fascinante. Esto sería suficiente para quedarnos colgados del verso, pero aún hay más.

Quienes conocen la lengua —y estas sutilezas son imposibles de traducir—, nos dice Cheng, saben que en esos ideogramas se encuentra sutilmente expresada una idea: la del hombre que se introduce espiritualmente en el árbol y participa de su metamorfosis. Y es que estos ideogramas  

    

significan, como veis, homo (genérico), ser humano, y hombre (masculino singular). Y ambos, a su vez, se hallan contenidos en el ideograma que expresa la idea de árbol que retoña, el tercer ideograma. De esta manera, el árbol de los dos primeros ideogramas está habitado, a partir del tercero, por la presencia del hombre. Más todavía: El cuarto carácter contiene el elemento "rostro" (el capullo se abre en forma de rostro), que contiene a su vez el elemento "boca" ("ello habla"): la eclosión de la flor es la eclosión de la palabra. Por último, el quinto ideograma, la flor en su plenitud, contiene el elemento "transformación": el hombre que participa de la transformación universal (pp 20-21. Las negritas son mías).

Después de esto, uno queda seducido para siempre ante la capacidad expresiva de lo que aparentemente en una traducción es un poema sobre la eclosión de la primavera. Dejar el verso en una aproximación como "En la punta de la ramas, flores de magnolia" es condenarlo a la más absoluta simpleza. 

Por maravillas de este tipo es por lo que recomiendo la lectura del libro, tanto a quienes vayan a participar en la tertulia como a quienes simplemente quieran aproximarse al conocimiento de la poesía china. El libro, además, en su segunda parte, contiene una antología comentada de poemas de la dinastía Tang, la época más brillante de la poesía clásica china.

Y este audio va de regalo con la entrada. Todo por el mismo módico precio. Es un poema de Du Fu, otro de los grandes de esa época dorada.

sábado, 30 de enero de 2021

WANG WEI, Entre bambúes

 Muchas gracias, Isabel, por la información y por los vídeos.

Pañuelo japonés con bosque de bambués.

Página del libro Mandarin dotore con el poema de Wang Wei.

Dicen Lu Kanru y Feng Yuanjun en la Breve historia de la literatura clásica china que los poemas sobre el campo que rodea a Wangchuan son célebres (p 50). Y debe de ser cierto porque todavía hoy se siguen recitando y aprendiendo de memoria. Incluso aparecen en programas de la televisión. Os dejo un par de ejemplos enlazados ya que no he podido insertarlos aquí. 

En este primer vídeo, destinado a la infancia, durante los 20 segundos iniciales, mientras una voz recita el poema, va apareciendo el texto en ideogramas antiguos (como los de la página del libro Mandarin dotore) y, sobre ellos, la transcripción fonética (sistema pinyin). El poema, traducido a varios idiomas, lo tenéis aquí, en una entrada que publiqué el 14 de enero.

Como advierten los autores de la Breve historia de la literatura clásica china, la naturaleza especial del lenguaje, que es notablemente lacónico y evocativo, y algunas veces ambiguo, ha comunicado a la literatura algunas de sus características esenciales: su concisión y su vigor. Y relativamente pocos cambios se han producido en el lenguaje escrito en los últimos años. De tal manera es así que, según me informan, cualquier persona que haya recibido tan solo educación primaria es capaz de leer y entender este poema escrito en ideogramas antiguos.  Y es que existe una colección de textos clásicos que se utilizan en todo el territorio para aprender un número determinado de caracteres.

Fijaos también en lo extremadamente musical que resulta el idioma. Eso se debe a que tienen cinco tonos (el mandarín; el cantonés, en cambio, tiene nueve), lo que le da al discurso ese aire parecido al estar cantando, de subibaja continuo.

No os perdáis el mismo poema, leído por un niño. El vídeo lo he dejado enlazado aquí (minuto 0:38 a 0:52).

Como el texto es el mismo, podéis oírlo varias veces y empezar a distinguir y disfrutar de algunas sutiles diferencias. 

Y otro más:

sábado, 23 de enero de 2021

CONFUCIO Y EL BUEN GOBIERNO

Editorial
Gouijan Chen nos recuerda en su estudio introductorio a la edición de la Poesía clásica china que Li Bai, Du Fu y Wang Wei fueron proclamados por los críticos de la época como "El inmortal de la poesía", "El Santo de la Poesía" y "El Buda de la Poesía", respectivamente, por las inclinaciones taoístas del primero, las confucianistas del segundo y las budistas del tercero (p 28).

Como mi lectura del Tao se remonta a la juventud y  mis conocimientos de la filosofía china son un tanto dispersos, por no decir absolutamente menesterosos, recurro a mi siempre fiel Historia de Störig para aclarar conceptos. En la página 117 me encuentro con una cita de Confucio que habría que enviar a toda persona que se dedique o se quiera dedicar al buen oficio de gobernar:

Cuando los antiguos querían hacer pública en el imperio la luminosa virtud, ordenaban primero su Estado; cuando querían ordenar su Estado, arreglaban primero su casa; cuando querían arreglar su casa, perfeccionaban primero su persona; cuando querían perfeccionar su propia persona, hacían primero recto su corazón; cuando quería hacer recto su corazón, hacían primero veraces sus pensamientos; cuando querían hacer veraces sus pensamientos, completaban primero su saber.

Confucio está pensando en eso de la cosa pública, pero su reflexión, o su consejo, se puede extender a cualquiera de nosotros, aunque no tengamos ninguna responsabilidad, salvo la de hacer recto nuestro corazón.

***
Por si quieres ir a las fuentes: 

jueves, 14 de enero de 2021

WANG WEI, un poema, tres idiomas

Gaztelupeko hotsak

Hace tiempo me regalaron esta singular y bellísima edición de poesía clásica china. Es un libro que tiene cubiertas artesanales en metal grabado y envejecido artificialmente. El diseño del libro corresponde al ya fallecido pintor J. L. Zumeta y al fotógrafo J. Urretabizkaia. Dentro, como era de esperar y podéis ver por las páginas escaneadas, hay más sorpresas. Las páginas pares (las de la izquierda) contienen los poemas de Li Bai, Wang Wei y Du Fu impresos en tinta roja y en ideogramas chinos, que para un occidental son un regalo para la vista. Las impares, las traducciones al euskara realizadas por Rafa Egiguren. E intercaladas entre originales y traducciones hay siete láminas del pintor que ambientan visualmente lo que las palabras dicen. Pero todavía hay más, mucho más, porque el libro no es un propiamente un libro, o no es solamente un libro, sino un disco. Lo encontramos en el sobre adjunto de la cubierta final. Podríamos entender que todo el aparato no es otra cosa que un bellísimo y plural objeto para contener el CD de Joserra Senperena. Una auténtica delicia.




 Y ahora el poema en su idioma original:



1. En euskara:

BANBUEN ARTEAN

Oihanean denon isilean

banbuetan eseri naiz trankil

zitara jo bitarte, txistuka

ilargiak nau distiraz jantzi.

                          Traducción: Rafa Egiguren.


2. En castellano: 

EN EL BOSQUE DE BAMBÚES

Sentado solo entre silenciosos bambúes,

taño mi laúd y silbo unas canciones.

Nadie sabe que estoy en el espeso follaje.

Sólo la brillante luna acude a acompañarme.

                          Traducción: Guojian Chen.


3. En inglés: 

BAMBOO HOUSE

Sitting alone in a bamboo grove

Plucking a zither, repeating this song:

Deep in the forest, in a spot unknown

Waiting for a bright moon to come.

                          Traducción: Srijana (en inglés podéis encontrar decenas de traducciones).

Esta es la delicada pieza musical que J. Senperena compuso para acompañar el poema (podéis leer el poema en voz alta mientras suena de fondo la creación del músico):

Ignoro totalmente lo que Wang Wei dijo en su idioma. Los traductores me ofrecen la idea general, aunque en la forma de expresarlo distan mucho unas traducciones de otras. Cojo el último verso: 

1. La luna me viste de brillo/de reflejos 

2. Sólo la brillante luna acude a acompañarme

3. Esperando que llegue una luna brillante

Seis líneas más tarde, continúo sin saber nada de chino, pero si la idea es la misma en todos los textos, es decir, la de alguien que ha ido a disfrutar de la naturaleza en soledad a un bosque de bambúes, la primera, ya que estamos hablando de poesía, ofrece un tono poético y una belleza formal que las otras dos ignoran. Me quedo con la primera.

***

El disco-libro es inencontrable en estos momentos. Es necesario recurrir a una biblioteca. Este es el exiguo listado de bibliotecas municipales del País Vasco donde está disponible, pero no en todas se presta:

martes, 12 de enero de 2021

POESÍA CLÁSICA CHINA


 Lu Ji (261-303)

II. EL PROCESO


El proceso. Así es el comienzo: se interioriza la visión, se adentran los sonidos. Se demora el pensamiento y todo se interroga.

El alma galopa hacia los ocho confines del espacio. El espíritu vaga errante por alturas infinitas.

Al acercarse, la emoción poco a poco se convierte en luz. Las cosas se reflejan e intercambian su claridad.

Y es que al beber la esencia de las palabras dichas y escritas, paladearás el muy dulce sabor de los Clásicos.

A la deriva entre cielos y abismos, te dejarás llevar por la gran corriente, bañándote en las aguas del manantial, internándote en su profunda hondura.

Y esas frases sumergidas que se esconden y se agitan, serán como peces inquietos que, mordiendo el anzuelo, emergerán desde el fondo más insondable.

Y las otras delicadas bellezas, vagando ingrávidas y errantes, serán como pájaros de alto vuelo que, cazados con flecha y con cuerda, caerán en picado desde las nubes más altas.

Haz acopio de palabras y de frases no usadas por más de cien generaciones.
Escoge rimas perdidas y olvidadas desde hace miles de años.

Desdeña las flores marchitas, ya abiertas, del amanecer, y quédate con los brotes tiernos, aún cerrados, de la noche.

Así, verás pasado y presente en un único instante, y abarcarás los inmensos mares en tan solo un abrir y un cerrar de ojos.


Tao Yuanming (365-427).

De niño, sin ambiciones mundanas,
sentía un gran apego a las montañas.
Más tarde, caí desgraciadamente
en el lazo de este vanidoso mundo,
que me ha retenido por tantos años.

Los pájaros enjaulados añoran
los nidos que tenían en el bosque.
Los peces de los acuarios
echan de menos el inmenso mar.
Por fin he regresado a mi finca,
y estoy aquí, como labrador,
roturando los campos y yermos del sur.

Tengo poco tierra
y unas cuantas chozas.
Olmos y sauces dan sombra a mi casa,
y veo peras y melocotones,
que crecen enfrente de la ventana.
A lo lejos se perciben
ruidos y voces de un pueblo.
De cerca veo tenues humos,
que se elevan sobre las chimeneas.
Un perro ladra al fondo de la calle.
y un gallo canta sobre una morera.
En mi casa todo es tranquilidad,
alejado de tumultos y bullicios.
He dejado para siempre
aquella vida enjaulada,
y logre volver al YO de verdad.


Anónimo (S. VI)

BALADA DE MULÁN





He Zhizhang (659-744)


DE REGRESO A MI PUEBLO NATAL 

Salí de niño y, viejo, vuelvo. 
Mi acento, el de antes, mas ya ralos mis cabellos. 
Los niños no me conocen. Sonrientes, preguntan: 
¿De dónde viene, caballero?



Zhang Ruoxou (660-720)


EL RÍO PRIMAVERAL EN UNA NOCHE DE LUNA Y FLORES 

Con las crecidas de primavera, 
se identifican el río y la mar. 
Emerge de entre las olas 
una luna esplendorosa. 
Inunda y acompaña 
a las aguas agitadas 
miles y miles de leguas. 
¿Qué río en primavera 
no goza de la luna? 

El río corre, abrazando 
la campiña perfumada 
bajo una gasa blanca. 
La luna argenta sus flores, 
que brillan como diminutas perlas. 
Se diría que la escarcha, 
suspendida del espacio, 
se funde con el blancor 
de la arena de la orilla. 
La luna y el cielo, 
plateados, 
inmaculados. 
Mas ¡qué soledad sufre ella 
en el éter cristalino! 
En las riberas del río, 
quién vio la luna primero? 
Y esta, a su vez, ¿cuándo arrojó 
sus primeros rayos al hombre? 
Generaciones humanas, 
una tras otra, 
vienen y se van. 
Año tras año, la luna del río 
parece siempre la misma. 
No se sabe a quién espera. 
Solo se ve que en el inmenso 
río las aguas pasan y pasan. 

Flota una nube blanca 
hacia la lejanía. 
En la ribera de los Verdes Arces, 
una tristeza infinita. 
¿De quién es aquella barca 
que en esta noche navega? 
¿En qué morada, bajo la luna 
se añora al ser querido ausente? 
La luna ronda la casa 
e ilumina el tocador 
de la esposa nostálgica, 
que enrolla la cortina de perlas, 
mas la luna no se aleja. 
Golpea en la piedra al lavar la ropa
Tampoco la ahuyenta. 

Ahora los amantes 
fijan sus ojos 
en el espejo celeste. 
Quieren verse, pero ni se oyen. 
¿Remontar la luna 
e ir con sus luces 
para alumbrar al amado? 
No, ni los gansos silvestres, 
legendarios mensajeros de amor, 
en su vuelo prolongado, 
pueden llevarle la luz. 
Dragones y peces, 
también mensajeros, 
solo logran levantar, 
en sus afanosos saltos, 
unos rizos en el agua. 

“Anoche soñé que las flores 
se cayeron en los estanques. 
Avanzada ya la estación, 
aún no puedo volver a casa. 
Impetuosas aguas del río 
se llevarán la primavera, 
y también la flor de mi vida.” 
Sobre la orilla agoniza la luna, 
que se atisba entre las brumas. 
Montaña Norte. Río Sur. 
Inmensurable es la distancia 
que el viajero debe salvar. 
¿Quién pudiera cabalgar la luna 
para retornar así al hogar? 
Ya se pone ella, la luna, 
y de tristeza se llenan 
el río y sus arboledas.



Wang Chanling (698-756)


CANCIÓN DE LAS DONCELLAS RECOLECTORAS DE LOTO

Rostros de flor entre flores de loto.
Verdes faldas entre el verdor de las hojas.
En la espesura no se las encuentra.
Sólo su canción delata su presencia.


Wang Wei (701-761)


EN CONTESTACIÓN AL SUBPREFECTO SEÑOR ZHANG

En mi vejez sólo aspiro al sosiego.
Ya no me interesa nada mundanal.
Sin ninguna meta, lo único que quiero
es regresar al bosque, mi antiguo hogar.

La brisa del pinar me agita la faja suelta.
La luna serrana me alumbra tañendo la cítara.
Me preguntas por la última verdad de la existencia.
Cantan los pescadores que se alejan por la orilla.


Li Bai / Li Po / Li Bo / Li Tai-Pei / Li Tai Po (701-762)



REGRESANDO SOLO DEL PASEO

Embelesado por el vino, 
no advierto el anochecer.
Los pétalos caídos cubren
los pliegues de mi vestimenta.
Ebrio, me pongo a pasear
bajo la luna del arroyo.
Se han ido gentes y aves,
dejándome muy solo.



COPA EN MANO, PREGUNTO A LA LUNA

Brilla la luna en el azul infinito.
Ceso de beber y le pregunto:
¿Desde cuándo estás allí?

Por más que lo pretenda,
el hombre no puede atrapar la luna.
Pero ella, en su curso, le acompaña.
Es un fulgido espejo que vuela
por encima de los palacios escarlata.
Sus luces puras resplandecen,
disipando los humos grises.
Se la ve sólo de noche
ascendiendo del piélago,
y al despuntar el alba,
se pierde entre las nubes.
Año tras año, la liebre elabora sus hierbas.
Solitaria, Chang E nunca tiene compañero.
Los hombres de hoy no ven la luna de antaño,
mas la luna de hoy ha alumbrado a los hombres antiguos.
Tanto los del pasado como los del presente,
vienen y se van como las aguas de un río,
y todos contemplan la misma luna.
¿Qué podría yo desear sino ver siempre,
mientras canto y bebo,
su reflejo en el fondo de mi copa de oro?


SENTADO, SOLO, EN LA MONTAÑA DE JINTING

Los pájaros han vuelto a sus nidos en bandadas.
Perezosa, la última nube se aleja.
Oh montaña, eres mi única compañera.
Ni a ti ni a mí el mirarnos nos cansa.




Du Fu/Tu Fu (712-770)



CABALLOS TÁRTAROS DE FANG BINGCHAO

Célebres son los caballos de Dayuan.
Osamenta delgada y puntiaguda.
Orejas afiladas como bambúes tallados.
Patas ligeras cual el viento,
nada ni nadie puede detenerlos.
Briosos y soberbios, te llevan a atravesar
como relámpago mil leguas.
Puedes confiarles sin recelos tu vida.



COMBATIENDO EN LA FRONTERA

              VI

Reflexiones del soldado

Si hay que tensar el arco,
ténsalo con toda fuerza.
Si hay que escoger una flecha,
escoge la más larga.
Para tumbar al jinete,
tumba primero su caballo.
Para derrotar al enemigo,
captura primero a su cabecilla.
Hay fronteras para cada país,
que deben ser respetadas,
y hay límite para matar:
Una vez que se contiene la invasión,
¿es justo causar más muerte?



Meng Jiao (751-814)




CANCIÓN DEL VIAJERO

Hilos y aguja en la mano
de la cariñosa madre.
Túnica que pondrá al hijo
que se marchará de viaje.
Da puntadas muy 
tupidas
teme que tarde en volver.
¿Podrá una pequeña hierba
pagar la benigna luz
del sol de la primavera?



Han Yu (768-824)



LAS ROCAS DE LA MONTAÑA 

Una senda abrupta serpea
por entre las rocas de la montaña.
Al caer el crepúsculo,
llego al antiguo templo silencioso,
en que revolotean murciélagos.
Me siento en las escaleras
del salón principal.
Ha cesado la lluvia,
y el aire rebosa de frescura.
Se mecen anchas hojas de plátanos.
Lucen radiantes botones de la gardenia.
El monje elogia los frescos budistas
y me aconseja que los visite.
A la débil luz de unas velas,
los contemplo. Borrosos,
apenas se distinguen.
Luego me prepara el lecho,
desenrollando una estera.
Me sirve arroz y sopa,
que, siendo magra y frugal,
es abundante y me quita el hambre.
Reposo en la noche obscura
y en un silencio absoluto:
Todos los insectos descansan.
Una clara luna surge de la sierra,
arrojando sus rayos plateados
sobre la puerta y las ventanas.
Al alba continúo solo
mi camino sin camino
La senda, velada por brumas,
ora aparece, ora se evapora;
unas veces sube, y otras desciende.
La montaña, cubierta de flores,
se viste de rojo, matizada
de verde de unas cascadas.
De trecho en trecho se yerguen
robustos pinos y robles.
He llegado a un arroyo, y lo vadeo
con los pies descalzos
por encima de las piedras.
Cantan aguas saltarinas.
La brisa me acaricia,
abriéndome la túnica.
¡Qué feliz será vivir así!
¿Por qué hemos de estar a merced de otros,
como caballos sujetos con bridas?
Quisiera decir a mis amigos:
¡Pasemos la vejez aquí,
sin hablar jamás de regreso!


Bai Juyi / Po Chuyi / Po Chüyi (772-846)



CANTO SOLITARIO EN LA MONTAÑA

Todos tienen su debilidad,
y la mía es escribir poemas.
Me sacudí de mil lazos mundanos.
Mas de esta flaqueza
aún no me he librado.
Cada vez que me deleito
con un paisaje pintoresco,
cada vez que me reúno
con un pariente o un amigo,
alzo la voz e improviso
una estrofa poética,
como si un dios acudiera
a avivar mi inteligencia. 


Desde que me establecí en la orilla,
paso horas y horas en la montaña.
Cuando termino un nuevo poema,
asciendo solo a la senda
hacia el Peñasco de Oriente.
Recostado en el Barranco de Rocas Blancas
y agarrado a una verde rama de casia,
comienzo mi canto alocado,
que asusta a los bosques y valles.
Los monos y las aves
me miran asombrados.
Temiendo convertirme
en el hazmerreír de la gente,
escojo un paraje solitario.



Su Dongpo / Su Shi (1036-1101)


AÑORANDO EL PASADO
EN EL ACANTILADO ROJO
SEGÚN LA MELODÍA NIANNUJIAO
Ci

El gigante Yangtsé se lanza al Este,
arrastrando incontables héroes
a través de los tiempos.
Al oeste, los campamentos antiguos
eran tal vez donde luchó el general Zhou Yu.
Caprichosas rocas apuñalan el cielo.
Furiosas olas rompen contra la orilla,
levantando un polvillo de nieve.
Hermosas montañas y ríos:
Una fascinante pintura, 
¡Cuántos héroes cayeron por ellos! 
Pienso en el Zhou Yu de aquel año. 
Recién casado con la bella hija de Qjjao, 
rebosa de vigor y energía en la lucha. 
Abanico de plumas en mano 
y gorra de letrado a la cabeza, 
riendo y bromeando, 
hace polvo a su poderoso enemigo. 
Tengo la mente vagando 
por estos antiguos reinos. 
¿Me creéis un loco sentimental? 
¿Atribuís mis canas a estas nostalgias? 
La vida es tan sólo un sueño. 
¿Por qué no levantamos nuestras copas 
y bebemos con la luna del río?


Guan Zhongji (mujer)
Ss XIII-XIV

CANTO DEL BARQUERO 

La cumbre del Poder 
a que aspiran los hombres 
es ser príncipe o rey, 
con fama, glorias y comodidades, 
pero sin libertad. 
Yo prefiero algo mejor: 
Tomar una barquilla, 
disfrutar de la luna y, 
cantando alto al viento, 
alejarme de este mundo.

martes, 10 de noviembre de 2015

BAI JUYI, EL POETA DE LA SENCILLEZ

Bai Juyi es uno de los grandes poetas chinos de la Dinastía Tang (618-907), la época clásica de la poesía china. A ese mismo período pertenecen Wang Wei, Li Bai (Li Po) y Du Fu (Tu Fu). 

Cuenta el estudioso Guojian Chen —y es esta anécdota la que más me interesa destacar— que el poeta buscaba siempre la claridad y la sencillez. Hasta tal punto era así que cuando terminaba de escribir un poema, se lo leía a una sirvienta anciana, y si ésta no lo entendía, lo corregía (p 40 Poesía china. Cátedra). No está nada mal como lección de humildad y como aspiración universal a la belleza.

Os dejo aquí uno de los romances o baladas que escribió, y que forma parte del acervo cultural del pueblo chino. La traducción es de Guojian Chen.

CANTO DE LA INFINITA TRISTEZA

El monarca de los Han,
muy amante de las faldas
ordenó que le buscaran
una bella sin igual.
Mas años y años pasaron,
sin que su ardiente deseo
se hiciera realidad.

La familia de Yang tiene una hija,
que está en la adolescencia florida.
Crecida en su gineceo recóndito,
los extraños nunca han podido verla.
Mas una hermosura tan perfecta,
¿cómo podría ser ignorada?
Presentada es al monarca.
Ladeando la cabeza,
esboza una sonrisa,
que mil encantos encierra,
y a todas las damas de la corte eclipsa.
En la frígida primavera,
se le concede el privilegio
de bañarse en la fuente Hua Ching.
La suave y tibia transparencia
embellece su piel alabastrina.
Ayudada por sus doncellas,
sale perezosa y hechicera.
Es entonces cuando el emperador
comienza a prodigarle favores.

Cabellos de nubes.
Rostro de flor.
Alhajas de oro.
Bajo las cortinas sonrosadas
conoce la noche de primavera.
¡Qué noche tan breve, empero!
¡Qué temprano llega el alba!

A partir de ese día,
el soberano deja de dar
la audiencia matinal.
Le acompaña la favorita
en sus paseos y orgías,
y comparte las dulces noches.
Aunque hay 3000 bellezas en la corte,
al amor de ella sólo se dedica.
La alcoba de oro y sus adornos sirven
para que resalte más su hermosura.
El pabellón de jade de las fiestas
aumenta lo graciosos de sus ebriedad.

A sus hermanos se les confiere
títulos de nobleza,
y la familia Yang
brilla en los círculos escogidos.
De extremo a extremo del imperio,
quienes preferían hijos varones
han cambiado de parecer.
El palacio de Li
casi se toca con el cielo.
El viento esparece por doquier
los divinos acordes
que acompañan alegres danzas.
El emperador ya no distingue
entre el día y la noche.

Se estremece la tierra.
Llegan desde Yuyang
terribles gritos de guerra,
quebrando las melodías
de “Vestido de Arco Iris
y Túnica de Brillantes Plumas”,
danza preferida del palacio.

Polvo y humo es la capital.
Torrentes de carros y jinetes
se precipitan a huir al sudoeste.
Banderas de Dragón imperiales,
temblando, avanzan.
A pocas leguas de la muralla
las tropas no quieren seguir:
exigen la sangre de Yang.
¿Qué hará el monarca
sino ceder?
Al pie de la colina Mawei,
la beldad de cejas-mariposa
deja de ser ante los caballos.
Riegan el suelo
sus graciosos adornos como flores,
el gorrión de oro
de coloridas plumas incrustadas
y su hermosura horquilla de jade.
Nadie los recoge.
El desesperado monarca,
impotente para salvarla,
se oculta el rostros entre las manos.
La mira una última vez,
con lágrimas de sangre ardiente.

Ráfagas de viento gélido
levantan polvo amarillo.
Trepando entre las nubes,
las tropas atraviesan
la Puerta de la Espada,
y al monte de Emei llegan.
Aquí no ven casi un alma.
Las banderas pierden su brillo,
y lánguido el sol palidece.
Agua esmeralda del río.
Verdes montañas lozanas.
El fascinante paisaje
sólo acarrea al monarca
una profunda tristeza.
La luna contemplada desde la tienda
parece melancólica.
El son de las campanillas en la lluvia
semeja el sordo ruido
de un corazón que se destroza.

Por fin el cielo y la tierra
han completado una vuelta.
La carroza de Dragón retorna.
En la colina de Mawei,
se detiene la comitiva
donde se esfumó el bello rostro.
Monarca y ministros se miran,
anegados todos en lágrimas.
Abandonando los caballos,
se dirigen hacia el palacio.

Jardines, estanques.
Nada ha cambiado.
Flores de loto de Taiye.
Hojas de sauces de Weiyan.
Éstas recuerdan sus cejas,
y aquéllas su hermosos rostro.
¿Cómo contener las lágrimas
que esta aparición arranca?
Flores de durazno y de ciruelo se abren
al céfiro de la primavera.
Amarillas hojas caen
con las lluvias otoñales.
Tupidas hierbas reverdecen
los patios del Palacio Oeste.
Hojas muertas amontonadas
enrojecen los escalones.
Las actrices del Jardín de Perales
peinan blancos sus cabellos,
y las doncellas del Pabellón de Pimenteros
ven marchita la flor de sus caras.

Luciérnagas traen noches sofocantes.
Moribunda está la lámpara,
y el monarca, triste, desvelado.
Campanas y tambores, lentamente,
despiden la larga noche.
Brillante la Vía Láctea
al alba tardía acoge.
Frías las tejas entrelazadas,
todas cubiertas de escarcha.
¿Quién querría compartir
una manta helada?
Largos años separan
al vivo de la muerta,
y su espíritu no ha acudido
ni una vez en sueño.

Por entonces, a la capital
viene un sabio taoísta.
Para quien tiene sinceridad
se aviene a llamar las almas
de sus familiares muertos.
Compadeciéndose del monarca atormentado,
emprende una afanosa búsqueda.
Raudo como relámpago,
atraviesa las nubes
cabalgando los vientos.
Primero sube al cielo.
Después baja y penetra
en las profundidades de la tierra.
Ni en azul infinito,
ni en la Fuente Amarilla, ultratumba,
encuentra a la difunta.

De pronto oye decir
que en el inmenso piélago
hay una montaña de deidades,
que, velada por la bruma,
flota en el aire.
Multicolores nubes envuelven
sus pabellones exquisitos,
morada de hermosas y dulces divinidades.
Una de ellas se hace llamar Taizheng,
su nombre original.
Tiene el rostro de flor
y la piel de nieve
como en la otra vida.
Llegando a una puerta de oro,
el taoísta toca suavemente
un jade incrustado.
Pide a la doncella
que le abre anunciar
al mensajero de Han.

Encerrada en vistoso dosel,
la bella se despierta sorprendida.
Aparta la almohada.
Se viste deprisa.
Levanta la cortina de perlas
y abre los biombos de plata.
Sin arreglarse bien la cabellera,
la guirnalda al descuido puesta
y los ojos somnolientos,
desciende a la sala.
Se agitan sus anchas mangas
al compás del movimiento,
como en “Vestido de Arco Iris
y Túnica de Brillantes Plumas”.
El rostro anegado en lágrimas,
como una flor de peral
azotada por la lluvia.

Pide al taoísta que le transmita
su honda gratitud al soberano.
Después que nos separamos,
no he podido oir su voz ni ver su cara
a través de las nubes y nieblas.
Ahora, en la Montaña de las Deidades,
arrastro penosa los largos días.
Oteo el remoto mundo de los hombres,
mas el humo y polvo me impiden la vista.
Sólo puedo enviarle,
como testimonio de amor,
estos adornos que me obsequió.
Yo conservaré una de las horquillas
y también mitad del cofrecillo.
Quiero que él sea firme como el hierro,
y entonces nos volveremos a ver ,
ya sea en el azul del cielo,
o en el mundo de los humanos”.

Al despedir al mensajero,
ella reitera el juramento
que habían hecho los dos corazones
el día siete del séptimo mes,
a las altas horas de la noche,
en el Pabellón de la Eterna Vida:
En el celeste inmenso siempre somos
un par enternecido de avecillas,
y en la animada tierra, dos ramas
entrelazadas de un mismo árbol”

El cielo, y también la tierra,
por más que sus ciclos duren,
han de terminar un día.
Mas esta inmensa tristeza
será como el tiempo, eterna.