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miércoles, 15 de mayo de 2024

UN LIBRO, UN POEMA (Emily Dickinson)

#unlibrounpoema

No soy una de esas personas que andan pendientes de aniversarios, días y celebraciones varias, pero la coincidencia de mi cumpleaños, el de su fallecimiento y el que este poema lo escribiera en el aniversario de la muerte de una escritora a la que admiraba, me ha llevado a seleccionarlo para esta sección de los miércoles.

Este es el poema en su idioma original (dos versiones):

Franklin 146A

All overgrown by cunning moss,
All interspersed with weed,
The little cage of "Currer Bell"
In quiet "Haworth" laid.


Gathered from many wanderings -
Gethsemane can tell
Thro' what transporting anguish
She reached the Asphodel!


Soft fall the sounds of Eden
Opon her puzzled ear -
Oh what an afternoon for Heaven,
When "Bronte" entered there!


Johnson 148

All overgrown by cunning moss,
All interspersed with weed,
The little cage of "Currer Bell"
In quiet "Haworth" laid.


This Bird -- observing others
When frosts too sharp became
Retire to other latitudes --
Quietly did the same --


But differed in returning --
Since Yorkshire hills are green --
Yet not in all the nests I meet --
Can Nightingale be seen --


Or --


Gathered from many wanderings --
Gethsemane can tell
Thro' what transporting anguish
She reached the Asphodel!


Soft fall the sounds of Eden
Upon her puzzled ear --
Oh what an afternoon for Heaven,
When "Bronte" entered there!


Y esta es la traducción de Enrique Goicolea para Amargord:

Toda cubierta de hermoso musgo,
toda llena de hierbajos,
Asfódelo. En la mitología griega,
los 
Prados Asfódelos eran el lugar del inframundo
al que iban a parar las almas.
la pequeña tumba de "Currer Bell"
en el tranquilo "Haworth".

Este Pajarillo viendo que los demás
se retiraban a otros cielos,
discretamente hizo lo mismo
al llegar los rigurosos hielos.

Mas no regresaron todos,
pues las colinas de Yorkshire muestran ya su verdor
y aún no he podido encontrar en los nidos
a este Ruiseñor.

Reposando tras muchos afanes
—Getsemaní nos puede dar cuenta de ello—
¡a través de qué dolorosa angustia
pudo ella alcanzar el Asfódelo!

Dulces llegan los sonidos del Edén
hasta sus azorados oídos.
¡Oh, qué tarde aquella en el cielo
cuando "Brontë" entró en sus dominios!

Es evidente a quién está celebrando, pues aparece citado su nombre en el último verso, además de las alusiones de la primera estrofa: Currer Bell era el seudónimo de Charlotte Brontë y Haworth el pequeño pueblo donde vivió y murió. Dicho esto, que es lo sustancial, conviene señalar que la versión recogida por Franklin incluye solamente tres estrofas, mientras que la de Johnson utiliza dos más.

Casa-museo de la familia Brontë en Haworth

Quiero suponer, pero no lo sé, que detrás de la alusión al ruiseñor está la utilización de la imagen del ruiseñor como "espíritu creativo" de los primeros románticos (Wordsworth, Coleridge) y, por supuesto, el recuerdo de Una defensa de la poesía, donde Shelley escribía que un poeta es un ruiseñor que se sienta en la oscuridad y canta para alegrar su propia soledad con dulces sonidos; sus oyentes son como hombres fascinados por la melodía de un músico invisible, que se sienten conmovidos y suavizados, pero no saben de dónde ni por qué. Ambas eran lectoras entusiastas de Shelley y la imagen de la poeta-ruiseñor funciona muy bien en el poema: el canto (la obra) sigue resonando en nuestros oídos.
 
Más discutible sería la traducción de cunning moss como hermoso musgo, pero entiendo perfectamente que Goicolea opte por una interpretación suave y amable de la naturaleza, porque traducir como sagaz o astuto musgo lleva a una visión mucho más exacta, pero desconcertante para una persona no prevenida sobre el universo dickinson, aunque tal vez en lo del astuto musgo resida buena parte del encanto y el contenido del poema. Hay más libertades que se ha tomado el traductor, todas encaminadas a dulcificar el mensaje. Pero esa es otra historia.

Por si acaso, dejo la traducción de Ana Mañeru Méndez y María-Milagros Rivera Garretas, más objetiva:

Toda cubierta de sagaz musgo,
Toda mezclada de malezas,
Estaba la jaulita de "Currer Bell"
En la tranquila "Haworth".

Esta Ave - observando que otras
Cuando las heladas se volvían muy severas
Se retiraban a otras latitudes -
Calladamente hizo lo mismo -

Pero difirió en el regresar -
Pues las colinas de Yorkshire son verdes -
Pero no en todos los nidos que encuentro -
Puede ser visto el Ruiseñor -

Acopiada en muchas errancias -
Getsemaní puede decir
A través de qué extática angustia
¡Ella alcanzó el Asfódelo!

Suaves caen los sonidos del Edén
En su oído intrigado -
¡Oh, qué atardecer para el Cielo,
Cuando "Bronte" entró allí!

¡Feliz lectura y feliz miércoles!

***

viernes, 10 de febrero de 2023

WILLIAM WODSWORTH (última entrega)

Editorial

Esta es la antología más completa y reciente (2021) que se puede encontrar en castellano. Como es habitual en la editorial, estamos ante una edición bilingüe, con amplio estudio introductorio, bibliografía exhaustiva y abundantes notas. La edición corrió a cargo de Antonio Ballesteros González. Excelente.

Editorial

Eduardo Sánchez Fernández se encargó de la edición para Linteo (2018). Es también bilingüe, tiene estudio introductorio y notas. No es tan amplia como la de Cátedra, pero como objeto es de mayor calidad: mayor tamaño de letra, papel ahuesado, cubiertas con solapas...

Editorial
Esta edición (1990) de las Baladas líricas no debería faltar en la biblioteca de nadie que desee introducirse en el conocimiento del romanticismo inglés. La publicación en 1798 de las Lyrical Ballads por Wodsworth y Coleridge fue el acto fundacional del movimiento. Hay más ediciones, pero, en mi opinión, esta es la mejor. Corrió a cargo de Santiago Corugedo y José Luis Chamosa.

Editorial

Quien no desee adentrarse específicamente en la obra de ninguno de los poetas que configuraron el romanticismo inglés, pero quiera disponer de algunos de los mejores poemas que escribieron, esta antología (ahora en Austral) cumple muy bien el objetivo. José María Valverde se encargó de la introducción, la cronología y la bibliografía; de la traducción, él mismo y Leopoldo Panero (1989).

Recordar la magnífica escena de Natalie Wood leyendo un par de versos en la película de Kazan no le va a hacer ningún mal al poeta de los lagos: 


Y un programa musical que lleva por título Esplendor en la hierba, ese feliz sintagma de la célebre oda de Wodsworth, en el que todo gira sobre la memoria y la nostalgia (del griego νόστος [nóstos], «regreso», y ἄλγος [álgos], «dolor»). 

Pero ¿es realmente una oda a la nostalgia?


INSINUACIONES DE INMORTALIDAD POR RECUERDOS DE LA TEMPRANA NIÑEZ

                        I
Hubo un tiempo en que prados, bosquecillos, arroyos,
la tierra, y toda vista acostumbrada,
me parecían ser, en luz celeste
adornados, la gloria, la frescura de un sueño.
Hoy ya no es como fue,
me vuelva a donde quiera,
de día o por la noche:
las cosas que veía no puedo verlas ya.


                        II
El Arco Iris sale y se retira,
deliciosa es la Rosa,
la Luna, con deleite,
mira en torno si el cielo está sin nubes;
en la noche estrellada, el agua corre
hermosa y deliciosa;
el Sol brilla en glorioso nacimiento,
pero, por donde vaya,
sé que se fue una gloria de la Tierra.


                        III
Hoy que las aves cantan un canto alegre, así,
y brincan los borregos como al son del tambor,
me vino, en soledad, una doliente idea:
y oportunas palabras aliviaron mi mente
y otra vez tengo fuerzas: desde el borde
del precipicio suenan trompetas de cascadas;
no ofenderá otro agravio mío a la primavera:
oigo por las montañas los ecos en tropel,
llegan a mí los vientos de los campos del sueño,
la Tierra está gozosa:
mar y tierra se entregan
al regocijo: todo
animal, con el ánimo de mayo,
hace su vacación:
¡hijo de la Alegría,
grita en torno de mí, déjame oír tus gritos,
tú, feliz pastorcillo!


                        IV
Criaturas benditas, escuché la llamada
que os hacéis unas a otras; y veo con vosotras
a los cielos reír en vuestro jubileo:
en vuestro festival entra mi corazón,
mi cabeza se ciñe de guirnalda,
la plenitud de vuestra dicha siento: lo siento todo.
Oh mal día, si estuviera ceñudo
mientras la misma tierra se ha adornado
esta dulce mañana de mayo, cuando están
los Niños recogiendo,
por todas partes, frescas
flores, en tantos valles a lo lejos,
mientras brilla el sol tibio,
y el Niñito pequeño salta en brazos
de la Madre: yo escucho, ¡con alegría escucho!
Pero hay un Árbol, entre muchos, uno,
un cierto Campo que he mirado tanto,
y ambos me dicen de algo que se fue:
ante mis pies, la flor del pensamiento
repite un cuento siempre:
¿a dónde huyó aquel brillo visionario?
¿dónde están hoy las glorias y los sueños?


                        V
Nuestro nacer es sólo un dormir y olvidar:
el Alma que se eleva con nosotros, la Estrella
de nuestra vida, tuvo su ocaso en otro sitio,
y llega de muy lejos:
no en un entero olvido,
no del todo desnudos,
sino arrastrando nubes de gloria hemos llegado
de Dios, que es nuestro hogar;
¡en torno nuestro hay Cielo en nuestra infancia!
Sombras de la prisión se empiezan a cerrar
sobre el Niño que crece,
pero él mira la luz y de dónde le afluye,
en su gozo lo ve;
el Joven, aunque a diario debe andar alejándose
del Este, es sacerdote de la Naturaleza
todavía, y su espléndida visión
le sigue, acompañando su camino;
al fin el Hombre nota cómo muere
y se extingue en la luz del común día.


                        VI
La Tierra, de placeres suyos llena el regazo,
siente afán de su propia especie natural,
y aun con algo del ánimo
de una Madre, con digna pretensión, familiar
Ama, hace cuanto puede para lograr que a su Hijo
Adoptivo, el Hombre, se le olviden
las glorias que ya había conocido,
y el palacio imperial de donde vino.


                        VII
En su dicha recién nacida, ved al Niño,
¡el querido pigmeo de seis años!
Vedle tendido en medio de lo que hacen sus manos,
mientras le asaltan ráfagas de besos de su madre,
con la luz de los ojos de su padre sobre él.
Ved, a sus pies, algún pequeño plano o mapa,
un trozo de su sueño de vida humana, que él
por sí mismo formó con recién aprendido
arte; quizá una boda, un festival,
un funeral, un luto; y eso ahora
tiene su corazón
y a ello ajusta su canto;
luego acomodará su lengua o diálogos
de negocios, de amor o de disputa;
pero no tardará
eso en quedar a un lado,
y con nueva alegría y nuevo orgullo
ese pequeño Actor formará un papel nuevo:
y ocupará su "escena de humores", alternando
todos los personajes, hasta la paralítica
Vejez, que trae la vida consigo en su reserva:
como si su completa vocación
fuera la imitación interminable.


                        VIII
Tú, que desmientes en tu aspecto externo
la inmensidad de tu alma,
filósofo mejor, que aún conservas
tu herencia, y eres ojo entre los ciegos;
que, sordo y silencioso, lees la eterna hondura
siempre acosado por la mente eterna,
¡poderoso Profeta! ¡venturoso Vidente!;
en quien descansan todas las verdades
que pasamos la vida buscando con fatiga,
perdidos en lo oscuro, lo oscuro de la tumba;
con tu Inmortalidad, como el Día, cerniéndote
sobre ti, como un Amo sobre un Siervo,
una Presencia que no es posible eludir;
para quien es la tumba un lecho solitario
sin sensación ni imagen del día o la luz cálida,
lugar de pensamiento donde esperar yaciendo;
tú, Niño, todavía glorioso en el poder
de libertad celeste en lo alto de tu cima,
¿por qué con tal empeño fatigoso provocas
los años a traer el yugo inevitable,
luchando ciegamente así contra tu dicha?
Pronto tu ala tendrá su carga terrenal
y pondrá la costumbre un peso sobre ti,
pesado como el hielo, hondo como la vida.


                        IX
¡Oh gozo! en nuestras ascuas
hay algo que está vivo,
que la naturaleza recuerda todavía
cómo fue tan fugaz.
Pensar en nuestros años pasados en mí engendra
perpetua bendición: no ciertamente
por lo más digno de ser bendecido;
deleite y libertad, el simple credo
de la Infancia, en reposo o atareada,
con esperanza nueva aleteando en el pecho;
no por ello levanto
el canto de alabanza agradecida;
sino por las preguntas obstinadas
del sentido y las cosas exteriores;
algo que de nosotros cae y se desvanece,
sospechas sin perfil de una Criatura
que se mueve por mundos sin realizar, instintos
altos, ante los cuales nuestra naturaleza
mortal tembló, así un Ser culpable sorprendido;
sino por las primeras afecciones,
esos vagos recuerdos,
que, sean lo que sean,
son la fuente de luz de todo nuestro día,
son la luz dominante en todo nuestro ver;
nos sostienen y abrigan, con poder para hacer
que estos años ruidosos parezcan sólo instantes
en el ser del eterno Silencio: las verdades
que despiertan a nunca perecer:
que ni desatención, ni esfuerzo loco,
ni el Hombre, ni el Muchacho,
ni todo lo enemigo de la dicha
pueden borrar del todo o destruir.
Por eso, en estación de tiempo claro,
aunque estemos muy tierra adentro, nuestras
Almas tienen visiones de ese mar inmortal
que nos trajo hasta aquí;
y hasta allí pueden ir en un momento
para ver a los Niños que juegan en la orilla
y oír las poderosas aguas siempre dar vueltas.


                        X
Así pues, cantad, Pájaros, ¡cantad un canto alegre!
¡Y salten los borregos
como al son del tambor!
En nuestros pensamientos iremos agolpados
con vosotros, flautistas, vosotros que jugáis,
los que sentís en vuestro corazón
la alegría de mayo.
Aunque el fulgor que fue tan claro en otro tiempo
se quite para siempre de mi vista,
aunque nada me pueda devolver esas horas
de esplendor en la hierba, de gloria entre las flores,
no me voy a afligir, sino más bien a hallar
fuerza en lo que atrás queda:
en esa simpatía primigenia
que, habiendo sido, debe siempre ser;
en los suavizadores pensamientos que brotan
del sufrimiento humano;
en la fe que contempla a través de la muerte,
en los años que traen la mente filosófica
.


                        XI
¡Vosotros, Fuentes, Prados, Colinas, Bosquecillos,
no presagiéis que se separen nunca
nuestros amores! Siento en el corazón, hondo
vuestro poder: tan sólo he perdido un deleite,
el vivir bajo vuestro más habitual dominio.
Al arroyo que baja, ruidoso, lo amo ahora
más que cuando, ligero como él, me tropezaba;
el fulgor inocente de otro día que nace
me sigue siendo amable;
las nubes que se juntan en torno al sol poniente,
toman su colorido sobrio una mirada
que ha velado la humana mortalidad: ha habido
otra carrera, y otras palmas se han conquistado.
Gracias al corazón que nos hace vivir,
gracias a su ternura, sus gozos, sus temores,
la menor flor me puede ofrecer pensamientos
a veces demasiado hondos para las lágrimas
.

(Traducción: José María Valverde. Las negritas son mías).

***


lunes, 30 de enero de 2023

SUBIR AL ORIGEN. Antología comentada de poesía occidental no hispánica (1800-1941)

Editorial
El profesor de la universidad de Oviedo, José María Castrillón, ha publicado hasta ahora los siguientes títulos de creación:
-La sonrisa de un delfín (Heracles y Nosotros, 1991), 
-Animal de compañía (Nómadas, 1998), 
-Aún por recorrer (Magua, 2004), 
-La vieja munición (Idea, 2005), 
-el círculo y la piedra (Trea, 2006), 
-gramos (Trea, 2010).

Todos ellos son poemarios. Este último, en cambio, es una antología que tiene un fuerte carácter didáctico (o si lo preferís, divulgativo), pues al mismo tiempo que ofrece una selección de textos de la época de la que se ocupa, realiza una introducción de carácter general sobre las características más sobresalientes de ese período histórico, así como otra individual para que ayudar a colocar los textos personales dentro del paorama de la época o de la tendencia en la que se inscriben y a la que aportan nuevos elementos estilísticos y poéticos. Sabido es que toda expresión creativa de alguna relevancia tiene su origen en una tradición sobre la que se construye y a la que, a su vez, modifica. 

Además del recorrido que hace —Wordsworth, Novalis, Leopardi, Keats, Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Whitman, Dickinson, Mallarmé, Rilke, Yeats, Cavafis, Apollinaire, Pessoa, Eliot, Saint-John Perse, Stevens, Eluard, Montale, Benn, Ajmátova— y que no tiene ninguna intención de convertirlo en canónico, ofrece otro itinerario posible para recorrer lo que fue la poesía occidental no hispánica durante ese crucial siglo y medio. En este caso sin selección de textos, pero sí con comentarios precisos y relevantes que ayudan a quien se quiera iniciar en la otra lectura de esa misma tradición occidental y tener así una panorámica más completa —Hölderlin, Heine, Coleridge, Byron, Shelley, Blake, Nerval, Hopkins, Laforgue, Poe, Pound, W. C. Williams, Moore, Frost, Crane, Valéry, Ungaretti, Trakl, Mayakovski, Breton, Tzara, Tsvetáieva—.

Y por si todo esto resultara poco, cada poeta antologado se cierra con un apartado que Castrillón titula como Homenaje en la poesía hispánica. Aquí se recoge un brevísimo comentario sobre la incidencia que ha tenido en la poesía escrita en castellano más un poema que algún poeta ha escrito a manera de homenaje o que ha surgido por la influencia que el poeta antologado ha ejercido en el autor de escritura hispana.

Una antología especialmente recomendable para quienes deseen tener una visión panorámica inicial acerca de la poesía que se practicaba durante ese período.

PS: No transcribo ningún texto porque en este mismo blog podéis encontrar muchos poemas de la casi totalidad de los autores recogidos o citados en la antología.

***


martes, 14 de junio de 2022

EL SUEÑO de SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ, 1

Sueño, Primero sueño o El sueño de sor Juana Inés de Cruz es la obra más compleja e importante de esta escritora barroca mexicana, pionera en muchos aspectos y una intelectual que todavía hoy nos sigue sorprendiendo. 

Algunas advertencias: 

Dada la complejidad de la escritura —proliferación de hipérbatos, es decir, la ruptura natural del orden de los elementos de una oración; y la enorme abundancia de paréntesis y digresiones—, así como la abstracción del tema, tal vez lo mejor sea abandonarse a la sugestión de las palabras y dejarse llevar por ellas. 

Para quienes deseen ir un poco más allá es conveniente decir que El sueño se inscribe dentro de lo que en la época era conocido como sueños de ascensión, en los que el alma salía del cuerpo y buscaba el sentido del mundo. En esa tradición está la obra magna de Dante, Divina comedia, la novela de Kepler, Somnium sive Astronomia lunaris, o el Iter exstaticum coeleste, de Kircher

Editorial

Así, pues, el contenido del poema es el siguiente: Llega la noche, todo duerme y el alma sale del cuerpo para descubrir el sentido del mundo. Se describe la quietud de la naturaleza, la de los animales y la del propio cuerpo. Aquí se proyecta la mirada sobre las funciones fisiológicas del corazón, los pulmones y el estómago. El alma fracasa en su intento de conseguir una intuición global del universo. Hemos llegado, más o menos a la mitad del poema (v 560). Cambia de método y recurre ahora al método deductivo. Fija su atención en minerales, vegetales, reino animal y el ser humano. El fracaso es el mismo y termina reconociendo la incapacidad humana para comprender el mundo en su complejidad, aunque el deseo de conocimiento se mantiene. Llega el día, los sentidos se despiertan quedando a luz más cierta/el mundo iluminado, y yo despierta (v 975). 

Además de los precedentes clásicos como Somnium Scipionis (Cicerón), Hercules furens (Séneca) Somnus (Estacio), sería injusto no señalar textos modernos de los que en alguna medida podemos considerar este magno Sueño como antecedente, tal vez lejano, tal vez simbólico, pero precedente al fin y al cabo: la Anábasis de Saint-John Perse, La tierra baldía, de Eliot; Kubla Khan, de Coleridge; Un golpe de dados, de Mallarmée; Altazor, de Huidobro...

En fin, que aquí os dejo la grabación completa del que la crítica especializada considera el mejor y más hermético poema de esta monja ilustre cuya pasión por conocer no tenía límites. Yo, exhausto por el esfuerzo de la lectura; pero aquí está:


***

Путин, немедленно останови войну!

jueves, 2 de septiembre de 2021

DÓNDE, CÓMO Y CUÁNDO SURGIÓ LA PALABRA "SCIENTIST"

Coleridge. Fuente: NPG.
Nada más comenzar la lectura de El club de los desayunos filosóficos me encuentro con la curiosísima anécdota del nacimiento de la palabra inglesa que designa a quien se dedica a la ciencia. 

24 de junio de 1833. Tercer encuentro de la British Association for the Advancement of Science. Senate House de la Universidad de Cambridge. William Whewell (1794-1866), profesor de mineralogía y auténtico referente de la asociación, dirige al público congregado el discurso de apertura. Después del brillante discurso inaugural y el aplauso correspondiente, se hace el silencio y se levanta un hombre dispuesto a replicar, era el famoso poeta S. T. Coleridge (1772-1834), creador del primer romanticismo inglés junto con su amigo Wordsworth y autor de la famosa Oda del viejo marinero.

Recordemos que en aquella época a quienes se dedicaban a las tareas científicas se les conocía como filósofos naturales. La filosofía natural era el estudio de cuanto tenía que ver con la naturaleza, es decir, las ciencias naturales y la física. 

Coleridge, que ya para entonces raramente abandonaba su casa de Highgate (Londres), y que años antes había escrito un tratado sobre el método científico, se levantó y recriminó al auditorio que se llamaran filósofos naturales. Quienes se dedicaban a buscar fósiles, realizaban experimentos con corriente eléctrica o diseccionaban animales, no eran filósofos, sino gente práctica que hacía cosas, pero nunca gente que se dedicara a cavilar sobre los misterios del universo.

El auditorio estalló en tumultuosa protesta. 

Whewell tomó nuevamente la palabra, tranquilizó el ambiente y coincidió con el poeta en que efectivamente faltaba un término que recogiera bien la idea de la actividad a la que se dedicaban quienes allí se habían reunido. Brillante como era, allí mismo propuso por analogía con artist el término scientist. En castellano, es evidente, se pierde la consonancia. 

El término tardó unas décadas en aceptarse y extenderse, pero es el que hoy utilizamos. Quién iba a decirnos que un poeta fuera el culpable indirecto de la aparición del término y, como consecuencia, de este desafortunado vivir dándose las espaldas en muchas, demasiadas ocasiones. El exceso de pasión puede aplastar lo razonable.

domingo, 29 de agosto de 2021

DEEP RIVER, SAMUEL COLERIDGE-TAYLOR

 


Me gusta mucho la pieza que he elegido para hoy por muchas razones y no es la que menos importa el que en ella y en su autor converjan muchas tradiciones. De hecho, Samuel Coleridge-Taylor (1875-1912) recibió este nombre en homenaje al poeta Samuel Taylor Coleridge (1772-1834). Su padre era de Sierra Leona y su madre inglesa. Nunca estuvo en África, pero se sintió especialmente atraído por las melodías africanas. Sus trabajos dan buena muestra de ello.

De él dijo Elgar que era el más inteligente músico de su generación. Sobre las 24 melodías negras, op. 59 el compositor dejó escrito que lo que hizo Brahms con la música húngara, Dvořák con la bohemia y Grieg con la noruega he querido hacerlo yo con estas melodías negras.

Coleridge-Taylor fue un símbolo para el movimiento panafricano de comienzos del siglo XX. En EEUU fue recibido como un héroe y el presidente Roosevelt le invitó a la Casa Blanca. En Inglaterra, su país, por el contrario, no gozó del mismo reconocimiento y sufrió más de una agresión de tipo racial. 

Interpretan: Wynton Grant al violín y Stefan Petrov al piano.

domingo, 26 de abril de 2020

COLERIDGE, DESESPERACIÓN

Editorial
Decía Pujals en su magnífica Historia de la Literatura Inglesa que Coleridge (1772-1834) era el poeta enamorado de los sucesos extraordinarios. Y es cierto que toda su obra, la que dejó inacabada y la que dio por terminada, rezuma singularidad, misterio y fantasía. Lo que no sé es en qué medida su inclinación a moverse por territorios tan inestables e inseguros se debía al trastorno bipolar que dicen que padecía —en cualquier caso, sus hermanos, alegando locura, consiguieron que lo licenciaran cuando ingresó en el ejercito— , a su adicción al opio, a las características propias del romanticismo o, tal vez, a una mezcla de todo ello. Sea como fuere, lo cierto es que nos ha dejado algunos de los poemas largos, y casi siempre inconclusos —excepto La oda del viejo marinero—, más bellos escritos en inglés.

De entre los poemas cortos recojo uno que suele gustar especialmente a la adolescencia, muy dada a vivir al borde de la desesperación y a caminar por entre los extremos. Recuerdo una compañera de la época de estudiante que lo llevaba pegado en la carpeta y decía que era el poema más "importante" de su vida.

DESESPERACIÓN

He experimentado 
lo peor, lo peor que el mundo puede infligir,
eso que hace la vida indiferente,
importunando con un susurro
la oración de los moribundos.
He contemplado la totalidad, en donde
mi corazón tenía interés por la vida,
para ser desviado y arrebatadas mis esperanzas.
Nada resta ya. ¿Para qué seguir viviendo entonces?
Aquel rehén, que el mundo mantiene cautivo
otorgado por mí como promesa de vida;
aquella esperanza suya, o más bien pura fe
en su amor quieto, que celebró en mí su tregua
con la tiranía de la vida, se han ido. ¡Ah! ¿Adónde?
¿Qué puedo responder? ¡Se han ido! ¡Y ahora
puedo romper el infame pacto, este vínculo de sangre
que me ata a mí mismo! ¡Y lo romperé!

miércoles, 10 de agosto de 2016

RECORDANDO A WORDSWORTH DESDE EL JARDÍN DE SU CASA

Casa de Wordsworth, en el Distrito de los Lagos, hoy museo.
William Wordsworth fue un enamorado de la tierra en la que nació, el Distrito de los Lagos, y el poeta que aglutinó a su alrededor el grupo que después se ha conocido como lakistaslake, lago en inglés—. De los 80 años que alcanzó a vivir, tres cuartos los pasó en su provincia, la única montañosa de Inglaterra y la que ofrece un paisaje natural más variado y hermoso de ese país. Los otros 20 años los dedicó a viajar por Europa —algún estudioso ha calculado en más de 150.000 kilómetros los que hizo caminando durante toda su vida—.

Los lakistas —Wordsworth, Coleridge, Southey— fueron los primeros poetas propiamente románticos en lengua inglesa. Después vendrían Byron, Shelley y Keats. Pero es Wordsworth el que reivindica por primera vez el lenguaje cotidiano como elemento de expresión sustancial para la poesía. Esta característica ha sido auténticamente seminal, pues ha impregnado toda la poesía occidental desde entonces. Con ello quería demostrar hasta qué punto el lenguaje de la conversación en las clases medias y bajas de la sociedad sirve para los propósitos del placer poético (Prólogo a Baladas Líricas).


Iba solitario como una nube... 

Iba solitario como una nube
que flota sobre valles y colinas,
cuando de pronto vi una muchedumbre
de dorados narcisos: se extendían
junto al lago, a la sombra de los árboles,
en danza con la brisa de la tarde.

Reunidos como estrellas que brillaran
en el cielo lechoso del verano,
Poblaban una orilla junto al agua
dibujando un sendero ilimitado.
Miles se me ofrecían a la vista,
moviendo sus cabezas danzarinas.

El agua se ondeaba, pero ellas
mostraban una más viva alegría.
¿Cómo, si no feliz, será un poeta
en tan clara y gozosa compañía?
Mis ojos se embebían, ignorando
que aquel prodigio suponía un bálsamo.

Porque a menudo, tendido en mi cama,
pensativo o con ánimo cansado, 
los veo en el ojo interior del alma
que es la gloria del hombre solitario.
Y mi pecho recobra su hondo ritmo
y baila una vez más con los narcisos.


                          Versión de Gabriel Insausti.

domingo, 14 de febrero de 2016

LA ODA DEL VIEJO MARINERO, S. T. Coleridge

Coleridge leyó por primera vez The Rime of Ancient Mariner  —La oda del viejo marinero, en 1797. Desde entonces, sus más de 600 versos, han sido leídos infinidad de veces. En algunas ocasiones, por grandes intérpretes; en otras, por esforzados aficionados. Rastros de todas ellas hay en internet. Pero tal vez, quien mejor recogió el ambiente que Coleridge nos quiso transmitir no haya sido ninguna voz, sino el fantástico dibujo de Gustave Doré

En esta edición de La Gaya Ciencia, que se editó por primera vez en 1975, en versión del poeta Eduardo Chamorro, y que todavía puede encontrarse por menos de 10€, se recogen todos las espléndidas ilustraciones que Doré preparó para la vieja balada de aquel atormentado marinero.

Coleridge, precesor de la literatura gótica y muy dado a presentarnos el pasado como algo misterioso y fantástico, nos cuenta aquí la historia de un barco en el que ocurre una trágica historia. El marino que la ha vivido está obligado a contarla una y otra vez. El relato se inicia cuando el marino, ya anciano, tropieza con los invitados a una boda, y a ellos les contará la fábula.

Es un anciano Marinero,
y detuvo a uno de los tres:
«Por tu barba gris y tus ojos que relucen,
dime, ¿por qué causa me detienes?


Las puertas del Novio están de par en par abiertas
y yo soy pariente suyo;
los Invitados ya se han reunido, la Fiesta está lista,—
oír puedes la alegría del estruendo.»


Mas aún retiene al invitado a la boda—
«Había una Nave,» le dice aquél—
«No, si contarme quieres alguna historia divertida,
¡Marinero! ven conmigo.»


Le retiene con su mano descarnada,
dice aquél: «había una Nave...»
«¡Márchate ya de aquí tú pelmazo de la barba gris!
Que en otro caso habrás de tropezar con mi Cayado.»


Le contempla con sus ojos brillantes—
el invitado a la boda hubo de quedarse quieto
y escucha como un niño de tres años;
el Marinero consiguió lo que quería.


El invitado a la boda se sentó sobre una piedra,
salvo oír nada podía:
y así siguió hablando aquel anciano,
aquel Marinero de ojos relucientes. 



Y aquí, una revisión más actual y musical de la historia:


miércoles, 21 de octubre de 2015

LA BANALIZACIÓN DE LA CULTURA

21 de octubre de 1772: nace Coleridge.
21 de octubre de 1790: nace Lamartine.
21 de octubre de 1833: nace Nobel.
21 de octubre de 1879: Edison consigue que su primera bombilla alumbre durante 48 horas.
21 de octubre de 1908: nace Oteiza.
21 de octubre de 1914: nace Martin Gardner.
21 de octubre de 1971: Neruda gana el Premio Nobel de Literatura.
21 de octubre de  1982: García Márquez, Nobel de Literatura.

La lista no es exhaustiva, solamente he recogido algunos nombres significativos de la literatura y de la ciencia, y ni tan siquiera están los aniversarios de las defunciones. Sin embargo, un comentario casual realizado por un personaje intrascendente, en una película tan trivial como el comentario, aparece en periódicos, emisoras de radio y canales de televisión. Se analiza, se compara y se airea como si se tratara de un acontecimiento relevante. La industria es la industria.

Ante eventos de este tipo es difícil pensar en el cine como séptimo arte, como manifestación elevada y sustancial de la cultura. Y no soy tan ingenuo como para creer que toda película que se graba tiene una intención estética, filosófica o instructiva; como tampoco la tienen miles de libros que se imprimen cada año, miles de canciones que se componen cada temporada, o los miles de edificios que se levantan a diario por todo el planeta.

Ahora bien, en el caso de la arquitectura parece que todos discernimos entre lo que es un edificio funcional y sin ninguna sustancia artística, como son todas las casas en las que vivimos la inmensa mayoría de la población, y una construcción relevante, claramente original, con nuevos elementos que aportar al paisaje urbano, al colectivo de personas que viven en ese entorno y a la propia arquitectura en cuanto ejercicio técnico.

La obra de arte tiene un impulso del que carece la ejecución cotidiana. Nos hace reflexionar, nos sugiere enfoques nuevos, nos ofrece puntos de vista inhabituales, nos enfrenta a nuestro propio yo y, aunque sólo sea durante el tiempo que estamos delante de ella, nos hace crecer como personas. Todo ello sin mencionar la carga estética que comporta. Lo demás es simple producto para consumo rápido.

En este sentido, me resulta incomprensible el bombardeo mediático ante una efemérides absolutamente banal, que nada aporta al cine, ni a la ciencia, ni a la ficción. En este sentido, cada vez me resulta más difícil ver en el ejercicio cinematográfico una actividad artística y cada vez la percibo más como una actividad industrial cuyo fin exclusivo es vendernos un producto. Y una industria muy poderosa, pues concita la participación de todos los medios. Tal vez sea porque la banalización de la cultura comienza con la banalización de la información.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

JUAN KRUZ IGERABIDE

La entrevista que aquí aparece se realizó por correo electrónico en el mes de octubre.

Juan Kruz Igerabide estuvo en todo momento amabilísimo e incluso aportó la fotografía que encabeza el texto. Espero que sus respuestas puedan aportar más luz sobre su obra.

He aquí las respuestas y las preguntas:



-Empecemos por el principio. ¿Cómo llegaste a la poesía?

Aterricé en ella de una manera bastante accidentada; fue una especie de aterrizaje forzoso. Mis primeros contactos con ella tuvieron lugar a través de intermediarios (el que más contribuyó fue la música, a lo largo de toda la etapa juvenil; seguía de cerca las creaciones de Ez dok Hamahiru, de Paco Ibañez, De Atahualpa Yupanqui...), pero no logramos constituir una pareja de hecho.
Tras la hecatombe ideológica que cierta gente sufrimos después de la muerte de Franco, sentí que me precipitaba en barrena. Y fue cuando apareció de nuevo ella, pura y deslumbrante incluso en el lodazal. Desde entonces, formamos pareja de lecho.

-Eres posiblemente el poeta vasco más importante en la poesía infantil y juvenil ¿Qué te impulsa a escribir poesía para estas edades?

Le doy poca importancia a la importancia. He visto tanta tontería en el ranking de poetas y escritores, que creo que es urgente desrankingizar (algo así como desratizar) la literatura.
Escribo poesía infantil y juvenil porque es lo mismo que escribir poesía para adultos, con pantalón corto y una piruleta en la boca quizás. Yo estoy haciendo lo mismo en todos los ámbitos: un complicado aforismo encuentra una respuesta en la respiración de un niño asmático que profiere un haiku a la lluvia.
Hoy mismo, un niño vecino que aún toma teta de su madre, repetía un poema "titia bete-bete" (teta llena llenita), y me ha dejado flipado.
Oteiza y los ojos de Asiertxo.

-Hay, si no me equivoco, una constante simbolista en tu obra que se va adelgazando a medida que pasa el tiempo para dejar paso a una mayor presencia de lo cotidiano. ¿Es esta una apreciación correcta? Y, si es así, ¿qué te lleva a dar mayor espacio a la cotidianeidad?

Partí de un concepto muy cerebral del símbolo, quizá excesivamente misterioso. Ahora concibo el símbolo como cada acto de vida convertido en anhelo de duración. Podemos montar andamiajes abstractos complicadísimos en nuestro afán de duración, pero la reverberación de una triste vocal proferida desde las entrañas rebota en los confines del universo y regresa convertida en un soplo de brisa de mar, en el balanceo de una hoja de roble, en la duda de una gota al desprenderse.
El simbolismo me sigue atrayendo (tanto en su vertiente antropológica y tradicional, como en su vertiente poética transgresora), pero lo quiero hecho carne y habitando entre nosotros.

-¿Consideras tu obra y tu estilo dentro de alguna corriente o generación poética?

Me gustaría tal vez, pero no puedo. Me sobrepasa. Tengo buenos amigos poetas, y otros que no quiero como amigos pero sí como poetas. Pero, de corrientes.. ríos de alcohol, a lo sumo. Y como soy abstemio...
Me hubiera gustado crear una corriente sáfico-horaciana con retoques de Catulo, efusiones románticas (Coleridge, Novalis, Hölderlin, y mucho Rilke), deprecaciones simbolistas (Baudelaire, Rimbaud), locuras surrealistas y ultraístas, y el ritmo fluvial y trigal de Mandelstam o Claudio Rodríguez. Pero no ha podido ser, aunque conozco a mucha gente que quiere lo mismo, pero en otro orden. En poesía, el orden de factores sí que altera el producto.

-En algunos poemas hay un diálogo con otros poetas -Lizardi, Aresti, Mirande...- ¿Cuáles son los autores que más te han influido o que más te han estimulado?

Con respecto a la literatura vasca, en mis comienzos tuve mucho contacto con Juan Mari Lekuona, un poeta de verso muy fino y preciso. A Aresti lo llevaba conmigo desde la época juvenil. Pero luego descubrí a otro Aresti, que hablaba desde Aresti, y no desde lo que mi ideología quería escuchar de Aresti. A Mirande lo conocí al mismo tiempo que a Rimbaud y a Baudelaire; no me impactó tanto desde su poética (llegó un poco tarde como poeta maldito), pero sí desde lo que suponía su peculiar "constructo" en el seno de la literatura vasca.
Lizardi ha estado siempre ahí. Había algo en él que no me convencía al principio, y tampoco me convence ahora. Pero su fuerza lírica sigue creciendo sin parar ante mí. Es curioso; en rigor, podría considerársele incluso un poeta torpe; cuando se le traduce, se le cae a uno de las manos. Y sin embargo, sigue aguantando, y algunos de sus versos en euskera quedan grabados hasta el tuétano. Tiene una fuerza lírica descomunal, chapuceada por una ideología castrante. Siempre irá conmigo, aunque a veces me dé calambre.

-Podemos apreciar una constante tanto en los poemas infantiles como en los textos para adultos: la búsqueda de la palabra precisa. ¿Es esta búsqueda la que te ha llevado al haiku y al aforismo?

Estoy más en el río de palabras que en la palabra misma. Busco la línea precisa que adelgace el sentimiento hasta hacerlo prácticamente transparente. Esa es la apuesta. El haiku es un buen género para dicha práctica; es como la pintura zen, pocos trazos y mucha respiración; el vacío que llena.
Con respecto al aforismo, siempre me ha interesado la gente que interpreta la vida de una manera personal y "respondiendo al instante". Una filosofía demasiado sistemática como la que se enseña en las universidades siempre se va quedando atrás en el tiempo, porque carga con demasiado aparato para poder adecuarlo al presente con ligereza y rapidez. Por eso me gusta el aforismo; al fin y al cabo, no decimos cosas muy distintas a las que pudo decir Séneca; pero, al ser fruto del momento, parecen nuevas, frescas como un recién nacido.

-En tu obra podemos ver una gran riqueza estrófica, rítmica y métrica. ¿Qué impulso, razón o sentimiento te lleva a practicar esta polifonía, si me permites denominarla así?

Me atrae sobremanera la polifonía; sin embargo, en la raíz, aprecio sobre todo la monodia. El resultado es polifónico, pero en los instantes concretos estoy cantando monodias.
Por otra parte, el verso libre me ha enseñado que primero está la fuente y luego el recipiente. Mi generación llegó a despreciar los metros clásicos y los de los bertsolaris, porque te obligaban a crear un hermoso recipiente y luego comenzabas a buscar la fuente; pero el recipiente se rompe en la búsqueda, o queda a medio llenar, o vacío del todo.
La poesía infantil me ha devuelto al recipiente. Una vez encontrada la fuente, podemos construir un recipiente adecuado y beber más a gusto. El ritmo, el metro, la estrofa... deben responder a una necesidad del mensaje. Rimar, por ejemplo, luna con cuna puede resultar muy significativo y alcanzar un gran poder de sugerencia. Otro ejemplo podría ser la utilización del soneto para desarrollar una visión que va más allá del concepto pero que se mantiene dentro de unos límites muy precisos, que te obliga a algo así como a condensar una novela en catorce líneas.

-Que no podemos vivir sin la naturaleza es algo evidente, pero en tus textos parece algo mucho más evidente que en la obra de otros poetas contemporáneos. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación?

Hay muchos poetas contemporáneos, de todas clases. Colinas, por ejemplo, abarca la naturaleza de cien poetas juntos.
En ese sentido, me sitúo en la línea de Lizardi, Antonio Machado, la tradición japonesa y china y un lago elenco que llega hasta Horacio. Pero, al mismo tiempo, huyo de lo pastoril como de la peste. Para mí, la naturaleza es cruda, y a la vez puro éxtasis que convive con el ruido de la lavadora.

-Siempre aportas una mirada crítica y diferente sobre el mundo en que vivimos, especialmente en los aforismos. ¿Hasta qué punto es precisamente ésta una función del escritor, es decir, hacernos reflexionar sobre nuestro ser y nuestro entorno?

En sentido estricto, no intento hacer reflexionar a nadie. Es como si todo el mundo hubiese reflexionado antes que yo, y yo intentara entablar un diálogo socrático con ellos, no desde la razón sino desde la paradoja. Socrático, en el sentido de que no me trago las mentiras que me cuentan; sin embargo, les aviso que lo mío también es otra mentira más, un escalón más de la escalera que quisiéramos que nos condujese a la verdad. Por eso es paradójica.

-Me parece ver como una marca de tu estilo la reflexión sobre las preocupaciones éticas y existenciales, siempre presentadas con una gran elegancia y sutileza, incluso en los poemas infantiles ¿De dónde surge esta preocupación?

La estética como pura decoración no me interesa; provoca un asombro vano. Me interesan las personas de carne y hueso y sus sufrimientos y alegrías. Los niños son un reflejo nítido de nuestras almas; me atrae lo que van dibujando con sus actitudes y sus palabras. Los mayores tenemos varias capas de pintura y hay que raspar un poco; aunque duela, merece la pena ver el niño que va asomando.
Hoy, una mujer me ha contestado de mala manera en una ventanilla. La he observado a prudente distancia. Sus rasgos eran bellos, pero era como si se hubiera puesto una máscara de hierro. He hurgado en sus ademanes y he descubierto un gran dolor bajo el casco. Me la he imaginado con su amante, y el casco de hierro entre ambos. Mediante un poema, podría arrancarle el caso, y ver lo que asoma: quizá una cara ensangrentada, quizá una tez fulgurante.