domingo, 18 de septiembre de 2016

ARGIZAIOLA, PEQUEÑA LUZ PARA ACOMPAÑAR AL MUERTO

Imagen tomada de euskaltalla.es
En el terreno de las creencias y de las costumbres, la luz siempre ha simbolizado la permanencia de la vida. El fuego, y la luz que aporta, es un elemento que ha estado presente en los ritos funerarios de todas las culturas. Desde el Paleolítico hasta hoy, es indispensable para acompañar al difunto. En el País Vasco existe un objeto propio de esta tierra para cumplir esa función: la argizaiola. 

La argizaiola —argizai, cera, vela; ol, tabla— es una tablilla en la que se enrolla una cera cuyo extremo queda en posición vertical para poder ser encendido. Ambos elementos, la madera y la cera, eran indispensables para su creación; como lo era la contribubición de las abejas, a las que se invocaba con este dicho: Erletxoak, erletxoak, egizue argizaria; nagusia hil da ta elizan argia behar da (abejitas, abejitas, haced cera; el señor de la casa ha muerto y hace falta luz en la iglesia).

En la actualidad hay dos lugares donde podemos encontrar una buena colección de argizaiolas, independientemente de los talleres artesanos, pocos, que aún las realizan: el Museo de San Telmo y la iglesia de Amezketa. Esta iglesia es todo un lujo para el visitante y para el antropólogo, porque además de tener más de un centenar, se encuentran en el espacio y la disposición propios para las que fueron creadas.

Amezketa, misa de difuntos. Imagen tomada de euskonews.
El pequeño pueblo de Amezketa tiene otros muchos encantos, incluido el de ser una de las puertas de acceso al Parque Natural de Aralar.

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