viernes, 25 de septiembre de 2015

CIENCIA FICCIÓN Y REALIDAD

No soy lector de ciencia ficción, aunque he leído algún título. Sin embargo, reconozco que es un género muy extendido y que, como en todos los géneros y subgéneros hay autores extraordinarios. Así, independientemente de los gustos personales, nadie va a negar que obras como Fahrenheit 451, La naranja mecánica o Un mundo feliz son novelas que por méritos literarios propios forman ya parte de la Historia de la Literatura.

Desde luego, no todos los autores de ciencia ficción tienen una formación científica, porque lo fundamental para escribir es disponer de la capacidad para hacerlo y de la imaginación suficiente como para fraguar una buena historia. Por eso mismo, no es garantía de éxito disponer de una sólida formación en ese campo del conocimiento, pero sí ofrece una buena protección contra las incoherencias y las vanalidades.

Otra cosa bien distinta es determinar cuál es el objetivo que cumple este género. Y sobre esto discutía yo con un compañero hace unos días intentando hacerle ver que la literatura, sea del género que sea, además de satisfacernos emocional y estéticamente, si es buena literatura, siempre nos enseña algo nuevo. 

Yo recordaba que Asimov —no he leído su obra narrativa— defendía más o menos esa idea en El electrón es zurdo, pero como los años transcurridos desde que lo leí han sido tantos, no me atrevía a utilizarlo en mi favor. Ayer pasé algún tiempo rebuscando el libro y la cita que yo creía recordar. Aquí está:

La ficción científica cumple, pues, su misión más útil, al predecir no artificios, sino consecuencias sociales. En esta tarea de predecir consecuencias sociales podría ejercer formidable impulso para perfeccionar la humanidad (p 18 en la edición de 1984).

Esta función de la literatura me parece universalizable para cualquier género. Cuando la literatura es de calidad, además de todos los resortes afectivos que genera, además de la satisfacción estética que provoca, cumple con la tarea de mostrarnos aspectos de la realidad en los que tal vez no habíamos reparado suficientemente y abre caminos al pensamiento crítico, es decir, promueve, aunque no seamos conscientes, el impulso de perfeccionar la humanidad.

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