miércoles, 27 de noviembre de 2013

CARPE DIEM

Posiblemente de lo que hoy entendemos por poesía sea en buena parte Horacio el responsable. O dicho de otra manera: aquellos géneros que eran en otro tiempo la quintaesencia de lo poético (epopeya y didáctica), han desaparecido del panorama. Hoy entendemos como poesía, básicamente, lo que tiene que ver con la lírica, es decir, con esa forma de expresar que el maestro latino recogió en sus Odas.

Casi otro tanto podemos decir de los temas o motivos de los que la poesía se ocupa: el elogio de la vida retirada, lejos del mundanal ruido (beatus ille)el hedonismo epicúreo que busca el alejamiento de lo desproporcionado y grandielocuente (aurea mediocritas); el saber aprovechar el momento, por pequeño que sea (carpe diem); el elogio de la amistad (amicitias). 

De entre todos ellos, el más divulgado, el que mayor influencia ha tenido en escritores de todas las latitudes es el Carpe diem, que hoy, aunque no hayamos estudiado latín, todos entendemos y seguimos utilizando en su idioma original, porque ha pasado a ser una expresión no ya de un tema poético, sino coloquial. 

En la oda 11 del libro 1 de las odas aparece la formulación original:

Tu ne quaesieris, scire nefas, quem mihi, quem tibi
finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios
temptaris numeros. Ut melius, quidquid erit, pati!
seu pluris hiemes seu tribuit Iuppiter ultimam,
quae nunc oppositis debilitat pumicibus mare
Tyrrhenum: sapias, vina liques et spatio brevi
spem longam reseces. Dum loquimur, fugerit invida
aetas: carpe diem quam minimum credula postero.

Que en la traducción de Vicente Cristóbal queda así:

Tú no preguntes —¡pecado saberlo!— qué fin a mí, cuál a ti dieron los dioses, Leucónoe, ni las babilonias cábalas consultes.
¡Cuánto mejor soportar lo que venga, ya si más inviernos nos ha concedido Júpiter o si es el último este que ahora deja sin fuerzas al mar Tirreno batiéndolo contra los escollos que se le enfrentan!
Sé sabia, filtra el vino y, siendo breve la vida, corta la esperanza larga. Mientras estamos hablando, habrá escapado envidiosa la edad: aprovecha el día, fiando lo menos posible en el que ha de venir.


PS: Después de publicar la entrada me he encontrado a una alumna del profesor Vicente Cristóbal que incluso se atreve a cantar la oda de Horacio. Tiene su punto. Y no dejéis de leer la dedicatoria.

2 comentarios:

  1. Gracias a la Universidad descubrí a Horacio (también en clase de Vicente Cristóbal): el usurero Alfio del epodo 2, la oda de Leucónoe que citas, cuando le pide a Mecenas que no muera antes que él... Un gran descubrimiento/relectura.

    herederosdelanada.blogspot.com

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    1. Gracias, Rebeca, por tu comentario.

      Me daré una vuelta por tu blog.

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