miércoles, 29 de mayo de 2013

DIVINA COMEDIA

Para el lector actual la Divina comedia tiene dos dificultades importantes: es —entre otras muchas cosas— una especie de enciclopedia medieval y nos expone un tema que difícilmente puede interesarnos, como es el recorrido a través del infierno, del purgatorio y del cielo (mayúsculas y minúsculas establecen ya una diferencia de criterio).

La verdad es que sería muy difícil encontrar hoy una persona interesada en las cuestiones teológicas que se exponen en este clásico, cuando hasta la propia Iglesia Católica ha suprimido de sus creencias la existencia del Infierno. Y tan difícil como eso es encontrar otra persona que sienta curiosidad por el catálogo de reflexiones medievales sobre el bien y el mal o los personajes que sufren su residencia en el Infierno. Hablo de lectores normales, no de especialistas.

En este sentido, es decir, desde el punto de vista del significado, la obra de Alighieri es uno de los clásicos que más han sufrido el paso del tiempo o, dicho de otra forma, es una de las obras que más se alejan de los gustos, costumbres y creencias de la sociedad actual; lo que hace muy difícil que alguien se acerque a ella por propia iniciativa.

A pesar de todo, sigue siendo un clásico, lo que quiere decir que guarda en su interior —si somos capaces de superar los primeros momentos de desánimo— muchos elementos con los que disfrutar y aprender: lenguaje, ritmo, simbología, conocimiento del mundo medieval, punto de vista sobre lo que significa ser humano, deslumbrantes comparaciones, la expresión de emociones nunca antes puestas por escrito...

Hoy, afortunadamente, existen muchas y buenas ediciones, casi todas ellas con estudios introductorios y un corpus de notas que nos ayudan a caminar por entre los tercetos encadenados del poeta florentino. No es que sean del todo necesarios, pero a mí me gustan porque cuando los trabajos introductorios están bien hechos, no sólo sirven de apoyo, sino también de elemento motivador a la lectura.

En cualquier caso, recordad siempre que el primer derecho del lector es el dejar la lectura, pues si un libro se nos atraganta, no hay que andar sufriendo por ello. Si la primera lectura no es placer, de nada sirve el obligarnos.

Y como nunca se sabe cuál será el elemento que desencadene el interés por un libro, aquí, os dejo, por si acaso, este vídeo que he encontrado en YouTube, realizado con los dibujos que Doré preparó en su momento para el Infierno.


PS: Si no habéis visitado la página que está enlazada con el título, no os la perdáis. Volved a la primera línea y haced clic.

2 comentarios:

  1. Un libro interesante y leído hace muchos años, casi por obligación escolar.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Sergio, por dejar aquí tu comentario.

      Un saludo desde este rincón de Europa para toda la comunidad mexicana.

      Eliminar

Todos los comentarios que estén firmados serán bienvenidos, pero no mantendré anónimos.