domingo, 20 de mayo de 2012

EL HOMBRE QUE LO TENÍA TODO TODO TODO

Esta hermosa, surrealista, carnosa y alocada —otros hablarán de realismo mágico— fábula de Miguel Ángel Asturias, contiene dos frases geniales, de esas que pueden salvar un libro o dejarnos todo la tarde dándoles vueltas y vueltas, disfrutándolas como juguetes nuevos. Ambas se refieren al sueño:

  • Cerrar los ojos es no tener nada. Abrir los ojos es tenerlo todo (p 16).
  •  ¡Felices los que duermen, porque el sueño es el reino de los que no tienen nada (p 116).
Por lo demás, la fábula me resulta demasiado alegórica, excesivamente didáctica y, por eso, profundamente lejana. Pero, claro, hablando de Miguel Ángel Asturias, lo mejor no es la historia, el guión, el cuento que nos cuenta; lo mejor es el lenguaje, la carnalidad de sus adjetivos, la suntuosidad de su verbo, el despliegue infinito de palabras que crecen engalanando todas las esquinas. Soliloqueando... soli-loqueando... loqueando solo.

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