domingo, 8 de enero de 2012

AQUILES, EL DE LOS HERMOSOS BUCLES. 2

(Viene de Aquiles, el de los hermosos bucles. 1)


Una Noche de San Juan (y casualmente luna llena), cuando los infelices mortales creen deshacerse de los males del invierno echando todo tipo de objetos inservibles al fuego y los alternativos se refugian en el paganismo para huir de las miserias cotidianas organizando bacanales al refugio de una cueva, una Noche de San Juan, digo, confundidos los auténticos diablos con tanto ruido nocturno y tanta apariencia aquelarrística, fueron éstos a presentarse en una de esas fiestas dramatizadas, en lugar de hacerlo en una auténtica asamblea de brujas.

El espectáculo era, sin duda, inequívoco; las fórmulas para convocar a las infernales criaturas, auténticas; los licores, profusos; el fuego, perfecto; las danzas y las músicas, envolventes y embriagadoras. Todo era propicio para que la comunión entre los seres de ambos mundos se desenvolviera con absoluta perfección. Y así fue, diablos y humanos interactuaron cómodamente empujados por la búsqueda del placer y lo favorable de la ocasión.

Todos menos Aquiles, quien aprovechó el descanso que suponía la noche de plenilunio para hacerse el despistado y salir a disfrutar de la naturaleza nocturna del paraje en silencio y soledad. Hasta donde es posible el silencio y la soledad, claro, en una noche como esa en la que fuegos de todo tipo, ruidos, petardos y estridencias varias se extienden como una red que cubre toda la superficie.

Alejado como estaba del jolgorio y abstraído en sus pensamientos, Aquiles no se dio cuenta de que a pocos pasos le seguía en silencio otro ser infeliz que había sido atraído a partes iguales por los hermosos bucles y por la naturaleza solitaria y meditabunda de nuestro héroe.

- ¡Dios mio, qué hermoso eres y qué desgraciado pareces!

Aquiles se giró sobresaltado y descubrió a un hombre agradablemente vestido de verano, más bien joven, de rostro atractivo y una mirada profunda y suave.

- ¿Quién eres? ¿Qué buscas? - inquirió curioso y ligeramente alarmado.

- Te busco a ti. Desde que te he visto me has parecido lo mejor de la fiesta. Quiero pasar esta eternidad contigo.

Aquiles, emocionado, abrió su corazón dolorido al hombre. Le explicó que aquello no era un disfraz, sino su verdadera presencia. Le habló de sus sueños y de sus ilusiones, también de sus miedos y perplejidades. Le contó la causa de sus sufrimientos. Lo enamoró, en definitva. Después le pidió que no volviera a frivolizar más con la eternidad, porque sólo el tiempo que pasa, se agota y muere es el único que se puede disfrutar.

***
Hoy Aquiles, el que tenía hermosos bucles, vive en alguna ciudad junto al mar, tiene profundas arrugas en la frente, ha perdido casi por completo su hermosa cabellera, es relativamente feliz disfrutando de las cosas perecederas que tiene a su lado y ya no se acuerda de cuando ejercía de diablo, porque un día un amor pasajero lo salvó de la eternidad.

2 comentarios:

  1. ¡Ay, pero qué preciosidad de cuento! Me ha encantado la historia de Aquiles, el dibujo y el cuento. Y encima tiene un final feliz. Qué más pedir. Un sueño idílico para salir de los infiernos y acabar junto al mar con ese amor pasajero que invita a la eternidad. Precioso.

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  2. Muchas gracias, Irene. Eres muy generosa con tus comentarios.

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