martes, 9 de enero de 2018

A PROPÓSITO DE PROTÁGORAS

Andrómeda. Daniel López. Imagen del día Nasa (8/1/2018)

El hombre es la medida de todas las cosas, afirmaba Protágoras hace 2.500 años, e Isaac Asimov terciaba por sendero menos hiperbólico: Debemos recordar que las medidas fueron hechas para el hombre y no el hombre para las medidas

Aparentemente resulta difícil compartir la opinión, así, en crudo, ante las espectaculares imágenes de un trocito del universo que la Nasa nos ofrece diariamente. ¿Es posible que todavía alguien piense que la mísera mota de materia que los seres humanos somos pueda ser la medida de algo?

Cuando en 1930 Einstein y Tagore coincidieron en Nueva York, mantuvieron una conversación sobre el tema. El científico comentó que existían dos concepciones distintas sobre la naturaleza del Universo: El mundo como unidad dependiente de la humanidad, y el mundo como realidad independiente del factor humano. Él era partidario de la segunda. Tagore respondió: Este mundo es un mundo humano, y la visión científica es también la del hombre científico. Por lo tanto, el mundo separado de nosotros no existe; es un mundo relativo que depende, para su realidad, de nuestra conciencia. (La conversación la recogió Prigogine en Tan solo una ilusión). 

La cuestión no es baladí y mucho menos sencilla. La visión antropocéntrica de la realidad es una postura obsoleta y cruel para con el resto de la naturaleza. Por fortuna, estamos abandonándola poco a poco y en la actualidad no pensamos que, por ejemplo, para realizar investigación médica tengamos que recurrir a la crueldad con los animales, aunque todavía practiquemos una depredación autodestructiva sobre la naturaleza cuyas consecuencias tal vez no podamos corregir ya.

También es cierto que el saber científico no lo resuelve todo, si bien ha sido el único recurso fiable que hemos tenido para salir del pensamiento mítico y nebuloso del que nos hemos alimentado durante miles de años, y al que todavía hoy recurre más de la mitad de la humanidad. Es más, gracias a ese pensamiento científico se ha construido lo mejor de la reflexión filosófica mundial, desde la Grecia clásica hasta hoy. 

En este sentido, habrá que hacer justicia a Protágoras, porque nada más lejos de su intención que proponer al ser humano como medida, como criterio de todas las cosas. El escepticismo del sofista no podía concebir tal cosa, si bien es cierto que la humanidad posee la palabra y con ella construye un argumento que puede y debe dar sentido a la realidad. Así, no es que el ser humano sea la medida, sino que cada persona enuncia una idea, su idea, verdadera o falsa, según las circunstancias y el punto de vista.

Más allá del escepticismo, acaso interesado del sofista, como seres pensantes que somos, tenemos la capacidad de encajar distintos relatos, diferentes explicaciones complementarias unas de otras, de tal modo que al cabo de un tiempo y de muchas colaboraciones podemos disponer de una historia que recoge más experiencia, más conocimiento, de lo que nos es dado recoger y contemplar a cada una de las personas consideradas individualmente.

Esta tarea colectiva es posiblemente el aspecto más interesante y más hermoso del quehacer humano a través del tiempo. Es la tarea que hoy nos permite disfrutar tanto de los logros de la literatura universal, de la erradicación de la tuberculosis o de la visión de nuestra galaxia vecina, Andrómeda. Cultivémosla con pasión.

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