jueves, 15 de junio de 2017

2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO, METÁFORA DE LA EVOLUCIÓN

Homo ludens, zoon politikon, homo economicus, animal simbólico, homo faber. Estas son algunas de las expresiones que se han utilizado para destacar las características más notables del género humano por contraste con otras especies. 

Según la época en la que nos encontráramos o la escuela de pensamiento a la que se perteneciera, se acentuaba más alguna de ellas. Hoy, posiblemente, ningún especialista pongan en duda que la adquisición del lenguaje ha sido el hecho que ha acelerado de una forma más significativa la evolución de la especie. Más claro: que el salto a la hominización se produjo gracias a la adquisición del lenguaje.

Durante algún tiempo, en cambio, se tuvo el convencimiento de que había sido la capacidad de utilizar y realizar herramientas lo que podíamos considerar como el hecho distintivo de la humanidad y aquello que había posibilitado su rápida evolución. De ahí la primacía del homo faber, y de aquella famosa sentencia de Habermas que decía que el ser humano aprendía a través de las manos. 

En este sentido, tal vez no haya escena más hermosa en la historia del cine, ni metáfora visual que explique mejor lo que supuso la utilización de la primera herramienta, que aquellos cinco minutos de 2001: Una odisea del espacio, cuando un prehomínido, orgulloso del poder destructor que tiene en la mano —un fémur—, lo lanza hacia arriba y sobre el fondo azul del cielo, sin solución de continuidad, vemos cómo se ha transformado en una nave espacial.



2 comentarios:

  1. Hola! ¿Me creerás si te digo que nunca he visto esta película? Y es muy popular, pero no sé porque no me había llamado la atención hasta ahora, tengo que verla, siento por lo que comentas que me estoy perdiendo de algo muy bueno.

    Besos!

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    Respuestas
    1. ¡Hola, Ana!

      Te creo perfectamente, pero no te preocupes por eso, nadie vive lo suficiente como para poder ver o leer todo cuanto quisiera.

      Más besos.

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