miércoles, 4 de diciembre de 2013

HEIDEGGER Y UN HIPOPÓTAMO VAN AL CIELO

Esta es la tercera entrega de Cathcart y Klein sobre la filosofía. En la primera (Platón y un ornitorrico entran en un bar) nos ofrecían una visión general, algo así como un repaso de los grandes temas y las escuelas más destacadas. En la segunda (Aristóteles y un armadillo van a la capital) se centraban en la política. En esta tercera afrontan el siempre espinoso tema de la muerte con la mejor de las sonrisas.

Por supuesto, además de los muy serios y prolíficos pensadores que se han ocupado del tema, a veces en jerga no apta para humanos, aparecen también los menos académicos pensadores, como son Marx (don Groucho) y su heredero Allen (don Woody), quienes nos ofrecen algunas de las mejores reflexiones sobre el tema:

¿Por qué tengo que preocuparme de la posteridad? ¿Qué ha hecho por mí la posteridad? (G. Marx). La respuesta en forma de expresión de un deseo se la da el heredero: No quiero vivir en los corazones de mis paisanos; quiero vivir en mi apartamento (W. Allen).

Quizás el libro no valga para aprobar la selectividad. Posiblemente, ni tan siquiera sea útil para salir airoso de la Filosofía de 1º de Bachiller, pero para lo que sí vale es para pasar un buen rato disfrutando del repertorio de chistes y de la perspectiva un tanto jocosa que utilizan los autores para repasar lo que Heidegger, Sartre, Kierkegaard, Schopenhauer o las religiones han dicho sobre la muerte.

Joe consiguió una entrada en su empresa para la Super Bowl, pero su asiento estaba en la última fila de una de las esquinas del estadio. En la mitad del primer cuarto, Joe vio con los prismáticos un asiento vacío a diez filas del campo, justo en la línea de la yarda número 50. Decidió aprovechar la oportunidad y se puso en marcha hacia el asiento desocupado.
Cuando llegó, Joe preguntó al que estaba en el asiento de al lado:
—Perdone, ¿hay alguien aquí?
—No —dijo el tipo.
Joe insistió:
—¡Es increíble! ¿Quién en su sano juicio no aprovecharía este asiento para la Super Bowl?
—Bueno, en realidad, el asiento me pertenece. Se suponía que iba a venir con mi esposa, pero murió. Es la primera S.B. en la que no estamos juntos desde que nos casamos en 1967.
Joe se lamentó:
—Es realmente triste. Pero ¿no ha encontrado a nadie que quisiera quedarse con la entrada? ¿Un amigo, un pariente... ?
Y el hombre dijo:
—No, todos están en el funeral.

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