viernes, 27 de diciembre de 2013

DESAYUNO CON PARTÍCULAS

Antes de leer el libro me intrigaba (y me desalentaba) la doble autoría del mismo, es decir, por qué estaba metido en esta salsa un periodista especializado en espiritualidad, no en divulgación científica. La respuesta se comprende tan pronto como uno se sumerge en la lectura del libro y, adelanto, se acoge con agrado. Pero vamos por partes.

Frases publicitarias al margen —La ciencia como nunca antes se ha contado— el libro es una excelente introducción a la física cuántica, con una presentación muy eficaz de las principales ideas y conceptos que hay que entender para saber de qué se está hablando cuando se habla de esos cientos de partículas que pueblan el inframundo del que están hechas todas las cosas, o para saber qué es la decoherencia, o el principio de superposición, o tantas otras cosas que los legos ignoramos. Y no es sólo que Sonia Fernández-Vidal consiga que conceptos tan enrevesados se entiendan, sino que, además, hace que la lectura sea apasionante.

Pero el libro, además de un libro de divulgación sobre una parte muy reducida y extraordinariamente especializada del conocimiento humano, es una inmersión en cómo debemos entender la gran aventura del conocer, sin sacralizar nada ni a nadie, desde el escepticismo más creativo y buscando siempre la colaboración de todos los campos del saber. En este sentido, y aunque sea un texto de divulgación sobre mecánica cuántica, está siempre presente la interacción entre todo tipo de pensamiento para que el progreso no se haga levantando altares, aunque sea éste el de la ciencia. Las citas, todas ellas muy bien escogidas, subrayan este aspecto. Un ejemplo:


Sin partículas no hay cosmos
Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
—Pero ¿cuál es la piedra que sostiene el puente? —pregunta Kublai Khan.
—El puente no está sostenido por esta piedra o por aquélla —responde Marco—, sino por la línea del arco que ellas forman.
Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:
—¿Por qué me hablas de las piedras? Lo único que importa es el arco.
Polo responde:
—Sin piedras no hay arco.
                                      Italo Calvino, Las ciudades invisibles.

Y si no conocéis el libro de Calvino, leedlo, porque es otro placer.

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