domingo, 24 de febrero de 2013

BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE

¿Qué haríamos si ante cualquier ruego, petición o mandato recibiéramos siempre de la otra persona a la que nos dirigimos un suave y educado preferiría no hacerlo? ¿Cómo reaccionaríamos ante una persona que va dejando de hablar, sin motivo aparente, y se sumerge en la más absoluta incomunicación?

Bartleby, el escribiente es el relato corto más conocido de Melville, autor de esa paradigmática reflexión sobre el mal que lleva el nombre de una ballena, Moby Dick. Quizás alguien pueda pensar que se trata de un relato para adolescentes, por eso de la edición escolar que aparece aquí. Nada más lejos de la realidad.

Este cuento ha fascinado a autores como J.L. Borges (quien lo tradujo en 1944 de forma tan ejemplar que todavía hoy seguimos manejando su traducción), Camus o Kafka. Se habla de él como precursor de la literatura existencialista y del absurdo. Así mismo, podríamos clasificarlo como un relato psicológico; tal vez, incluso, surrealista. Todo depende del aspecto sobre el que queramos incidir. Hoy, ya veis, se utiliza para hacer reflexionar sobre la comunicación a los escolares que se inician en el estudio de la Filosofía, que es una función muy noble y muy loable.

De todas cuantas palabras conozco sobre esta desasosegante historia, las que más me gustan son las del gran Borges: Es, fundamentalmente, un libro que nos muestra es inutilidad esencial, que es una de las cotidianas ironías del universo. Eso sí, a pesar de la inutilidad esencial, yo sigo creyendo en la utilidad fundamental de lo que nos rodea. ¡Oh, Bartleby! ¡Oh, humanidad!

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