lunes, 18 de julio de 2011

EL FILÓSOFO Y EL LOBO

El mundo siempre se divide en dos: los que ven la botella medio llena y los que la ven medio vacía, los que encuentran una historia soberbia y los que son incapaces de ver en esa misma historia nada singular, los altos y los bajos, los gordos y los flacos... En esta simplista división del mundo parece que se encuentran los lectores de este libro del profesor Rowlands: los que han visto la luz y los que se preguntan dónde está el filósofo.

El libro, según la contraportada y la solapa, es un libro de divulgación filosófica; según el propio autor, una autobiografía, pues cuenta diez años de su vida conviviendo con un lobo. La verdad es que la experiencia de tener un lobo en casa provoca en el profesor de filosofía una reflexión original sobre los derechos de los lobos, con una fuerte base teórica en la filosofía moral de Rawls.

Quiero sobreentender que todo aquello que en el libro aparece como defensa de los animales, amor hacia los mismos y lo buenas personas que podemos llegar a ser compartiendo nuestro tiempo con animales domésticos o no, también es extensible a las personas que forman la sociedad en la que vivimos, aunque tengo mis dudas. Quiero pensar que cuando Rowlands habla de ética, del sentido de la vida y de la felicidad, se refiere a las personas. Aunque, a decir verdad, yo me lo pensaría mucho antes de exponerme a su ayuda si al mismo tiempo él tuviera que ayudar a un lobo (pero estas son mis neuras).

Comparto plenamente el argumento del aprendizaje a través de la observación. Es así, y no de otra manera, como la sociedad ha incorporado nuevos conocimientos: observando atentamente, realizando hipótesis y experimentos, y sacando conclusiones. Afortunadamente para nosotros la observación no se ha reducido sólo al comportamiento de un animal, sino que ha resultado ser más universal y comprensiva, lo que ha posibilitado la creación del conocimiento del que hoy disponemos.

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