martes, 17 de enero de 2017

CONTRA LA PENA DE MUERTE, 3

Concepción Arenal (1820-1893) fue una mujer preocupada en todo momento por mejorar la situación de los grupos y colectivos menos favorecidos. Esa inquietud y ese afán de justicia inmediatamente la llevaron a trabajar durante toda su vida a favor de la mujer y la consecución de la igualdad de derechos con el hombre, por un lado; por otro, a intentar mejorar la situación inhumana en que se encontraban los presos en las cárceles del siglo XIX.

En su trabajo El reo, el pueblo y el verdugo o la ejecución pública de la pena de muerte (1867), como gran humanista que era, se puede leer, al comienzo de la tercer parte, este párrafo referido al ejecutor de la pena, normalmente siempre olvidado en las discusiones y análisis sobre la pena de muerte, al margen siempre en los debates de los especialista.

Meditando sobre la pena de muerte, es imposible no preguntar si no debe haber algún vicio en la teoría de una ley cuya práctica lleva consigo la creación de un ser que inspira horror y desprecio; de una criatura degradada, vil, siniestra, cubierta de una ignominia que no tiene semejante; de un hombre, en fin, que se llama el verdugo. Cuando la ley arroja así a la opinión un hombre, una generación de hombres, para que la opinión la odie y le escarnezca, ¿la ley no comete un atentado de lesa justicia, de lesa dignidad humana? Las leyes, como los hombres, deben pensar lo primero en no hacer mal; el hacer bien viene después, y muy lejos. Asombra cómo el legislador puede escribir sin vacilar: "Habrá un verdugo en cada Audiencia". Es decir, habrá un hombre degradado, vil y maldito, cuya proximidad inspira horror, cuyo trato da vergüenza, y cuyos hijo son viles y degradados, y malditos como él. Imagínese cualquiera lo que pensaría, lo que sentiría, lo que haría si hubiera nacido hijo del verdugo. No tendría más alternativa que aceptar resueltamente la horrible herencia de su padre y tomar su oficio, o huir avergonzado del que le dio el ser, procurando ocultar su ignominia, envidiando a los expósitos, y engañando a la mujer amada para que no le rechace con horror y con vergüenza.

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PS: Podéis ver un buen documental sobre su vida y su obra en este enlace.

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